reading by SekihanEn las últimas semanas, en una lista de correo psi de orientación psicoanalítica a la que pertenezco, he asistido con bochorno a una serie de mensajes cruzados en torno a los ataques israelíes en la banda de Gaza, donde gente cuya profesión se basa en el uso de la palabra justificaba la guerra y el uso de la violencia como única vía para la resolución de este conflicto, y calificaba de antisemita y partidario del islamismo radical y violento de Hamas a todo aquel que se atreviera a criticarlo. Ha sido un verdadera conmoción darme cuenta de que personas que han intentado apostar vitalmente por el pensamiento, la palabra, la razón y el reconocimiento de la alteridad para tratar de amortiguar algo de nuestro malestar y sufrimiento humanos, defendieran de esa manera el uso de las armas, el odio y la guerra, que como todo el mundo sabe, no hacen más que generar y acrecentar el odio y la violencia. Para ello, además, era absolutamente necesario borrar de la mente todo el cúmulo de ilegalidades y abusos prepotentes cometidos por el gobierno israelí desde hace más de cuarenta años, así como la situación insostenible en la que la población palestina agoniza sin esperanza, asfixiada y asediada por el muro, el embargo, y el integrismo religioso del que ella también es víctima. Juan Goytisolo, en el artículo publicado en el País hace unos días, citado por Bel, da, a mi modo de ver, en el blanco: nuestro rechazo o incapacidad, voluntaria o inducida, a reconocer el daño que infligimos a los demás es producto de nuestros propios traumas, de nuestros propios miedos y limitaciones para aceptar al otro, de la misma falta de ética y de valentía con la que vivimos nuestras propias vidas. Creo que la indiferencia y la distancia con la que algunos viven los conflictos que nos afectan desde hace años globalmente, está directamente relacionada con lo anestesiados y lo adormecidos que viven, intelectual y emocionalmente. En su pequeño mundo sin horizonte, de sueldo-hipoteca-seguro del coche-y-billete-para-escapar- a-la-letal-rutina-por-vacaciones, sólo llegan las noticias de Gaza distorsionadas, rebajadas, aplanadas, vaciadas. Israel no ganará esta guerra, la única que saldrá fortalecida y victoriosa será la propia guerra, el odio, la violencia y el integrismo, potenciado en ambos lados. Goytisolo cita a un profesor palestino laico al que entrevistó hace unos año: “mire a los jóvenes de los campos. Viven apretujados, sin trabajo, distracciones, posibilidades de emigrar ni de fundar una familia. Poco a poco se sienten morir en vida y su corazón se transforma en bomba. Y un día, sin avisar a nadie, correrán con un arma cualquiera a una operación terrorista suicida. No les importa morir porque se sienten ya muertos” Yo me he acordado de aquella Antígona entre-dos-muertes, que nunca me gustó, aunque le sirviera a Lacan para mostrar el alcance de la ética en el psicoanálisis. Falto de verdad y de amo, el sujeto al que él apela sólo puede sostener su palabra y su acto en la verdad de su deseo, por lo que es absolutamente responsable de ellos.

