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9.3.08

ser o no ser

foto tomada en Palais Royal, posterde espctáculo del Théâtre de la Ville
Incluso en tiempos tan inciertos como estos se le puede acabar perdiendo el miedo casi todo. Después de años de evitar enfrentarme con el dichoso esquema del grafo del deseo, me he arremangado y he empezado, tan tranquila, el seminario 5, Las formaciones del inconsciente. Con él Lacan intenta articular lo que pasa cuando nos comunicamos, la relación del significante, él la llama la cadena significante, con nuestro deseo. Si el psicoanálisis se preocupa tanto por el lenguaje no es por capricho, sino porque el descubrimiento freudiano se basa en el hecho de que el inconsciente está estructurado como lenguaje, y sus leyes son las mismas -en ese aspecto, la lengua china es ejemplar, ya lo he dicho muchas veces. Ya saben de qué hablo, nuestro discurso dice mucho más de lo que decimos, metafórica, metonímicamente también, y se basa en una verdad que es distinta a la realidad, la verdad del sujeto. El deseo del sujeto no surge de la nada, sino de su encuentro con el deseo del Otro, y al pasar por la palabra dirigida al Otro queda atrapado en esa cadena, transformándose, añadiendo nuevos significantes y significados, regresando al inconsciente, reapareciendo por sorpresa en sueños, lapsus, actos fallidos… y más palabras. ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor, de sexo, de trabajo, de literatura, de dinero, o de tantas otras cosas?… hablamos porque aunque no sea de eso de lo que queremos hablar, no hay otro camino. Hablamos con palabras y con el cuerpo, con significantes que nos salen por las orejas y por los dedos. El objeto de nuestro deseo también es un objeto metafórico y metonímico que no podemos nunca acabar de nombrar o atrapar, pero no hay otro camino, más que intentar nombrarlo y darnos cuenta de que se nos ha vuelto a escapar. En París pasé por una de mis librerías favoritas, en un librito chino que compré encontré este proverbio, 天无绝人之路: no son las leyes del cielo las que obstruyen el camino de los hombres. Me gustó esa idea nada new-age de que esa gran realidad de las cosas no es la realidad de las personas, la realidad de la gente tiene más que ver con esa verdad diferente, única, pequeña y movible, tan difícil de atrapar. El día antes de vernirme, pasé por otra librería que me encanta donde descubrí el trabajo de Edward Gorey, ilustrador americano, y me encontré en los jardines de las Tullerías con la araña gigante de Louise Bourgois, y me acordé de esa realidad inatrapable. Ayer por la noche vi Stromboli de Rosellini. Los amigos me decían que sería un poco coñazo, pero he de reconocer que me fascinó la historia, la Bergman, la isla, la luz, y ese volcán amenazando constantemente con entrar en erupción. Catherine Millot hablaba de esta historia y de las vicisitudes del rodaje en aquel librito que leí hace poco para referirse al dilema irresoluble femenino, ser o no ser el falo del otro masculino, quedar atrapada en su fantasma de objeto, encontrar su satisfacción a través de la maternidad o de sus identificaciones fálicas… Rosellini pone en escena su fantasma, ella lo juega, lo actúa, y lo bonito es que al final queda, como debe ser, irresoluto...

8.3.07

mensajes


Chinese Graffiti, originally uploaded by Qiao Jie Na.


La relación de transferencia entre analizante y analista consiste en una especie de queja por parte del primero de que no sabe lo que quiere, y una suposición implícita de que el segundo tiene ese saber. El analista representa a su gran Otro al que dirige su discurso y no es hasta el final de análisis con la disolución de la transferencia, que la flecha de la pregunta que el analizante dirige al analista se vuelve hacia él mismo, mostrándole que su deseo carece de garantía y que está autorizado sólo en sí mismo. El saber, finalmente, está en uno mismo. Para que esto ocurra y haya transferencia, el analista ha de poner en marcha su deseo de analista, y no ocupar con su yo ese lugar Otro con la demanda, sino dejar al analizante encontrarse con la verdad de su deseo, que no es sino una falta. Es por eso que el análisis no es una terapia, sino “la impugnación tácita de todas ellas”, como señala Braunstein, y que no puede esperar más que fracasos si pretende compararse con los ansiolíticos de hoy. Me gusta que los analistas la sitúen siempre entre el deseo y el amor.
Imagino pues que en la vida, con los amigos, para poder tener una buena transferencia ha de ser con alguien que nos ofrezca cierto espacio, que no lo ocupe todo y que nos permita desplegar algo de lo que somos, aunque eso suponga reconocer lo que nos falta.
Hoy leía algunos artículos de mi amigo Roger, con quien por cierto tengo una preciosa transferencia, escritos para El Mundo, accesibles en su web. Me encanta uno sobre las frases y mensajes anónimos escritos en las paredes de las ciudades, cómo se actualizan los viejos dichos y los slogans. Roger en esa crónica cultural postmoderna que es la suya, se pasea por la ciudad dejándose más preguntas abiertas, que cerrando respuestas, y su posición de observador, lector, paseante y pensador va modelando un discurso urbano que sugiere sin pretender convencer. A menudo sueño con encontrarme en Barcelona graffitis en caracteres chinos, que den la palabra a esos individuos mudos en de mi ciudad,ver las cosas a través de las imágenes que contienen, y pienso en esa locura de Publi Cidade lisboeta, y en esos sentimientos, que como dice Roger, van haciéndose cada vez más conscientes de sí mismos, convirtiéndose al fin en literatura

9.2.07

del amor y la mirada

Tintin y el Loto Azul
"No te gires, pero parece que nos están observando"
Estuve en París con un amigo que hace unos años vendió su empresa de nuevas tecnologías en San Francisco para hacerse fotógrafo. Philippe gana ahora su vida dando consejos a otras grandes empresas de tecnología, a través de su inteligente mirada, y haciendo fotos por todo el mundo. En la fotografía su pasión son los retratos. No soporta aquellos en los que el modelo posa de manera pasiva, sino que busca siempre captar a la persona en un momento de verdad que implique algún tipo de interacción con la cámara o con el fotógrafo. Ya antes de verlo llevaba días pensando en la mirada, en la propia pero también en la mirada de los demás sobre nosotros, y preguntándome quién miraba esa mirada.
Cuando se trata de China mirando a occidente, o nosotros mirando hacia China, es inevitable hablar de la fascinación en la mirada. La fascinación, sigo pensando, implica una distancia necesaria, nos fascina aquello que es otro. Joseph Needham escribía acerca de esta fascinación por china “ sólo lo que es totalmente otro puede inspirar el amor más profundo al mismo tiempo que un fuerte deseo de conocerlo”. Si este movimiento de fascinación apunta hacia el goce, hacia arriba, a lo imposible de atrapar, el amor, por otro lado, con su juego de semblantes, sus malentendidos, sería según Lacan lo que permitiría al goce condescender al deseo. Como indicaba mi deslumbrante e inspiradora amiga M. hace unas semanas, el movimiento del amor con-desciende. El amor podría entonces ser algo más que esa enfermedad o ceguera, ese velo que nos oculta la falta de completud o armonía sexual, y funcionar también, como indicaba M. como regulador del goce, en su aspecto de ley, permitiendo abrir un espacio al deseo, que coloque al objeto en un eterno más allá.
Mi otra gran rock-star del psicoanálisis, Slavoj Zizek hablaba de esta mirada distorsionada e impregnada por el deseo, en la que el objeto, objeto a, es puesto ahí por el propio deseo. Hoy he ido a La Central para buscar un libro de poemas de Manel Ollé, que no he encontrado. No obstante, el día ha sido generoso a su manera y el la contraportada del libro Difícil Libertad de Lévinas he encontrado: la ética es la primera filosofía que no se funda en la razón, sino en el encuentro cara a cara con el otro, y esto implica una responsabilidad infinita hacia el otro.

6.2.07

del deseo y la libertad en china


El pasado miércoles 31 de enero, en el 83, bld Arago asistí a una nueva reunión de Psychanalyse en Chine. A la desangelada sala del Institut Théologique de Paris, acudieron en esta ocasión más personas que en el pasado mes de abril, había aumentado también el número de chinos. Guy Flecher, autor de la impresionante página LacanChine presentó su primer encuentro con una analizante china, y nos habló de la escritura, de cómo Lacan concluyó, basándose mucho en la escritura china, en que la escritura precede a la palabra, y cómo hizo referencia siempre a ésta a lo largo de su enseñanza.. Michel Guibal también presentó varios casos y encuentros, en el marco de su trabajo de más de 5 años con una valerosa ONG china que trata en todo el país con niños autistas. Subyace siempre la cuestión de si China constituye un mundo en sí mismo, tan diferente y ajeno a nuestra manera de pensar, para el cual el psicoanálisis sería ineficaz o indiferente. Los mismos chinos se complacen en alimentar esta idea de la alteridad china, de la que tanto uso hace el nuevo nacionalismo político. El mismo François Jullien habla sin cesar de esa otra alteridad radical, incapaz de pensar en el deseo, y en el ser en nuestros términos. Pero a medida que uno se enfrenta a los textos chinos y a sus testimonios individuales, nada resulta más artificioso que esos rodeos pseudos-filosóficos. En la entrevista que aparece en este número dedicado al deseo del Magazine Littéraire, Jullien opone la concepción china de deseo, definida por la funcionalidad, a la occidental, creada a partir de la falta. Pero cae en su propia trampa, y no se da cuenta al hablar del carácter chino que significa deseo, y que se utiliza para hablar de deseo sexual, yu 欲 que éste está constituido por el radical de falta, y el dibujo de un valle: para que haya deseo, sobretodo en la China antigua del justo medio, ha de haber una falta, un vacío, que sí, en última instancia es funcional, como lo es para Lacan. Al día siguiente encontré otra entrevista a un novelista chino, cuya novela, “Poemas al Idiota”, acaba de ser traducida por Editions de l’Aube. Ge Fei (Jiangsu, 1964) respondía, en la misma línea que Jean François Billeter en “Contra François Jullien”, que los fantasmas y la represión de ambas culturas no son diferentes, y añadía que la introducción de la teoría freudiana en los años 80 había representado una fuerza de pulsión hacia la libertad en China. La amnesia histórica, la ausencia de transmisión entre generaciones, los no-dichos, el peso de la moral confuciana que impide criticar a los progenitores y construir su propia subjetividad, forman parte de las actuales preocupaciones de los chinos. Tanto los interventores como el auditorio avanzábamos a tiendas, lenta y cautelosamente, entre dibujos de caracteres, preguntas, y tímidas conclusiones. Yo no podía evitar pensar en cómo explicaba Zizek la ética del deseo en Lacan: mostrar que hay una capacidad de deseo puro, que no necesita supeditarse al objeto. El objeto, objet petit a, se transforma entonces en una posición estructural, una especie de objeto a priori. El deseo último es pues el de la no-satisfacción del deseo, el deseo de permanecer abiertos. Así permanecíamos nosotros, como estudiantes daoístas, circunvalando el vacío, entre dos continentes que se nos aparecían mirándose en un espejo.

16.1.07

el deseo del Otro

Bunraku, photo by matcha parfait's
Lacan igual que los chinos denunciaba el yo como ilusión, advirtiendo el lugar determinante del fantasma. Para él no existe identidad, sino identificaciones. Se distingue pues entre el yo (moi) imaginario, y el yo (je) gramatical, que al hablar produce el sujeto. Frente a la imposibilidad de hallar un significante al sujeto, Lacan suele referirse a él como sujeto barrado. Anterior y exterior al sujeto, el psicoanálisis señala un nuevo lugar desde el cual el Otro nos determina a pesar de todo. Se escribe con O mayúscula para diferenciarlo del otro semejante, con el que nos identificamos y que crea la primera dimensión de alteridad. El Otro con mayúsculas, que no es un semejante, es el lugar desde el que se constituye el sujeto que habla, desde el cual se desea. Es además el lugar donde los significantes tomaran un sentido u otro. El inconsciente es el discurso del Otro, y el deseo del sujeto es el deseo del Otro.
Hoy antes de acostarme me he acordado de los Bunraku, las bellísimas marionetas japonesas de uno a dos metros de altura. En los espectáculos de Bunraku hay, como decía Roland Barthes, tres escrituras separadas y simultáneas: la marioneta, el manipulador y la voz del cantante. Así que el espectador ve en todo momento el artificio, y esa alienación del personaje. Cada marioneta está llevada por tres actores, además. Normalmente el maestro lleva la cara descubierta y los dos otros ayudantes están completamente cubiertos de negro. A un lado del escenario, fuera de la escena propiamente dicha, los músicos sentados en fila, y los cantantes. Me ha hecho pensar en eso que decía Bel que decía Barthes, que al contrario de lo que podía parecer, detrás de toda esa cortesía oriental, el individuo podía vivir mucho menos reprimido puesto que en sus relaciones sociales, las normas de educación vehiculaban cada movimiento, y no había que preocuparse más que de cumplir las reglas y códigos, conscientes en todo momento de la distancia que separaba lo que uno querría decir con lo que puede llegar a expresar. Bona nit.

2.1.07

entre el placer y el goce


Además de lo ya dicho sobre la escritura china ( su imposibilidad de cerrar sentidos y la manera cortés de suspender la palabra como acto sin que ésta llegue a abolir al otro, ver post del 4 dic) existen otros conceptos del pensamiento típicamente chino que se encuentran en íntima correspondencia con esa nueva manera de colocarse en el mundo que nos propone la ética psicoanalítica. Para el psicoanálisis, el garante de nuestra salud mental y nuestra felicidad no es la plenitud, sino la falta, la falta en el ser, falta de objeto que nos satisfaga plenamente, la falta también de algunos sentidos. El vacío es, como ocurre en la pintura o pensamiento chinos, estructurante. Para dar cuenta de lo que está en juego en esta manera de abordar los sufrimientos del sujeto, Lacan distinguió entre placer y goce, siendo el PLACER la mera satisfacción temporal y parcial de los sentidos y deseos, incapaz de aportar la plenitud; y siendo el GOCE, un estado de ánimo imposible de satisfacción, ilícito y excesivo, al que cuanto más nos acercamos peor nos sentimos. La ley que limita el goce salvándonos de la locura, la barrera a este estado fusional imposible, la pone el lenguaje. La palabra es la que a través de su naturaleza intermediaria (entre quien la pronuncia y lo que se nombra) separa para siempre al sujeto de su objeto, dejando en medio, y como un resto, un vacío estructurador.
Para los chinos, cualquier fijación, cualquier exceso (también de sentido) es símbolo de enfermedad o defecto, de muerte en última instancia. Lacan entendió muy bien la moral china, que tenía más que ver con el semblante, con la cortesía, con la distancia… lo entendió mucho mejor que los new age esotéricos que asimilaron el vacío oriental a la renuncia, sin darse cuenta que hacían del vacío, un objeto más.
La felicidad sólo existirá cuando nos falte algo, (no todo por supuesto, se trata siempre del camino del centro) y eso nos permita seguir siendo sujetos deseantes. La felicidad, es un antiguo secreto chino, nunca ha hecho feliz a nadie…