Mostrando entradas con la etiqueta subjetividad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta subjetividad. Mostrar todas las entradas

11.7.10

una verdad sin privilegios

ryokan by filmmaker in japan

He leído un libro maravilloso, Kafka y el Holocausto del escritor, blogger y amigo Álvaro de la Rica. Su libro está lleno de cosas interesantes y esenciales, de conexiones audaces , de lecturas cruzadas brillantes, de generosas y estimulantes citas, de hipótesis valientes y lúcidas, rebosa vitalidad e inteligencia, y su mirada estética es también una mirada ética de comprensión y adecuación necesaria con el mundo, y sobre todo con la dimensión más íntima e indescifrable del ser humano. No pretendo aquí hacer una reseña o ser exhaustiva, para empezar porque creo que no podría hacerlo sin tener que adentrarme en cuestiones literarias y en dos relatos kafkianos brutales e inagotables, el extraordinario Ante la ley, y el increíble En la colonia penitenciaria. Lo que traigo es un retazo, un detalle de encaje que uno descubre ante la contemplación de un vestido de alta costura. Freud decía que muchos artistas no necesitaban pasar por el diván ya que su obra era su propio análisis. A. de la Rica realiza una travesía que me ha hecho pensar en esa idea, por las preguntas que se plantea y también por la lectura que hace del escritor checo, en el sentido de la lectura sintomática propuesta por Althusser: aquella capaz de captar el discurso oculto e inconsciente, en núcleo invisible que yace bajo un texto. El texto es leído entonces no tanto como la transmisión o elaboración de una respuesta, sino en tanto pregunta e indicación de unas fallas que identifica en la propia realidad que interroga.
En ese sentido me ha parecido esencial la distinción que reclama entre la dimensión política en el ser humano (lo que ordena la polis) y el plano metafísico. “Obsesionada con la dimensión política de los hechos históricos que le tocó analizar [Hannah Arendt] no vio que la necesidad, en la que la Ley kafkiana se inspira, y de la que toma su fuerza coercitiva, merecería una valoración distinta si se tratase de la necesidad con la que el hombre se siente atraído por algo que no comprende, como el campesino de la leyenda que se aposta en los umbrales de lo que aún no puede ser revelado. Se nos dirá que entonces entramos en el terreno de la metafísica. Puede ser. (…) La impenetrabilidad de la norma, lejos de ser la causa del mal que aflige al hombre, es la garantía de su libertad interior. Cuando no se respeta el misterio con una finalidad política, cuando se sucede la venida de falsos profetas (…) esa misma libertad es aniquilada de raíz.” Para de la Rica, Dios parece encarnar y garantizar esa parte impenetrable de la vida, su heteronomía, dice. Hay una necesidad en el ser humano que no puede ser tratada ni analizada desde lo político o lo social. Y eso es lo que podría salvar al hombre de entregarse a la destrucción y el sinsentido. Me encanta cuando cuestiona que las atrocidades del nazismo puedan atribuirse a la acción libre de los hombres. Por eso Lacan, que también buscaba esa acción libre del sujeto de la que habla de la Rica, decía que Dios es una instancia psíquica necesaria. Pascal hablaba de un don, una gracia. Hay quienes poseen esa gracia que es la fe, hay otros que, creyendo carecer de ella, fabricamos nuestra propia brújula con algún tipo de trabajo como es el analítico, que antes que curar o encontrar una trascendencia, a lo que apunta es a esta una especie de gracia otra que es la libertad subjetiva. El budismo estaría de acuerdo con de la Rica y diría que en ella hemos encontrado al dios que hay en nosotros. Creo, por cierto, que este mensaje está también en el mejor discurso de S. Zizek cuando denuncia la impostura de la ideología.
Si en este algo-trasnochado-vocabulario psicoanalítco que usamos (lo reconozco), los analistas hablamos de asumir la propia castración (castración que no situamos en los órganos genitales, sino que se produce por el simple hecho de ser seres de lenguaje), Álvaro de la Rica, en su lucidez entre literaria y metafísica se refiere a K. como la encarnación de un ser que es al mismo tiempo pura potencialidad y pura imposibilidad. Haciendo referencia a la noción judía de llamada o vocación, identifica y señala esa certeza del ser humano que es al tiempo una pregunta, de haber sido invocado a hacer algo para lo que, cuando se apresta a realizarlo, no hay nadie que pueda confirmarle su misión. Describe a K. como un ser relacional, “carente de aseidad, que no encuentra aquello por lo que es, aunque su proyecto consista en reclamarlo no sólo de palabra, sino con todas las fibras de su ser”. Pero aunque la vida nunca alcanza el final del proceso, A. de la Rica es muy claro advirtiendo que no se trata nunca en Kafka de “caer en el abismo del sinsentido, entre otras razones porque a la cuestión que plantea, no cabe ofrecer una respuesta plenamente satisfactoria, ni por experiencia ni por evidencia racional.”
Ese ser carente de aseidad es para de la Rica" la forma de aquello que acontece". Nosotros en análisis hablamos en esos mismos términos del sujeto del inconsciente, y encontramos algo muy similar en la práctica del zen y yo diría en ciertos estados de despersonalización místicos. Entonces, la reivindicación de de la Rica es esencial: la necesidad de separar y preservar el misterio es lo contrario de la relatividad intelectual o el obscurantismo actual, en el que el sujeto ya no acontece sino que es sin más, sin esfuerzo ni proceso, con su genética y lo social como destino. Lacan habla en términos muy similares cuando quiere dejar claro que la noción del inconsciente que propone Freud se opone a la noción del inconsciente como obscuridad primordial: para Freud hay algo en el inconsciente que no logra mantener el que parecía ser su privilegio de quedar completamente oculto, y es a través del sujeto como acontecimiento que aparece abruptamente en forma de accidente, de falla o tropiezo, pero también en forma de discontinuidad, sorpresa o hallazgo.
Creo que la puesta en relación por parte de A. de la Rica entre la escritura de Kafka y el holocausto judío, que su obra parece haber anunciado, aporta de alguna manera un mensaje esperanzador para el sujeto contemporáneo: el de un espacio de libertad interior gracias a la posibilidad de una ley interiorizada que nos aleja de las bestias y lo siniestro de una vida sujeta a los imperativos del mercado, la ciencia o tecnocracia. Pero para alcanzar esa ley, uno ha de estar dispuesto a perder ciertos privilegios, también existenciales,

13.2.10

sin enemigos


imagen de Liu Xiaobo en las manifestaciones de Hong Kong hace poco

Esta semana Rue 89 y Aujoud’hui la Chine publicaban un escrito de Liu Xiaobo, disidente chino condenado recientemente a 11 años de cárcel por el gobierno de la RPC. Sus palabras me han parecido más necesarias que nunca, porque traían luz sobre cuestiones sociales que nos incumben globalmente. Y yo que pierdo el chino por momentos, me entristezco de no poder tener ni el tiempo ni el acceso a sus textos, si no es cuando llegan traducidos y por canales ya conocidos. Ayer precisamente acudí a la conferencia de Markos Zafiropoulus en el CCCB sobre la conexión entre Lacan y lo social, a través de la lectura de C. Lévi-Strauss en cuyo trabajo, según Zafiropoulus, Lacan se inspiró fuertemente para su articulación teórica y su relectura de los textos freudianos. Las tesis de Zafiropoulus, -que yo llamo su “síntoma”, como el mío es hacerlo pasar por lo chino- , me interesaron bastante y dejaron abiertas cuestiones y preguntas de lo más actuales y pertinente. Pero me remito ahora a su introducción, citando a Lévi-Strauss: todo fenómeno psicológico es sociológico. La prueba de lo social sólo puede encontrarse en lo mental, así como la incidencia de una institución, o la interpretación de lo colectivo. Su paradigma rechaza la oposición entre lo colectivo y lo individual, entre lo social y lo mental, que muchos utilizan de coartada para no sentirse concernidos por lo que ocurre a su alrededor.
Liu Xiaobo ha sido juzgado y condenado más de una vez por el mismo “crimen”: delito de opinión. Fue encarcelado durante tres años en 1989, y luego arrestado, vigilado, enviado a campos de reeducación en diferentes ocasiones, finalmente condenado a prisión hace unos días. Sin embargo él quiere dejarlo claro: no tiene enemigos, no siente odio, y respeta a los celadores, procuradores que hacen su trabajo privándolo de su libertad. Porque el odio, dice, corroe sabiduría y conciencia en el hombre. Y porque él ha identificado bien esa “mentalidad de la enemistad” que tanto daño ha hecho y hace a gobiernos como el chino y otros, incitando a la lucha, destruyendo la tolerancia, el progreso hacia la democracia y la libertad. Xiaobo dice que ha sido el abandono de la filosofía de lucha (contra el imperialismo fuera, y la lucha de clases dentro) el que ha permitido a China realizar ciertas mejoras significativas. El “debilitamiento de la mentalidad de la enemistad” ha permitido a los poderes políticos aceptar progresivamente la universalidad de los derechos humanos. Está firmemente convencido de que el progreso de China no se detendrá y es optimista. Aprovecha entonces para hacer una declaración de amor, amor universal, pero también particular. Dice que su experiencia más feliz en estos años ha sido sentir el amor incondicional de su mujer Liu Xia. “A lo largo de estos años en mi vida sin-libertad, nuestro amor ha conocido la amargura provocada por las circunstancias exteriores. Pero reflexionando sobre ello, es un amor sin límites. Estoy condenado a una prisión visible, mientras que tú esperas en una prisión invisible. Tu amor es la luz del sol que trasciende los muros y los barrotes de la prisión, que acaricia cada rincón de mi piel, que calienta mis células y me permite conservar mi calma interior, de manera que cada minuto pasado en prisión no carezca de sentido. Mi amor por ti está lleno de culpabilidad y de reproches, al punto de hacer más pesados mis pasos. Soy una roca dura en un mundo salvaje, que debe afrontar terribles intemperies, y demasiado frío para que pueda ser tocado. Pero mi amor es sólido, e implacable y puede vencer los obstáculos. E incluso si me reducen a polvo, te envolveré con mis cenizas.”
Me gusta como cierra su escrito, Liu Xiaobo restituye el valor de la palabra: censurarla, dice, equivale a estrangular la humanidad y suprimir la verdad. Y ahí yo digo que no únicamente en lo colectivo, también en lo individual, en la palabra íntima de cada uno. Nosotros somos a veces nuestros peores censores.
“No me siento culpable de haber querido utilizar mi derecho constitucional a la libertad de expresión y de haber cumplido con mi responsabilidad social como ciudadano chino. E incluso si me acusaran, no me quejaría de ello. Gracias. (Liu Xiaobo, 23 de diciembre 2009)”
Me ha gustado también eso que dice de la prisión invisible en la que vive ella y en la que yo también me siento por muy diferentes razones, sin trabajo, sin recursos, sin posibilidad de movimiento para cambiar nada. El mundo en el que crecí se desvaneció para mí, y me asfixio en éste. El problema es que me relaciono con mucha gente que todavía vive en aquél. Sus palabras me llegan como a través de una pantalla, han perdido sentido, las recibo distorsionadas por un efecto de irrealidad. Ya no me dicen nada. En mi exilio involuntario e invisible, deberé encontrar otras nuevas y aprenderé a creer de nuevo en la libertad y los derechos que otorgan algunas palabras, aunque sean otras.

2.2.10

el lugar que uno ocupa

vista de la rue de Lyon, París, 1910.

Este sábado estuvo en Barcelona invitado por Apertura Claude Dumézil, uno de los analistas del círculo de Lacan, miembro de su Ecole Freudienne, y fundador años más tarde de la interesante Analyse Freudienne . De aspecto casi búdico, por su expresión parecía veinte años más joven. Esa juventud era una mezcla de desapego y pensamiento crítico unido al deseo, pensaba yo, y una falta de ensimismamiento que valoro especialmente . Como dijo Jorge Belinsky, que se encontraba entre el público, hay que estar muy de vuelta de todo para venir a hablarnos de lo que nos habló. Aunque el título de su ponencia era discreto, Identificaciones y Transferencias en la Cura, Dumezil no dio grandes rodeos y fue directo al grano: “en el análisis, las resistencias más importantes son las del analista”, citando a Lacan. A partir de la idea que comparto de que el analista tiene un lugar en la estructura del otro, comentó que para él ser analista es un síntoma, y -distinguiendo a este analista de aquéllos que empiezan un análisis no por verdadero deseo sino por coyunturas de su situación profesional en el campo de salud mental u otros,- dijo que ser analista no es algo que se adquiere o se aprende sino que forma parte de la estructura propia del sujeto. El deseo de analista (diferente del deseo de ejercer de analista) pertenece según él a un elemento arcaico del sujeto, algo que se encuentra ya ahí y que la formación viene sólo a “afinar”. La formación “domestica” algo de un conflicto interno que ya existe con anterioridad. Puede parecer una verdad de Perogrullo pero lo cierto es que tales consideraciones deberían tener sus consecuencias y a veces no las tienen, con esa inercia normalizadota tan en boga hoy en día. Aunque se supone que el analista ha acabado con sus identificaciones, lo cierto es que su total neutralidad no es posible. Dumezil acabó hablando, con elegancia y humor y de forma nada pretenciosa, de algunos casos que se hacen intolerables o insoportables para el analista, im-posibles de escuchar y se interrogó sobre ello. Antes intentó dar cuenta del camino de dos direcciones en el que tiene lugar el encuentro entre analista y analizante y que él articuló alrededor de tres zonas de intersticios. Me interesaron esos tres lugares evocados, en los que a veces se hace difícil saber qué es lo que pertenece a quién, recordándome a los encuentros entre el maestro zen y su discípulo que describía Lin Tsi. Estructura e historia personal, imagen y palabra, verdad del deseo y realidad psíquica. También hizo resonar en mí algo de las investigaciones Davoinianas, y otra cuestión que me rondaba por la cabeza desde hacía días, y que Lacan supo aclarar muy bien en lo referente al análisis y la transferencia, con la fórmula de una nueva relación del sujeto al saber: el éxito de la transferencia no depende del saber del analista, sino del saber que le supone el analizante, y del lugar de saber que el analista renuncia a ocupar. Para Lacan, como para Jacques Rancière, el saber no es una cuestión de contenidos sino de posiciones, también la cuestión de verdad como adecuación a la realidad, y lo mismo pasa con la memoria. En el fondo no puede ser más chino: todo depende del lugar que uno ocupe, en relación al resto de elementos. En el transcurso del análisis he descubierto lugares que he ocupado y ocupo para llevármelas con el mundo. Son lugares muchas veces imaginarios que no se corresponden con lo que me rodea ni con mi verdadera situación. El trabajo de análisis consiste en hacer caer esas identificaciones imaginarias, forzándonos a salir de esos lugares, que un buen día dejaron de funcionar como coartada y se transformaron en pesadas cadenas, molestas para uno mismo y para los demás. En la clínica actual vemos que ese lugar imaginario puede ser también una falta de lugar. El saber del propio análisis apunta precisamente a identificar todo eso. Las toneladas de páginas que leemos, las miles de horas en seminarios y las discusiones de casos no nos desvelan ningún saber secreto, restringido al resto de los mortales, pero sí un saber sobre el corte, sobre la agrimensura de los terrenos pantanosos en los que nos movemos los seres-hablantes.
Cuando Lacan aportaba una interpretación a un sueño, por ejemplo, recordaba Dumezil, casi nunca daba la clave, sino que ésta debía venir del paciente. Algo similar pasa con el cierre de las sesiones. ¿es realmente el analista el que decide, o la decisión proviene a modo de respuesta por parte del paciente. Como dijo Dumezil, a menudo “es el inconsciente el que se cierra”. En la lectura del inconsciente yo me decanto por Wittgenstein y Lin Tsi para los que en el momento crucial de la transferencia se hace difícil saber quién se encuentra en qué lugar.

24.1.10

de la acción y el presente

photo by Tetsumaru

Es una lástima que R. Barthes no disfrutase de su viaje a China como hizo con Japón, ni encontrase algo de lo que quizá iba buscando y que yo creo, sí se encontraba ahí esperándolo. Seguramente se debiese al problema de la opacidad de una lengua desconocida, a la moda maoísta de esos años (que tan lúcidamente rechazó Lacan) o a ese acercamiento siempre algo impostado y post-colonialista francés, que les aleja más que acerca. Esta semana he podido sumergirme en su universo, escuchar su voz gracias a R. Enthoven. Había leído intensamente al Barthes semiólogo del teatro y de Racine, más tarde al del Imperio de los Signos, y algún fragmento de su discurso amoroso. Pero esta semana he descubierto a un Barthes casi chino, lacaniano, íntimo, y aún más afín. Barthes hablaba de cómo desconfiaba y se irritaba ante la naturaleza asertiva del lenguaje. Cómo la enunciación de juicios de valor sostenida por nociones de bueno y malo, como si fueran innatas o inevitables, se le hacía insoportable, y cómo le disgustaba que en el lenguaje, esas aserciones se deslizaran silenciosamente entre lo dicho. Me gustaría decirle a Barthes que en chino es más difícil que eso ocurra. Barthes lo sabe como Freud, la lengua sobrevive al mensaje, y dice más allá de éste. La lengua, dice, es fascista, no por lo que nos impide decir, sino por lo que nos obliga a decir. Se confesaba extremadamente sensible a la expresión de cualquier poder, que vivía como un exceso. Me gustó mucho cuando criticaba e identificaba el intento de posición de poder ilegítimo del ignorante que le responde al otro “No comprendo”, desacreditándolo en base a su propia falta, y creyendo que su inteligencia es tal que no le importa decir que no entiende, alardeando a veces de una falsa molestia. Frente al profesor o el crítico que al decir eso quieren decir que no hay nada que comprender, está la postura del analista o del curioso open-minded, que frente al no comprender, coloca un silencio, una escucha o una pregunta. También me interesó cuando hablaba del tiempo de la escritura en su famoso curso de la preparación de la novela: para él el lazo afectivo del escritor no es con su pasado sino con su presente, con sus relaciones afectivas, relacionales e intelectuales en el presente. Me acordaba de eso que escribe Freud sobre el análisis: el analizante no recuerda el pasado en su relato, sino que lo repite, lo revive en la transferencia. También me conmovió cuando habló de su incapacidad para escribir él mismo una novela alegando que para él sería una impostura hablar de otro en tercera persona. Yo comparto esa incapacidad, me parecía una impostura, una imposición innecesaria incluso cuando dirigía actores, y por eso seguramente mi elección sea la de la escucha y el desciframiento, dejando el lugar de la enunciación vacío. Defendía la fragmentación, también en la lectura. Un libro no está hecho para ser leído por entero, y el escritor debería asumir que haya partes que el lector se salte (!) Y aunque él creía en la escritura lenta y alargada en el tiempo, paradójicamente su ideal de escritura (del presente) era el haiku Y eso ha ligado con las primeras páginas de un libro enigmático, La Persuasión y la Retórica de Carlo Michelstaedter, que me prestó Bel, donde busco algunas respuestas que no llegan. Me interesaban sus conclusiones, aquellas que según los que lo conocían, hicieron que después de entregar su tesis di laurea que constituye este libro, se pegara un tiro. Esa idea del suicidio lógico, del suicidio como conclusión ante una imposibilidad me interrogaba. Michelstaedter también habla del presente: “Pero el hombre quiere de las otras cosas en el tiempo futuro, aquello que le falta en sí: la posesión de sí mismo: mas, por lo que quiere y por estar tan ocupado con el futuro, huye de sí mismo en todo presente. (…) La vida sería si no alejara constantemente de ella al ser hacia el instante siguiente.” Barthes desconfía del peligro de transformación de todo discurso marginal en un discurso de poder, por lo que al igual que Lacan, desconfiaba de las revoluciones; para Lacan la misma palabra incluía esa idea de volver al mismo punto de inicio. Yo pienso en Mencio y en lo que decía Lacan que debíamos aprender de él, un tipo de lenguaje que no haga sólo cadena, -una cosa significa otra en relación a otra, en relación a otra, en relación a otra, en relación a otra…-.a modo de pura producción, sino un lenguaje que subjetive el fracaso de esa metáfora o cadena, favoreciendo, antes que una producción, un tipo de acción de la que sí podamos concluir una ética.

18.1.10

tentativa

Beijing snow by Snow Kisses Sky

No hace mucho descubrí un librito de Georges Perec, Tentative d’epuisement d’un lieu parisien (tentativa de agotamiento de un lugar parisino), escrito en el 74 y publicado un año después, reeditado ahora por C.Bourgois. Está escrito desde uno de mis cafés Tabac preferidos de toda la ciudad, desde donde Pérec se limita a registrar y describir escuetamente lo que ve. Me encanta cómo empieza, y el ritmo con el que avanza:
“Hay muchas cosas en la Plaza Saint Sulpice, por ejemplo: un ayuntamiento, un edificio de finanzas, una comisaría de policía, tres cafés, de los cuales uno es estanco, un cine, una iglesia sobre la que trabajaron Le Vau, Gittard, Oppenord, Servadoni y Chalgrin, y que está dedicada a un capellán de Cloraire II, que fue obispo de Bourges del 624 a 644 y que se celebra el 17 de enero, un editor, una empresa de pompas fúnebres, una agencia de viajes, una parada de autobús, un sastre, un hotel, una fuente adornada con las esculturas de los cuatro grandes oradores cristianos (Bousset, Fenelon, Flechier y Massillon), un quiosco, un vendedor de objetos religiosos, un parking, un instituto de belleza y aún otras muchas cosas.
Un gran número, sino la mayoría, de esas cosas han sido descritas, inventariadas, fotografiadas, explicadas o catalogadas. Mi intención en estas páginas que siguen ha sido más bien la de describir el resto: lo que no se anota generalmente, lo que no se observa, lo que no tiene importancia: lo que pasa cuando no pasa nada, sino el tiempo, la gente, los coches y las nubes.”
A veces me siento como Pérec en ese café de grandes cristaleras desde donde Saint Sulpice se ve de lado pero siempre bella, y sus indicaciones me parecen hacer eco a aquellos primeros consejos que da Freud a los nuevos analistas y médicos sobre el tratamiento psicoanalítico en la década de 1910: no querer fijarse en nada en particular, y prestar a todo cuanto se escucha la misma atención flotante, renunciar a hacer una selección consciente (debe volver hacia el inconsciente emisor del paciente su propio inconsciente como órgano receptor) y únicamente pedir al paciente que se atenga a la única regla fundamental del psicoanálisis: "diga todo lo que se le ocurra sin crítica ni selección previa", compórtese por ejemplo, como lo haría un viajero sentado en el tren, al lado de la ventanilla que describiera a su vecino de pasillo lo que ve. Ahora sí, no se olvide, "la ambición pedagógica es tan inadecuada como la terapéutica".
Pensando en todo esto recordaba la bella conversación sobre la Libertad de la que hablaba en el post anterior, y en otra cosa importante que se dijo: pensar la libertad en términos de “poder devenir lo que uno es” equivaldría a reducirla a la mera ostentación de una substancia. De nuevo la trampa reduccionista del ser, y nuestra supuesta consistencia. Busco “substancia” en el diccionario: "esencia, lo que permanece más allá de sus estados,// parte más importante de la cosa, ahí donde reside su interés." Eso dejaría fuera de la libertad y del ser todo lo que se encuentra alrededor, todo lo que describe Pérec o lo que escucha Freud. Yo creo más bien, como F. Worms, que tanto la libertad como el ser se consiguen sólo por momentos y a través de diversos estados, más allá de los cuales, hay grandes vacíos.
Frente a Descartes para el que el pensamiento no puede ser insensato o delirante, el descubrimiento freudiano inaugura figuras como la de Foucault, para quien el pensamiento sí puede ser irrazonable, ya que depende del lenguaje. Para Foucault, que ya incluye el inconsciente en el pensamiento, existe un lenguaje, no el lenguaje en general, existe la posibilidad de ligar de otra manera los elementos que están ya ahí, y pensar libremente.

14.1.10

los problemas de la libertad

photo Henri Roger Viollet (*bajo los adoquines, la playa)

Ayer acudí al encuentro del grupo de investigación Psicoanálisis y Sociedad, auspiciado por Rithée Cevasco, en el que fuera de cualquier marco institucional asociativo, se estudian desde el eje teórico del psicoanálisis, ciertos temas relacionados con las ciencias sociales. Me interesó mucho la intervención de Rithée, introduciendo el hilo conductor del trabajo de este año, acerca de lo político en Lacan, de cómo él siempre rechazó la posibilidad de la indiferencia a lo político por parte del analista, por tratarse según él del ámbito de la ética (con minúscula). Para Lacan, recuerda Rithée, la ética no es sino el tratamiento de los goces. También me gustó la definición que daba de la política, como “el arte de conseguir ciertos fines” Otra de sus propuestas es la lectura crítica del discurso de algunos analistas que publican libros y opinan sobre grandes cuestiones sociales, generalizando desde un lugar de saber totalizado (siempre criticado por Freud y por el mismo Lacan) sin apoyarse ni sustentarse al hacerlo ni en verdaderas teorías sociales, ni en ejemplos de su práctica clínica. Personalmente no puedo estar más de acuerdo. El discurso analítico sin clínica, ¿qué es eso?
Yo llevo días refugiada mentalmente en la última conversación de Raphäel Enthoven con Fréderic Worms sobre la libertad. Nada me ha parecido más cercano a mis preocupaciones estos días. Escucho a Enthoven cuando puedo cada día de 10 a 11h en los Nouveaux Chemins de la Connaissance (esta semana dedicada a la locura) y los fines de semana me refugio en su cour parisina y lo escucho en Philosophie mientras hago mi práctica de iyengar. F. Worms me resultó brillante: el mayor obstáculo a la libertad proviene de la propia idea o de las falsas ideas que nos hacemos de ella, y que sólo podremos solventar con una verdadera reflexión, justificando así lo filosófico o lo analítico, por ejemplo. La libertad no existe sin el sujeto de la libertad, sin el yo (je) que la enuncie. Es una experiencia individual; en abstracto no es sino una ilusión. Ésta no depende únicamente de las exigencias que vienen del exterior, sino también de lo que ocurre en el interior de uno mismo. Quizá no se pueda pensar en la libertad como un absoluto o un estado continuo, y sólo podamos llegar a ser libres por momentos. Me gustó mucho una palabra que utilizaron, la de arrachement (arranque), situando la libertad en un lugar intermedio entre la gracia y el esfuerzo, doblemente ligada a la imagen del bailarín. Me parece muy acertado: una combinación de voluntad y desapego. Señalaron la trampa que supone pensar que la libertad en términos de poder escoger y se preguntaron por las im-posibilidades de la libertad en la democracia y en la sociedad capitalista: la triste libertad del consumidor frente a una gama de productos en un supermercado. Encontraba en sus palabras (satori) algo que llevaba buscando tiempo, un nuevo sentido de la libertad a la que se aspira en el análisis, y que como señaló Worms es para nosotros, muchas veces, un sentimiento indecible. La libertad no se articula sólo a través de nuestra relación con el mundo sino de nuestra relación con nosotros mismos, y más allá de eso, de nuestra relación con el otro. Ahí estamos de nuevo frente a la ética lacaniana. Quizá una de las cosas que más me gustaron de la conversación que me acompaña estos días, como si fuera un sombrero, fue la última idea propuesta por Worms: la libertad no puede pensarse sin la igualdad (social). Un excesivo liberalismo la destruye. La libertad de uno empieza ahí donde empieza la libertad de los otros (Kropotkin dixit)
Y sin ninguna relación aparente me he acordado de de estos versos de P. Celan:

Habla - Pero no separes el No del Sí.
Dale sentido a tu decir: dale sombra.
Dale sombra suficiente,
dale tanta como sepas repartida en torno a ti
entre medianoche y mediodía y medianoche

9.1.10

dejar de desaparecer

photo by Okinawa Soba

Últimamente vivo con esta idea de que le diferencia entre ser o no ser, entre existir o no existir, es cosa de un salto, una elección fugaz, un movimiento certero y me pregunto si acaso no será además una mera cuestión de lugares, colocarse en el lugar correcto en el momento justo (sin que ello implique ningún azar, sino más bien una elección). Ustedes ya lo saben, a mí me cuesta un verdadero esfuerzo eso del ser. Me escudo detrás de su falta, y a fuerza de utilizarla como coartada, desaparezco. La diferencia, sin embargo, no es “insignificante”. El psicoanálisis (si es que lo he entendido bien) podría explicar la disyuntiva en términos de alternativa entre ser o sentido. Si elegimos estar en el sentido (pensando, razonando, atando todos los cabos) desaparecemos como sujetos. Si en cambio, optamos por ex/sistir será exponiéndonos a la falta de sentido, siendo sin más, dejando algunos cabos sueltos. Si bien la subjetividad a la que apela el análisis sólo puede surgir a partir del planteamiento cartesiano, “pienso, luego existo”, a su turno lo subvierte, y viene a decir algo como que cuando pienso no soy, y cuando soy no pienso. Pensar (dar sentido) y ser no son pues la misma cosa, aunque tampoco sean lo contrario. No hay sujeto transparente a sí mismo.
Estas últimas semanas el gobierno chino sufre un exceso (mortífero) de sentido y opacidad. No sólo quiso medir un pulso de poder con occidente con su decepcionante papel en la reunión de Copenhague, o exterminó gratuitamente a un ciudadano británico encarcelado, cosa que no hacía desde hacía 60 años, imagino que sólo para desafiar a la comunidad internacional, sino que ha impuesto una pena de prisión injusta y desproporcionada a una de las voces más valientes e interesantes de su país, el intelectual Liu Xiaobo, autor de aquella necesaria Carta 08, y sigue gestionando pésimamente la cuestión tibetana, forzando por ejemplo a los directores de cine a retirar sus películas de festivales internacionales en los que se presenten películas tibetanas, críticas con ellos. También me enteré hace unos días de la arresto de un documentalista auto-didacta tibetano, Dhondup Wangchen. Personalmente no temo que ese país, que prefiero, admiro y añoro en otros aspectos, me ponga en ninguna lista negra. Si no existo para la mayoría de instituciones, empresas y colectivos de mi propio país, si no existo para mi propio gobierno, menos voy a existir para el gobierno chino.
De todos modos, y volviendo a lo mío, yo lo sé: he de hacer un esfuerzo para empezar a existir. Para eso sirve un análisis. Mientras, echo mano de alguna prótesis: el amor, por ejemplo, y ahora pruebo el tener. No es que tener y ser sean lo mismo, algunos dirán que son lo contrario, pero parece que lo primero ayuda en lo superficial a lo segundo, aportando una cierta consistencia. Malos tiempos para el tener, sin embargo, eso también lo sé. Existir se ha convertido en una verdadera hazaña en estos tiempos de precariedad: dejar de desaparecer detrás de la nada.

18.8.09

de algún resto

photo by masaaki miyara

No creo en mis sentimientos, ¿Cómo creérmelos? Son como nubes pasajeras. Cambian de lugar al tiempo que yo. Y en el mismo lugar también difieren de sí mismos. Los veo evolucionar y renuncio. Renuncio a la plenitud, a la dicha perpetua del sentir, renuncio al anhelado infinito, aunque presentido a veces, renuncio. (…) Vine aquí con mi hueco, vine montada en mi ausencia. De repente el vehículo desapareció. Me encuentro andando con las patas de los búfalos, con la única pierna del tullido, con las tres patas del perro y con su sarna y algo realiza por mí las funciones del cuerpo, sin mí.

Chantal Maillard, Diarios Indios.

Hay quienes vivimos nuestra vida desde un lugar distinto a su centro. La vivimos, pero desde otro lugar. A menudo cuando visualizo cómo me sostengo en el mundo sólo veo la figura de un compás. Siempre hay al menos dos lugares, si no más.
Los sentimientos no cuentan demasiado estos días, como Maillard no acabo de creérmelos. La nueva casa interrumpió la lectura de Damasio, pero entendí que son puros estados corporales, y ahora mi escucha apunta a lo que hay bajo de ellos, una especie de constante de barro o de resto.
Ayer me quedé pensando en unas líneas de Mishima que leí aquí. Me sigue interrogando el lugar de ese encuentro entre el mundo interior absolutamente individual e incomunicable, y el lenguaje que es universal y compartible, y los restos que produce. Como señalaba Iluminaciones, citando a Luis Gordillo, lo poético seguramente responda a una función corporal, secreción compensatoria, que se desprende de nuestro diálogo con la realidad. Lacan inventó una palabra, la “lalengua” para referirse a la articulación del deseo propio con la lengua, un “saber que se sabe sin que él mismo lo sepa”. Ojeo a ratos estos días la biografía de Lacan escrita por Elisabeth Roudinesco. Su escritura es brillante y luminosa, admiro el rigor y la claridad con la que escribe, cómo es capaz de relacionar acontecimientos, e influencias con la teoría y ofrecer las claves que permiten identificar el singular recorrido de ese hombre valiente y temerario. El talento de Roudinesco me ha recordado a las palabras Wittgenstein: Lo que puede decirse puede decirse claramente, lo que no puede decirse, hay que dejarlo en silencio.
Gracias a una consulta de Bel, he robado algo de tiempo a la noche para revisar unas pocas traducciones de poemas antiguos chinos. Profesión imposible y admirable la del traductor, con Bel aprendo a reconocer el talento de los buenos escritores, poetas y traductores, que a pesar de los imposibles, logran indicarnos un camino. Me preguntaba si lo particular de cada escritura, de cada poema, de cada traducción acaba de tener sentido cuando trasciende lo real, lo individual, lo universal y lo decible y aparece simplemente como resto.

25.7.07

el cuerpo que espera


Hokusaï, Joueur de flute assis sur une branche de saule, contemplant le mont Fuji - 1839 scaned by dominiq
Frente a la visión materialista de la medicina clásica occidental que se esfuerza en representar la vida psíquica como una entidad corporal, el cerebro, con propiedades mentales, y frente a la que yo creo es una mala interpretación de la visión oriental o espiritualista del cuerpo como un organismo mental, compuesto por meridianos energéticos o chakras, con propiedades físicas, el aporte freudiano vino a zanjar para muchos ese falso dilema, que ya debería estar obsoleto; me sorprende que aún haya gente que debata si es la actividad neuronal la que rige y determina la vida psíquica, no disponiendo ésta de una real autonomía, o si es la actividad psíquica la que actúa y transforma la realidad neuronal. Evidentemente, y tal y como lo muestran los ejemplos más banales de nuestra vida cotidiana, se trata de un sistema que funciona en ambas direcciones. Pero bajo pretexto de que se puede identificar la subida o descenso de la actividad neuronal en los encefalogramas, hay aún quien confunde lo que está siendo estimulado con lo que es agente estimulador. Hoy escuché en la radio a Jean Michel Thurin, psiquiatra y psicoanalista en la Salpetriere, en un breve programa sobre psicosomática. Ese tipo de afecciones orgánicas aparecen cuando la tensión psíquica es demasiado fuerte y el sujeto no puede elaborarla en su interior. Aunque sólo sea porque el cerebro comanda el sistema nervioso, endocrino e inmunológico, hay quien dice por ejemplo, que el cáncer podría aparecer, en parte, por la deserción inmunitaria y endocrina sufrida como consecuencia de un acontecimiento traumático. Pero lo realmente interesante fue lo que dijo Thurin acerca de los efectos de la persistencia neuronal, es decir, de la memoria, y la existencia de una red o entramado de conexiones neuronales que se construyen en cada uno como una arquitectura, una especie de infraestructura a la vez maleable y estable, a partir de las huellas que han dejado las vivencias o percepciones, y que terminan haciéndonos reaccionar o produciendo un encendido ante representaciones internas o estímulos externos en relación a nuestros propios recuerdos. Así se explica la dimensión temporal esencial de la vida psíquica, que la diferencia del simple funcionamiento neuronal u orgánico que sí puede ser observado e identificado en un único momento, pero no reducido a él, al no tener en cuenta esa acumulación de percepciones y vivencias, que hacen que ese entramado sea complejo y único, subjetivo. Como recordaba Thurin, Freud ya lo había definido así en sus comienzos, y parece que los conocimientos actuales no hacen sino darle la razón. Si no hay emoción, no hay memorización pero si hay demasiada emoción, paradójicamente, se bloquean las neuronas y tampoco hay memoria, o esa memoria se convierte en obsesión, síntoma, significante que acecha.
Yo pensaba estos días en el cuerpo que no sólo recuerda, repite e inscribe, sino que espera. En ese camino hacia la muerte que descubrimos más allá del principio de placer, existe no sólo el freno que supone el saber o el crear, el significar como límite, sino también el desear, el esperar: esperar que las cosas salgan bien, que mañana llegue aquello, tener la curiosidad de escuchar a otro que no sea uno mismo, estar abierto, incompleto. Tener proyectos es desplegar un espacio en blanco delante nuestro, una especie de memoria de futuro a seguir construyendo

17.6.07

psychanalyse en mouvement

wind turbine by Sam
Ayer encontré en una página francesa con este nombre, este preámbulo que me gustó, especialmente por la última frase…

"Nadie ignora la existencia del psicoanálisis pero muchos se preguntan aún si sirve y para qué sirve. Divididos entre el temor (legítimo) y el deseo (contrariado), unas veces se lo cree nocivo, otras mágico. Unas veces atractivo, por estar lleno de promesas. Otras obsoleto, por ser eternamente discutible. Campo de investigación del psiquismo y de sus interacciones con los físico, sigue siendo para nosotros una de las mejores respuestas frente a numerosos síntomas del sufrimiento humano. Y la expresión vital de una libertad indispensable que autoriza a toda persona apasionada por la verdad a pensarse como sujeto en devenir"
ps: en mi primer año en china, yo vendía estas máquinas gigantescas que transforman el viento en energía

27.5.07

el paisaje y el otro

Pieza de Lucy Orta, Refuge Wear, Studio Orta
Ayer por la tarde acudí al col legi de metges de Barcelona a escuchar la intervención de Bel en unas jornadas psicoanalíticas sobre la degradación amorosa, aportando ella su punto de vista desde lo literario. Como le dije al salir, sus palabras me parecieron de lo más sugerente para la escucha psicoanalítica y es que según lo veo, lo que hace que el psicoanálisis se salve y se aleje para siempre de la casposa e impotente psicología es el hecho de que una vez establecidos los modelos, patterns, estructuras y fórmulas topológicas que están ahí para organizar con cierto rigor el trabajo del analista, lo que de verdad cuenta es cómo cada sujeto construye y luego reconstruye, escribe y reinventa su propia historia a través de su subjetividad y en relación a los demás. El psicoanálisis ofrece por lo tanto un espacio donde toda esa invención, paralela a la literaria, pueda desplegarse. Y lo interesante o dinámico, creo, es que en ambos casos no se trata de la construcción narcisista de uno consigo mismo, sino de uno en su relación con el mundo, con el otro. Esta semana me acordaba mucho del trabajo de Lucy Orta, su Refuge Wear y sus prendas y performance Nexus, que aunque ya tienen unos años, sigo soñando encontrar un día en las calles de Barcelona. Lucy viene del mundo de la moda y empezó esta serie creando prendas que se transformaban en tiendas de campaña, escafandras urbanas y kits de supervivencia para hacer frente a las situaciones de precariedad, movilidad y nuevos espacio vitales de nuestras sociedades. El trabajo de Lucy reflexiona alrededor de conceptos como la propiedad, la arquitectura urbana, catástrofes sociales, problemas como el de la vivienda, o desempleo, éxodos y migraciones, pero también y sobre todo sobre la relación del propio cuerpo con el otro, con el espacio urbano y el lazo social. Y de una ecología que como decía Paul Virilio, no es sólo física, sino mental. Paul Virilio se interesó mucho por el trabajo de Lucy y escribió un precioso ensayo sobre tu obra, pero es en un librito breve fruto de una entrevista, El cibermundo o la política de lo peor, donde reivindica con más libertad, esa necesidad de recuperar al otro, recuperar la lengua, volver a lo real del cuerpo a través del espacio urbano, del paisaje, de la arquitectura. Dejar de fantasear en lo imaginario sobre el más allá, la ciencia atómica y genética y las estrellas, la ilusión de un saber ilimitado, para volver a los límites del cuerpo y de la comunicación, los límites del otro y en el otro. Virilio avisa ya en los 90, no hay ganancia sin pérdida, el accidente es para él un milagro al revés, un milagro laico, un revelador, de que cada tecnología lleva consigo su negatividad, su aspecto de regresión (como muestran las piezas de Lucy). “Inventar un barco es inventar el naufragio, el avión el accidente aéreo. El desarrollo de la tecnología sólo puede hacerse a través del análisis del accidente.” Como en la vida. Me gusta aún más su idea de que la arquitectura es la primera medida del mundo, de que las casas no deberían servir para alojar o proteger al hombre de la intemperie, para eso, dice, la caverna ya estaba bien. Habitamos en espacios con proporciones que dan un sentido a nuestra escala, y determinan nuestra relación con el mundo, y por lo tanto con el otro. Por eso su política del paisaje. Hace diez años que escribía que los conflictos en los suburbios surgían debido a esa falta de paisaje. “Existe todo el confort que se puede desear, pero no se da ese estado del ánima, sino el carácter infernal de un lugar abandonado por todos.” El otro no puede desaparecer, porque cuando lo borramos de nuestro horizonte también nosotros desaparecemos. Y para que se produzca el encuentro con el otro ha de haber un espacio que lo propicie, un paisaje que permita ocupar nuestro lugar.

20.5.07

sin título

performance This person is for sale, de Zhu Fadong, 2000
Esta semana encontré en la biblioteca de casaasia, la traducción y edición de Alicia Relinque de un pequeño tratado o poética china del sigloVI sobre la literatura. Su autor es Liu Xie y su título, El Corazón de la literatura y el cincelado de dragones. La introducción de Alicia es brillante, esclarecedora sobre conceptos estéticos que desconocía, muchos de ellos de origen filosófico, y sobretodo tiene la virtud de poner al lector en un contexto adecuado para poder luego adentrarse tranquilamente en el discurso y en el mundo de subtilidades, imágenes y metáforas de un autor tan alejado en tiempo y espacio para nosotros. Me ha encantado un comentario acerca del estatuto de esta obra, que no llegó a marcar nunca el estudio de la teoría literaria posterior de forma explícita, por el hecho de que su autor no fue más que un teórico, y el que careciera de composiciones exclusivamente literarias era suficiente para descalificarlo como experto estudioso. “Quizá porque su propio idioma es enormemente práctico”… la obra está llena de conceptos que luego serán utilizados en épocas posteriores, y otras disciplinas como la pintura. Como el Fenggu (el viento y hueso, refiriéndose al binomio contenido-forma) el fu (despliegue, para hablar de la prosa poética), o el sorprendente tong, de tradición, que originariamente significaba agujero, agujero que permitiría la comunicación. También me ha sorprendido la alusión a que antes de que existieran los caracteres, se establecían contratos con cuerdas anudadas!! Y es muy bonita la explicación que da Alicia en su introducción de las implicaciones que tiene el carácter wen, que es utilizado hoy para referirse a lengua y literatura, pero que abarca además muchos otros significados, que como posos o estratos, perduran desde tiempos remotos en ese carácter de uso rutinario: intersección de trazos, imagen de un cruce, imagen de rayas o manchas sobre el cuerpo de los animales, aves de plumas manchadas, como el faisán, las vetas de las piedras, y venas de la madera. Adorno, tejido de colores combinados, signo exterior, que referido al cielo hace alusión a los planetas y estrellas, referido al hombre recuerda las máscaras del hombre primitivo… y claro, esta relación tan china de la lengua con lo metafísico, hace que pueda saltar a mis lecturas lacanianas como si nada… hoy he encontrado una preciosa reflexión muy china, hacia el final del seminario 1. Lacan se pregunta qué es la ignorancia y nos dice que (como el ying y el yang) se constituye únicamente en la perspectiva de la existencia de una verdad. “Si el sujeto no comienza a interrogarse acerca de lo que es y de lo que no es, entonces no hay razón alguna para que haya algo verdadero y algo falso, y ni siquiera para que, más allá, haya realidad y apariencia” Y he pensado que era un reflexión muy adecuada para estos tiempos en los que la gente evita hacerse muchas preguntas, y por eso sus verdades resultan tan decepcionantes y vacías. El otro día asistía a una de esas típicas discusiones acerca de si el psicoanálisis podía o debía considerarse una ciencia, en cómo Freud intentó durante años poder acercarse a ella y como Lacan se alejó voluntariamente de este camino. Mientras que para la ciencia el sujeto es mantenido en el plano de la conciencia, de lo objetivable (la pastillita que cura toda tristeza) para Lacan y para Freud la posición subjetiva no pudo ser descartada en ningún caso: el sujeto de Lacan es aquel que es capaz de mentir, es decir, que “es distinto de lo que dice” . Freud nos descubrió en el inconsciente un sujeto engañador, al lado del cual, no cabe otro camino que el de seguir haciéndose preguntas

10.5.07

memoria gruyère dao silencioso

kyoto by myboogiedown
En la busqueda de identidad y de verdad sobre uno mismo, suele ser bastante útil el mecanismo de afirmación de lo que uno no es, uno no quiere... lo he utilizado a menudo en mi vida: no soy esto, ni eso, ni aquello, ni esto tampoco... y aunque parezca futil uno puede llegar así a ir dejando en el centro un espacio, donde uno sí es, un lugar donde sí existe, y que ha ido eligiendo. Pero aunque esto ayude, no es suficiente, y la revelación de esa verdad sobre uno mismo requiere de algo más. En el análisis, como saben, se vale el sujeto de la memoria y la reconstrucción histórica, pero ésa no es una memoria cualquiera. El recuerdo ha de ser revivido, dice Lacan, con ayuda de los vacíos. No podemos confiar íntegramente en la memoria, y por eso las investigaciones de Freud se centraron en todo aquello que la psicología desestimaba: los sueños, lapsus, resistencias, defensas, fallos y sinsentidos. No se hacen listas de comportamientos, o de síntomas, ni se apilan interpretaciones y definiciones, todo eso no sirve de nada. Se estableció, además, que cuando uno habla, lo hace generalmente dirigiéndose a alguien que no está ahí, a un tercero, y que a través de sus identificaciones imaginarias y mentales, uno ocupa lugares invisibles pero estructurales, en sus relaciones con los otros, con ese Otro tercero y con la realidad El análisis sirve para reconocer cuáles son esos lugares, quién es ese tercero al que seguimos dirigiéndonos todo el rato sin saberlo, y en última instancia otorgarnos la posibilidad de re-organizarlo de nuevo. Como de lo que ahí se da cuenta es de aquello que, como el dao, no se puede acabar de nombrar nunca, (el inconsciente, las fantasías y el fantasma, la falta en ser) de un sentido que no puede ser fijado y que en el momento en que se lo identifica, se desplaza y se transforma de nuevo en otro objeto, petit a, de todo lo que podemos dar nosotros cuenta es de los contornos que bordean y sostienen en pie el espacio agujereado, que con sus agujeros y sus vacíos, no obstante, nos permite navegar, atravesar, seguir moviéndonos, y por lo tanto existiendo, creando y viviendo. Por eso, la búsqueda de esa identidad (identificaciones para Lacan) y de verdad a la que me refiero nada tiene que ver con lo que a uno le dicen que es, ni siquiera con lo que uno dice que es, no tiene que ver con las constelaciones familiares, los horóscopos, las tallas ni destinos familiares o genéticos. Uno es lo que puede, lo que le queda, lo que le dejan, lo que consigue, lo que se atreve a ser.

7.4.07

de la eficacia

Hearted Sun by Eus
Hace unos días, queriendo hablar sobre las interpretaciones o argumentos que utilizamos los neuróticos para quedar fijados en un síntoma, una repetición, una interpretación que no nos permite avanzar, o siquiera vivir, propuse para el analista el concepto de eficacia, tal y como lo entienden los chinos, que le ayude a distinguir los que sí son eficaces de los que no lo son. Al encontrarme en un contexto psicoanalítico y no llegar a definir ni explicar mejor mi significante chino entendí que el término eficacia despertara todos los recelos, al apuntar de lleno al absurdo de la clínica conductista o comportamentalista, que tanto aborrezco. Ya saben, aquel ejemplo (bochornoso) de alguien que sufre de fobia a las arañas, y donde la eficacia del tratamiento va a consistir en que acabe cogiendo una araña con la mano. Y no se rían, lo mismo ocurre con un niño que se hace pis en el colegio, con otro que es diagnosticado de hiperactivo, con una anorexia histérica, o un ritual obsesivo: de lo que se trata es de borrar el síntoma, aunque el precio que haya que pagar para conseguirlo con la máxima eficacia, sea borrar con él al sujeto. Como yo sigo diciendo que el pensamiento chino (exento, por favor, de todo orientalismo ni connotación esotérica) tiene mucho que aportar a la reescritura de nuestro pensamiento, intentaré explicar mejor la diferencia entre esta eficacia china, y la concepción occidental
Como explica F. Jullien en su Tratado de la Eficacia, occidente pensó la estrategia y la eficacia a partir de la modelización y la forma ideal platónica, dando lugar a la importante relación entre teoría (modelo) y práctica. El gran estratega era el buen geómetra, y aunque a medida que ascendíamos en la jerarquía el modelo era abandonado, entrando en juego el “coup de génie”, éste no venía más que a agujerear la concepción europea, luego tan renacentista, de que el mundo se podía escribir en ecuaciones. Las matemáticas eran un lenguaje y si podíamos leer el lenguaje matemático podíamos leer el mundo fenomenológico (como hacen ese coñazo de neurólgos con el cerebro, que pretenden leer nuestras almas, identificando la acción neuronal!) Esta concepción fue la responsable del gran desarrollo de la técnica y la producción en nuestra sociedad.
En China, sin embargo, no existió tal modelización, lo que hizo que la estrategia y la eficacia no se pensaran en términos de finalidad. Para entenderlas hay que pensar antes dos grandes conceptos chinos: el primero es el de la evaluación de la situación, el de saber identificar si ésta es favorable o no para uno. ¿Qué es la circuns-tancia sino aquello que existe alrededor,- ¿alrededor de qué?- del sujeto que se encuentra ahí? De lo que se trata entonces no es de actuar y forzar la situación sino de esperar a que ésta sea favorable para el sujeto y la acción se produzca de manera natural. Aquí llegamos al segundo gran concepto que es el de la no-acción china, que NADA tiene que ver con la renuncia de la acción o la pasividad : “ne rien faire de sorte que rien ne soit pas fait” un no actuar de manera que nada deje de hacerse, parafraseaba Jullien. La no acción no es dejar de actuar sino incluir en la acción una distancia, la terceridad de la posibilidad. La acción china no es la que obtiene la cosa, es la que la posibilita. Mientras el psicólogo o el psiquiatra de a pie van a querer actuar sobre la cosa, sobre el síntoma en sí, la acción del analista, que está más cerca de la china, utiliza los indicios que da el síntoma para crear una situación favorable, una distancia, un écart para que el sujeto aparezca y pueda reelaborar su fantasma. El sabio chino, como el analista, no actúa, sino que transforma, señala Jullien. Y esta transformación (invisible, discreta, a largo plazo,) es lo contrario de la acción (momentánea, local y que necesita identificar un sujeto)

17.3.07

del enemigo y el saber


foto de Martine Franck
Ir en bici por Barcelona me convierte a menudo en el perseguidor- enemigo imaginario de muchos coches y peatones, que nada más verme aceleran y se ponen en guardia contra los que parecemos ser peligrosos ciudadanos anti-sistema, ávidos de romper cualquier norma, atropellar a los indefensos, e impedirles la circulación en las calles. El psicoanálisis descubrió que nuestra psique es paranoica per se. Para Freud ya se trataba de un mecanismo de defensa muy corriente en la vida normal, en el que lo suprimido adentro vuelve desde fuera. Si además contamos con que para Lacan, el yo es el resultado del otro, una ilusión, y el sujeto sólo accede a su deseo, y su saber a través del mensaje que le devuelve el Otro, estas ideas cada vez se hacen más claras. Para Lacan la personalidad es la paranoia y decir personalidad paranoica es una redundancia. La génesis del yo se basa en lo que él llamaba conocimiento paranoico, y es que efectivamente para Lacan la paranoia tiene que ver con la búsqueda del saber y con esa intuición del sujeto de que a pesar de todo el desorden del mundo que nos produce angustia, existe una realidad que acaba por conferir un sentido a todo, y que en última instancia nos concierne, nos da un lugar en el mundo. El fondo del espíritu es delirio, la verdad se halla en el fondo del delirio, de la búsqueda delirante.
De eso trata la mitología. Hoy he estado rebuscando personajes y animales fantásticos del imaginario chino para poder explicar esta semana el mapa geográfico a mis alumnos de primaria. Así, para que aprendan los nombres en chino de las cuatro direcciones, de las montañas, los ríos y los mares, recubriré toda esa realidad tan objetiva y concreta de historias y seres de lo más diverso en un intento subjetivizante: el búfalo sin cuernos y con sólo una pata cuya piel utilizaba el Emperador Amarillo para fabricar sus tambores, las mujeres que sacan seda por la boca, los hombres shouma cuyos cuerpos no dan sombra y cuyas voces no producen eco al gritar, el arquero Yi que derribó nueve de los diez soles para salvarnos del calor abrasador un día que salieron todos a la vez, los hombres dientesnegro que utilizan serpientes como animales de labranza,o el monte Kunlun, donde residen los inmortales, bordeado por un río y un bosque que se encuentra siempre en llamas… Y aunque todos esos relatos no se correspondan con el mapa real del país, me ayudará a que los niños dibujen, relaten, y participen de manera personal en ese paseo por tierras lejanas

10.3.07

les nouvelles révélations de l'être


Ayer después de peli japonesa en casaasia, hicimos doblete en el verdi con Paris je t’aime. Me produjo cierto alivio descubrir que por fin, en el cine más comercial y sin que tenga que ser un ejercicio intelectual a lo Haneke, que también me gusta, podamos ir viendo propuestas de historias deshilvanadas y abiertas, parciales y sinceras, que no tienen que explicarlo todo, ni avanzar sobre la pretensión de constituir un universo cerrado y completo en sí mismo, y que es en cualquier caso tranquilizador y domesticado. Se combinan historias más y menos interesantes, estilos diversos, posiciones más y menos honestas y superficiales, pero subyace en el trabajo de producción una especie de respeto por la diversidad y el trabajo bien hecho. Y como pasa en el cine, también supongo que depende de en qué momento se ve, uno percibe una cosa u otra. Brillante el guión escrito por Gena Rowlands, y conmovedora su interpretación. Y Fanny Ardant, Juliette Binoche, Miranda Richardson… Magníficamente rodadas, y el humor que atraviesa la película como bálsamo para las heridas que no hace falta ocultar. Pero a lo que iba, en la última escena, realizada por Alexander Payne, una norteamericana lee su redacción para la clase de francés, acerca de su viaje a París, donde explica lo que hace, los lugares que visita, sus impresiones… y cómo un día sentada en un parque, le asalta una sensación de algo que retorna, algo que quizá olvidó, o quizá siempre le había faltado, y aparece un llanto silencioso mezcla de tristeza y alegría, pero no tan triste, porque es en ese momento en que ahí sola, se da cuenta de que empieza a amar París, y París la empieza a amar a ella

6.3.07

el eclipse y los nombres


flashback shibamata* 05, originally uploaded by * tathei *.

El eclipse de luna de la noche del pasado sábado, como ceguera parcial y total a la vez, me hizo pensar en una frase de Eric Porge en el libro sobre la enseñanza de Lacan, y la capacidad que tienen las palabras para arrebatarnos o restituir el mundo bajo nuestros pies: “el análisis consiste en dar la palabra al analizante para que con ésta se desanude lo que la palabra (engañosa, censurada, ausente…) ha anudado en su historia”. La palabra, prosigue, da el registro de la verdad. No se trata en Lacan, como se ha indicado otras veces, de una verdad de adecuación a la cosa, una verdad objetiva, si tal cosa ocurrió así o asá, sino de una verdad de desvelamiento. En este sentido la verdad no se opone a lo falso, sino al olvido, a lo censurado, lo ausente u ocultado (por el eclipse histórico o familiar) . La verdad es lo que uno ha de decir ahora, testimoniar, por eso la verdad tiene un tiempo, y no es eterna. En el pensamiento chino se habla de la rectificación de los nombres, y esta continua rectificación es precisa para que el hombre pueda saber a qué atenerse, según Confucio. Nombrar es, aplicando el principio ritual y consensual confuciano de la repartición, 分 fen, ante todo cortar, dividir, limitar, distinguir entre lo similar y lo diferente. Conocer es reconocer, y el hombre santo (más en el sentido de Baltasar Gracián que en el nuestro cegador religioso) es el que es capaz de clasificar las situaciones según sus implicaciones éticas y reaccionar a éstas de manera adecuada, es decir, ritual. Estos días se celebra en Pekín la reunión anual de la Asamblea Popular, y los altos dignatarios hablan de eficacia y de justicia como prioridad, de rectificar las palabras y los nombres que han servido en las reformas de los últimos treinta años. Así ha llegado el momento en que la frase de Deng Xiao Ping “Enriquecerse es glorioso” no sirve más. Y es que chinos y psicoanalistas no se preguntan si esto está bien o mal, si esto es verdad o falso, sino que analizando la situación actual la pregunta clave es siempre la misma ¿qué debo hacer, cómo debo actuar? Y yo añadiría, ¿qué es lo que debo o no debo decir?

23.2.07

madre ikebana


foto de LynninSingapore
Mientras mi familia paterna era la típica familia clásica conservadora española, la materna fue de lo más moderno y cosmopolita. Mis abuelos eran gallegos que de camino a las américas se quedaron a vivir en Las Palmas, y quizá influenciados por la brisa atlántica, abrieron sus horizontes y mentes. Con la modernez también vino cierta vena esotérica, que cada miembro fue llevando a su terreno y desarrollando a su tiempo y manera. Mi madre, que fue bastante visionaria y avanzada, y que había vivido en Londres y París a finales de los sesenta, leía cuando yo era pequeña en los años ochenta, sobre reencarnación, maestros tibetanos y numerología, hacía cursos de control mental, estudiaba ikebana, zen y tiro al arco y cuando llegábamos del colegio nos la encontrábamos a menudo en estado Alpha, tratando de alcanzar otros niveles de conciencia. Yo llegué a China después de haber estudiado dirección teatral, sido bailarina de butoh, y de haber practicado como buena hija de mi madre, numerosas técnicas orientales y corporales, entre ellas uno de los mejores taichichuan que existen en estos momentos, y de haber pasado por un análisis junguiano. No obstante, cuando me fui a China las respuestas esotéricas ya habían dejado de decirme algo y había abandonado la concepción junguiana de un self espiritista y fuerte. No me fui a Pekín en busca de los tópicos orientalistas de occidente. China era y sigue siendo una pregunta sin una única respuesta, el significante de aquello que no puede ser atrapado por completo, un mundo donde mi falta en ser y de sentidos no son un error y fatalidad propios que hay que llenar y negar, sino un vacío estructural a partir del cual ir escribiendo mi propia historia y subjetividad. Y ahora que trabajo con niños me doy cuenta de cómo todas aquellas respuestas interpretadoras de cuando era niña y adolescente, tan en boga por otro lado en estos días de constelaciones familiares, no supieron nunca explicar el mundo al que le faltaba siempre un pedazo, que yo creía mío….
Al contrario, ese supuesto saber que venía siempre del otro, no servía para nada más que para hacerme desaparecer como sujeto y aceptar lo que me pasaba como escrito en otra parte. Lo que sí me sirvió y me salvó de todo aquel éxodo new-age, sin embargo, fue la propia actitud de mi madre, esa disponibilidad o escucha flotante, estar abierta, que ha mantenido siempre, dispuesta a reinventarse en cada momento. No creo que consiguiera llegar nunca a otro estado de conciencia, pero al menos su honestidad y su curiosidad, su libertad y valor como sujeto, hicieron que se mantuviera en la conciencia, dispuesta a preguntarse y aceptar las respuestas del otro, cosa que muchos nunca consiguieron. En el curioso y bonito libro de Michitaro Tada, la Gestualidad Japonesa, dice el autor que en vez de gestos llamativos y exhibidores el japonés tiene el ikebana, que le sirve para adoptar esa actitud y transmitir la belleza a través de unos gestos y un intermediario, las flores, en vez de alardear y ostentar de ella

7.1.07

a quién lo decimos


Un día, hablando acerca del libro que prepara sobre la guerra de los Balcanes, vista a través de la obra y entrevistas con escritores balcánicos, Conversaciones en torno a la Guerra, Bel me dijo que para conocer una cultura nueva, prefería antes leer ficción y poesía, que ensayo o historia. “La literatura tiene mucho más que ver con el inconsciente”. En ficción, el escritor no tiene que dar una cuenta razonada de lo que explica y siempre comunica algo más de lo que se quiere decir. Nos encontramos a menudo en el terreno de lo que no se puede dejar de decir, lo que necesita ser dicho, aún faltándonos la justificación racional del por qué o a quién lo decimos. Bel siempre me provoca el deseo de leer ficción porque a través de su mirada se me revelan las claves de la escritura más íntima, la singularidad de cada biografía y nuestra capacidad milagrosa y creadora de poder testimoniar.

El árbol y el bosque de Liu Xinwu


En una de mis últimas visitas a la librería Phenix, compré el curioso libro de Liu Xinwu, “El Árbol y el Bosque, Destinos cruzados”. Éste constituye una respuesta valiente y poética al sacrificio y anonimato con el que la sociedad china ha vivido los acontecimientos acaecidos este último siglo. Es una crítica respetuosa y constructiva a la nefasta indiferencia con la que se han tratado tantas vidas individuales, la ignorancia, el fanatismo y la falta de sentido que envuelven las grandes utopías que prefieren prescindir de lo subjetivo y lo personal, a favor de los discursos oficiales y las masas. Pero lo peculiar de esta obra es por otro lado su estilo, la voz sincera, a menudo naif de un observador que entra y sale del relato sin complejos, mezclando el género auobiográfico con la novela en tercera persona y el documento histórico…y es que el protagonista del libro no es él mismo, sino un amigo, un tipo normal y corriente, Ren Zhong, que el autor conoció en el liceo del distrito número 13 donde enseñó en Pekín en los años sesenta y cuyos sueños y aspiraciones se vieron truncados por la revolución en numerosas ocasiones. El libro está poblado de otros personajes, con mejor o peor suerte, alrededor de los cuales se va desplegando una comprometida reflexión sobre la naturaleza humana, sus anhelos y sus miserias. No tiene desperdicio el álbum de fotos, la mayoría retratos de Ren Zhong, pero también de su familia, amigos, conocidos… Liu Xinwu utiliza la imagen del bosque para hablar de la sociedad china, o de la comunidad que conoció alrededor de el liceo del distrito 13, y los árboles las personas que lo componen. “El bosque está compuesto de árboles, los árboles están en el bosque. Quien ama los árboles, preserva el bosque, quien protege el bosque, debe cuidar los árboles” (...)“Después de una época donde se han despreciado a ultranza las existencias individuales, donde se han calificado de diablos cornudos y demonios serpientes a la gente de talento es hora de tomar conciencia de cómo a base de relegar como inútiles e imperfectos a ciertos árboles, éstos lo devienen artificialmente.(…) El desafío más grande al que se enfrenta nuestra nación no es tanto el ver cómo se tratan a los árboles imperfectos, sino la manera en cómo utilizamos el talento de cada uno” Desafío no sólo de las naciones, sino también de los educadores, los padres, las sociedades…. Creo que en última instancia reclama la dignidad y el espacio necesario en la mirada del otro que nos reconozca, mirada que según Lacan precisa cada sujeto para construir su identidad social.