Sibboleth, de Doris Salcedo en la Tate Modern, photo by greenwood100La noticia me la trajo Martina de Londres: una grieta inmensa. Es la obra que la artista colombiana Doris Salcedo creó para el hall de la Tate Modern (video) El título, Sibboleth es una palabra usada para reconocer y distinguir al extranjero, al que, parece ser, que le cuesta pronunciar bien, para ver si pertenece a una grupo social, es decir que es excluyente. Y aunque de eso quería hablar Salcedo, -de cómo la historia del racismo ha avanzado paralela a la historia de la modernidad, cómo ha podido avanzar a costa de explotar y colonizar a los otros, despojándolos, de cómo nuestra época sigue definiéndose a partir de la exclusión racial y social- hay otras dimensiones de la obra que me han gustado. Para empezar es una obra que dirige la mirada al suelo, “subvirtiendo sutilmente la invocación al poder y grandeza de la arquitectura del museo”. La grieta además evoca sin problemas otras fracturas, no únicamente la de la modernidad, en la que insiste la artista, sino, por qué no, la de los propios significantes, la de la propia subjetividad. En esos resquicios, en esos bordes, avanzamos, aunque el paisaje se parezca al de después de un terremoto… Al otro lado del Atlántico, en el Guggenheim de Nueva York, el artista chino Cai Guo Qiang titula la retrospectiva que le dedica el museo, I want to believe. Además de los 9 coches cayendo y explotando en el atrio central, hay otras obras que también reflexionan acerca de esta dimensión histórica. La obra de Salcedo, sin embargo, tiene algo más de performance que instalación, y yo sigo prefiriendo ese tipo de obras en que lo que se transmite está más del lado del acto que del mensaje. En el analista hay algo del performer. Aunque sea con las palabras, con significantes con las que trabaja, es a través de algo que está más del lado del acto que de la interpretación con lo que interviene. El sábado pasado tuvimos la suerte de poder escuchar a Colette Soler en Barcelona, reflexionando alrededor de la cuestión de la transmisión del psicoanálisis. El psicoanálisis no se transmite, en el sentido de algo que pasa de unos a otros.El acto analítico, el inconsciente, no pasa de uno a otro. Su perpetuación se juega, (como dicen los franceses) en cada análisis, y requiere, como lo indica la teoría de los discursos, del deseo en posición de agente. Ya he relacionado en otras ocasiones este acto con el no-actuar (wu-wei)oriental, que desde luego nada tiene que ver con una renuncia ni una represión de la acción. Un análisis conseguirá, eso sí, la emergencia de una coherencia nueva entre la palabra, enunciación y su acto.
