7.4.07

de la eficacia

Hearted Sun by Eus
Hace unos días, queriendo hablar sobre las interpretaciones o argumentos que utilizamos los neuróticos para quedar fijados en un síntoma, una repetición, una interpretación que no nos permite avanzar, o siquiera vivir, propuse para el analista el concepto de eficacia, tal y como lo entienden los chinos, que le ayude a distinguir los que sí son eficaces de los que no lo son. Al encontrarme en un contexto psicoanalítico y no llegar a definir ni explicar mejor mi significante chino entendí que el término eficacia despertara todos los recelos, al apuntar de lleno al absurdo de la clínica conductista o comportamentalista, que tanto aborrezco. Ya saben, aquel ejemplo (bochornoso) de alguien que sufre de fobia a las arañas, y donde la eficacia del tratamiento va a consistir en que acabe cogiendo una araña con la mano. Y no se rían, lo mismo ocurre con un niño que se hace pis en el colegio, con otro que es diagnosticado de hiperactivo, con una anorexia histérica, o un ritual obsesivo: de lo que se trata es de borrar el síntoma, aunque el precio que haya que pagar para conseguirlo con la máxima eficacia, sea borrar con él al sujeto. Como yo sigo diciendo que el pensamiento chino (exento, por favor, de todo orientalismo ni connotación esotérica) tiene mucho que aportar a la reescritura de nuestro pensamiento, intentaré explicar mejor la diferencia entre esta eficacia china, y la concepción occidental
Como explica F. Jullien en su Tratado de la Eficacia, occidente pensó la estrategia y la eficacia a partir de la modelización y la forma ideal platónica, dando lugar a la importante relación entre teoría (modelo) y práctica. El gran estratega era el buen geómetra, y aunque a medida que ascendíamos en la jerarquía el modelo era abandonado, entrando en juego el “coup de génie”, éste no venía más que a agujerear la concepción europea, luego tan renacentista, de que el mundo se podía escribir en ecuaciones. Las matemáticas eran un lenguaje y si podíamos leer el lenguaje matemático podíamos leer el mundo fenomenológico (como hacen ese coñazo de neurólgos con el cerebro, que pretenden leer nuestras almas, identificando la acción neuronal!) Esta concepción fue la responsable del gran desarrollo de la técnica y la producción en nuestra sociedad.
En China, sin embargo, no existió tal modelización, lo que hizo que la estrategia y la eficacia no se pensaran en términos de finalidad. Para entenderlas hay que pensar antes dos grandes conceptos chinos: el primero es el de la evaluación de la situación, el de saber identificar si ésta es favorable o no para uno. ¿Qué es la circuns-tancia sino aquello que existe alrededor,- ¿alrededor de qué?- del sujeto que se encuentra ahí? De lo que se trata entonces no es de actuar y forzar la situación sino de esperar a que ésta sea favorable para el sujeto y la acción se produzca de manera natural. Aquí llegamos al segundo gran concepto que es el de la no-acción china, que NADA tiene que ver con la renuncia de la acción o la pasividad : “ne rien faire de sorte que rien ne soit pas fait” un no actuar de manera que nada deje de hacerse, parafraseaba Jullien. La no acción no es dejar de actuar sino incluir en la acción una distancia, la terceridad de la posibilidad. La acción china no es la que obtiene la cosa, es la que la posibilita. Mientras el psicólogo o el psiquiatra de a pie van a querer actuar sobre la cosa, sobre el síntoma en sí, la acción del analista, que está más cerca de la china, utiliza los indicios que da el síntoma para crear una situación favorable, una distancia, un écart para que el sujeto aparezca y pueda reelaborar su fantasma. El sabio chino, como el analista, no actúa, sino que transforma, señala Jullien. Y esta transformación (invisible, discreta, a largo plazo,) es lo contrario de la acción (momentánea, local y que necesita identificar un sujeto)

4 comentarios:

zbelnu dijo...

Cómo me interesa e incumbe todo esto! Por una parte, esa actitud tan dañina y extendida en este país con el conductismo y su lucha -tan antipoética, tan antihumanista, tan reductiva y ratonil- contra el síntoma (hemos hablado de eso), y por otra, ese aprendizaje de la terceridad, de la distancia y la clave de la no-acción, que tanto me enervaba en el I Ching, precisamente porque no la entendía... Gracias por la aclaración.

el objeto a dijo...

claro, es que el I ching debe ser el everest de los traductores! y llegar a traducir esas nociones significa al fin, realizar un recorrido por el "impensable" chino.
Y por otro lado, sí, que razón tienes: la visión conductista y cintifista (que no científica) son antipoéticas y eso significa que carecen de la "distancia que posibilita", son por eso, impotentes!!

cacho de pan dijo...

eres muy covincente, petite A...
no sólo quiero irme a parís: ahora también quiero arrojarme en los divanes analíticos.

el objeto a dijo...

gracias, Caochodepan, me halaga su deseo impetuoso