22.11.10

un cielo rasgado

chinese shrine by steve anli

Cuando se sabe todo, uno es como un cielo oscuro. El inconsciente aparece entonces como un relámpago que rasga la oscuridad de la noche. Por eso tal vez en el zen se hable de esa otra clase de conocimiento en términos de luz, con la expresión de iluminación súbita. Al escribir esto me he acordado de la cita de Thelonious Monk que abre una novela: siempre es de noche, sino no necesitaríamos la luz.
Al igual que ese tipo de iluminaciones, el saber del inconsciente es un saber sin sujeto, un saber que nos atraviesa y no se atrapa. -no podemos decir que sea nuestro.- La verdad que produce habla, pero no dice nada a su paso… Es una verdad silenciosa, a la que luego nosotros protegemos con palabras vanas y ruidosas, aunque necesarias.
El otro día un filósofo francés en la radio decía que el atravesamiento de las catástrofes era ante todo el atravesamiento de las apariencias. Dogen Zenji habla de uno de esos primeros momentos al observar el humo de un bastoncillo de incienso al arder junto al cadáver de su madre y sentir el carácter evanescente de nuestra vida, Wang Yangming habla de su iluminación después de haber sido exiliado a Guizhou, en otro momento de gran adversidad y pérdida.
Lo interesante es cómo uno logra dar cuenta de lo que acontece luego, cómo consigue nombrarlo. No se trata de poder explicarlo sino encontrar en el lenguaje la capacidad para generar una realidad que ha sido transformada, atravesada.
Freud decía que el único lenguaje universal es el silencio de la pulsión. Lo que viene luego para nombrar su pérdida o su ganancia, la insistencia de su repetición ya es un lenguaje particular.

9.11.10

la libertad de la práctica

photo by masaaki miyara
La finalidad de la práctica del zazen no es alcanzar la iluminación. Sentarse con las piernas cruzadas y dejar pasar los pensamientos como si fueran nubes, sin juzgarlos ni quedarse atrapado en ellos, permanecer despiertos aquí y ahora, con la humildad que esa actitud de escucha y aceptación (de su dificultad) conlleva, ése es el único objetivo. La práctica misma es la meta en sí, y no hay nada más a lo que aspirar. El camino hacia la iluminación o satori no es gradual sino súbito, como el de la manifestación del inconsciente, y una vez se experimenta, el acontecimiento pierde importancia, y se convierte en una vivencia más.
Algo de esta dificultad para cernir con palabras la dimensión precisa de la práctica zen me hace pensar a menudo en lo que sucede con el análisis, sobre todo cuando se argumenta sobre si cura o no cura, por qué dura tanto tiempo, por qué no encaja en los criterios actuales de lo que se considera una ciencia, la ambigüedad de sus logros terapéuticos, etc. Yo concibo el psicoanálisis como una práctica singular. Por supuesto, a diferencia del zazén, posee un principio y un final, y sí aspira a la transformación del sufrimiento del sujeto en otra cosa, a la obtención de un saber sobre uno mismo, y al cambio gradual de ciertas posiciones personales. Ambas son prácticas subjetivas, liberadoras y facilitadoras, algunos de cuyos logros se pueden contar pero muchos otros quedan fuera del ámbito de las palabras. Ninguna de las dos se interesa por el sentido ni aspira a constituir un sistema teórico de conocimiento, sino más bien una experiencia o acto (analítico). Sus interrogaciones giran alrededor del sufrimiento pero no en términos retóricos o especulativos. La pregunta es qué y cómo hacer... Ambos rechazan la idea de una sustancia ontológica, y en cambio se articulan alrededor de los conceptos dinamizadores de la vacuidad o la falta. Como escuché una vez comentar a un analista, en psicoanálisis uno se sienta frente al océano para ver los objetos regresar del inconsciente, mientras en el budismo uno se sienta frente al río y observa sin juzgar cómo estos pasan. En cualquier caso, los logros son visibles e invisibles al mismo tiempo, pero no por ello son menos reales o eficaces. Para el budismo no existe otra realidad que la de la mente, Freud compartía ese concepto de realidad psíquica como única realidad de la que nosotros podemos dar cuenta. Miquel Bassols señalaba el otro día la distinción que operan Freud y Lacan (y que ya está en la concepción griega del amor como erastés) entre el amor-eros alienado a las formas del objeto y el amor-erastés que no depende del objeto amado sino de su propia pulsión. En una sociedad como la nuestra, en la que el brillo del objeto (de consumo, de intercambio, de valor estético y ganancia) es lo que prima, el psicoanálisis sigue señalando y salvaguardando la importancia y dificultad de ser amante antes que amado. Esa es nuestra expertisse, nuestro terreno de juego, el del deseo de desear. Y no es casualidad que hayamos conceptualizado la condición indispensable para que haya análisis, la transferencia, como un cierto estado de amor peculiar.
Además de liberarnos (o desalinearnos) de las ilusiones-maya (u objetos), según lo pensemos en términos budistas o analíticos respectivamente, ambas prácticas marcan el camino de la des-alienación (que no el rechazo) del otro. Li Zhi lo subrayó en su lectura de Wang Yangmin: si todo hombre es un buda en potencia, si todo hombre contiene la “santidad” en sí, no hay secreto ni verdad a ser revelada por nadie, nadie salva al otro, no hay otro a quién seguir o a quién someterse. Es a los que se refiere Wang Yangming, cuando dice "El hombre de la calle es un santo", o Confucio, al contestar “preferiría no hablar” (Lun Yu 17/19) O ya en términos psicoanalíticos, no hay otro que nos autorice sobre nosotros mismos, que posea un saber mayor sobre nosotros, y por eso el psicoanálisis (también su formación y transmisión) es una práctica que tiene lugar fuera de instituciones como la universidad o el hospital psiquiátrico, es una práctica laica y a-institucional. Y eso, está claro, no nos deja sin dificultad. Me interesa especialmente la posibilidad y consecuencias de un psicoanálisis laico (el practicado por personas que no son psicólogos ni psiquiatras) y tanto la práctica del zazen como Li Zhi/Billeter me sirven de perfectos compañeros de viaje.

1.11.10

la libertad de la renuncia

photo by masaaki miyara

A finales del siglo XVI en China, coincidiendo con el fin de la dinastía Ming, vivió un filósofo audaz y singular llamado Li Zhi, 李贽. Uno de mis pensadores-sinólogos favoritos, Jean François Billeter, le dedicó hace unos años un estudio, Li Zhi, philosophe maudit (1527-1602), que he estado leyendo estos días. Este curso, en el marco de nuestro trabajo en El Color del Viento, me he propuesto profundizar un poco acerca de la postura -que se puede incluir dentro de una corriente del pensamiento chino (en especial el budista chan, pero no sólo)- de renuncia a toda posición de saber absoluto y renuncia al sentido (que no es lo mismo que a la renuncia a la palabra) y que yo relaciono obviamente con la práctica del psicoanálisis. Esta renuncia por parte de muchos intelectuales chinos de diferentes épocas llevó implícita la renuncia a un lugar o una posición de prestigio y reconocimiento social. Tal y como señala Billeter, el saber funcionaba en una sociedad como la china como "capital simbólico", (igual que el prestigio, renombre o los contactos), capital que podía ser transformado o reconvertido fácilmente en capital económico y bienes de acumulación, es decir que era un instrumento de poder, con todas las de la ley. La posición intelectual y vital de Li Zhi siempre estuvo marcada por ese no-lugar y por una voluntad de permanecer fuera de la identificación a cualquier escuela. No empezó a escribir hasta después de los 50 y en los títulos de sus libros ya se refleja su conciencia y actitud rebeldes: Libro para quemar (Fen shu 焚书) y Libro para esconder (Cang shu 藏书). Explica Billeter que fue un escritor conocido durante su época, pero que la censura de la dinastía posterior a los Ming, los manchúes, lo hizo caer en el olvido, con la excepción de algunos espíritus curiosos. En el s XVIII Li Zhi es un autor que se lee a escondidas, aunque en el XIX no aparece mención ninguna. A principios del s XX algunos de sus textos son publicados en una revista progresista revolucionaria de Shanghai, y jóvenes chinos empiezan a leerlo a raíz de otro intelectual japonés iniciador de la reforma Meji que lo cita. Hacia los años 20 aparece una biografía suya de manos de un intelectual del Movimiento del 4 de Mayo y en 1936 se reedita su Libro para esconder. Más tarde estudiosos chinos y japoneses lo vuelven a poner en los libros de historia de la filosofía. Después del parón de la Revolución Cultural hay que esperar a 1973 para que vuelva a recuperarse. Me encanta porque en el libro de Billeter aparece un Post-Scriptum en el que el autor confiesa que una persona conocida, cuyo juicio él respeta mucho, le reprocha el haber quizá idealizado el personaje de Li Zhi, exagerado su singularidad y haberle otorgado un rol demasiado importante y destacado para su época, habiendo forzado su visión e interpretado su carácter impulsivo y su gusto por la provocación, como un sistema de pensamiento estructurado. Billeter no lo acaba de negar “Li Zhi no hubiese sido un filósofo maldito si hubiese llegado a conceptualizar su pensamiento, y dominar su experiencia. Hay una parte de fracaso en su aventura. Podemos decir que su importancia es menor que la de otros pensadores de su época, y es legítimo verlo así. Pero el fracaso puede incluir también una forma de grandeza. Y creo que su fracaso lo acerca a nosotros más que otra cosa. Volveré sobre esto” Y así termina el libro.
Li Zhi llega a Pekín a sus 40 años con un puesto de en el Ministerio de Ritos. Hasta entonces siempre había sido refractario a los estudios, a la verdad oficial o a lo religioso, pero allí dos funcionarios amigos lo acaban convenciendo para que lea el Sutra del Diamante y con ellos descubre la obra de Wang Yangming, y la filosofía budista de la vacuidad, que son para él una revelación, aunque haga luego suyas otras lecciones del budismo más radical, el Madhyamika o sistema del medio. Para Wang Yangming, otro exiliado, condenado por sus enemigos políticos a un puesto de funcionario de correos, la iluminación fue entender que no existen verdades exteriores sino que toda verdad se encuentra en la autonomía moral propia de cada individuo, Él fue sin duda, gracias a su lectura budista, el pensador de la subjetividad, para el que ésta significaba, ante todo libertad, y no sumisión de una conciencia a otra.
La historia biográfica de Li Zhi está llena de encuentros y personajes, que por admiración o desprecio, van contribuyendo a que él se autorice a crear un sistema de pensamiento propio y acabar desarrollándolo a través de la escritura. Al final de su vida deja a su familia y se instala en un monasterio, pero allí tampoco se acaba de identificar con los monjes. ¿No enseña la filosofía de la vacuidad que el sujeto adquiere su soberanía cuando renuncia a identificarse con ninguna de las realidades que plantea?

22.10.10

lo que arde


at yaeyama island, photo by Tetsumaru

"No te equivoques: lo importante no es el objeto en el que proyectas tu energía; lo importante es ella misma. Ella es lo que arde. El objeto es la excusa que, en la ilusión de la diferencia, necesitamos para el trayecto"

(Chantal Maillard, Filosofía en los días Críticos, 2001)

17.10.10

la discordancia de los sexos



by masaaki miyara

Hablemos de sexo. Empecemos distinguiendo que una cosa es sexo, el órgano o lo biológico, / otra es el género o los significantes sociales que elegimos para que nos definan como hombre o mujer en sociedad, / y la tercera es la sexualidad, que no es, ni de lejos, lo mismo. La sexualidad, desde una perspectiva psicoanalítica, es la organización del sujeto con su goce, y va por otro lado, independiente. La especificidad de este enfoque sobre la diferencia de los sexos (su legitimidad para participar en el debate) es que de lo que nosotros nos ocupamos no es el yo ataviado de suntuosas y atractivas vestiduras, sino del sujeto del inconsciente. Y es la sexualidad (la manera de gozar de cada uno) la que da realmente cuenta, la que articula el funcionamiento de todo inconsciente.
Esta semana me invitaron a presentar un libro que leí y me dejó fascinada: La Discordancia de los Sexos, de la psicoanalista y socióloga Rithée Cevasco. La preciosa y cuidada edición de S&P, cuya portada ha diseñado Dante (Cachodepan) Bertini, corre a cargo de la editorial de P&S, con Jorge Chapuis como impulsor y capitán de abordo.
El libro me parece imprescindible y necesario para cualquiera que se pregunte hoy en día por la diferencia sexual, y no le sea ajena la perspectiva de lo que uno no siempre dice, no siempre sabe al respecto, de lo que queda velado. El libro es una joya llena de grâce, como dije: la autora transita sin aparente esfuerzo, con talento y gran libertad, por diversas cuestiones espinosas y nada fáciles, ayudándonos a distinguir unas de otras, a verlas cómo han sido utilizadas, y leídas, cómo han ido transformándose en relación con otras disciplinas como son feminismo, los debates actuales, el transexualismo, etc.

La cuestión o posición femenina (que no es lo mismo que decir la mujer, ya que ésta ocupa también posiciones masculinas), -señala Rithée-, funciona en psicoanálisis como un síntoma, como aquello que resiste a la significación, como lo que pone un límite a cualquier posición de saber absoluto. De cómo gozan las mujeres, de lo que quieren tampoco es fácil hablar, pero el psicoanálisis dispone de los recursos para cernir algo de eso. A través de la clínica del goce, tanto en hombres como en mujeres, los analistas escuchan que hay algo que no se capta por las palabras y los significados. Si el falo (que nada tiene que ver con el órgano) no es más que la posibilidad de sentido, sabemos que esto no basta para dar cuenta de todo lo que ocurre en el campo pulsional. El psicoanálisis, como muchas veces el arte o la escritura, permite abordar lo que queda fuera de esa lógica, y – lo más importante- que el sujeto haga algo con ello. Si para Freud la posición femenina resultó y acabó siendo cierta clase de enigma, para Lacan no fue así. Con él conseguimos superar la lógica binaria hombre-mujer, fálico-no fálico, para poder dar cuenta de otras relaciones del sujeto (hombre o mujer) con el sentido y con sus fallas, y con otros modos de goce: ahí se despliega la clínica del amor, de los goces, la de la relación de cada sujeto con un vacío, por ejemplo. Y es que la falla de lo simbólico no se limita a la psicosis. La posibilidad, no de una isla, pero sí de una locura, de un quedar fuera del mundo tal y como lo nombramos, que muchos necesitamos poder pensar.

La sexualidad no es siempre “sensual”, sólo lo es fragmentariamente. Está, en cambio, determinada por un obstáculo o imposible, la sexualidad no es garantía de nada, o quizá sí, sea la garantía de la nada de cada uno. Un encuentro con la alteridad radical, por eso conlleva una pérdida. Una especie de salto, y como tal, una caída, que a su vez se hace vuelo.

Hice caso a Iluminaciones y Stalker y corrí a por Filosofía en los días Críticos, de C. Maillard cada una de sus líneas me concierne. Naca más empezar a leer encuentro:
Lo imposible es lo que mantiene el pasado, lo hace repetirse en la ausencia, en la espera, en lo que siempre quedó inacabado una y otra vez”

Ó esto otro
Volar : sólo se puede volar con el cuerpo. El cuerpo no es el lastre, sino la condición del vuelo. Sin cuerpo no se puede volar. Es necesario el esfuerzo para levantarlo del suelo. El vuelo supone el esfuerzo, el aprendizaje. El gozo es la elevación y luego, la flecha.”

3.10.10

invertir la mirada

Levitación racional, de Philippe Ramette

Mi amigo S., recién llegado de New Delhi, me preguntaba el otro día por qué yo no intentaba escribir ficción. Sugería que quizá en la dimensión de lo ficticio y el relato, pudiera sentir una mayor libertad, vivir y habitar mundos que yo misma creara o deseara. Él es traductor, poeta y está a punto de publicar su primera novela en la India. Y aunque siempre encuentro tentador la reinvención constante del mundo de los escritores literarios, sé que esa no soy yo. Releo estos días algunos fragmentos de los Diarios Indios de Chantal Maillard, que me recomendó Iluminaciones hace tiempo, y que ya he citado aquí. Echo de menos su blog, en el que colgaba sólo cuadros y obras de arte, y su invitación a la contemplación me enseñó a mirar hacia dentro y hacia fuera, (uno se sentía observado por las propias obras) con humildad pero también de forma audaz. Sigo con Maillard: “La síntesis ha de ser uno mismo (…) Amar es detenerse por un instante con gran intensidad en algún punto. Desear es querer que en ese punto crezca una montaña, un árbol, un ser de carne o cualquier cosa que pueda nombrarse, y en el nombre la voluntad quede encadenada. (…) La India: una tierra que corta la mirada y exige luego el pago de la herida. (…) Saber que es preciso dejar de indagar – pues es recuerdo y anhelo toda búsqueda- y hallar el modo, simplemente, de invertir la mirada.” Mi historia tiene más que ver con esa obsesión de invertir la mirada. “Ser y conocer no pueden ser simultáneos si existe una llanura o una línea del horizonte. Ser y conocer simultáneamente sólo es posible en el vacío porque en el vacío no hay nadie.”
Estas últimas semanas me identifico más bien con la mirada obstinada y distanciada del artista francés Philippe Ramette, incluso con el personaje recurrente trágico-cómico (encarnado por él mismo) que aparece en sus obras. Su búsqueda es la de construir racionalmente una imagen o perspectiva que restituya lo que aparentemente parece irracional, y en él aparece también una cierta inversión de la mirada. Su trabajo se sitúa entre la escultura, la fotografía y los dibujos, y parece que ser que las fotos no son trucadas, es decir, que construye piezas, y se pone realmente en esas posturas imposibles, a riesgo de lo que pueda pasar! Me gustan mucho también sus títulos: la serie de Exploración racional del fondo del mar, o sus Contemplaciones irracionales, la Inversión de la Gravedad, Levitación racional, o su serie de objetos: Objetos suicidas, Pequeño objeto educacional, los Balcones, etc.
Y como escribía una periodista del Elle francés este verano, acerca de la última novela de Houellebecq, seguramente “le metier de vivre”, el oficio de vivir, en un mundo como el nuestro en que toda la existencia se organiza alrededor del trabajo, y a uno se le define ante todo por su profesión, el oficio de vivir se ha vuelto totalmente imposible.
Reivindico pues una cierta inversión de las miradas (la propia y la que dejamos que nos den los demás) que nos permita, sin una excesiva ficción, habitar el mundo que cada uno es capaz de percibir y construir.

27.9.10

volviendo (cartografía de lo propicio)

at Yaeyama island by exquisite Tetsumaru
(most Indian photos by Phitar )

Espero que mi amigo no me lea aquí, porque me apetece mucho contar un sueño suyo que me explicó y en el que sigo pensando: en el sueño mi amigo es B. Bertolucci y se encuentra con Debra Winger dentro de su propia película. A ambos les resulta indiferente la muerte de John Malkovich. Lo inquietante, sin embargo, es la mirada de un otro abstracto, que él identifica como Paul Bowles, autor de la novela. La interpretación de mi amigo me resulta aún más bella que el sueño: el Otro, aunque no existe en lo real, lo hacemos presente, pues nos ha constituido en tanto sujetos barrados y a él nos referimos en tanto vivientes.
En psicoanálisis la figura del Otro (con mayúsculas) viene a significar la alteridad fundamental que nos constituye, todo aquello anterior y exterior al sujeto, que lo determina a pesar de todo. Es un lugar a partir del cual nos construimos (damos sentido a las cosas, encontramos nuestro deseo, descubrimos lo que queremos) pero que es exterior al yo, por eso es inconsciente. Que sea inconsciente no quiere decir que sea completamente desconocido, o inaccesible; muchas veces nos sorprende, y nos provoca un sentimiento de extraña familiaridad. Este verano leía una entrevista a un catedrático de neurología, el Dr. Francisco J. Rubia, en la que mencionaba una base neurológica para la espiritualidad, Lacan lo decía a su manera: dios es una instancia psíquica necesaria. Dios también es inconsciente. Me acordaba constantemente de eso en la India, donde la idea de dios parece sostener todo el resto, que tiene forma de caos. Ni dios ni el Otro existen en lo real, pero nosotros los hacemos presentes. Y ambos se alojan en nuestro cerebro. Hace unas semanas dios viajaba en rickshaw, montaba un búfalo negro, y una noche de lluvia monzónica, vi cómo resbala por la piel de un elefante en las calles de Nueva Delhi. .
La puerta de acceso a lo desconocido en nosotros se abre con la idea de una pregunta, los creyentes preguntan a dios, nosotros estirados en el diván, le preguntamos al Otro. Igual que sabemos que no existe en lo real, también sabemos que hay preguntas que el Yo no podría respondernos. A quien no es capaz de abandonarse, de soltar lastre preguntándo(se) y sólo acumula respuestas, -una encima de otra, una después de otra,- le está cerrada la entrada al misterio. Por eso los fanáticos, o los que se precipitan encontrando y llenando su vida de respuestas, los sabiondos y algunos new age viven alejados de lo espiritual, y en cambio otros no creyentes de naturaleza más curiosa, lo hacen participando de una especie de mística, quizá también diferente.
La realidad se halla tejida de una ficción necesaria que nos escapa, sin ella viviríamos en un mundo insoportable, del que dan cuenta algunos intrépidos y valientes, que viven cruzando umbrales, como aquellos personajes de Mátrix. Slavoj Zizek lo explicaba muy bien en su genial Pervert’s Guide to Cinema: no nacemos naturalmente en la realidad sino que nacemos en un mundo simbólico. Cuando nuestro simbólico se halla perturbado o sufre algún accidente, cuando el Otro nos falla, es la propia realidad la que se desintegra. La arquitectura de nuestra ficción se encuentra en nuestra manera de pensar y en nuestra memoria (no sé si alguien vio Inception!); los expertos por fin se han puesto de acuerdo: el cerebro es la interacción del organismo con el medioambiente, para las funciones mentales existe una predisposición genética, pero necesitan de un entorno propicio para desarrollarse – y ya sabemos que no siempre se da el caso... “Nadie controla lo que guarda en la memoria, el almacenamiento es muy dependiente de la carga emocional. La memoria explícita es muy inferior a la inconsciente. La mayoría de funciones mentales se desarrollan de manera inconsciente.” (Francisco J. Rubia) Y aquí vuelvo yo, reanudando mis preguntas, esperando que la cartografía me sea propicia…

25.7.10

cerrado por reformas (laborales)

photo ryokan by ted the capitalist

Este año no hay vacaciones y, no obstante, seguiré aún ausente en el blog. Me voy a Nueva Delhi a trabajar durante unas semanas. Les seguiré leyendo a ustedes, que disfruten de sus vacaciones.

Y a punto de partir, les dejo con un poema de Li Bai, traducido por la maravillosa Anne Hélène Suarez:

Acompaño al ermitaño Yang, que regresa al monte Song.

Yo tengo una morada eterna
el pico Yunü del Songshan.
Allí permanece una luna
pende de un pino del torrente.
Ve a coger hierbas de inmortales,
el ácoro y la anea púrpura.
A finales de año iré a verte,
por los cielos, en dragón blanco.

... pues eso, que vuelvo en seguida, montada en mi dragón blanco.

y feliz verano a todos

photo: dolphins by Tetsumaru


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11.7.10

una verdad sin privilegios

ryokan by filmmaker in japan

He leído un libro maravilloso, Kafka y el Holocausto del escritor, blogger y amigo Álvaro de la Rica. Su libro está lleno de cosas interesantes y esenciales, de conexiones audaces , de lecturas cruzadas brillantes, de generosas y estimulantes citas, de hipótesis valientes y lúcidas, rebosa vitalidad e inteligencia, y su mirada estética es también una mirada ética de comprensión y adecuación necesaria con el mundo, y sobre todo con la dimensión más íntima e indescifrable del ser humano. No pretendo aquí hacer una reseña o ser exhaustiva, para empezar porque creo que no podría hacerlo sin tener que adentrarme en cuestiones literarias y en dos relatos kafkianos brutales e inagotables, el extraordinario Ante la ley, y el increíble En la colonia penitenciaria. Lo que traigo es un retazo, un detalle de encaje que uno descubre ante la contemplación de un vestido de alta costura. Freud decía que muchos artistas no necesitaban pasar por el diván ya que su obra era su propio análisis. A. de la Rica realiza una travesía que me ha hecho pensar en esa idea, por las preguntas que se plantea y también por la lectura que hace del escritor checo, en el sentido de la lectura sintomática propuesta por Althusser: aquella capaz de captar el discurso oculto e inconsciente, en núcleo invisible que yace bajo un texto. El texto es leído entonces no tanto como la transmisión o elaboración de una respuesta, sino en tanto pregunta e indicación de unas fallas que identifica en la propia realidad que interroga.
En ese sentido me ha parecido esencial la distinción que reclama entre la dimensión política en el ser humano (lo que ordena la polis) y el plano metafísico. “Obsesionada con la dimensión política de los hechos históricos que le tocó analizar [Hannah Arendt] no vio que la necesidad, en la que la Ley kafkiana se inspira, y de la que toma su fuerza coercitiva, merecería una valoración distinta si se tratase de la necesidad con la que el hombre se siente atraído por algo que no comprende, como el campesino de la leyenda que se aposta en los umbrales de lo que aún no puede ser revelado. Se nos dirá que entonces entramos en el terreno de la metafísica. Puede ser. (…) La impenetrabilidad de la norma, lejos de ser la causa del mal que aflige al hombre, es la garantía de su libertad interior. Cuando no se respeta el misterio con una finalidad política, cuando se sucede la venida de falsos profetas (…) esa misma libertad es aniquilada de raíz.” Para de la Rica, Dios parece encarnar y garantizar esa parte impenetrable de la vida, su heteronomía, dice. Hay una necesidad en el ser humano que no puede ser tratada ni analizada desde lo político o lo social. Y eso es lo que podría salvar al hombre de entregarse a la destrucción y el sinsentido. Me encanta cuando cuestiona que las atrocidades del nazismo puedan atribuirse a la acción libre de los hombres. Por eso Lacan, que también buscaba esa acción libre del sujeto de la que habla de la Rica, decía que Dios es una instancia psíquica necesaria. Pascal hablaba de un don, una gracia. Hay quienes poseen esa gracia que es la fe, hay otros que, creyendo carecer de ella, fabricamos nuestra propia brújula con algún tipo de trabajo como es el analítico, que antes que curar o encontrar una trascendencia, a lo que apunta es a esta una especie de gracia otra que es la libertad subjetiva. El budismo estaría de acuerdo con de la Rica y diría que en ella hemos encontrado al dios que hay en nosotros. Creo, por cierto, que este mensaje está también en el mejor discurso de S. Zizek cuando denuncia la impostura de la ideología.
Si en este algo-trasnochado-vocabulario psicoanalítco que usamos (lo reconozco), los analistas hablamos de asumir la propia castración (castración que no situamos en los órganos genitales, sino que se produce por el simple hecho de ser seres de lenguaje), Álvaro de la Rica, en su lucidez entre literaria y metafísica se refiere a K. como la encarnación de un ser que es al mismo tiempo pura potencialidad y pura imposibilidad. Haciendo referencia a la noción judía de llamada o vocación, identifica y señala esa certeza del ser humano que es al tiempo una pregunta, de haber sido invocado a hacer algo para lo que, cuando se apresta a realizarlo, no hay nadie que pueda confirmarle su misión. Describe a K. como un ser relacional, “carente de aseidad, que no encuentra aquello por lo que es, aunque su proyecto consista en reclamarlo no sólo de palabra, sino con todas las fibras de su ser”. Pero aunque la vida nunca alcanza el final del proceso, A. de la Rica es muy claro advirtiendo que no se trata nunca en Kafka de “caer en el abismo del sinsentido, entre otras razones porque a la cuestión que plantea, no cabe ofrecer una respuesta plenamente satisfactoria, ni por experiencia ni por evidencia racional.”
Ese ser carente de aseidad es para de la Rica" la forma de aquello que acontece". Nosotros en análisis hablamos en esos mismos términos del sujeto del inconsciente, y encontramos algo muy similar en la práctica del zen y yo diría en ciertos estados de despersonalización místicos. Entonces, la reivindicación de de la Rica es esencial: la necesidad de separar y preservar el misterio es lo contrario de la relatividad intelectual o el obscurantismo actual, en el que el sujeto ya no acontece sino que es sin más, sin esfuerzo ni proceso, con su genética y lo social como destino. Lacan habla en términos muy similares cuando quiere dejar claro que la noción del inconsciente que propone Freud se opone a la noción del inconsciente como obscuridad primordial: para Freud hay algo en el inconsciente que no logra mantener el que parecía ser su privilegio de quedar completamente oculto, y es a través del sujeto como acontecimiento que aparece abruptamente en forma de accidente, de falla o tropiezo, pero también en forma de discontinuidad, sorpresa o hallazgo.
Creo que la puesta en relación por parte de A. de la Rica entre la escritura de Kafka y el holocausto judío, que su obra parece haber anunciado, aporta de alguna manera un mensaje esperanzador para el sujeto contemporáneo: el de un espacio de libertad interior gracias a la posibilidad de una ley interiorizada que nos aleja de las bestias y lo siniestro de una vida sujeta a los imperativos del mercado, la ciencia o tecnocracia. Pero para alcanzar esa ley, uno ha de estar dispuesto a perder ciertos privilegios, también existenciales,

24.6.10

un muro

sandals by MarkInTokyo

Entre el hombre y el amor
Hay una mujer
Entre el hombre y la mujer
Hay un mundo
Entre el hombre y el mundo
Hay un muro

(poema de Antoine Tudal, citado por J. Lacan en El saber del psiconalista)

Pasó por Barcelona el huracán Slavoj Zizek para hablar de Verdad y Revolución en el discurso político de hoy. Había que reconocerle todos sus méritos, no únicamente los de su talento escénico de showman y de intelectual estrella, sino también aceptar la invitación frente a semejante título cuando para los lacanianos la verdad sólo puede remitir a esa “verdad mentirosa”, verdad que nunca puede ser dicha toda, verdad como ficción, y la revolución sólo puede llevar, como su nombre y su etimología circular indican, a un lugar similar del que se partió. Pero Zizek tiene muchas tablas y supo cómo responder ante el invite. Me encantó su lectura marxista del funcionamiento fetichista de la ideología de hoy: es decir, muchos piensan que como no “creen” ideológicamente en el capitalismo neo-liberal se encuentran fuera de él, pero como señala Zizek, no es lo que uno cree, sino lo que uno hace, y el capitalismo neo-liberal sigue funcionando incluso si no crees en él, incluso si no eres consciente de que con tus acciones eres tú el que lo mantiene. Ésa es la gran ilusión, la gran ceguera. Hay creencias, ideologías que son socialmente muy potentes y siguen vivas aunque casi nadie creas en ellas, aunque acaben siendo inconscientes. Y citó a Ronald Rumsfeld cuando hablaba sobre el ataque a Irak y sus armas de destrucción masiva: hay cosas que sabemos que sabemos, hay cosas que sabemos que no sabemos y cosas que no sabemos que no sabemos. Zizek añadió una cuarta mucho más freudiana, hay cosas que no sabemos que sabemos. Y es en este nivel en el que opera la ideología en ese momento. Sus soluciones, su particular “revolución” no pasa por tomar el Estado o desmantelar el mercado, sino por crear y buscar algo fuera del estado, fuera del mercado, en un espacio fuera de la esfera del poder político democrático aunque sí dentro de lo colectivo, y en ese lugar él sigue creyendo en el comunismo, en su idea de izquierda radical. “Sospecho de la idea de revolución como puro momento de libertad en el que el amo es puesto en suspenso y de pronto todos nos fraternizamos. Lo que me interesa es la resaca, lo que viene después, el problema de cómo imponer y organizar un orden nuevo".
Me gustó mucho cuando señaló que las posiciones más radicalmente conservadoras actuales son las de los nostálgicos del 68, y de un ideal de libertad pasado. También cuando señaló que los que acaban diciendo algo interesante no son tampoco los que abrazan las ideas nuevas sin cuestionar nada, sino los que piensan lo nuevo desde un conflicto con la verdad pasada. Su largo speech me recordó algo de lo reflexionado acerca del fin de un análisis: desabonarse del sentido es desabonarse del “padre” y de sus garantías, desabonarse entonces también de esa deuda, de ese estar siempre en falta respecto a los ideales y los sentidos plenos. Y es precisamente ese atravesamiento el que nos permite pasar a la acción, bajar a la calle y hacer algo junto con los otros. Quedó abierta su idea de la ecología, mencionada de pasada hacia el final. Para Zizek en nuestra manera actual de pensar la ecología se encuentra la clave de la actual ideología (ideología entendida como sistema -erróneo- de mistificación de la realidad, y por lo tanto una manera incorrecta de pensarla). Critica la concepción de que la naturaleza es una entidad en absoluto equilibrio orgánico y holístico, protectora, envolvente y maternal, cuya armonía venimos a romper nosotros. Para Zizek es la nueva religión, opio de las masas, nuestra manera para explicarlos lo inexplicable, las catástrofes como castigos. En el fondo es más fácil pensar que nosotros somos los responsables y que se trata de nuestro castigo, que pensar que la naturaleza es tan brutal y despiadada. Aquí en este vídeo él mismo lo dice y a mí me ha permitido pensar, lo cual siempre le agradezco.

30.5.10

la travesía de la tortuga y Roger Bernat


Tortuga en la isla Ishigaki, by Tetsumaru

Me ha llevado unos años pero finalmente empiezo a cernir algo de lo que me trajo hasta aquí por el camino de lo chino-psicoanalítico. He avanzado lentamente, a mi ritmo, dando unos cuantos y fructíferos rodeos, tal que esta bonita tortuga japonesa, gracias en parte a este espacio. En términos psicoanalítocos podríamos decir que aquí he podido desplegar algo de mi síntoma, en el sentido de que el síntoma es una respuesta, una solución que encuentra el sujeto frente a una imposibilidad fundamental, que para nosotros es “sexual”. -Cuando hablamos de sexo, nosotros también estamos hablando de otra cosa, más allá o acá que la pura relación sexual-. A mí lo que me interesaba era precisamente entender y poder hacer algo con esa imposibilidad, y si elegí lo chino o lo psicoanalítico es porque ambos avanzan y se articulan alrededor de ella. Podía haber elegido la ciencia, que en cierto sentido también lo hace, pero es cierto que nunca tuve cabeza para ella, o el arte, que surge del encuentro con esos límites, pero aunque empecé por ahí tampoco me atreví. Fue a partir de la escritura china y el uso de la lengua que entendí que para los chinos la representación directa de las cosas era imposible. Como ya he dicho alguna vez por aquí, su escritura ideofonográfica, su arte de la caligrafía es paradigmática de la concepción freudiano-lacaniana de la letra como borradura, represión, tachadura de la cosa, y como significante que no significa nada en sí, si no es en relación a otros significantes. El objeto de nuestro deseo cuenta en tanto ausente, si deseamos es a partir de una falta o de una ausencia, y en la representación china, ya sea en la caligrafía o en la pintura, ese vacío es estructural. Esa determinada manera de representarse el mundo tiene, según como lo veo, unos efectos en la manera de actuar, de utilizar el lenguaje y relacionarse con el otro que promueven el equívoco y lo que los chinos llaman cortesía, esa manera de no-actuar. Cuando hablan de la no-acción no creo en absoluto que se refieran a dejar de hacer, de decir o de responder. De lo que se trata es de ser capaz de producir una acción que tenga en cuenta la falla estructural, el fracaso del lenguaje, y que al hablar o al hacer uno pueda dejar las cosas en suspensión, sin cerrar sentidos ni concluir constantemente. La experiencia del análisis nos enseña, además, que la falla no está únicamente en uno, sino que el Otro (los otros), al que creíamos garante de respuestas y felicidad, está igual de agujereado que uno. Como decía Juan Carlos Indart eso hace que al hablar el otro no se sienta excluido ni se produzca rotura del lazo social, y en eso, para mí, está la base no sólo de la ética sino también de la salud mental.
Muchos piensan que el psicoanálisis está trasnochado, o que para lo único que sirve es para interpretar y para dar sentido, cuando lo que hace básicamente es ayudarnos a vivir sin tanto sentido. Lo cierto es que es de los pocos lugares donde aún se sigue reflexionando sobre ciertas imposibilidades de sentido, sin considerarlas como algo contingente y exterior, y aunque sólo sea por eso, su vigencia es radical. Me ha gustado mucho el artículo de Miquel Bassols en el que analiza cómo ciencia (a través de las cifras y la medición) y psicoanálisis (a través de la letra) avanzan paralelas, señalando una diferencia fundamental: para nosotros la verdad tiene estructura de ficción, es puro semblante, no es real, los números, las mediciones no son las cosas mismas, son otro tipo de letras, de mediadoras que no dan cuenta de lo que las cosas son, sino de nuestra simple interpretación. La verdad como semblante, lo llama. Un mundo sin lugar para el equívoco, sin lugar para la falla, sin lugar para la imposibilidad (de decirlo todo, de significarlo todo) es un mundo de locos, como éste en el que vivimos, y por eso cualquier intento riguroso de introducir algo del vacío en el discurso se hace imperioso.

Esta semana fui a ver el último espectáculo de Roger Bernat, la Consagración de la Primavera. Más que ver debería decir “participar”. Al entrar, el espectador recibe un par de auriculares inalámbricos, y se encuentra en una sala semi-oscura sin un solo asiento, cercada por cuatro paredes de pizarra y unas tizas. A través de los auriculares escucha la música de la Stravinsky y la voz de una señora que va explicando, describiendo la escena y dando instrucciones sobre los pasos a seguir. Enseguida nos queda claro que no todos escuchamos las mismas instrucciones y que no todos decidimos participar de la misma manera. Después de escribir con unas cuantas palabras sobre la pizarra “colina”, "anochecer", "amanecer", "bosque", la escenografía ya ha quedado resuelta. El espectáculo se desarrolla a partir de lo que escuchamos por un lado, y de lo que vamos haciendo, a nivel individual y también a nivel colectivo por otro, ya que en seguida nos encontramos formando parte de una coreografía que recuerda aquella de Pina Bausch, ya sea como árbol, como personaje o bailarín o sombra. Cuando la obra termina, uno se da cuenta de que, como en el análisis o como en la vida, la representación ha tenido lugar en su cabeza, y uno ha tenido una parte mucho más activa de la que creía tener, se ha visto obligado a tomar decisiones, a dudar de ellas, a interpretar, hacer y observar, en una rotunda soledad, rodeado de vacío. Bernat da un paso más en su trabajo iniciado con Domini Públic y nos sitúa frente a nuestro propio deseo de espectáculo, frente a nuestra propia capacidad para dar o dejar de dar sentido, frente a nuestra responsabilidad subjetiva. Su trabajo es valiente, implacable y exquisito. A él le interesa dialogar con el psicoanálisis, ha leído a Zizek y se ha sentido cercano a pensadores afines, como J.Rancière. Creo que su espectáculo da buena cuenta de ello, no sólo como discurso sino también como experiencia.

8.5.10

valiente Kawase (en el Baff digital)


PUPPET PLAY, originally uploaded by ajpscs.


Estos días he seguido con la sección digital del festival principalmente, aunque he visto menos de las que quería y me he perdido algunas por falta de tiempo. Me gustó mucho To Walk Beside You y también disfruté de Our Brief Eternity de Takuya Fukishima. Me he acercado al cine filipino, malayo y hasta la obra de un artista de Singapur. Children Metal divers fue una sorpresa, por su poética, y por el dominio narrativo y visual a pesar de la simplicidad de la historia, también admiré el trabajo de Gerry Balasta en The mountain thief y el corto de Lav Diaz dentro del Jenjou Digital Project 2009. En muchas de estas cintas el director es también el guionista y el montador, y los actores participan en el equipo técnico o producción: se transmite una cierta pulsión cinematográfica por contar algo, y contarlo directamente.
Las películas están llenas de seres atravesados por la duda, la culpa, el deseo o la locura, por un malestar social, pero también individual o subjetivo, que me ha hecho pensar mucho en el discurso freudiano en Asia, y en lo que –a raíz de esa controversia alrededor del libro de M. Onfray,- apuntan intelectuales y psicoanalistas: que aquí, en occidente estamos empeñados en que sólo exista una noción del psiquismo cada vez más normativa. Aquí ya sólo importan los hechos y los comportamientos, borrar los defectos, lo visible, aunque sólo sea con fotoshop. A la psiquiatría comportamentalista y biologista ya no le interesa el sufrimiento, ni los efectos secundarios de sus bombas químicas sino sólo sus evaluaciones y su índice de eficiencia. Estos cineastas asiáticos, muchos emergentes, indagan sin tapujos, como lo hizo la psiquiatría pasada o hace el psicoanálisis, por todo aquello que no entra en lo razonable.
Aunque en otra línea de búsqueda, también está la cineasta japonesa Naomi Kawase, su trabajo se centra más en lo ínfimo, y también en lo que no está, en lo que se ha perdido. Ella sigue queriendo captar lo que apenas se llega a captar, trabajando con la memoria y con su escritura sin nombrarla. Con el vacío y el silencio. Y aunque ella parta siempre de lo más sensual (de una luz a través de los árboles, del movimiento del viento en las hojas en un bosque, de la sombra en un patio o una habitación o un pliegue en la piel) tampoco deja de hablar de lo inefable y de ese atravesamiento de lo que no se puede explicar pero que puja por salir. En Koma (Visitors, corto de una media hora), Kawase se ha atrevido a asomarse a lo amoroso y lo ha hecho con valentía y luminosidad. Además de la fascinación de la mirada, del sonido de la naturaleza, en esta película irrumpe la voz a través de un cántico popular. Ha sido para mí lo mejor de todo el festival, aún estoy impresionada…y lo que escribo aquí está deshilachado y es fragmentario. La historia es sencilla: un joven coreano viaja a Japón tras la muerte de su abuelo para visitar en un pequeño pueblo a unos ancianos y devolverles un rollo de seda pintado que le fue regalado al abuelo durante su estancia en ese pueblo cuando trabajaba en el campo. En esa casa vive también la hija de ese matrimonio, un ser silencioso, dolorido y enigmático con el que compartirá algunos paseos y una visita a un templo, donde ella le hablará de una leyenda. Hay pocas palabras, pero lo poco que se dice o los espacios que se dejan para ello no están destinados a tapar o a ocultar, sino a dejar salir algo de lo más íntimo, de lo menos razonable, y siempre con humildad y respeto, dejándolo todo en suspensión, evitando que el otro se sienta excluido u ofendido. Ésta me ha parecido una de sus cintas más cinematográficas, la intensidad y la textura del encuentro entre los jóvenes, su manera de no cerrar los sentidos y dejarlo todo en suspensión me parecían estar hablando también de lo Kawase espera del cine mismo como lenguaje, de su razón de ser. Aún la tengo que digerir, pero su valentía para dar cuenta de algo de lo amoroso de esa manera sesgada, parcial pero intensa, me ha transformado a la manera de ella: primero en lo sensual, y luego más tarde en el interior.

3.5.10

una vida vigorosa (tb en el Baff)

japanese raddish by masaaki miyara

Este fin de semana hemos visto tres películas y esta semana nos esperan unas cuantas más. Vivir en el Baff es más fácil que vivir en Barcelona, de eso no hay duda. Este año, además, Albértigo es miembro del jurado en la sección de cine digital y cae bien puesto son varias las digitales que había anotado en mi carnet de baile. Creo que la programación del Baff anime esta edición es excelente. En Parade encontré personajes, rincones y preguntas sobre el Japón y sus trastornos actuales que me interesan. Me salté la brutal The Coast Guard de Kim Ki-duk, construída también alrededor de la locura. Curiosamente son los cineastas asiáticos los que ya llevan tiempo identificando e interrogando diferentes tipos locura que irrumpen con fuerza en lo real de una modernidad tan imparable como paradójica todavía para algunos. Y eso en un momento en que China sufre una oleada de ataques a escuelas con serias preguntas sobre la atención a la salud mental. De Face, rodada en Francia por veterano Tsai Ming Liang, logré salvar poco más que unas imágenes y ciertas reflexiones interesantes acerca del cansancio, la belleza como máscara insoportable y –esto ya eran mis conclusiones- lo absurdo e inerte del ensimismamiento.
Me gustó Eatrip,(aquí el trailer, la vuelven a pasar el miércoles) de Yuri Nomura, documental alrededor de la comida japonesa, con entrevistas y secuencias de personajes diversos: desde un comerciante de pescado de quinta generación en el Tsukiji Market, a una ama de casa que vivía y comía de manera orgánica autoabasteciéndose con sus hijos en una granja en Okinawa, a una cantante que producía su propio arroz, un monje zen de 90 años que abogaba antes por un mundo real que por un paraíso prometido, o un maestro de la ceremonia del té, Sen Sooku, que con su humor y sencillez me recordaba a mis sabios chinos Me gustó cómo hablaban de las estaciones, el respeto en el pasado por los tiempos y los diferentes ingredientes. Cuando se abre la flor de cerezo el sabor del bonito es más suave. O esa mujer que siempre había querido vivir cerca de un curso de agua natural y lo había conseguido. La alegría de ese monje zen que creía en la importancia de una vida vigorosa, no alocada, ni llena de realizaciones, sino de vigor. También me gustó una respuesta que dio otro personaje cuando le preguntaban sobre lo importante de la comida: para ella era que el acto de comer fuera acompañado de algunas palabras, de alguna comunicación, aunque fueran para uno mismo. Comer y sólo comer, como cuando uno come delante de la televisión, estaba incompleto si no se daba cuenta de ello de alguna manera. El que más me gustó fue el maestro de la ceremonia del té y su encuentro con un joven actor. Todo estaba lleno de rituales y símbolos, un poema caligrafiado en la pared, los gestos cuidados, la luz de la habitación, la pulcritud de los kimonos y los tabi blancos, unos dulces de arroz glutinoso y soja para poder apreciar mejor el amargor del té verde, pero éstos sólo tenían sentido en la espontaneidad del disfrute del momento y la taza de té.

1.5.10

Freud resiste ( y empieza el baff)


DUST OF SPRING (桜花びら), originally uploaded by ajpscs.

No sé si ya ha llegado o si llegará aquí la polémica provocada en Francia por el libro de Michel Onfray. En cualquier caso, se la resumo ahora mismo y paso a precisar que aunque Onfray pretenda centrarla en si es posible o no una lectura crítica de Freud (Onfray llega tarde y no se entera, no es que sea posible sino que es obligada, necesaria, benigna y la mejor manera de rendirle homenaje al propio S. Freud, promovida ante todo por los analistas), lo cierto es que como ya señalan algunos autores la verdadera polémica es qué tipo de intereses marketinianos y mercenarios están en juego en el mundo editorial y la prensa para estar dando cabida y credibilidad a una obra como ésta. La polémica, en cualquier caso, es muy bienvenida, al menos en el país vecino se debate y se discute. Confieso que ni lo he leído ni tengo intención de hacerlo, no porque me rasgue las vestiduras sino porque no hay nada nuevo que no hayan escrito otros y mejor, -aunque parece que en su conjunto las fabulaciones resultan aquí más ridículas e infundadas, más incongruentes, como por ejemplo cuando dice que Freud dejó embarazada a su cuñada y la obligó a abortar a una edad en que no hay mujer que conciba, o lo supone adepto a los regímenes fascistas, creo que incluso cómplice o partidario del holocausto. En el retrato que se esfuerza por defender Onfray presenta a Freud como a un mentiroso decadente, un fracasado, depravado y codicioso conspirador, que hizo del psicoanálisis una religión (la otra gran fobia de Onfray), y de su pseudo-ciencia que nunca ha curado a nadie (!!) una gran impostura. Alega estar haciendo una lectura nietzcheiana, demostrando que “una filosofía es siempre una autobiografía de su autor”, sin darse cuenta de que es seguramente su propia experiencia en un internado religioso, testigo de ciertos abusos por parte de los curas, la que ha hecho armarse con la ateología y ahora remeter con su lectura fóbica de S. Freud. No está en mi intención rebatir aquí las tesis de su libro, lean si les interesa a la lúcida y valiente historiadora E. Roudinesco (aquí en castellano) o a Bernard Henri Lévy, (tb en castellano) o a tantos otros que lo hacen mejor, o sino escuchen a propio Onfray ponerse en evidencia en youtube. También creo que los mayores oprobios son del orden histórico, los psicoanalistas, al fin y al cabo, ya estamos acostumbrados a ataques irracionales, a malentendidos constantes con los términos y conceptos, incluso a esa pregunta tendenciosa que se repite, ¿pero no está S. Freud superado? Ahora siempre me acuerdo de un artículo de Eugenio Trías publicado hace un par de messe: A Sigmund Freud siempre se le quiere superar. Pero todas las veces que se intenta sucede lo mismo: se regresa a espacios anteriores a Freud. Puede que su lenguaje esté anticuado. Una espesa costra positivista le recubre, dificultando acaso su lectura. (...) Sigue siendo piedra de escándalo pese a que nadie puede discutirle su naturaleza de clásico, fundador de instituciones de salud, inspirador de la mejor filosofía (Foucault, Derrida, Deleuze, Adorno, Walter Benjamin, ) aun cuando sea obligación de ésta discutirle, criticarle, pero siempre desde el reconocimiento de sus logros y de haber pasado por su escuela. Freud es un clásico y como tal no puede ser superado. Debe ser siempre visitado, comprendido y discutido. Estoy de acuerdo además con E. Trías en que no es posible convivir con la modernidad sin conocerlo. Y también considero que muchos de los que desconfían de él o lo atacan, están en el fondo sirviéndose de la teoría freudiana sin darse cuenta, y que sus aportaciones van más allá de su especialidad y pertenecen al dominio de las ideas.
Y frente a ese debate eterno de si el psicoanálisis puede o no considerarse una ciencia, me he acordado de una respuesta de Lacan en 1973 a Le Monde cuando le preguntan sobre eso: "Antes que Freud delimitara la idea del inconsciente toda palabra era tomada a pie juntillas. Desde entonces de lo que se trata es de recelar hasta de la noción de sujeto- etimológicamente, lo que está por debajo, nada más, - y cuya característica es no saber. (…) Usted dirá que no es muy científico. De eso se trata. En cierto modo siempre lo somos en exceso frente a una realidad que desmiente y desafía los sistemas. Así, Freud desconfía de la apariencia de filosofía que ofrece el verbo ser, que los chinos tienen la suerte de no encontrar por todas partes, como nos pasa a nosotros. En el fondo, lo que Freud quería esbozar es una nueva lógica. No una lógica que pusiera orden en el mundo, sino una que por fin tendría en cuenta su desorden, lo que el inconsciente tiene de inclasificable, de indecente, de azaroso, de irregular, de incompleto, de indecible, y que daría cuenta del impasse de la palabra misma."
Y ahí hay algo obviamente insoportable para Onfray. Jean-Luc Porquet no estuvo mal en Le Canard Enchainé tampoco. Y ahí deberíamos recuperar a Derrida con esa idea de que se capaz de desonstruir a los grandes maestros, no para cargárselo todo de ellos sino para ser capaz de recuperar y reelaborar lo que cada uno ha podido aportar. O mejor que eso, de nuevo a Lacan con su teorización de la lógica del todo y no-todo. (En eso ando últimamente… con la clínica de lo femenino (que no de las mujeres) gracias a la letra china, el zen y a un luminoso seminario de Rithée Cevasco. ) En cualquier caso, éstos no son buenos momentos para el psicoanalista, arrinconado por la tecnocracia cognitivista, el imperialismo farmacéutico y el negocio de la siempre light autoayuda, pero como dice BHL, el psicoanálisis que ya está acostumbrado, se repondrá, mientras que Michel Onfray, no es tan seguro.
Hoy empieza el Baff! me voy corriendo al cine...

19.4.10

de la falsa demanda y el silencio del Otro





Shitao (1642-1707) from the book Returning Home

Seguí pensando en la contemplación del paisaje que permanece silencioso, en el que uno encuentra entonces algo de sí mismo, y aunque en ese reconocimiento se produzca una especie de diálogo, el diálogo es mudo. También seguí pensando en ello fascinada por el trabajo de Andy Goldsworthy (¿conocen el documental sobre su trabajo con la naturaleza y el tiempo, la pérdida y también la mirada Rivers and Tides? Yo sólo conozco extractos… Las rocas, las nubes, los ríos y montes no hablan, tampoco las estrellas.
Pienso entonces en la angustia que produce el silencio del otro: una determinada falta de respuesta . En que si se hace insoportable en ocasiones es porque desvela algo de la falta propia, y mucho peor que eso, la falta en el Otro. Aquel que debía ser garante de tantas cosas, está igual de agujereado que yo. Lacan nos recuerda en su seminario que la esfinge de Edipo era una figura de pesadilla al tiempo que una figura cuestionadora, y que en esa pregunta suya encontramos la forma más primordial de la dimensión de la demanda. Recuerden, la demanda se opone a la necesidad, y siempre es en el fondo demanda de amor y de reconocimiento, (de un cierto vacío o imposibilidad) y no de cosas u objetos concretos que al ser entregados a modo de respuesta puedan taponar y obturar nuestro deseo.
Todas las trampas en que ha caído la dialéctica analítica se deben al hecho de que se ha desconocido la profunda parte de falsedad que hay en la demanda del neurótico. La existencia de la angustia está ligada a la circunstancia de que toda demanda siempre tiene algo de engañoso con relación a lo que preserva el lugar del deseo”
Es por eso que uno no deja de desplegar una larga serie de demandas al analista, al amigo que escucha, a la pareja, y al mundo entero… y en el fondo está mintiendo. Puesto que siempre es otra cosa, y otra…Y entonces lo que apremia es que aprenda a reconocerlo. Sin este aprendizaje un análisis siempre quedará inconcluso, y un analista no será tal.
Y en el mundo de los saberes, los intercambios y los datos, el reconocimiento de ese vacío intercambiado es más que subversivo. Ha de mantenerse secreto y en el marco de una cierta intimidad. El espíritu del pintor chino sigue enseñándome sobre todo esto. Me trajeron de NY un librito espléndido de Shitao, Returning Home, TaoChi's Album of landscapes and flowers, en el que aparecen –como en la imagen- unas pinturas y poemas caligrafiados que las acompañan A través de su búsqueda, avanzo en la mía.

"Media vida viajando por el norte y el sur, el polvo del viajero me ha envejecido.
Habiendo renunciado al mundo, aún me quedan amigos en este mundo.
He vagado durante demasiado tiempo como para poder sentir auto-compasión

Entre los monjes, rara vez encuentro a nadie con mi manera de pensar. "


Le escribía en una caligrafía a un amigo en Pekín en 1961.
Y en otro poema sobre su vida errática,

"Viajamos por rutas que se tendían en la distancia hacia la tierra de los inmortales.
Nuestros pies pisaron las nubes de los picos hasta que las nubes desaparecieron

Nuestra barca navegó sobre los tempestuosos dragones que logramos someter

Cuando los cinco colores del océano recibieron finalmente nuestras risas

Frente a la montaña, incesablemente cambiante, finalmente nos detuvimos.
"

En el arte de la pintura, de la caligrafía y la representación, la imagen muestra y disimula al mismo tiempo. Apunta a una presencia, pero disimula una ausencia (la cosa que representamos porque ya no está) La materia desaparece y aparece un trazo, la huella de una demanda-pregunta dirigida al mundo. La pintura viene a no colmar la pregunta con su respuesta silenciosa. Nunca vemos las cosas como son, sino que vemos las etiquetas que les ponemos a las cosas- escribía H. Bergson en Rire. Por fin conseguí ver aquel encuentro entre R. Enthoven y Klaus Speidel. Y estas son las notas que tomé.
La imagen ocupa un lugar intermedio entre lo que eso es y lo que queremos ver. Y en esa "mentira" se esconde nuestra media verdad.

10.4.10

cuando la letra insiste


Dancer, originally uploaded by manganite

il faut la suivre....


4.4.10

el silencio de Buda

by masaaki miyara

Según la tradición, las nieblas y brumas de los paisajes chinos son diferentes en cada estación. En primavera son difusas, ligeras y atrayentes, en verano ricas y densas, con un color azul verdoso que parece inundarlo todo, en otoño son fragmentadas y finas, poseen un brillo límpido y muestran reflejos rojizos, en invierno son oscuras y solitarias, tristes e indolentes, como si durmieran. El pintor conoce todo esto. Sus paisajes parecen surgir de un espacio ilimitado representado por la seda desnuda. Los antiguos no realizaban sus pinturas como puro registro de las cosas. Partían de las formas pero buscaban ante todo despertar algo en la mente. La pintura debía permanecer incompleta en sus formas puesto que era en la mente en la que se completaba la representación. También la elección de los objetos tenía un sentido ajeno al de la belleza: montañas, ríos, pinos, flores, bambú, peces, berenjenas o inmortales en sus travesías, daban cuenta de aspectos vitales que interesaban al pintor o transmitían algo importante o anhelado por ellos. Hay quienes pintaron toda su vida siempre los mismos motivos en una búsqueda interminable en su propio ser. Como Wen Tong, a quien su querido amigo Su Dongpo consideraba el gran maestro del bambú en todas sus versiones. “Puedo vivir sin carne, pero no sin bambú”, decía. Y de él proviene también el dicho “tener la imagen del bambú en la cabeza 胸有成 竹, para decir que alguien ha pensado mucho en una cosa, la ha hecho suya. En sus últimos años dejó de pintar “ Antes estudiaba el Dao pero no lo encontraba. No estaba en paz, no lo lograba. Así que no hacía más que pintar bambúes expresando a través de ellos mi búsqueda. Estaba como enfermo. Ahora la enfermedad se ha curado, por eso no pinto nada más.” Aunque Su Dongpo, que tanto lo admiraba, no lo acabara de creer.
El otro día, después de admirar unas pinturas de paisajes del pintor holandés Jan Both en el Prado, y en mi intento de seguir avanzando en ese camino del zen (psicoanalítico) pensaba en que quizá el silencio de esos paisajes sea una de las características esenciales de la fascinación que despiertan. Haciendo que uno se enfrente a algo con lo que se identifica, pero que permanece en silencio. El paisaje, por mucho que nosotros lo llenemos de palabras, permanece mudo.
Como el silencio de Buda. Una nueva sesión con Mercè Altimir me permitió pensar en la importancia de cierta falta de respuesta. Para Lacan ese silencio da cuenta de algo de lo real (no simbolizable, de lo inconsciente). Lo real, decía Lacan, es también un síntoma. Y la letra (la caligrafía, por ejemplo) no está ahí tanto para que se la interprete como para que se la siga. El psicoanálisis, al contrario de otras terapias que hacen hablar a prácticamente todo lo que nos pasa, también en el cuerpo, como si todo estuviera lleno de mensajes, sean religiosos o genéticos, es capaz de detenerse antes y dejar ese espacio de silencio. La angustia es lo que señala que no hay manera de pasar por el sujeto del deseo sin pasar por la experiencia del cuerpo, y en esa experiencia hay algo que siempre permanece en silencio.
En el libro de Osvald Sirén sobre textos chinos acerca de la pintura encuentro esta cita de Zhuangzi, “Si los que realmente conocen (la esencia del Dao) no hablan de ella, y los que sí hablan no saben, de dónde podrá el mundo sacar su conocimiento?"

28.3.10

Cartas para Yves

foto Françoise Huguier YSL collection printemps-été 2001

“La verdad pertenece sólo a los que la conocen, los demás tienen derecho a quedarse con aquella que han inventado”

Una amiga querida y admirada que me anima y me inspira en estos tiempos oscuros, me envió desde París el último libro, recién publicado por Gallimard de Pièrre Berger, Lettres à Yves. Es un libro breve y conciso, compuesto por unas cartas sencillas, dirigidas al que fue su pareja, socio, y compañero vital, el diseñador Yves Saint Laurent, después de su muerte en 2008. En ellas Berger parece querer expresar algunas cosas en público, no sólo sobre su relación y sobre la personalidad del mítico YSL, sino también sobre su importantísima colección de arte privada, sobre los motivos de esa subasta multitudinaria organizada más tarde. Arnaud Laporte invitó a Berger hace unos días a hablar sobre todo ello, y Berger estuvo estupendo. Efectivamente es un libro singular que además de lo literario y lo biográfico, aporta algunas reflexiones valiosas para quienes aún se preguntan y atreven a ir inventando respuestas a fin de vivir dignamente. A mí me ha conmovió desde su inicio a su fin.
"La muerte plantea más preguntas que propone respuestas. Se trata de preguntas a las que uno debe responderse día tras día…"
Berger no retrocede. Dice que juntos consiguieron cumplir los sueños más locos, precisamente vivieron como dos locos y dejando de lado los tópicos sobre el amor , se atreve a mostrar otros lados más oscuros, y mucho más interesantes, en los que se hacen visibles esos paisajes llenos de rincones oscuros y al tiempo luminosos que configuran nuestra relación con el otro. Lo no dicho nunca en la relación puede ser dicho ahora sin auto complacencia, venciendo el temor, como palabra necesaria, de la que uno puede liberarse, también con la extraña urgencia de quien sabe que la partida ha acabado, y con ella el tiempo de la confesión. Decir entonces es otra cosa. ES simple acto. Y a mí ese lugar desde donde habla me interesa mucho.
Siempre supiste que la moda no era un arte pero requería de un artista para crearla, y por eso siempre te impusiste ese rigor que yo admiraba” le escribe a Yves.
A mí me suele molestar bastante cómo habla de la moda la gente que no se dedica ella. Imagino que para mí debería ser admirada en silencio, expresando la admiración de otro modo, quizá simplemente vistiéndose con ella. Y aunque Berger estuvo íntimamente ligado a la moda, he admirado su tacto y su lucidez, cómo sí entendía lo que significa para los que de verdad la viven (la verdad pertenece sólo a los que la conocen…) ajenos a las frivolidades, snobismo y glamour de los que intentan sacar tajada y embriagarse del sueño ajeno.
Pero quizá lo más interesante es cuando habla de su relación con el arte y la cultura. "Si los demás supieran que el verdadero motor de nuestra colección no fue ni la belleza ni el dinero sino la sexualidad!" O cuando confiesa odiar la cultura didáctica y todo lo que se le parezca. Para disfrutarla hay que haberlo olvidado todo, “y eso es lo que yo no he dejado de hacer nunca” Por supuesto habla de la gran tristeza de YSL, sus incapacidades, las drogas y la enfermedad, pero Berger siempre supo ver sus “alas de gigante que le impedían caminar” como los demás.

Me he acordado de un koan de Wumen Huikai o Mumonkan en japonés, discípulo de Linji.

Al subir el biombo apareció el magno cielo
Pero el cielo no armoniza con el zen
Es mejor olvidar el magno cielo
Y abandonar toda vanidad

Y de otro algo extraño, que es la respuesta que da a un monje (que pregunta por qué cuando un búfalo intentan salir del cercado, pasan cuernos, cabeza y pezuñas, y sin embargo la cola queda enganchada, apuntando a esos restos que quedan, como fuera de la escena, como fuera de la historia).

Si el búfalo avanza caerá en el foso
Si regresa, será sacrificado
Esa pequeña cola
Es de hecho la cosa más extraña

El camino psicoanalítico se asemeja cada vez más al camino del zen: hay que poder llegar a renunciar a la significación y hacer estallar el sentido ** este es mi koan de la semana**

16.3.10

de la desobediencia


Kyoto memories V, originally uploaded by manganite.

Regresa estos días a mi cabeza un artículo que leí hace unas semanas de Mathieu Potte Bonneville. Parte de un fragmento de los diarios de F. Kafka, que escribe después de una lectura pública en Praga. En vez de leer uno de sus textos, elije para la ocasión una novela corta de H. Von Kleist, que se titula Michaël Kolhaas. -A mí siempre he ha fascinado Kleist-. Según M.P.B. esta elección no es inocua. Michaël Kolhaas narra la historia de un comerciante de caballos que después de sufrir un cúmulo de injusticias e infortunios a raíz de un encuentro con las autoridades aduaneras, causando incluso la muerte de su mujer, lo vende todo, organiza un pequeño ejército y va quemando un pueblo tras otro. Se lee a menudo como un alegato de la “exigencia infinita de justicia”, y muestra cómo la insumisión puede crear “una ruptura irremediable”, y cómo nuestro “universo social se sostiene normalmente sobre la trama compacta de nuestra obediencia.” La obra de Kafka vendría a ser, dice MPB, su reverso. Su universo señala las trampas, abismos y peligros de la sumisión y la obediencia excesiva, también la inconsciente, podríamos añadir. Y ambas posturas se revelan mortales. Nos encontramos en 1912. El siglo que empieza se cuestionará el precio de la insumisión con las grandes rebeliones, pero también las atrocidades y masacres imputables a la docilidad y a la seducción de la obediencia. Aparece entonces, en las notas de Kafka, la figura de un niño que ha asistido a la lectura y se encuentra sentado en el auditorio. Aburrido, trata de pasar el rato jugando con su gorra. El niño parece encarnar a ese alguien que “ni obedece ni transgrede”. En su desobediencia dice MPB encontrase el verdadero arte de "los débiles" (?), y su único modo de sobrevivir.
Y yo, que tampoco siento un apego especial por esta vida, pero sí paradójicamente por alguna forma de supervivencia, reconozco aquí algo que me interroga y que me apremia a pensar.