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8.2.08

ratita no-toda

photo y ratita Rita by Ola75smith
Hace algunos años superé mi desconfianza a los aforismos con aquel librito inteligente y sereno de Jorge Wagensberg, Si la naturaleza es la respuesta, ¿cuál era la pregunta?. Gracias a él, incluso aprendí a leer con menos prejuicios a Confucio o Laozi, en tiempos posteriores. Algunos de aquellos aforismos wangersbergianos marcaron una época, viajes y rumbos exentos de brújula: la felicidad requiere que el futuro sea incierto…. Pero J.W. no era ningún esotérico, al revés lo descubrí muy lacaniano: “la libertad es la capacidad para pensar los propios límites”, o “Modernidad: volver a caer en la cuenta de que todo es re-pensable”. Y no recuerdo si acababa o comenzaba con un “Que la incertidumbre os sea favorable…” Creo que aquella incertidumbre lo fue, favorable. Pero hay épocas, hay épocas en que la incertidumbre, directamente, me desborda. O tal vez me desborde otra cosa que no sé identificar. Desearía entonces poder empezar a resolver algunos enigmas, despejar algunas incógnitas… pasito a pasito. Como es habitual, mis respuestas las busco en lo chino, que nada responde sino es a medias o en el psicoanálisis, que me devuelve mi propia pregunta. En las lenguas europeas la palabra que usamos para pensar la circunstancia lleva en sí esa idea de algo que está a nuestro alrededor, que se sitúa alrededor ¿alrededor de quién?- cabe preguntarse. Alrededor de quien piensa, quien habla, pienso luego existo, se dice el pobrecillo "yo" en su exigua circunstancia. En chino, esta palabra, la del asunto shi 事 que parece provenir del mismo lugar que historia 史, hacer 使 u oficial吏, es el dibjujo de una mano que sostiene un objeto desconocido. El propio carácter de "yo" 我 está compuesto por una mano que sostiene una lanza , un arma. Huelga decir que me identifico antes con este yo que se afana y lucha por ser, efecto de su acción, que con el otro que se sabe el centro de su creación, y desde ahí piensa su alrededor. Tal vez mi estado tenga que ver con un libro que me acabé estos días, Abîmes Ordinaires de Catherine Millot (lo dejo en francés porque tuve un lapsus de traducción y durante un tiempo traduje en mi cabeza Abîmes por heridas en vez de abismos), al tiempo que me encontraba pensando y dándole vueltas a la idea de la pérdida. El libro de Millot habla de esos estados cercanos al éxtasis místico de pérdida del yo, de desamparo, el sentimiento oceánico freudiano, mezclando notas biográficas, incluso de su propio análisis con Lacan, con referencias literarias y cinematográficas. Yo en cambio pensaba la pérdida de manera más general. Sufro de una cierta repetición algo sintomática de la pérdida. Parece que en esa quête, en esa carrera por el saber sólo pudiera avanzar perdiendo y desprendiéndome de lo ganado. Me he acabado preguntando también si algo de ese pattern no tendría que ver son la dificultad que a veces aparece en algunas mujeres en ser fálicas, "la envidia del peine" la llama N.F., o envidia del pene, de la que hablaba Freud. Nuestra dificultad para construir algo en el mundo del tener, para conseguir relucir como un falo esplendoroso, y no perdernos en los claroscuros del ser/no ser. Me consuelo leyendo la vida de esos filósofos, políticos, poetas, calígrafos desterrados y exiliados, (bannis) continuamente, mientras me pregunto si será posible seguir avanzando sin brújula.

30.6.07

la otra

photo by Yusuke @flickr
Durante un tiempo pensé que habían dos tipos de viajeros, el primero compuesto por aquéllos que se desplazan con plena conciencia de su ser, siendo fuera incluso más que nunca ellos mismos, como para compensar la falta de marco que ya no les sostiene, y temiendo por la integridad de lo que tan afanosamente se han empeñado en ser (a la cabeza de este grupo, he podido comprobar, el catalán, seguramente debido a esa hipertrofia de conciencia nacional, o el norteamericano, pero también tantos otros viajeros) El segundo grupo, y no digo que sea mejor, pero en el que rápidamente me incluyo, está compuesto por aquéllos que se dejan atravesar y transformar por el viaje, los que se pierden un poco, descarrilan en la ruta y encuentran en lo ajeno numerosas resonancias de lo propio, sin por eso llegarlo a apropiar. En esta estancia fugaz en marruecos he descubierto un oriente que desconocía, pero en el que no era difícil deshacer mentalmente la antigua ruta de la seda: los mercados al aire libre, el olor del cordero troceado sobre la acera, los panes redondos y frituras, las brochetas, la hospitlidad de la gente en la calle, la vida nocturna … que encontramos igual en los barrios árabes detoda china. También me ha sorprendido de nuevo en esas resonancias algo que sentí más con los japoneses que con los chinos, pero que sigue siendo muy oriental: una cierta suavidad, dulzura natural en las mujeres (no hablo de sumisión) que apenas se encuentra ya en occidente. He de reconocer que me dolió tomar de nuevo conciencia de esa “pérdida”, que sin duda es el precio que hemos tenido que pagar por nuestra “liberación” actual. Onfray en su tratado de ateología dice que el odio a las mujeres parece una variación del odio a la inteligencia, desde otros lugares díríamos que tiene que ver con el miedo a ese otro no fálico que representa lo femenino, esa otra manera de estar, pensar, entregarse, una forma otra de locura, de capacidad de sostenerse fuera de las leyes del ser y del tener. Yo pensaba que el odio a la inteligencia o el miedo a ese no-todo femenino no solo aparece en los hombres, sino también a menudo en las mujeres. Esta semana una analista hablaba de cómo en el fantasma de no pocas mujeres de ahora existe esa idea de un más allá en el saber, en su poder, en el tener, en su independencia, en la gestión de su falta, esas mamás fálicas, o mujeres todopoderosas, bellas o inteligentisimas, que hace que se encuentren luego sin ninguna necesiad del hombre. Y me pregunto si a todas esas mujeres que conozco, bastante más duras que yo, les seguiría doliendo en algún lugar ese exceso de dureza que yo aún soy capaz de reconocer y que me conmovió