Mostrando entradas con la etiqueta Lin Ji. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lin Ji. Mostrar todas las entradas

2.2.10

el lugar que uno ocupa

vista de la rue de Lyon, París, 1910.

Este sábado estuvo en Barcelona invitado por Apertura Claude Dumézil, uno de los analistas del círculo de Lacan, miembro de su Ecole Freudienne, y fundador años más tarde de la interesante Analyse Freudienne . De aspecto casi búdico, por su expresión parecía veinte años más joven. Esa juventud era una mezcla de desapego y pensamiento crítico unido al deseo, pensaba yo, y una falta de ensimismamiento que valoro especialmente . Como dijo Jorge Belinsky, que se encontraba entre el público, hay que estar muy de vuelta de todo para venir a hablarnos de lo que nos habló. Aunque el título de su ponencia era discreto, Identificaciones y Transferencias en la Cura, Dumezil no dio grandes rodeos y fue directo al grano: “en el análisis, las resistencias más importantes son las del analista”, citando a Lacan. A partir de la idea que comparto de que el analista tiene un lugar en la estructura del otro, comentó que para él ser analista es un síntoma, y -distinguiendo a este analista de aquéllos que empiezan un análisis no por verdadero deseo sino por coyunturas de su situación profesional en el campo de salud mental u otros,- dijo que ser analista no es algo que se adquiere o se aprende sino que forma parte de la estructura propia del sujeto. El deseo de analista (diferente del deseo de ejercer de analista) pertenece según él a un elemento arcaico del sujeto, algo que se encuentra ya ahí y que la formación viene sólo a “afinar”. La formación “domestica” algo de un conflicto interno que ya existe con anterioridad. Puede parecer una verdad de Perogrullo pero lo cierto es que tales consideraciones deberían tener sus consecuencias y a veces no las tienen, con esa inercia normalizadota tan en boga hoy en día. Aunque se supone que el analista ha acabado con sus identificaciones, lo cierto es que su total neutralidad no es posible. Dumezil acabó hablando, con elegancia y humor y de forma nada pretenciosa, de algunos casos que se hacen intolerables o insoportables para el analista, im-posibles de escuchar y se interrogó sobre ello. Antes intentó dar cuenta del camino de dos direcciones en el que tiene lugar el encuentro entre analista y analizante y que él articuló alrededor de tres zonas de intersticios. Me interesaron esos tres lugares evocados, en los que a veces se hace difícil saber qué es lo que pertenece a quién, recordándome a los encuentros entre el maestro zen y su discípulo que describía Lin Tsi. Estructura e historia personal, imagen y palabra, verdad del deseo y realidad psíquica. También hizo resonar en mí algo de las investigaciones Davoinianas, y otra cuestión que me rondaba por la cabeza desde hacía días, y que Lacan supo aclarar muy bien en lo referente al análisis y la transferencia, con la fórmula de una nueva relación del sujeto al saber: el éxito de la transferencia no depende del saber del analista, sino del saber que le supone el analizante, y del lugar de saber que el analista renuncia a ocupar. Para Lacan, como para Jacques Rancière, el saber no es una cuestión de contenidos sino de posiciones, también la cuestión de verdad como adecuación a la realidad, y lo mismo pasa con la memoria. En el fondo no puede ser más chino: todo depende del lugar que uno ocupe, en relación al resto de elementos. En el transcurso del análisis he descubierto lugares que he ocupado y ocupo para llevármelas con el mundo. Son lugares muchas veces imaginarios que no se corresponden con lo que me rodea ni con mi verdadera situación. El trabajo de análisis consiste en hacer caer esas identificaciones imaginarias, forzándonos a salir de esos lugares, que un buen día dejaron de funcionar como coartada y se transformaron en pesadas cadenas, molestas para uno mismo y para los demás. En la clínica actual vemos que ese lugar imaginario puede ser también una falta de lugar. El saber del propio análisis apunta precisamente a identificar todo eso. Las toneladas de páginas que leemos, las miles de horas en seminarios y las discusiones de casos no nos desvelan ningún saber secreto, restringido al resto de los mortales, pero sí un saber sobre el corte, sobre la agrimensura de los terrenos pantanosos en los que nos movemos los seres-hablantes.
Cuando Lacan aportaba una interpretación a un sueño, por ejemplo, recordaba Dumezil, casi nunca daba la clave, sino que ésta debía venir del paciente. Algo similar pasa con el cierre de las sesiones. ¿es realmente el analista el que decide, o la decisión proviene a modo de respuesta por parte del paciente. Como dijo Dumezil, a menudo “es el inconsciente el que se cierra”. En la lectura del inconsciente yo me decanto por Wittgenstein y Lin Tsi para los que en el momento crucial de la transferencia se hace difícil saber quién se encuentra en qué lugar.

10.10.09

qué pasa cuando no pasa nada?


Tea party, originally uploaded by tetsumaru.


Sin apenas tiempo para viajar ni física ni mentalmente estos días, me he dejado llevar por las imágenes de Hiraki Sawa, que descubrí en el blog de Hobby Horse, con su vídeo Gowing places sitting down. Dicen que en su universo los objetos inanimados parecen querer cobrar vida, y su apartamento se transforma en un peculiar paisaje atravesado por aviones y otros objetos migradores. Viajo sin salir de casa, yo también.

"Una vez, Fa Yen viajaba con dos compañeros en busca de la verdad, cuando sucedió que casualmente se resguardaron de la lluvia en un eremitorio perteneciente al gran maestro Ti Tsang Kuei Chen, si bien ellos no sabían quien era. Bajo un cielo lloviznoso, los tres jóvenes discutían entusiasmados, con cierta presunción y satisfechos de sí mismos, los problemas planteados por el famoso dicho del monje Chao: “El cielo y la tierra son de la misma y única raíz que mi propio yo, y todas las cosas son una conmigo” mientras Ti Tsang les escuchaba en silencio. Entonces de pronto preguntó: “¿Las montañas, los ríos, la tierra son una y la misma cosa que el sí mismo, o son diferentes?” “ Una y la misma cosa”, replicó Fa Yen. Acto seguido el anciano maestro, sin mediar palabra, levantó los dedos, les miró fijamente y se retiró a su habitación.
En cuanto dejó de llover, los tres jóvenes se dispusieron a marcharse cuando, repentinamente, el maestro Ti Tsang, señalando una piedra que estaba en el patio, dijo a Fa Yen: “Entiendo que tú sostienes la doctrina de que todo el mundo es una sola mente. Así ¿esta piedra está dentro o fuera de la mente? “ Sin duda está en la mente” respondió Fa Yen. Entonces, Ti Tsan declaró, “¡Qué fatigosa carga llevas en tu mente!¿A qué suerte de concatenación de causas se debe que tengas que transportar de aquí para allá en tu mente una piedra tan pesada?”
Fa Yen no supo qué decir y decidió quedarse allí para someterse a la vía espiritual de Ti Tsang."

Este extracto pertenece a un libro que acaba de publicar Trotta, de Toshihiko Izutsu, Hacia una filosofía del budismo zen, y que tiene muy buena pinta. Aquí en España se publican muchos libros sobre el Zen pero normalmente con una clara orientación esotérica poco interesante y banalizadora, con traducciones espantosas y versiones edulcoradas y simplificadas. Hay que celebrar pues esta edición mucho más interesante, consistente y rigurosa.

El libro retoma muchas de las referencias del maestro Lin Ji (o Lin Tsi), Rinzai en japonés, como ese "hombre verdadero sin ningún rango" que tan bien define el lugar del analista. También desarrolla generosamente otro concepto, bastante importante en la elaboración de noción de sujeto en psicoanálisis, y que a mí me ha interesado especialmente en el enfoque de la locura, que es la indistinción entre interior y exterior. "El problema del interior y del exterior es un psuedo-problema proque al plantearlo establecemos a la fuerza, por así decir, dos sectores independientes, los colocamos uno frente a otro y discutimos la relación entre ambos, mientra en realidad no se debe establecer semejante indistinción. Es un pseudo-problema porque está planteado donde no existe ningún problema y porque es discutido como si fuera real."

El otro día me acordé de todo esto viendo la estupenda película de Jaime Chavarri sobre la familia Panero, El Desencanto. Hay un momento en que Leopoldo, el más brillante y más loco, dice que su estancia en la cárcel fue en la que se sintió mejor, debido al hecho de que lo privado y lo público se encontraban indisociados.

El último capítulo del libro de Izutsu lo dedica a la eliminación del color en la pintura en oriente. Creo que aparece una idea sugerente, muy parecida a aquella cita tan bonita de Ortega y Gasset sobre la proeza de la traducción al transmitir a otra lengua lo que una lengua acalla, y es que "la verdadera y profunda belleza del blanco y negro se revela únicamente a los ojos capaces de apreciar el esplendor de los colores suntuosos e intensos con todas sus delicadas tonalidades y gradaciones".

Last call para nuestro encuentro del martes!

última hora: odio el fútbol y no suelo poder aguantar un telediario entero por la vergüenza que siento ante el trabajo de la mayoría (no todos) de periodistas de la televisión ejpañola. Me quedo, sin duda, con el desfile de Hu Jintao durante la celebración del día nacional, saludando a los camaradas.

2.8.09

del anfitrión y el visitante


dressed-up, originally uploaded by ajpscs.


"Si en el camino os encontráis con un hombre que ha llegado a la Vía (Dao) ¡¡Sobre todo no le habléis de la Vía!!

Quien cultiva (quien habla de) la Vía, no la practica,
Toda clase de falsos objetos surgen,
En cambio cuando aparece la espada de la sabiduría, ninguna cosa queda en pie
…. Es el espíritu ordinario el que constituye la Vía."

(del libro Entretiens de Lin Tsi, traducido y anotado por Paul Démieville)

La escuela china Chan (que dio origen al Zen japonés) fue un movimiento de reforma que propugnaba un retorno a la praxis en contra de la importante tradición teórica y textual del budismo llegado de la India. Supuso también un proceso de sinización y traducción de esas doctrinas extranjeras al mundo chino. Paul Démieville explica en su prólogo que este movimiento anti-intelcual fue llevado al límite de lo irracional y puso patas arriba los monasterios del país. La locura, añade, siempre ha formado parte de la sabiduría china. Aunque ya había traído aquí algún fragmento de ese libro maravilloso, no ha sido hasta hace unos días que he podido hacerme con un ejemplar del mismo, y tener acceso a las interesantísimas notas del traductor y sinólogo (que fue el primer profe de chino de Lacan, no lo olviden!). Lin Tsi (o Lin Ji en actual pinyin) fue sin duda un hombre iluminado y con talento, y el libro está lleno de citas y anécdotas brillantes, que hoy se me antojan imprescindibles para cualquier aprendiz lacaniano
(ambas lecturas, la de Damasio y la de Lin Tsi provienen del mismo trabajo de investigación que llevo a cabo desde hace meses, aunque avance lentamente)

"La verdadera comprensión no se distingue de su contrario", dice el maestro.

O luego subiendo algo el tono blasfémico al que adhieren encantados: “Adeptos, no toméis al Buda por una culminación suprema. Yo lo veo como un agujero de letrina y los Bodhisttava (los santos) como seres que atan a los hombres con yugos y cadenas”

Cuando los monjes preguntan sobre la gran idea del budismo o sobre dónde se encuentra el Buda, suelen recibir como respuesta un gran eructo, un Khât, y si dudan un buen bastonazo. Son falsas preguntas, abstractas y discursivas. El monje no debe dudar, la deliberación es una trampa, la acción debe ser inmediata.

Las buenas preguntas deben ser sin ataduras y los sabios, hombres ignorantes del bien y del mal.

Cuando el maestro habla de la transmisión Chan no lo hace en términos de maestro/discípulo sino que habla de anfitrión y visitante, o consultante/consultado, y en vez de clases o lecciones habla de consultas. Se parece tanto al trabajo que algunos buscamos en el análisis que nada sorprende cuando el propio Démieville lo explica “de repente el maestro deja de serlo y el discípulo se convierte en maestro, el analizado en analista… “

Reflexiona sobre diferentes modalidades de relación entre anfitriones y visitantes, y de cómo esos papeles se intercambian y se transforman en el encuentro, como tan bien explica F. Davoine en su libro sobre el trabajo analítico con la locura.

También hace otra referencia que es esencialmente lacaniana, cuando habla de que la sabiduría actúa como una espada, en su corte del pensamiento y las palabras (tal y como trabaja el analista en su interpretación, en como deja el sentido en suspensión)

Cuando el monje aparece el maestro alza el espantamoscas y ése es signo de que está dispuesto a entablar una discusión por poco convencional que ésta parezca. También me gusta cuando se refiere a los malos maestros como "zorros salvajes y larvas malignas" , y describe un encuentro con ellos: "el aprendiz se presenta al amigo de bien (el maestro o anfitrión) con un yugo sobre el cuello, cargado de cadenas. El amigo de bien le pone un nuevo yugo y lo carga con nuevas cadenas. El aprendiz está contento. Ni uno ni otro son capaces de discernir nada. Se trata entonces de un visitante examinando a otro visitante." Desgraciadamente hay malos analistas que actúan de esa manera, al igual que malos consultantes que sólo buscan nuevas cadenas. Y los temerosos del inconsciente o de lo que escapa a la conciencia lo utilizan para descalificar la valentía de quienes emprenden un trabajo de verdad.

Yo me quedo con las palabras de Lin Tsi, y sigo trabajando el arte de la espada y el espantamoscas,

"Mientras no aparezca la claridad, es la oscuridad la que resulta clara."

25.6.09

la paz de callarse

Miajima monk by jollywoodchopper

"El psicoanálisis tiene en común con el budismo el hecho de que no estamos en el psicoanálisis para hablar, sabemos por experiencia que cada uno de nosotros habla para al final encontrar la paz de callarse. Si hay que hacer esfuerzos para hablar es para, al final, podernos ubicar en un punto en el cual lo que hay no son palabras sino una respuesta, que para los neuróticos es la respuesta del goce. Y en ese lugar está, Lacan lo subraya, la paz, la justificación de este tormento que es hablar"

Esta tarde me he encontrado con este fragmento de texto de Eric Laurent por casualidad, pero lo cierto es que explica perfectamente lo que ocupa mi cabeza desde hace semanas. Aunque el trabajo del análisis se inicie a partir de una clara consigna de asociación de palabras, ideas, e interpretaciones y durante años uno no tenga otra tarea que la de decir lo primero que se le ocurra, y a partir de ahí ir elaborando, interpretando, y significando, poco a poco uno se da cuenta de que el objetivo no es el sentido de lo que decimos, sino lo que se produce al hacerlo y que el valor de todo lo que ocurre se encuentra más bien en la falta de sentido, en los cortes en el discurso, en un vaciamiento de lo textual que da paso a un tipo especial de acto, que ése sí, es más bien oriental. El acto que nos interesa nada tiene que ver con la actuación o aplicación de una consigna, como piensan los cognitivos, con tener que hacer algo porque signifique otra cosa. Al revés, el acto surge del agotamiento del decir y del sentido, de otro tipo de saber sobre uno mismo que ya no pasa por la palabra, sino quizá por el cuerpo.

En los Entretiens de Lin Tsi de Démieville:
El maestro sube a la sala y dice:”Entre un hombre que durante periodos cósmicos emprende la ruta sin dejar su casa, y otro que deja su casa sin estar nunca en ruta, ¿cuál de ellos es digno de recibir las ofrendas de los hombres y los dioses?"

El mal analista, el mal maestro, el que se equivoca al escuchar como suele hacer el psicólogo, es aquél que cree que lo importa es el sentido de lo que se dice, y no lo que provoca, lo que recorta, lo que esconde o vacía un decir cualquiera.

Lacan se inspiró sin duda de ciertos aspectos esenciales del zen en nuestra práctica. Mercè me comentaba este lunes que seguramente a través de la obra de Heidegger, que mantuvo una estrecha relación con filósofos japoneses de la escuela de Kyoto. También, como ya he dicho aquí más veces, en su concepción del la letra como litoral, como carta robada, como litter, deshecho, basura, ese texto vaciado y desgastado, que está del lado de lo Real, y lo indecible.

21.6.09

estuve de exámenes

summer taste, photo by masaaki miyara

estuve de exámenes

"El maestro sube al estrado y dice: sobre la masa de carne roja que sois hay un hombre verdadero sin situación, que sale y entra incesantemente por las puertas de vuestro rostro.- Y dirigiéndose a los monjes- Escuchemos un poco a los que todavía no han participado. Entonces un monje se adelantó y preguntó como era un hombre si situación. – Dímelo tú mismo, Dilo!. El monje dudó. – El hombre verdadero si situación es como el palo que se utiliza para limpiarse el culo.

"Otro día un monje pregunta, Maestro, ¿cuál es la tercera fórmula del budismo?, el maestro responde, “Observad las marionetas que se manipulan sobre el escenario. En todo momento, para hacerlo, hay un hombre en su interior”

"Otro día un monje vuelve a preguntar cuál es la gran idea del budismo. El monje levanta de nuevo su espantamoscas. El monje emite un grito, khât!, el maestro grita a su vez khât!. El monje duda. Entonces el maestro lo golpea. "

(traducción algo libre de fragmentos de los Entretiens de Lin-Tsi, traducidos del chino por Paul Démieville, Paris Fayard 1972.

Créanme si les digo que gracias a mis lecturas freudiano-lakhanianas he conseguido avanzar algo en el camino del Chan o Zen en japonés, y viceversa. El sinólogo Paul Démieville decía que la concepción de mente como absoluto era una aportación del budismo enunciada por la doctrina del “nada más que pensamiento” introducida en China (desde la India) a principios de la dinastía Tang, y desarrollada luego por las distintas escuelas. Para el Chan el absoluto es universal y vacío y sólo puede aprehenderse en el destello de una intuición, para la que la mente y el espíritu han de ser ejercitados. Eso permite recuperar la idea tradiconal china del flujo natural y espontáneo, y enunciar más tarde aquello del no-pensamiento, 无念 wu nian, y la no-acción, 无为 wu wei. Cuando Lacan quiere distinguir la esencia del inconsciente freudiano del resto de teorías psícológicas surgidas a principios del siglo XX es muy específico al respecto: nada tiene que ver con la ambigüedad en la conducta, con un saber futuro que aún no se conoce, algo que se debe desenterrar, una especie de secreto… sino con algo de la naturaleza de un corte, de una laguna o lapsus, algo de una ruptura que se inscribe en una cierta falta. El inconsciente es algo que siempre se escapa, fugaz e inasible, y cuyo único punto nodal es el deseo, su medio la palabra, el acto fallido, el sueño…No hay verdad sino lo que esconde el deseo en su falta… El objetivo de la escuela de Linji (Lin-Tsi en trasncripción antigua, y Rinzai en Japón) es también el de liberar la mente de sus estructuras mentales y la tentación de acudir a muletillas o puntos de apoyo ya conocidos, para poder obtener la iluminación total e instantánea. Aunque la aridez de su método es peculiar: golpes, bastonazos, invectivas y sinsentidos, preguntas irresolubles, anti-discursos, los famosos kôan, para provocar algo del transitorio satori. Yo que me he sentido muy golpeada últimamente, no he podido evitar regresar a estas lecturas para poder avanzar algo en mi propio análisis, en mi humilde comprensión del mundo. Especialmente zen me parece la indistinción entre exterior e interior en la que insiste el psicoanálisis: el inconsciente es aquello interior al sujeto que se realiza únicamente en su exterior, es decir en el lugar del Otro.
Me da la sensación que a partir de una cierta edad, el tipo de respuestas que uno busca no pueden eludir el paso por el otro, por la propia experiencia y el cuerpo y algo de esa falta en ser y sentido. Y quedarse con el otro tipo de respuestas no funciona más que de coartada para no pasar por ello.