24.11.07

estar enfermo o la terraza para elevarse en el vacío

Emei Shan by Chevans
Hace poco un amigo me dijo estar enfermo, aunque sólo fuese de amor. Yo leía el ensayo de Virginia Wolf titulado Estar Enfermo, que Bel me había prestado para mi viaje a Paris, y recordaba, algo emocionada, todas esas largas conversaciones que durante años había mantenido con otro amigo que durante tiempo vivió bajo tan pesado significante. V. Wolf escribe desde su propia experiencia, sus depresiones, desde los largos periodos obligada a guardar cama, a encerrarse en casa, a medicarse, o incluso a verse privada de poder escribir. Nada más empezar lo dice: “cuando las luces de la salud se apagan, emergen países aún sin descubrir"… yermos y desiertos del alma, precipicios y céspedes rociados de brillantes flores, antiguos e inexorables robles, ángeles y arpistas, aguas de la aniquilación…En seguida señala el hecho de que a pocos les interese hablar de estos estados, que se descuiden en el lenguaje y en la literatura. “Ver todo esto a los ojos requeriría la audacia de un domador de leones, una filosofía robusta, una razón enraizada en las entrañas de la tierra” Porque el monstruo del cuerpo y el milagro del dolor, dice, en un batir de alas nos lleva a los arrebatos de la filosofía, el misticismo y la intuición. Hay en la enfermedad además una franqueza infantil. “Cada ser humano alberga un bosque virgen, un campo nevado donde ni siquiera se conoce la huella de un ave. Ahí avanzamos solos y así lo preferimos. ...Cuando hay salud uno ha de hacer semblante, ocuparse de los demás, comunicar, compartir, civilizar…cuando hay enfermedad, dejamos de ser soldados en el ejército de los erguidos; nos convertimos en desertores. Ellos marchan a la batalla. Nosotros yacemos acostados mirando hacia arriba, como hojas muertas sobre el césped, y por primera vez después de muchos años, irresponsables y desentendidos, somos capaces de mirar a nuestro alrededor, para alzar la vista y ver, por ejemplo, el cielo."
De repente Virginia descubre en el cielo algo completamente distinto, una composición de luces y formas, como un gigantesco cinematógrafo proyectando perpetuamente, y se pregunta por qué nadie utiliza todas esa energía para algo.
Sé que seguramente sólo me pase a mi, pero la metáfora del cielo me devuelve a China. Y a un pequeño ensayo de Su Dong Po para celebrar la construcción de una terraza en la ladera de una montaña. Habla de una capital de provincia situada al pie de las montañas del sur. Al lado de éstas se encuentra la más alta Zhongnanshan. El gobierno de este distrito nunca se había fijado en las montañas. Y aunque esto no tuviese ninguna consecuencia política, Su Dongpo nos dice que para entender la naturaleza del mundo, no puede ser de ese modo. Y es por eso, por lo que finalmente se construye una terraza que permita al hombre elevarse en el vacío. Su propio apodo Cuesta del Este podría contener, pienso, esa imagen de una ladera desde la que observar desde las alturas. En la versión de Anne Hélène Suarez de A punto de Partir de Li Bai, el libro acaba con un último poema que evoca también esa visión desde el vacío y la dificultad o la proeza de poder expresar con palabras todo eso…
Escrito al subir a la Terraza Yang
"Los montes se elevan, las aguas se extienden,
Son mil y diez mil los visos de las cosas,
Si no es con ayuda de un pincel experto,
¿Cómo expresaré lo puro y lo grandioso?"
Aunque a lo que apunte el psicoanálisis no sea exactamente a curar, sí que tiene que ver con ese desplegar del cinematógrafo, con la escritura de las mil cosas en la experiencia del sujeto y con poder sostener una escucha que tiene lugar en el vacío

4 comentarios:

cacho de pan dijo...

quiuero ser el primero alguna vez, mi pequeña V...luego me tomaré el tiempo necesario para la otra V, el estar enfermo y las terrazas del alma.

zbelnu dijo...

Me encantan la audacia del domador de leones, la filosofía robusta y la franqueza infantil con sus respectivos links. Es un librito maravilloso, tanto como éste que leo ahora de Sebald sobre Walser, El paseante solitario. Ese Walser tan admirado por Kafka como olvidado por el mundo, que murió en un paseo y lo encontraron en la nieve y lo bajaron de la montaña en un trineo, ese mismo que en mi memoria ha dejado (no sólo Jacob Von Gunten, maravillosa novela pesimista sobre el terrible Instituto Benjamenta, sino Los hermanos Tanner)un rastro de paseos helados por la montaña, llenos de energía mental y de tristeza y vapor del aliento sobre la nieve, donde decía (eso recuerdo) que en el campo, a diferencia con la ciudad, el pobre no se siente herido por la exposición de la riqueza y tiene al menos el cielo (tu cielo chino) hacia el cual lanzar suspiros de alivio.

toni.b dijo...

Estar enfermo - estar enamorado...

También Desoladas y lúcidas esas palabras de Virginia. Y esperanzadora esa historia de la China que relacionas con el quehacer psicoanalítico.

Un saludo V.

el objeto a dijo...

Cachito, que sepas que eres a menudo "el primero" en ver cosas al mirarme, tu mirada se adelanta muchas veces a la mía y a la de los demás, tu talento voyeaur...

Zbel(la), nosotras siempre tejiendo con nuestras conexiones, el cielo de Wolf y de Walser, tan chino hoy, y la nieve donde a veces desaparecen las huellas de nuestros pasos de codorniz, me nos mal que es una nieve que se derrite y se renueva, como las palabras

me alegro te hayan parecido "esperanzadoras" esas ideas de escritura, de lectura y de escucha Toni, me alegra además leerte por aquí,

vessos