11.12.06

el alma no es una cosa


pañuelo serigrafiado y bordado a mano de Agathe Gonnet

Es con más decepción que curiosidad que escucho y leo las entrevistas que aparecen estos días en los medios de comunicación sobre el nuevo libro de Eduardo Punset, “El alma está en el cerebro” (Aguilar). Antes de poder reprocharle nada a este libro que no he leído, me limito a señalar lo desafortunado del título, que tan de acuerdo va con estos tiempos desazonados… son estas enunciaciones descontextualizadas desde la nueva religión de la neurociencia las que, a modo de regresión, están empeñándose en reducir el funcionamiento mental del sujeto a un amalgama de reacciones químicas y neuronales, y su organización psíquica a un conjunto de conductas, cuyo destino estará siempre limitado a su ser biológico. Bajo la ilusión de que todo es susceptible de ser medido, cuantificado y explicado empíricamente, el pensamiento no sería más que el efecto de una secreción del cerebro. Estas posiciones no se encuentran en la verdadera ciencia y en sus progresos, tampoco en los trabajos modernos de la neurociencia, los genes o la actividad cerebral, sino en un enfoque ecléctico donde se mezcla conductismo, ciencia de la cognición, experimentalismo, y una ideología cientifista. Son estas nuevas “mitologías cerebrales”, en palabras de élisabeth roudinesco, “las que conducen a un completo oscurantismo a fuerza de negar lo que en el hombre depende del psiquismo, de lo espiritual o de lo imaginario y del fantasma”. Roudinesco alega que a base de prometer el fin de los sufrimientos psíquicos por medio de la absorción de pastillas, la psicofarmacología, la cual aborda de la misma manera toda clase de afecciones, no hace más que quitar síntomas, transformar personalidades, y finalmente, volcar al sujeto decepcionado hacia tratamientos corporales o mágicos”. El peligro de este determinismo biológico está en que dejemos de tener en cuenta la historia singular de cada sujeto, y la forma en que ésta se ha escrito en su vida, para tratarlo desde el anonimato de sus genes y neuronas, y alienarlo –no ya en su interior como sujeto extraño a sí mismo, que somos- sino en seno de la sociedad, … despojándolo de su subjetividad y arrebatándole su libertad

5 comentarios:

zbelnu dijo...

Exácticamente, como diría la oruga carrolliana. Y cada vez es más necesaria la idea humanista del espíritu o el alma o la mente humana como una realidad más compleja, matizada, contradictoria y libre, más allá de secreciones de esa escatología fisiologista que lleva al uso perverso de la genética y justifica el racismo, la misoginia, etc. Qué interesante blog! Y yo que no lo había visto...

santiago dijo...

Para variar, el problema está en las palabras. El uso que da Punset a la palabra alma es distinto al que le doy yo o quien escribe este blog o una gran cantidad de personas, quizá la mayoría. Entonces, en la forma en que Punset usa la palabra es posible que sí, que el alma esté en el crebero. Las palabras se usan como se quiera, simplemente ocurre que en algunos casos quien la usa tiene cierto poder (porque publica libros que se venden bien, por ejemplo; o porque tiene la legitimazión social de ser un científico), entonces puede aprovecharse de él para usar la palabra de la forma que le conviene, llevarla al punto tautológico en donde por su propia definición de alma, ¡está en el cerebro!

Mi definición de alma, palabra que utilizaría pocas veces en una conversación y ante persones y en situaciones especiales, no puede estar en ningún lado, ¡ni siquiera puede estar! Por lo que la afirmación de Punset simplemente no le compete. Es exactamente como si yo hablara de nave refiriéndome a un vehículo espacial y el usara la misma palabra refiriéndose a un espacio industrial de almacenamiento.

Finalmente, si tuviera que aceptar que alma y la felicidad están en algún lugar físico, me costaría restringirla al mero cerebro. Diría quizá que el alma está en el cuerpo. Primero por lo que la propia ciencia ya sabe (le costó mucho llegar a ello) y es que el cerebro y todos los sistemas biológicos en un ser vivo están tan tremendamente interconectados que no es posible determinar exactamente dónde termina y dónde comienza el cerebro. El sistema inmunológico, por ejemplo, "analiza" y "distribuye" información a través de todo el cuerpo y acompasado con otros sistemas como el neuronal.

Sólo alguien que no haya disfrutado del placer de la comida y la bebida, alguien que no haya bailado, alguien que no haya tenido siquiera una relación sexual satisfactoria podría decir que el alma no está en todo el cuerpo.

el objeto a dijo...

sí, santiago, a eso me refiero, a que ese " Principio que da forma y organiza el dinamismo vegetativo, sensitivo e intelectual de la vida" -para utilizar la definición de alma de la RAE- uno puede localizárselo según le plazca, según funcione para él, según su subjetividad y su historia, y es ahí donde debería ser localizada el alma, en lo subjetivo... .que ese principio desencadene un funcionamiento neuronal es evidente.... la cuestión no es qué significa realmente la palabra alma, sino el uso que se quiere hacer de ella, y cómo un disfuncionamiento neuronal presupone para el señor cientifista (que no científico) un alma peor del quel que tiene todas las conexiones a punto, de modo, que al fin, no seríamos más que una máquina, y ése me parece es el verdadero fantasma que se esconde detrás de estos discursos..."Comprede ahora usted lo que significa la enfermedad mental para el interesado? Es muy simple: lo condena a la locura. Entonces es fácil imaginar la forma que tomará su vida. Relegado a su soledad, humillado, deberá hablar muy cerca de sí mismo, como si hiciera las preguntas y diera las respuestas. EStará obligado a ser él y el otro. A veces temera´que se lo tome por el otro. Y el día en que crea ser el otro le dirán demente." esto último de françoise davoine, psicoanalista
gracias por tus comments,

Bêlit dijo...

La fisiología no es algo frío. No es algo muerto que se mire desde fuera, como si lo que logra hacer una única célula no lo realizaran las que componen tu cuerpo. Es apasionante ver como la vida se ha abierto paso, como lucha y se organiza. Pero este proceso lo lleva a cabo de una manera absolutamente compleja, planeada y en cierto modo, casi milagrosa,todo ello para lograr sobrevivir. No se puede mirar un cuerpo humano como si fuera una maquina, pues no lo és. Reacciona. Cambia. Interactua y se adapta.Es una maravilla, llena de belleza. No se puede situar el alma en ese engranaje, pues el alma, en caso de que la haya no es tangible. Y no sentimos placer, ira o amor gracias al alma. Esas sensaciones son mucho más mundanas, nos guste o no. El alma, dentro de mi humilde opinión, podría interpretarse como lo que nos hace ser diferentes los unos de los otros, lo que nos hace experimentar distintos sentimientos ante el mismo estímulo. Lo que nos hace únicos e irrepetibles. La ciencia no es algo malvado, y no son los los genetistas los que hacen un uso perverso de la genética. Es fascinante ver que todos estamos conectados, como se puede determinar en que momento de la evolución nos separamos según los aminoacidos que tienen las proteínas homologas y mediante otros métodos, venimos del mismo sitio. No aceptar las diferencias fisiológicas es absurdo. Hacer de ellas abismos es una, y perdón por la palabra, gilipollez como un piano. Y por supuesto es malinterpretar datos. En cualquier caso, son peligrosas la descontextualización de los datos y la desestimación de la ciencia, pues es entonces cuando la religión se hace fuerte. Con esta frase me he metido en un atolladero escabroso, con lo cual solo diré que abogo por una creencia, en caso de que se dé, individualizada. Me he extendido ya demasiado. Ni siquiera recuerdo como llegué aquí. Sólo me queda reseñar que el vistazo que le he echado a tu blog me ha encantado. Un saludo.

el objeto a dijo...

Gracias Bêlit por tu comentario y tu visita. Efectivamente hay algo maravilloso en ese saber que desgrana y engendra la ciencia ante nosotros. Y es el uso que se hace de ella, el que se podría reprochar. Hacer de la ciencia una religión, es algo que está en el aire de nuestros días. La vida medicada no como solución para aliviar el sufrimiento, sino para taponarlo y casi negarlo, des-responsabilizandose de ello.