Morning exercise, creative hugging, performances by the Gao BrothersEsta tarde
Albértigo y yo nos hemos escapado a las 5 0’clock a la Fundación Miró a ver la expo
Rojo a parte que inauguraron hace un par de días de la colección Sigg de arte contemporáneo chino. Yo no esperaba mucho, pero
estaba enyorada, y me valía casi cualquier input chino, (por otro lado, siempre agradezco y disfruto la visita a ese lugar mágico que es el
edificio de Sert) Me he llevado una magnifica sorpresa, la colección está compuesta por obras distintas y de artistas muy importantes, y logra articular, a distinción de lo que pasa a menudo en otras exposiciones, una cierta dramaturgia de lo que ha ido desarrollando el arte chino estos últimos años. Me ha ocurrido que, incluso obras que conocía de haberlas visto en numerosas ocasiones, vistas así, dentro de este marco discursivo, se me han aparecido portadoras de mucho más sentido. Ha sido el caso de la obra del conocidísimo
Yue Min Jun, con esas figuras repetidas, estandarizadas, todos iguales, todos riendo con los ojos cerrados, que hasta hoy, creo, nunca me había gustado. O incluso esa serie fotográfica de
Zhang Huan, del que ya había
hablado aquí, en el que en una cara completamente embadurnada de negro va apareciendo poco a poco la piel desnuda por debajo y la mancha negra, vaciándose, convirtiéndose en una escritura de signos chinos. El
individuo apareciendo a medida que la masa de tinta se transforma en palabras. Faltan muchos artistas que me gustan, muchos, pero ha sido bonito encontrar también las fotos en blanco y negro de
Wang Ningde, en las que aparecen escenas nostálgicas de gente en situaciones cotidianas del pasado,
pero dormida y con los ojos cerrados. Numerosos guiños pop, obras sobre la escritura, la memoria, (por cierto, están las fotos de la performance de
Song Dong de la que hablaba esta semana! sin tener yo ni idea de que se encontraban en esta exposición). Hay una obra especialmente freudiana, de una artista,
Hu Xiao Yuan, traducida aquí como “
Un recuerdo del que no puede desprenderme” del 2005, compuesta por varios soportes de bordado sobre seda, con bordados hechos con pelo con formas de flores, partes del cuerpo, pájaros, fragmentos, imágenes íntimas… reales fragmentos de sueños. También me ha gustado un óleo feucho titulado
Mente, el lienzo estaba todo pintado de negro, sobre él se distinguían algunos caracteres caligrafiados en un tono grisáceo, y por encima con un acrílico aún más negro, basto y muy grueso unos trazos que intentaban ser escritura…
Esta mañana pensaba, escuchando a unos psicoanalistas, en todos esos momentos en que nos faltan las palabras, cuando el sujeto aún necesita de su tiempo, antes de poder nombrar algo de su deseo, de su dolor, de lo que le pasa, le preocupa o lo que siente. Y de cómo, afortunadamente, vivimos en un mundo de palabras y de signos, de imágenes, de personas y relaciones, y que cuando uno no puede decir algo, a veces sí puede
vestirse con las palabras de los otros, leerlas, habitarlas, sentirse acogido por ellas, agradecido. En un libro maravilloso y raro,
La locura Wittgestein, la autora decía que a veces uno no dispone del órgano con el que sentir ese dolor insoportable o indecible, y que entonces uno también puede sufrir a través de los muebles de su habitación, de otras cosas… es una imagen que evoca tal vez la fragmentación de la locura, con la que, sin embargo, no me es difícil identificarme. A veces uno no consigue decirlo, pero sí puede reconocerse, relacionarse, estar conectado y entender, aunque sólo sea al otro, y a partir de ahí, encontrar
el camino de vuelta a casa...