18.1.08

el camino de regreso a casa

Nieve en Yoshiwara (1771) de Suzuki Harushige

Pedro me dijo que ayer había nevado en Pekín, y mientras preparo mentalmente mi viaje de este fin de semana a París, e intento acabar cosas pendientes aquí, pruebo, sin éxito, a escuchar una entrevista en internet al realizador Ang Lee sobre su última película Lust and Caution, que me gustó mucho y en la que sigo pensando todavía. Al mismo tiempo me he acordado de esta lámina que descubrí esta semana en un libro precioso de grabados japoneses. Se trata de una escena de cortesanas, en el poema que aparece arriba dice: “La nieve ha caído imperceptiblemente con lo que va a ser difícil encontrar el camino de vuelta a casa” A través de la celosía de la ventana, explica el comentarista de las láminas, se puede ver un palanquín en el que el cliente del barrio del placer es conducido de regreso a casa. Suponemos que la nevada cayó mientras el hombre se entregaba al amor, y por lo que vemos en la escena, no debió de prestarle demasiada atención al vino de arroz y a las golosinas, porque las muchachas parecen estar calentando la comida que sobró. Una de ellas remueve las brasas con una horquilla del pelo, la otra prepara las tazas para beber sake, la tercera dirige nuestra mirada afuera de la ventana, y a un lado, en primer plano, la liebre blanca de nieve ha comenzado a derretirse sobre la bandeja (!)
El poema me ha hecho pensar en la protagonista de la película de Ang Lee. La joven, que forma parte de un grupo de jóvenes de la resistencia, entabla una peligrosa relación con un colaboracionista japonés, con el fin de poder asesinarlo un día. Para ello adoptará una identidad falsa y se entregará a los juegos de seducción necesarios, convirtiéndose en su amante. A lo largo de esa relación descubre el sexo y accede al juego del deseo, bordeando el amor. Convirtiéndose en el objeto sexual y amoroso de él, ella, creo yo, consigue preguntarse como sujeto sobre su deseo, sin que los avatares o contingencias políticas parezcan interesarla demasiado, y sin que todo ese juego de semblantes sitúen lo que ocurre en un mero plano de representaciones, apariencias y relaciones imaginarias.
No sería difícil pensar que lo que pierde a la protagonista es su búsqueda de identidad en un mero juego de mentiras, artificio y personajes escenificados. Yo en cambio pienso que el verdadero motor de la joven es la búsqueda (me gusta mucho una palabra en francés, quête) del saber sobre su deseo, y sobre su relación de objeto. Lacan habla de ese movimiento de báscula que se realiza entre nuestro yo imaginario, la idea e ideales que tenemos sobre nosotros mismos, esa casa” imaginaria que es el yo, en la que creemos conocernos, creemos saber quiénes somos, lo que queremos, a qué aspiramos y el sujeto del deseo que nos liga al objeto, al otro, y del que nada sabemos. Por eso, como en el poema japonés de arriba, yo pensaba, después del amor, de la búsqueda a la que lleva el deseo, se hace difícil encontrar el camino de regreso a esa casa tan bien construida pero que no es quizá más que un albergue temporal, una posada en el camino

7 comentarios:

cacho de pan dijo...

su visión tan aguda, mi querida nikita, siempre deslumbra.
quería ser, por una vez, el primero. ya volveré por aquí después de otra lectura.
"lust caution" sigue en su memoria; a mí no me ha dejado tanto.
ayer ví "el valle de elah".
vale la pena pasar por allí.

odette farrell dijo...

Ese deseo que a veces nos embarga por otro sujeto no será acaso una parte nuestra que no vemos pero que si vemos reflejada en el otro?

zbelnu dijo...

Sí, a mí también me deslumbras con tu interpretación; yo no vi tan claramente como tú viste a esa chica y su búsqueda, claro. Qué bonito grabado...

nomesploraria dijo...

El grabado y el poema son preciosos y tu forma de contarlo luminosa (que llueva de una vez)

zbelnu dijo...

Ejem, ¿a que estás a punto de escribir otro post?

cacho de pan dijo...

Ejem, ¿a que estás a punto de escribir otro post?

el objeto a dijo...

perdonen la ausencia! sí, aquí estoy de nuevo, gracias por las visitas,
ahí está Odette, ese juego de deseo, espejos y otros,

síiiiiiiii, que lleuva ya! quiero volver a casa!