"Si en el camino os encontráis con un hombre que ha llegado a la Vía (Dao) ¡¡Sobre todo no le habléis de la Vía!!
Quien cultiva (quien habla de) la Vía, no la practica,
Toda clase de falsos objetos surgen,
En cambio cuando aparece la espada de la sabiduría, ninguna cosa queda en pie
…. Es el espíritu ordinario el que constituye la Vía."
(del libro Entretiens de Lin Tsi, traducido y anotado por Paul Démieville)
La escuela china Chan (que dio origen al Zen japonés) fue un movimiento de reforma que propugnaba un retorno a la praxis en contra de la importante tradición teórica y textual del budismo llegado de la India. Supuso también un proceso de sinización y traducción de esas doctrinas extranjeras al mundo chino. Paul Démieville explica en su prólogo que este movimiento anti-intelcual fue llevado al límite de lo irracional y puso patas arriba los monasterios del país. La locura, añade, siempre ha formado parte de la sabiduría china. Aunque ya había traído aquí algún fragmento de ese libro maravilloso, no ha sido hasta hace unos días que he podido hacerme con un ejemplar del mismo, y tener acceso a las interesantísimas notas del traductor y sinólogo (que fue el primer profe de chino de Lacan, no lo olviden!). Lin Tsi (o Lin Ji en actual pinyin) fue sin duda un hombre iluminado y con talento, y el libro está lleno de citas y anécdotas brillantes, que hoy se me antojan imprescindibles para cualquier aprendiz lacaniano
(ambas lecturas, la de Damasio y la de Lin Tsi provienen del mismo trabajo de investigación que llevo a cabo desde hace meses, aunque avance lentamente)
"La verdadera comprensión no se distingue de su contrario", dice el maestro.
O luego subiendo algo el tono blasfémico al que adhieren encantados: “Adeptos, no toméis al Buda por una culminación suprema. Yo lo veo como un agujero de letrina y los Bodhisttava (los santos) como seres que atan a los hombres con yugos y cadenas”
Cuando los monjes preguntan sobre la gran idea del budismo o sobre dónde se encuentra el Buda, suelen recibir como respuesta un gran eructo, un Khât, y si dudan un buen bastonazo. Son falsas preguntas, abstractas y discursivas. El monje no debe dudar, la deliberación es una trampa, la acción debe ser inmediata.
Las buenas preguntas deben ser sin ataduras y los sabios, hombres ignorantes del bien y del mal.
Cuando el maestro habla de la transmisión Chan no lo hace en términos de maestro/discípulo sino que habla de anfitrión y visitante, o consultante/consultado, y en vez de clases o lecciones habla de consultas. Se parece tanto al trabajo que algunos buscamos en el análisis que nada sorprende cuando el propio Démieville lo explica “de repente el maestro deja de serlo y el discípulo se convierte en maestro, el analizado en analista… “
Reflexiona sobre diferentes modalidades de relación entre anfitriones y visitantes, y de cómo esos papeles se intercambian y se transforman en el encuentro, como tan bien explica F. Davoine en su libro sobre el trabajo analítico con la locura.
También hace otra referencia que es esencialmente lacaniana, cuando habla de que la sabiduría actúa como una espada, en su corte del pensamiento y las palabras (tal y como trabaja el analista en su interpretación, en como deja el sentido en suspensión)
Cuando el monje aparece el maestro alza el espantamoscas y ése es signo de que está dispuesto a entablar una discusión por poco convencional que ésta parezca. También me gusta cuando se refiere a los malos maestros como "zorros salvajes y larvas malignas" , y describe un encuentro con ellos: "el aprendiz se presenta al amigo de bien (el maestro o anfitrión) con un yugo sobre el cuello, cargado de cadenas. El amigo de bien le pone un nuevo yugo y lo carga con nuevas cadenas. El aprendiz está contento. Ni uno ni otro son capaces de discernir nada. Se trata entonces de un visitante examinando a otro visitante." Desgraciadamente hay malos analistas que actúan de esa manera, al igual que malos consultantes que sólo buscan nuevas cadenas. Y los temerosos del inconsciente o de lo que escapa a la conciencia lo utilizan para descalificar la valentía de quienes emprenden un trabajo de verdad.
Yo me quedo con las palabras de Lin Tsi, y sigo trabajando el arte de la espada y el espantamoscas,
"Mientras no aparezca la claridad, es la oscuridad la que resulta clara."


