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1.5.10

Freud resiste ( y empieza el baff)


DUST OF SPRING (桜花びら), originally uploaded by ajpscs.

No sé si ya ha llegado o si llegará aquí la polémica provocada en Francia por el libro de Michel Onfray. En cualquier caso, se la resumo ahora mismo y paso a precisar que aunque Onfray pretenda centrarla en si es posible o no una lectura crítica de Freud (Onfray llega tarde y no se entera, no es que sea posible sino que es obligada, necesaria, benigna y la mejor manera de rendirle homenaje al propio S. Freud, promovida ante todo por los analistas), lo cierto es que como ya señalan algunos autores la verdadera polémica es qué tipo de intereses marketinianos y mercenarios están en juego en el mundo editorial y la prensa para estar dando cabida y credibilidad a una obra como ésta. La polémica, en cualquier caso, es muy bienvenida, al menos en el país vecino se debate y se discute. Confieso que ni lo he leído ni tengo intención de hacerlo, no porque me rasgue las vestiduras sino porque no hay nada nuevo que no hayan escrito otros y mejor, -aunque parece que en su conjunto las fabulaciones resultan aquí más ridículas e infundadas, más incongruentes, como por ejemplo cuando dice que Freud dejó embarazada a su cuñada y la obligó a abortar a una edad en que no hay mujer que conciba, o lo supone adepto a los regímenes fascistas, creo que incluso cómplice o partidario del holocausto. En el retrato que se esfuerza por defender Onfray presenta a Freud como a un mentiroso decadente, un fracasado, depravado y codicioso conspirador, que hizo del psicoanálisis una religión (la otra gran fobia de Onfray), y de su pseudo-ciencia que nunca ha curado a nadie (!!) una gran impostura. Alega estar haciendo una lectura nietzcheiana, demostrando que “una filosofía es siempre una autobiografía de su autor”, sin darse cuenta de que es seguramente su propia experiencia en un internado religioso, testigo de ciertos abusos por parte de los curas, la que ha hecho armarse con la ateología y ahora remeter con su lectura fóbica de S. Freud. No está en mi intención rebatir aquí las tesis de su libro, lean si les interesa a la lúcida y valiente historiadora E. Roudinesco (aquí en castellano) o a Bernard Henri Lévy, (tb en castellano) o a tantos otros que lo hacen mejor, o sino escuchen a propio Onfray ponerse en evidencia en youtube. También creo que los mayores oprobios son del orden histórico, los psicoanalistas, al fin y al cabo, ya estamos acostumbrados a ataques irracionales, a malentendidos constantes con los términos y conceptos, incluso a esa pregunta tendenciosa que se repite, ¿pero no está S. Freud superado? Ahora siempre me acuerdo de un artículo de Eugenio Trías publicado hace un par de messe: A Sigmund Freud siempre se le quiere superar. Pero todas las veces que se intenta sucede lo mismo: se regresa a espacios anteriores a Freud. Puede que su lenguaje esté anticuado. Una espesa costra positivista le recubre, dificultando acaso su lectura. (...) Sigue siendo piedra de escándalo pese a que nadie puede discutirle su naturaleza de clásico, fundador de instituciones de salud, inspirador de la mejor filosofía (Foucault, Derrida, Deleuze, Adorno, Walter Benjamin, ) aun cuando sea obligación de ésta discutirle, criticarle, pero siempre desde el reconocimiento de sus logros y de haber pasado por su escuela. Freud es un clásico y como tal no puede ser superado. Debe ser siempre visitado, comprendido y discutido. Estoy de acuerdo además con E. Trías en que no es posible convivir con la modernidad sin conocerlo. Y también considero que muchos de los que desconfían de él o lo atacan, están en el fondo sirviéndose de la teoría freudiana sin darse cuenta, y que sus aportaciones van más allá de su especialidad y pertenecen al dominio de las ideas.
Y frente a ese debate eterno de si el psicoanálisis puede o no considerarse una ciencia, me he acordado de una respuesta de Lacan en 1973 a Le Monde cuando le preguntan sobre eso: "Antes que Freud delimitara la idea del inconsciente toda palabra era tomada a pie juntillas. Desde entonces de lo que se trata es de recelar hasta de la noción de sujeto- etimológicamente, lo que está por debajo, nada más, - y cuya característica es no saber. (…) Usted dirá que no es muy científico. De eso se trata. En cierto modo siempre lo somos en exceso frente a una realidad que desmiente y desafía los sistemas. Así, Freud desconfía de la apariencia de filosofía que ofrece el verbo ser, que los chinos tienen la suerte de no encontrar por todas partes, como nos pasa a nosotros. En el fondo, lo que Freud quería esbozar es una nueva lógica. No una lógica que pusiera orden en el mundo, sino una que por fin tendría en cuenta su desorden, lo que el inconsciente tiene de inclasificable, de indecente, de azaroso, de irregular, de incompleto, de indecible, y que daría cuenta del impasse de la palabra misma."
Y ahí hay algo obviamente insoportable para Onfray. Jean-Luc Porquet no estuvo mal en Le Canard Enchainé tampoco. Y ahí deberíamos recuperar a Derrida con esa idea de que se capaz de desonstruir a los grandes maestros, no para cargárselo todo de ellos sino para ser capaz de recuperar y reelaborar lo que cada uno ha podido aportar. O mejor que eso, de nuevo a Lacan con su teorización de la lógica del todo y no-todo. (En eso ando últimamente… con la clínica de lo femenino (que no de las mujeres) gracias a la letra china, el zen y a un luminoso seminario de Rithée Cevasco. ) En cualquier caso, éstos no son buenos momentos para el psicoanalista, arrinconado por la tecnocracia cognitivista, el imperialismo farmacéutico y el negocio de la siempre light autoayuda, pero como dice BHL, el psicoanálisis que ya está acostumbrado, se repondrá, mientras que Michel Onfray, no es tan seguro.
Hoy empieza el Baff! me voy corriendo al cine...

11.12.09

la aventura obstinada

monks under the snow by Bjornjapan

Hace unos días tuve la suerte de poder leer el bellísimo artículo de Albert Galvany, publicado este año en la revista Dao: A Journal of Comparative Philosophy VIII.1 "Distorting the rule of seriousness: laughter, death and friendship in the Zhuangzi".. En él A. Galvany muestra como en la obra del Zhuangzi existe una la íntima relación entre el encuentro con la muerte, la risa y la amistad. La aceptación de la muerte, nos dice citando algunos bellos pasajes, es indispensable para una existencia plena, entendiendo esta aceptación no como resignación sino como el resultado de una actitud vital en la que la vida no puede ser algo predeterminado y fijo, sino un proceso en continua mutación. Y apunta de paso otro de su temas de investigación, el de la enfermedad, las deformaciones y desarreglos corporales (los seres aberrantes en el Zhuangzi, los llama) en los que la armonía entre yin y yang se ha roto, pero su espíritu (xin 心) permanece intacto y liberado ( 自解 zi jie) – descubrí, buscando en la red, el título de otra ponencia suya, sobre la que espero poder leer pronto! , Mutilación corporal y transformación moral: alteridad e identidad en el Zhuangzi. -. La aceptación de la muerte y la enfermedad aparece en esos micro-relatos ligada al establecimiento de estrechos y genuinos lazos de amistad. De entre todas las formas de vínculo social, la amistad es la única que se encuentra fuera de las obligaciones familiares, jerárquicas o administrativo-comerciales, y se sustenta sobre una base de radical reciprocidad. Galvany habla de ésta como de un "encuentro temporal", cuya lógica y compromiso excluyen las leyes del interés y el cálculo, y funcionan en cambio sobre la espontaneidad y el exceso. La irrupción de la risa es su culminación, funciona como corte, (imposible no acordarse del humor o el chiste en Freud) y como agente de fractura en lo que atañe a la identidad y el decoro. Quien, a falta de esa apertura de espíritu, no esté dispuesto al tipo de entrega radical y espontánea requeridas por la amistad y la risa, permanecerá preso de su ego y de una asfixiante necesidad auto-referencial. Como Zhuangzi, Galvany avanza radical y lúcido. Vemos también cómo la complicidad genuina y liberadora entre los verdaderos amigos promueve, al igual que la dimensión de la muerte, la abolición de todas las distinciones narcisistas, sociales y jerárquicas, y nos invita a entender las relaciones humanas desde una perspectiva nueva y subversiva. La risa en Zhuangzi, concluye, puede ser considerada como el elemento cristalizador de este compromiso constante e inquebrantable con una existencia más espontánea.
El surgimiento de pensadores como Albert Galvany en el terreno de la sinología me parece un oasis en estos tiempos de embrutecimiento y homogeneidad intelectual, una aventura audaz y necesaria. Pensaba en un ensayo-entrevista de Alain Badiou, Éloge de l’amour, que me llegó hace unos días como regalo desde París. En él, el amor también aparece como un acto a contracorriente pero real y factible, ("la convicción actual tan extendida, es la que de que cada uno sólo busca su propio interés. Entonces el amor es una contraprueba, es la confianza puesta en el azar") Para distinguirlo de la ilusión o experiencia imaginaria del amor fusional, en el que no cree, también habla de él como un encuentro entre diferentes, un encuentro azaroso y contingente à deux. Es además un acontecimiento que permanece opaco y que permite contemplar el mundo desde la diferencia y no desde la identidad. Para Badiou Lacan es uno de los más grandes teóricos del amor. Lacan nos recuerda que en la sexualidad, aunque el otro sirva con su cuerpo como mediador, el goce que experimentamos es siempre el de uno propio. El sexo no une sino separa ("En el sexo uno está al fin de cuentas en relación consigo mismo, con la mediación del otro, el otro sirve para descubrir lo real del goce") En el amor, al contrario, la mediación del otro es también su finalidad. Para Badiou se trata de la construcción de una verdad. Lo que le interesa además es la cuestión de la duración. No que el amor deba durar para siempre sino que el amor confronte a cada uno con una temporalidad nueva, una forma distinta de durar, el deseo de una duración desconocida. Es Badiou quien habla del amor como una aventura obstinada. Y cita a Rimbaud: l’amour est à reinventer, on le sait…

3.1.09

del error de buscarse dentro

unaji by Colodio

El “es” está fuera, no dentro. Dentro es falso. Quien mira adentro con el fin de encontrarse hallará el hueco. Engaños de los falsos místicos, los repetidores de fórmulas. Estamos donde nos proyectamos. Fuera. El error fue establecerse dentro.
O tal vez no fuese un error. Vine aquí con mi hueco. Vine montada en mi ausencia.


He seguido con los Diarios Indios de Chantal Maillard, a los que pertenece este fragmento, y que me gustan a ratos. Como para el psicoanalista, para Maillard el yo es una ilusión. Para encontrar algo de nosotros mismos hemos de buscarlo fuera. Los analistas utilizan la palabra, el lenguaje, la lectura de una escritura propia y algunos actos que comunican. En su viaje indio la escritora cree reconocer algo del ser en los gestos, las repeticiones y los pliegues. Una manera de plegarse, a eso lo llama persona. Pliegues que no pliegan ningún yo, sólo pliegan, como en el arte de envolver japonés, o el arte del kimono... Mis investigaciones sino-japoneso-lakhanianas me han llevado de regreso a ese libro extraño de Françoise Davoine con el que emprendí mi viaje. Ahí releo lo siguiente: Los hombres sufren y son heridos por lo que los ata unos a otros. La salida a este sufrimiento reside en este mismo lazo. Es muy simple. Basta hablar de lo que no se puede decir. El psicoanálisis sirve para eso. Este libro no habla tanto de la locura como de una manera o necesidad de comunicar lo incomunicable, y que reside en todos, no sólo en el loco. No se tiene que ser un loco para estar familiarizado con la locura, ni con el dolor de la imposibilidad de decir algo, con el sufrimiento indecible, con las fallas del lenguaje. La autora lo dice nada más empezar: no se trata de la locura o la psicosis, sino de la transferencia psicótica que designa un lazo con el analista, y no un diagnóstico. Ahí está precisamente lo que desvela el psicoanálisis: lo que buscamos no está en el ser y en sus falsas consistencias genéticas o identitarias, sino en los lazos, en los discursos y sus encrucijadas. El hombre que grita de dolor o que nos dice que sufre no elije la boca con la que lo dice. El concepto de transferencia apunta en esa eso: un saber necesario sobre nosotros mismos que sólo nos es revelado a través del otro. El analista ofrece no sólo su silencio y voz sino también su cuerpo para que operemos el desplazamiento y descubramos algo que lo que nos concierne en el otro. Pero también en la vida fuera del análisis ocurre constantemente. Vuelvo al libro de Davoine: hablar de lo que no se puede decir. En psicoanálisis una parte de eso que no se puede decir recibe el nombre de Real. Lo real es aquello que por mucho que experimentemos no llegamos a poder adiestrar poniéndole un nombre, una palabra, lo que se escapa a la simbolización (la experiencia de la muerte, de algunas pérdidas, algunos goces…) Muchos pensaron que Lacan era un pedante y un barroco con su distinción entre Real/Imaginario/Simbólico, otros en cambio reconocemos ahí su genio para la clínica. Lo dijo frente a todo un auditorio en Baltimore, pensaba que ser psicótico le permitiría ser mejor analista. El loco, invadido constantemente por lo Real, entiende mejor que muchos analistas la función de la letra, por eso en el libro el loco es el propio Wittgenstein: - Ustedes permanentemente dudan de lo que decimos. Ustedes creen que creemos en eso. Pero al loco le importa un comino (le fou, il s’en fout) sólo una cosa le importa: decir, testimoniar. El testimonio del loco no es su esencia, sino un envoltorio que envuelve un vacío (de sentido). Como Maillard, se presenta con su hueco, montado sobre una ausencia. El error es establecer la locura dentro, cuando sólo es posible cernir algo de ella allá fuera.

21.12.08

(des)occidentada

photo by Hatoya
Así como quien no quiere la cosa, he estado unos días en Dubai. Es una ciudad artificial, donde a excepción de un par de barrios de callejuelas sin demasiado interés ni historia, no se camina por la calle sino que se recorre en coche, lo que para mi es un horror. Quien piense que Pekín es una ciudad atravesada por autopistas se equivoca. Que vaya a Dubai. Trabajé, recorrí hoteles y centros comerciales y aluciné bastante. Encontré, sin embargo, varias cosas que me gustaron. Una de ellas sigue siendo la llamada al rezo, también presente en el resto de países árabes. Siempre me parece que esa voz, que es un canto, viene de otro lugar, con otra consistencia más poética e interior. Como ocurre en las películas o en los musicales cuando los pensamientos más íntimos de los personajes se hacen audibles, las voces que ellos escuchan pero los otros no, desde otra dimensión en la que el tiempo objetivo se detiene. Como si esas rupturas temporales pudieran hacer más vivible el resto del día. También me gustó el rastro,- únicamente visible aún por lo real de la geografía y algún detalle folklórico-, de esos pueblos del desierto, beduinos y nómadas, anteriores al descubrimiento del oro negro. Pescadores, recolectores de perlas, comerciantes y artesanos, criadores de halcones y músicos. Civilizaciones creadas con la conciencia de que cualquier cosa que construyeran podía quedar enterrada bajo la arena y desaparecer con el paso de los años. No es de extrañar entonces la espiritualidad latente, ¿qué otra cosa puede hacer uno cuando sólo cuenta consigo mismo, sino mirar al cielo estrellado que cubre mar y desierto? La otra cosa que me gustó fue la cortesía, que además de oriental, tal y como comprobé también sabe ser árabe, como la hospitalidad. Curiosamente me había llevado en la maleta algunos textos lakhaniano-japoneses, recogidos en aquel número del Campo Freudiano Lacan y la Cosa Japonesa que me pasó Mercè. Discusiones y ponencias que hacían referencia a dos textos de Lacan principalmente: Aviso al lector japonés, y el artículo Lituratierra. Ahí encuentro mucho de lo que me interesa: ese tipo de lengua sostiene un tipo de lazo social, en el sentido lacaniano de discurso, más refinado. Mientras todo el formalismo japonés (lenguajero y social) es leído desde aquí como algo engañoso y artificioso del que tendemos a desconfiar, Lacan nos recuerda en cambio que es esta ficción la que mejor sustenta la verdad: el que no todo se pueda decir siempre, el que muchas cosas sólo puedan decirse a medias, el que siempre aflore la pregunta de si ese gesto es sincero o una mentira, si la palabra que yo pronuncio puede dar cuenta de la representación que yo me hago en la realidad, todo ello es constitutivo de la más natural de las interlocuciones. La cortesía permite además que el sujeto se identifique con unas reglas escritas, unas formas establecidas, y no con unos rasgos específicos de su consistencia e identidad. Que pueda descansar un poco de tanto sí-mismo. El sujeto japonés, que para decir yo dispone numerosas formas y términos, dependiendo de a quién se dirija (el yo gramatical no es una entidad única, sino que depende del otro o tú al que se dirige) permanece más libre de ataduras, sin tener que estar dando cuenta constantemente de su supuesta robusta e indestructible consistencia existencial. Lacan habla de la variabilidad esencial de la verdad en la cortesía, que en vez de remitir a un único trazo unario (un trazo de personalidad, por ejemplo) que la defina, remite a un cielo constelado. Como en esos pueblos del desierto...
Y para aquellos que alegan que tanta formalidad (en la cortesía por ejemplo) impide la emergencia de la subjetividad, que no le permite a uno ser o saber quién es, un analista japonés explica que ellos entienden el formalismo ante todo como una manera de adaptación al mundo exterior en cualquiera de sus formas, comprender y formalizar las cosas extranjeras, en esto consiste el espíritu tradicional formalista de su cultura.
Esa referencia a las cosas extranjeras, me hizo pensar en algo que escuché el otro día: la verdad es extranjera para el ser humano, inmerso como se encuentra en el mundo del lenguaje, las identificaciones y los semblantes. En el análisis ocurre algo paralelo. Al analista no le interesan demasiado los contenidos y significados profundos de todo lo que decimos. Al menos su escucha flotante no es eso a lo que apunta, sino a leer algo de esa forma, a la que en psicoanálisis llamamos letra, que se deja leer sin por ello tener que estar reivindicando todo el tiempo, la consistencia de nuestro ser.
Hoy estuve algo densa, lo siento, fue parte de ese des(a)occidente inesperado

16.11.08

del apresuramiento

photo by Photo-hog

(perdonen, pero hoy sigo con lo que el Dr. Frikosal designa con la etiqueta de "Mis luchas")
La estupidez está (para mi) en esa gente que cree sistemáticamente que su tiempo es más valioso que el de los demás, y todo en su vida lo sitúan bajo ese signo de urgencia imaginaria, obsesiva y paranoide. Esa gente, estúpida, suele ser además maleducada y poco considerada con los otros (claro, no tienen tiempo). Perdieron la paciencia y con ella parte de sentido de realidad y restos de la cortesía que alguna vez le inculcaron, y que ahora consideran un lujo. La cortesía, insisto desde aquí, no es un lujo, sino más bien un derecho que valdría la pena preservar.
Dicho esto paso a hablar de otra urgencia, más china, psicoanalítica e interesante: “toda creación aparece en la urgencia, y toda urgencia tiene lugar en el desbordamiento de la palabra” (de Función y Campo de la Palabra) La Khan sitúa la emergencia del inconsciente en ese apresuramiento, que precipita por último la verdad de todo sujeto. Lo interesante además es que, como nos explicaba Mercè, la de Lacan no es una verdad que emerja de uno solo, sino de la relación del uno con los otros. De ahí la noción de campo inter-subjetivo. También en el seminario sobre los 4 discursos tuve otra pequeña revelación precipitada, esta semana: el saber, que en un principio se sitúa como meta en el inicio de un análisis (uno busca un saber sobre sí mismo y su sufrimiento, sobre lo que le pasa), cambia a lo largo de éste, no sólo de lugar (ya no estará en el lugar de la producción, o de agente) sino también de estatuto: en la fórmula del discurso del analista el saber ya no es algo que debamos producir, ni un objeto de consumo, o de intercambio, sino una verdad que se dice o se sabe a medias, velada para el sujeto, y que se le escapa continuamente. El saber debe producir cambios y tener efectos en la vida de uno, pero no se trata de acumularlo ni utilizarlo para despejar todo enigma de nuestro día a día.
A raíz de mi post anterior me enteré, en el reverso, de la posible traducción de Billeter al castellano, y escribiendo ahora sobre este saber-otro me he acordado de esos títulos maravillosos de los libros de Li Zhi que contaba Billeter, de los que ya hablé aquí: Libro para quemar y Libro para esconder, que me parecen evocar este lugar deslizante y efímero, activador en cualquier caso, y tan poco definitivo del saber. La revolución, como la procesión, también puede ir por dentro.

1.11.08

trazar una forma

shodo by Catching flies
Trazar una forma supone desde el pensamiento freudiano una proeza para el ser humano. Todo grafismo evoca en nosotros la pérdida primera de la representación del cuerpo, que perdemos en el momento de la represión (esto no es mío, sino de Gerard Pommier, vaquero ilustre del psicoanálisis). Escribir, dibujar, especialmente en chino y a través de su caligrafía supone, según Lanselle, renovar infatigablemente la dramaturgia inconsciente de esta tachadura y su puesta en presencia de nuevo. En China y en Japón existe un goce de la escritura, como experiencia de lo real y más allá de cualquier simbólico, desconocido para nosotros, -algo de esa puesta en presencia, en escena, en juego o en cuerpo.
Esta semana empezamos el espacio de El color del Viento con Mercè, en el que me leyó un capítulo de la biografía de Lacan de E. Roudinesco, donde la autora alude a un goce diferente que éste pudo vislumbrar entre el vacío mediador chino y la cosa japonesa, y que pudo identificar como propio. Mercè es rápida, generosa, brillante, y yo he dejado de sentirme tan sola en esta búsqueda algo ciega. Luego tuve un sueño. Desde hace muchos años, mis sueños además de transmitir material inconsciente, suelen comentar con ironía mis preocupaciones o deseos, burlándose de mi. O al menos yo me he acostumbrado a leerlos así. El miércoles, y no exenta de cierta burla hacia mis obsesiones chino-lakhaniano, me encontré con el propio Jacques Lacan mientras dormía. Yo le preguntaba entonces por ese goce japonés que él había descubierto, relacionado con el trazo, la letra y el saber y sobre el que escribió y habló en 1971. Él no me contestaba, por supuesto, pero yo me había autorizado para hacerlo y su lugar en el sueño era parecido al mío ahora, marginal y algo excéntrico y seguramente eso también me alivió.

* el goce es un concepto psicoanalítico que apunta al más allá del principio de placer descubierto por Freud, la pulsión de muerte. Lacan utiliza el término goce para dar cuenta de las relaciones del sujeto con la satisfacción. Esas modalidades de goce particulares a cada uno son las que quedan desveladas en un análisis y sobre las que se trabaja con el fin de que el sujeto pueda desprenderse de las que lo torturan y le impiden hacer algo con su deseo.

14.9.08

quien responde

de la serie The Visitors de Charlotte Cory
Hay quienes hacen cosas, producen, hablan y actúan, muchas veces incluso trabajan, exclusivamente para que los de alrededor les concedan un lugar, una mesa, un sitio donde aposentarse y poder ser. Otros en cambio hacen cosas, producen, hablan, actúan, y quienes son muy afortunados consiguen incluso trabajar profesionalmente, por una razón que desconocen a medias pero que les consume, les apremia, no pueden sino hacer eso, por poco conveniente o práctico que les resulte a veces. El lugar que ocupan es otro, yo digo que es marginal, y por eso su visión de la realidad es distinta, la miran desde un margen, en órbita, desde dentro y desde fuera. Ahí están los inmortales exiliados, los poetas chinos, por ejemplo. La marginalidad no significa estar sin blanca o falta de reconocimiento o éxito; muchos de ellos viven o vivieron en la cresta de la ola y siguen siendo marginales.
Lacan, que era uno de ellos, reprochaba a su auditorio del año 56 que creyese tanto en la gramática. Su paso por la escuela se resume aproximadamente en haberles hecho creer en la gramática, dice, y usa la lengua china para mostrar un uso más laxo y real de los significantes y la gramática. Se refiere a lenguas en las que una palabra no es casi nada en abstracto, y cuyo sentido y función son en cambio definidas por su lugar, por la puntuación utilizada, y sobre todo por su encuentro con otras palabras. En ese momento está intentando demostrar que al hablarle a otro, y decirle tú… ese tú no tiene un sentido, consistencia o peso unívoco. Y que si pudiéramos escribir de modo fonético nos percataríamos de las diferencias de tonalidad y acento de cada tú. Dependiendo de la plenitud que le demos al tú… nuestro yo recibirá una u otra cosa. Ese “tú eres eso”, cuando lo recibo, me hace en la palabra otro que lo que soy (Lacan en el seminario 3)
Para tener una relación auténtica con el otro, para que el otro sea reconocido como tal ha de haber primero una identificación con el otro como semejante, una cierta relación especular. Sin embargo, y para no quedarnos en ese estadio de confusión ha de haber un lugar Otro, un yo tercero (que no es el yo-yo, ni el yo-en-ti) en el que precisamente reside lo que no conozco de mi mismo. Así, cuando tú te me pones delante, yo no sé del todo quién soy, ni quién eres, ni siquiera a dónde me llevará todo esto, pero la situación me permite ser y seguirte (en francés Lacan juega con je suis, tu es celui que je suis, eres el que yo/el que sigo).
Pero volviendo a mi idea de marginalidad, no sé por qué la relacionaba con los planetas. Tal vez por eso que dice el doctor Frikosal sobre el significado original de la palabra planeta, o por esa manera iluminada y creativa que tiene él de mirar el mundo y las cosas. Lacan habla también del movimiento de los planetas frente a la quietud de las estrellas, cuando introduce en su seminario 2 al gran Otro. Los planetas no hablan, dice, primero porque no tienen nada que decir, segundo porque no tienen tiempo, tercero porque se los ha hecho callar. Fue Newton con su teoría del campo unificado y la ley de gravitación la que les cerró el pico. Con esa nueva explicación, la realidad temporal y espacial quedó reducida a un lenguaje bien hecho, a una sintaxis. Creo que perciben aquí la oposición existente entre palabra y lenguaje (Lacan dixit)
Lo que tiene el tú, en cambio, es que responde, tiene boca. Permanentemente tendemos a razonar sobre los hombres como si se tratara de lunas, calculando sus masas, su gravitación. No es ésta una ilusión exclusiva de los eruditos: es especialmente tentadora para los políticos.
En su Mirall Negre, Manel Ollé colgó este verano un precioso texto poético en el que se describe la imagen de un hombre mirando las nubes en cuatro momentos de tu vida. Al final, ése sujeto que es ahora ya no mira las nubes sino que al mirarlas lo que hace es releer como los otros tres que fue las miraban. No ha habido únicamente tiempo, el viento los ha trabajado, “pots reconèixer-te en la contorsió flexible de l’olivera”
Es cierto, no hay sólo tiempo y espacio, nos trabaja el viento, el roce con las cosas y con los otros que, como nosotros, pueden siempre responder.

27.8.08

el camino del hombre libre


well beaten path in by ippei+janine
Mientras nos tostábamos plácidamente al sol en un embarcadero turquesa ibicenco, Bel nos leía en voz alta algunos fragmentos de la estupenda entrevista aparecida en el dominical de el País a George Steiner. Decía cosas preciosas sobre las lenguas, y sus reflexiones giraban alrededor de asuntos diversos, llenas de humor, optimismo, curiosidad. Además aparecían un par de imágenes de su luminosa casa en Cambridge, llena de libros, con un pequeño jardín. Me gustó cómo comparaba la traducción simultánea con el orgasmo, haciendo referencia a la no-coincidencia o desfase temporal, entre sexos y significados. Yo pensaba en lo que dice Lacan:en el ser hablante no existe cópula ni relación sexual satisfactoria, en el sentido de coincidente, y ese mismo desfase aparece al traducir no únicamente de una lengua a otra, sino también cuando intentamos traducir con palabras nuestro pensamiento. A mí me gusta sostenerme y habitar varias lenguas, viajar de una a otra, sin lograr controlarlo todo de modo completo, sabiendo que entre yo y los otros existen esos pequeños abismos. Citó a Heidegger para hablar de la importancia de que sigan habiendo preguntas y no sólo respuestas. También me pareció ingenioso y oportuno cuando al ser preguntado sobre el tema vasco, respondió preguntándose a su vez si la dificultad para aceptar la realidad exterior de ese pueblo puede tener algo que ver con la singularidad y la rareza de su lengua. Llevándolo al tema chino, estoy totalmente de acuerdo con la tesis de J.F.Billeter cuando intenta desarmar la idea o mito del mundo chino como reverso del nuestro, encarnación de la alteridad por antonomasia, situado a nuestras antípodas. Billeter sostiene que tales discursos forman parte de un fenómeno ideológico: el verdadero secreto de tal construcción, política ante todo, radica en la instrumentalización de la lengua y la cultura por parte del poder durante las primeras dinastías del imperio chino, hasta hacer que éstas se confundieran y sirvieran de base del nuevo orden dinástico. Con el fin de hacer olvidar la violencia y la arbitrariedad con las que éste había surgido, éste debía parecer conforme al orden natural de las cosas, y uno de los elementos fundamentales que hicieron que esto fuera posible fue la escritura y el uso que se hizo de ella. Efectivamente una de las características de la escritura ideográfica es que, en un origen, los signos daban cuenta de las cosas del mundo, o al menos producían esa ilusión. China no necesitó desarrollar un sistema o aparato religioso demasiado complejo, puesto que la escritura suplía una parte importante de esa función: los ideogramas no traducían la palabra del ser humano, sino que hacía visibles las variaciones invisibles del mundo (como dice Lanselle) la vía del cielo. La escritura, siendo un conjunto de signos que representan las cosas sin mediación de la voz o de la letra, se encuentra entonces impregnada de un poder explicativo de los enigmas del universo: primero fue utilizada para fines adivinatorios, y de ahí pasó a ser un instrumento oficial, administrativo, ritual, analítico, incluso literario, pero durante siglos, desligado de la palabra. Los intelectuales chinos, como esos poetas de los que hablo a veces, no eran escritores que trabajaban plácidamente en la paz de su despacho, caligrafiando y bebiendo té. Su discurso tenía que evadir la censura, llevárselas con el amo y los inconvenientes de la vida funcionarial, las cosas rara vez podían decirse directamente. No es extraño que fuese Billeter el autor de un libro publicado a finales de los setenta y que me encantaría encontrar, sobre la vida de un escritor y pensador del siglo XVI, Li Zhi, el cual obsesionado con esa idea de libertad, rompió de manera radical con el mundo oficial y confucionista de los mandarines para poder escribir y decir lo que pensaba. Un vez pudo retirarse de sus cargos públicos a sus 54 años, en vez de regresar a su pueblo natal, optó por la vida errante, no dudando en entrar a formar parte de un monasterio budista, no por vocación espiritual, sino para que lo dejaran en paz. Los títulos de dos de sus libros, Libro para quemar, y Libro para esconder, donde se expresa libremente, y que fueron prohibidos durante un tiempo, resultan bastante ilustrativos. Billeter incluye en aquel libro contra F. Jullien, en un capítulo, algún fragmento del Relato emotivo sobre mi Vida, en el que el propio Li Zhi narra la siguiente anécdota: al llegar a una nueva prefectura, evita a toda costa presentarse ante la autoridad local, pero acaba recibiendo de éste una invitación, a la que se ve obligado a responder. Al final de la nota que le escribe en contestación no sabe cómo firmar. Escribir “vuestro colega” le parece pretencioso, pero “vuestro súbdito” implica demasiada sumisión, así que resuelve firmar con un “el extranjero que se ha parado en este lugar”. Cree encontrar con esta fórmula un equilibrio adecuado entre lo que se puede y no decir, que salvaguarde su tan preciada libertad.

17.7.08

efecto sujeto o del eclipse del saber

lilltle geisha dance, photo by Okinawa Soba
Hace unos meses traduje un artículo para un libro que ya ha sido publicado, en el que el autor, como otros muchos analistas, se preguntaba qué había sido del sujeto. El sujeto al que se refiere es distinto del individuo tal y como lo percibimos y designamos ordinariamente y hace referencia, con más precisión, al sujeto del deseo que Freud descubrió en el inconsciente. El sujeto del psicoanálisis no está lejos del de cierta poesía, y del que yo creo vislumbrar a menudo en el encadenamiento de la escritura china. Es un sujeto con el que todos tenemos que vérnosla diariamente, a veces a través de un sentimiento de extrañeza, otras de cierto reconocimiento, Freud lo encontró a través de los sueños, los equívocos, lapsus, chistes, del lenguaje. Tiene que ver con lo no sabido, con lo que se pierde, se escapa, con lo que resiste, con lo que se dice sin saber que se dice, lo que se desea sin saber que se desea, es un sujeto que ex-siste fuera de lo que cada uno sabe, dividido, y que aparece como efecto del lenguaje. No obstante y, como dice Lacan, de nuestra posición de sujetos somos siempre responsables, y de este deseo, capturado en el deseo del Otro, tendremos que acabar respondiendo. Creo que es en Sócrates donde Freud descubre que hay un sujeto en eclipse del saber. Si Sócrates no descubre el inconsciente es, según Lacan, porque aún no existía el sujeto de la ciencia, que apareció con el cogito de Descartes. Se inspiró luego en Koyré para subrayar con él que en la base de las revoluciones científicas hay siempre una revolución espiritual y que la ciencia necesita de una metafísica que le permita explicar el encuentro con lo Real, con lo imposible de explicar o resolver. Por eso para Lacan el sujeto del psicoanálisis es el sujeto de la ciencia, por muy chocante que suene ahora. Yo no provengo de la ciencia sino de la poética, pero entiendo que ambas perspectivas nos permiten afrontar la dimensión de imposibilidad, que puede parecer tener diez mil cabezas, pero que siempre es la misma. En otro de los artículos, Bernard Brémond pone en paralelo la pasión por la lengua en Joyce, Rimbaud y Lacan. Su tesis es que Joyce consigue aquello en lo que Rimbaud fracasa. Joyce no busca lo verdadero, a diferencia de Rimbaud. Como Picasso, él no buscaba, sino que encontraba, y eso le daba mucha envidia a Lacan, que llegó a decir que como psicótico sería mejor analista. Lacan hablaba de la relación con la lengua. En Rimbaud se conjugaba el amor por la lengua con su pasión por la verdad (anhelaba encontrar por la poesía el acceso a lo verdadero, y esa imposibilidad lo atormentaba). Joyce con Lacan conjugaban el amor por la lengua con la pasión por la letra y el significante. Éste último decía que sus “Escritos” no los había escrito para que la gente los entendiera sino para que los leyeran. Que no era la misma cosa. Constata, dice, que aunque no los entiendan, algún efecto tienen en la gente. En el trabajo de análisis existe también algo que se transmite más allá de lo que se puede llegar a decir o escribir, y que tiene, sin embargo, su efecto o efectos. Creo que me puse a pensar en todo esto a raíz de toda la discusión actual sobre la china olímpica y el último artículo de Rafael Poch acerca de los deseos de boicot y demás malentendidos, pero creo que en algún momento perdí el hilo…

29.6.08

echar de menos

a road to the sea in Sado Island by tetsumaru
A veces me ocurre echar de menos lugares en los que no he vivido o en los que incluso no he estado, o si lo he hecho, ha sido fugazmente. Otras echo de menos lugares en los que sí he vivido, pero lo que echo en falta no es el lugar en sí, o toda mi experiencia o mi vivencia allá, sino algo que desde ellos se inscribió en mi historia, dejando una marca, completando una parte de un relato. Me ocurre también echar de menos vidas que no he tenido, cosas que no han pasado. Siempre pienso que es algo común y que le pasa a todo el mundo, pero ahora que lo pienso, no tengo ni idea.
Mi nostalgia, como digo, está muy relacionada por lugares, paisajes y ciudades. Lacan habla del mito individual del neurótico para dar cuenta de esa necesidad que tiene cada sujeto de dar una forma discursiva a un tipo de verdad que no puede ser transmitida directamente como verdad objetiva, como palabra que se identifica o se funda a sí misma como verdad. La relación del sujeto con el mundo y los demás, su realidad intersubjetiva, no podrá por lo tanto ser transmitida a través de una palabra que defina la verdad, sino que necesitará de esas construcciones histórico-míticas que apuntan en todo momento a su propia biografía. Por eso la importancia de algunos objetos, palabras, lugares, personajes y escenarios, a través de los cuales y de nuestro regreso casi constante a ellos, somos capaces de encontrarnos a nosotros mismos una y otra vez, y seguir deviniendo…
Hace unos días se inauguró en el Palais de Chaillot de París una exposición organizada en colaboración con nuestro moderno cccb sobre la ciudad china. El proyecto, propuesto por uno de los comisarios, el periodista Frédéric Edelmann parece haber sido inspirado por una frase de una novela de Peter Handke, El chino del dolor: “cierra los ojos y el negro de los caracteres hará aparecer las luce de la ciudad” En todo caso escuché el otro día en la radio que sí se ha tenido en cuenta la relación entre la escritura china y sus peculiaridades urbanísticas.
Aunque mañana estemos de celebración con la presentación del libro de Bel y el bello azufaifo , es cierto que sin parar nos llueven las malas noticias de demolición y embrutecimiento de esta ciudad. Ayer en un paseo por los alrededores del parque de la ciudadela y el zoo pasamos cerca de unas callejuelas magníficas protegidas por preciosos árboles que pronto desaparecerán. Mi naturaleza no me permite ser tan pesimista como debiera, pero está claro que algo hay que hacer y decir sobre todo esto. Edelmann invita al visitante a ver más para entender mejor una China que esperamos que, a su vez, aceptará que se la mire y se la interrogue por lo que es. Aquí nadie parece interrogarse! ES cierto que ciudades como Pekín, Shanghai, Xian o Chengdu han perecido cientos de veces bajo los ataques más o menos bárbaros de nuevos gobiernos, catástrofes y el tiempo. También es cierto que su arquitectura efímera y flexible acelera su desaparición constante.

23.6.08

de los intermediarios

Photo by Okinawa Soba
Últimamente me vienen molestando todos esos intermediarios que surgen con regularidad. No me refiero a los profesionales, los que por su trabajo, -unas veces plenamente justificado, muy útil y merecedor de todos mis respetos y admiración, otras pura estafa carroñera- hacen de mediadores o expertos, ofreciéndonos acceso a alguna vía especializada, ahorrándonos una tarea y mucho tiempo. Sino a todas esas personas a las que acabamos otorgando un poder de palabra o decisión en nuestras vidas, esas personas en las que nos empeñamos en depositar un saber, criterio, o verdad que en el fondo debería ser nuestro. Al final uno acaba viviendo la propia vida, pendiente de lo que los demás opinan que es correcto, deseable, lo que uno debería hacer, dejar de hacer, temer o incluso aceptar… y el otro se convierte, más que en un interlocutor, en un intermediario plomazo entre uno mismo y su deseo o vida. No hay que culpar al pobre monigote en el que hemos convertido al otro, que además cae en la trampa una y otra vez, repitiendo un guión de miedos, prejuicios, sermones y inhibiciones que suelen ser más responsabilidad nuestra que suya. Por supuesto, ya lo ibais sospechando, que el trabajo del análisis tiene mucho que ver con ir desenmascarando a ese Otro desde el cual deseamos, hablamos, decidimos constantemente. Pero no voy a insistir hoy en ello. Por fin este fin de semana acabaron todas las clases, exámenes, compromisos del curso y empieza oficialmente el verano, con otro ritmo, mucho más tiempo, encuentros y posibilidades de pensar proyectos. Me alegro de que a estas alturas del camino, haber ido deshaciéndome de algunos de esos molestos intermediarios, algunos más interiores que otros. Retomando esta tarde la lectura de Porge, me gustó mucho cómo se refiere a la distinción que hace Lacan entre el saber y la verdad, para quien son dos nociones irreconciliables. La dialéctica entre saber y verdad desplazaría, dice Porge, la tradicional oposición entre teoría y práctica, y superaría la engañosa división entre lo individual y lo colectivo. El objeto-a, objeto causa del deseo, tendría mucho que ver, ya que para Lacan, el deseo es siempre el deseo del Otro (desear lo que desea el Otro, y desear que el Otro desee) El saber, digo yo ahora, estará del lado del otro, pero la verdad sólo podemos encontrarla en el nuestro.

17.5.08

del desbordamiento


dibujo de Rosa Rial, diseñadora de erva
Curiosamente la película en la que pensaba más estos días, de entre las vistas en la última edición del Baff, era la del japonés Nobuhiro Yamashita. No porque fuera la que más me gustó, (aunque es cierto que la disfruté bastante) ni porque fuera la mejor. En ella aparecía una niña, que en plena entrada en la adolescencia se encontraba a veces desbordada por algo de ella misma, algo que no era capaz de contener de la misma forma que lo había hecho hasta ahora, mostrando mucho más de lo que deseaba que se viera de ella. No se trataba de nada enorme ni de ningún secreto inconfesable, y eso era lo realmente bonito. El desbordamiento era en ocasiones sólo perceptible para una mirada atenta y relajada, esa mirada que suele requerir lo japonés y la belleza insípida de la estética china.
En la mesa bloggera de esta semana decidí explicar un poco cómo había surgido este espacio-petit-a, y explicar lo que significaba para mí, y como por fin en este no-lugar yo he encontrado un sitio donde me siento cómoda y acogida. Tenía preparados para leer dos post, de hacía justamente un año, uno que hacía alusión a lo literario y a la escritura (el evento estaba organizado por la asociación de escritores), que acabé no leyendo por miedo a alargarme, y otro que elegí sin pensarlo demasiado, porque me parecía daba cuenta de esa obsesión mía por el no-lugar, y mostraba algo que unía naturalmente lo psicoanalítico y lo chino. No sé si es que mi repetición insistente (no soy escritora, no soy analista, no soy sinóloga) resultó demasiado sospechosa o escandalizó a alguien, pero luego casi todos intentaron reconfortarme o animarme. Otro blogger que me gusta mucho, Iluminaciones, me preguntaba al reverso, después de otra discusión alrededor de mi no-profesión, por qué había dejado el teatro. Prometo seguir analizando mis síntomas (a todos nos gustó mucho la intervención de aquel analista que mostró el blog como lugar del síntoma) en el diván, pero me apetecía decir algo más al respecto. Lo que me atrae del lugar del analista y de su deseo, lo que Lakhan conceptualizó como su discurso, que es para mí casi idéntico al del sabio chino, es que al contrario de lo que siempre me ha ocurrido en las otras áreas laborales que he tocado (y he tocado muchas!), este es el único lugar donde no me siento obligada a ocupar el lugar de amo, ni decirle a los demás lo que deben hacer. Lo que hasta ahora había sido un defecto en mi personalidad, un déficit (=necesitar saber y comprender, estar continuamente formándome sin instalarme, sin dar nada por definitivo pero sin tener que decir al otro lo que sé) me parece ahora que hay un lugar donde es bienvenido. En el teatro o la danza no era así, me apasionaba todo lo que requería del desciframiento de la escritura y los personajes, la dramaturgia y comprensión de la escena que desvelaba la verdad singular que cada ficción oculta, pero no me acababa de sentir cómoda en el rol del director, ni del intérprete, ni siquiera de testimonio escribiente. Qué decir del mundo de la empresa o el universitario. No soy sinóloga ni analista, pero es evidente que mis aspiraciones apuntan a eso, por eso hablé del autorizarme. Mi no-lugar de ahora no es un lugar de renuncia, ni de exclusión, no creo estar usándolo para auto-compadecerme, es un lugar de paso y de deseo, donde me gusta estar y por supuesto compartir.

28.3.08

cierta distancia

photo by minicloud
Hace unos días una periodista de la vanguardia me entrevistó para una artículo que trataba sobre personas que habían ido a trabajar a lugares lejanos y exóticos. Durante la conversación que mantuvimos por teléfono, y después de una animada conversación sobre china, sus vicisitudes y retos, me preguntó por cómo creía yo que las empresas de aquí valoraban mi iniciativa y experiencia. En ese momento me quedé en silencio, y ya no pude continuar… "No te puedo decir, es que yo – es lo único que pude balbucear- ya no creo en la empresa". No me refería a ninguna empresa en concreto de mi historia personal, sino al concepto mismo de empresa. A la pobre periodista le costó saber cómo seguir, pero lo hizo. Me acordé luego de un pasaje de aquel librito de Corinne Maier que me pasó Mercè: "la empresa no sabe ya, como le ocurre a otros colectivos, cómo mantenerse unida, así que se encarga en crear artificialmente la idea de una gran familia, y no para de inventarse signos con los cuales los trabajadores han de identificarse. Ya se cansará. El día en que no le quede más objetivo que el de producir emblemas identificativos para sus trabajadores, la empresa se verá inevitablemente condenada a desaparecer." Me encantó. Unos días mas tarde releía aquel proverbio chino: Mirar el cielo en el reflejo al fondo de un pozo, y afirmar que el cielo es estrecho.

Al final de este seminario XVIII tan chino, Lakhan habla de su viaje a Japón, del librito de Roland Barthes sobre la cultura japonesa, que me descubrió Bel y de las marioneras japonesas del Bunraku, que vi por primera vez en el Théatre de la Ville, que me fascinan y de las que he hablado aquí en otras ocasiones; esas coincidencias me hace más que feliz!.La multitud de códigos del bunraku y en general de la cortesía y ceremonial japones le sirven a Lacan para seguir desplegando cosas sobre el semblante, esa pequeña ficción o artificio que recubre todo nuestro discurso permitiéndole acoger lo que no puede ser dicho más que de esta manera, velada, recubierta, dicha a medias: la verdad. El espectador del bunraku ve en todo momento el mecanismo, y al actor que lo ejecuta, “Japón es el lugar donde es más natural mantenerse en el acto de interpretar” (Lacan dixit) no de hacer interpretaciones… Barthes habla del teatro de Brecth, y de la distancia necesaria, la división o deconstrucción que hacen que tengamos que estar leyendo lo que pasa. Y eso, pensaba yo, es lo que le falta a presuntuoso y pesado mundo de la empresa. Las cosas, no son lo que parecen ni funcionan como nos dicen. En el análisis esa distancia es esencial, pero también en la vida misma. Estos días me acordaba del carácter chino que significa vida y destino: ming
命compuesto seguramente por ling 令, que significa causar, provocar y una boca, kou 口 Como si para que la vida, pueda leerse como destino, debiésemos incluir una boca que diga, y que por lo tanto tome una distancia, interprete, lea, hable y relate, como en el bunraku, nuestra propia ópera o relato vital

12.3.08

to dance ( on Moebius Strip)

from Moebius Strip by Gilles Jobin, photo by Dorothee Thebert
Echo de menos la danza, echo de menos una relación con el espacio, el cuerpo y a veces con el tiempo (aunque para eso, para otras dimensiones del tiempo, suele servirme mejor el cine, la música, o cierta literatura…) Como en un sueño, en que la distancia más corta entre dos puntos no es la línea recta, ni la directa, y muchas veces hay que dar un salto, hacerse invisible, poder acercarse de otro modo…Ante mis reiteradas críticas a bailarines o compañías que ya me parecen obsoletas, Cacho de Pan me pregunta quién me gusta ahora… (antes eran muchos, muchos, pero hoy apenas quedan). Pienso en el trabajo de gente como Alain Platel, que trabaja con bailarines, cantantes de ópera y músicos, gente de circo, niños, sin necesidad de apuntar con el dedo para hacer diferencias, pero encontrando para cada uno su lugar en escena… (pinchen aquí para ver su Aerial silk bailando Mozart, a mí me sigue gustando Platel, su Lets op Bach fue una revelación) en la belleza de algunas colaboraciones con músicos contemporáneos o artistas plásticos, y me he acordado de este espectáculo de Gilles Jobin, que no pude ver en directo. Lacan acudió a la topología para poder explicar el funcionamiento y el lenguaje del inconsciente. Sueños, lapsus, síntomas, asociaciones, conceptos esenciales como el de sujeto articulados a través de una geometría no-euclidiana, imprescindible ya para muchos a la hora de seguir trabajando en la teoría y la clínica analítica, que luego siguió con la teoría de nudos. Hablamos ya aquí de arquitectura y la banda de Moebius. Es curioso porque Gilles Jobin no menciona la topología, pero al presentar su pieza confiesa no atenerse a lo que se espera de la danza, esto es, cierta idea de progreso, de verticalidad, de mantenerse en pie, de explicar historias... Esta renuncia le permitirá investigar en la horizontalidad, y otra manera de estar, a veces más detenida, menos espectacular, en el escenario. Este renunciar a mantenerse de pie me recordaba la reflexión de un sinólogo analista acerca del problema que tiene China al ver en el sujeto dividido, un efecto de la modernidad, y contraponiéndolo al ideal tradicional del sabio, carente de tal división subjetiva. Por eso, Rainier Lanselle dice preferir hablar de modernismo chino en vez de modernidad china. Algo así me pasa con la danza cuando peca de modernista, pienso que ésta no puede seguir obviando la “invención” del sujeto moderno, ni de su realidad corporal, espacial, temporal...
Aquí un fragmento del Moebius Strip de Gilles Jobin, -es un fragmento un poco extraño pero hay otros disponibles en internet, en su página y youtube.

9.3.08

ser o no ser

foto tomada en Palais Royal, posterde espctáculo del Théâtre de la Ville
Incluso en tiempos tan inciertos como estos se le puede acabar perdiendo el miedo casi todo. Después de años de evitar enfrentarme con el dichoso esquema del grafo del deseo, me he arremangado y he empezado, tan tranquila, el seminario 5, Las formaciones del inconsciente. Con él Lacan intenta articular lo que pasa cuando nos comunicamos, la relación del significante, él la llama la cadena significante, con nuestro deseo. Si el psicoanálisis se preocupa tanto por el lenguaje no es por capricho, sino porque el descubrimiento freudiano se basa en el hecho de que el inconsciente está estructurado como lenguaje, y sus leyes son las mismas -en ese aspecto, la lengua china es ejemplar, ya lo he dicho muchas veces. Ya saben de qué hablo, nuestro discurso dice mucho más de lo que decimos, metafórica, metonímicamente también, y se basa en una verdad que es distinta a la realidad, la verdad del sujeto. El deseo del sujeto no surge de la nada, sino de su encuentro con el deseo del Otro, y al pasar por la palabra dirigida al Otro queda atrapado en esa cadena, transformándose, añadiendo nuevos significantes y significados, regresando al inconsciente, reapareciendo por sorpresa en sueños, lapsus, actos fallidos… y más palabras. ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor, de sexo, de trabajo, de literatura, de dinero, o de tantas otras cosas?… hablamos porque aunque no sea de eso de lo que queremos hablar, no hay otro camino. Hablamos con palabras y con el cuerpo, con significantes que nos salen por las orejas y por los dedos. El objeto de nuestro deseo también es un objeto metafórico y metonímico que no podemos nunca acabar de nombrar o atrapar, pero no hay otro camino, más que intentar nombrarlo y darnos cuenta de que se nos ha vuelto a escapar. En París pasé por una de mis librerías favoritas, en un librito chino que compré encontré este proverbio, 天无绝人之路: no son las leyes del cielo las que obstruyen el camino de los hombres. Me gustó esa idea nada new-age de que esa gran realidad de las cosas no es la realidad de las personas, la realidad de la gente tiene más que ver con esa verdad diferente, única, pequeña y movible, tan difícil de atrapar. El día antes de vernirme, pasé por otra librería que me encanta donde descubrí el trabajo de Edward Gorey, ilustrador americano, y me encontré en los jardines de las Tullerías con la araña gigante de Louise Bourgois, y me acordé de esa realidad inatrapable. Ayer por la noche vi Stromboli de Rosellini. Los amigos me decían que sería un poco coñazo, pero he de reconocer que me fascinó la historia, la Bergman, la isla, la luz, y ese volcán amenazando constantemente con entrar en erupción. Catherine Millot hablaba de esta historia y de las vicisitudes del rodaje en aquel librito que leí hace poco para referirse al dilema irresoluble femenino, ser o no ser el falo del otro masculino, quedar atrapada en su fantasma de objeto, encontrar su satisfacción a través de la maternidad o de sus identificaciones fálicas… Rosellini pone en escena su fantasma, ella lo juega, lo actúa, y lo bonito es que al final queda, como debe ser, irresoluto...

13.2.08

un pájaro volando, 不

photo by Oliveryck
Mi resaca no-fálica de esta semana llena de exceso de dudas, faltas, semana demasiado no-toda, sujeto multi-dividido, multibarrado, me hizo pensar en otro caracter chino que me gusta mucho. Es el carácter que sirve para decir “no”, no es, no quiero, no es esto, no puedo….se pronuncia bú y se escribe así 不 y proviene del dibujo de un pájaro que ha salido volando… que se esfumó desplegando sus alas. Hay otro carácter, muy antiguo, wu, 无 que se sigue utilizando mucho, su etimología, su pictograma proviene del dibujo de un bailarín adornado No sé cuál es la relación entre el bailarín y el “no”, tal vez ese espacio vació que queda en el centro de la danza, como el espacio vacío una vez el pájaro ha volado, (curiosamente para decir “no hay” se utiliza un tercer signo de negación, que es mei 没, y proviene del dibujo de una mano que se sumerge en el agua para atrapar algo que ha desaparecido)
Como soy un bebé analfabeto en teoría psicoanalítica, los conceptos más que manejarlos con soltura, los balbuceo, y se me escapan al bailarlos, salen volando. Del falo apenas sé mucho más que su brillo. Pero como leo a Lacan, porque quiero y porque tengo derecho, pues me lo encuentro aquí y allá, el dichoso concepto, y al final, quiera que no, es cierto que acaba ordenando todo el resto. Leer el seminario 18 es como leer chino, comprendo cosas sueltas y apenas las logro hilvanar, me siento feliz. En él habla del yin 阴y del yang,阳 de esos dos conceptos femenino y masculino que parecen explicar una relación de polaridad como modelo dinamizador del universo, para decir que esa explicación de la realidad es insuficiente. Y es que nunca me cansaré de señalar cómo Lacan entendió, mucho mejor que los descubridores de oriente, lo chino. Lacan explica ahí que la novedad que aporta el discurso analítico es precisamente una nueva certeza (muy china): “es imposible –“intenable” dice él en francés- quedarse, contentarse con esa dualidad como explicación de lo que tiene lugar bajo el cielo, esta dualidad es ciertamente insuficiente. La relación sexual es imposible, la completud es imposible, y lo que viene a marcar esa imposibilidad es el falo, ese agujero, significante de lo que nos falta a todos, y nos falta siempre, ese pájaro que se está yendo, siempre, volando… el falo es lo que hace obstáculo a esta relación que nunca será completa, ni complementaria, ni totalmente satisfactoria. Los chinos lo sabían desde tiempos remotos, y nunca pensaron que el yin y yang apuntara hacia la completud, sino en todo caso, hacia la danza.

8.2.08

ratita no-toda

photo y ratita Rita by Ola75smith
Hace algunos años superé mi desconfianza a los aforismos con aquel librito inteligente y sereno de Jorge Wagensberg, Si la naturaleza es la respuesta, ¿cuál era la pregunta?. Gracias a él, incluso aprendí a leer con menos prejuicios a Confucio o Laozi, en tiempos posteriores. Algunos de aquellos aforismos wangersbergianos marcaron una época, viajes y rumbos exentos de brújula: la felicidad requiere que el futuro sea incierto…. Pero J.W. no era ningún esotérico, al revés lo descubrí muy lacaniano: “la libertad es la capacidad para pensar los propios límites”, o “Modernidad: volver a caer en la cuenta de que todo es re-pensable”. Y no recuerdo si acababa o comenzaba con un “Que la incertidumbre os sea favorable…” Creo que aquella incertidumbre lo fue, favorable. Pero hay épocas, hay épocas en que la incertidumbre, directamente, me desborda. O tal vez me desborde otra cosa que no sé identificar. Desearía entonces poder empezar a resolver algunos enigmas, despejar algunas incógnitas… pasito a pasito. Como es habitual, mis respuestas las busco en lo chino, que nada responde sino es a medias o en el psicoanálisis, que me devuelve mi propia pregunta. En las lenguas europeas la palabra que usamos para pensar la circunstancia lleva en sí esa idea de algo que está a nuestro alrededor, que se sitúa alrededor ¿alrededor de quién?- cabe preguntarse. Alrededor de quien piensa, quien habla, pienso luego existo, se dice el pobrecillo "yo" en su exigua circunstancia. En chino, esta palabra, la del asunto shi 事 que parece provenir del mismo lugar que historia 史, hacer 使 u oficial吏, es el dibjujo de una mano que sostiene un objeto desconocido. El propio carácter de "yo" 我 está compuesto por una mano 手 que sostiene una lanza 弋, un arma. Huelga decir que me identifico antes con este yo que se afana y lucha por ser, efecto de su acción, que con el otro que se sabe el centro de su creación, y desde ahí piensa su alrededor. Tal vez mi estado tenga que ver con un libro que me acabé estos días, Abîmes Ordinaires de Catherine Millot (lo dejo en francés porque tuve un lapsus de traducción y durante un tiempo traduje en mi cabeza Abîmes por heridas en vez de abismos), al tiempo que me encontraba pensando y dándole vueltas a la idea de la pérdida. El libro de Millot habla de esos estados cercanos al éxtasis místico de pérdida del yo, de desamparo, el sentimiento oceánico freudiano, mezclando notas biográficas, incluso de su propio análisis con Lacan, con referencias literarias y cinematográficas. Yo en cambio pensaba la pérdida de manera más general. Sufro de una cierta repetición algo sintomática de la pérdida. Parece que en esa quête, en esa carrera por el saber sólo pudiera avanzar perdiendo y desprendiéndome de lo ganado. Me he acabado preguntando también si algo de ese pattern no tendría que ver son la dificultad que a veces aparece en algunas mujeres en ser fálicas, "la envidia del peine" la llama N.F., o envidia del pene, de la que hablaba Freud. Nuestra dificultad para construir algo en el mundo del tener, para conseguir relucir como un falo esplendoroso, y no perdernos en los claroscuros del ser/no ser. Me consuelo leyendo la vida de esos filósofos, políticos, poetas, calígrafos desterrados y exiliados, (bannis) continuamente, mientras me pregunto si será posible seguir avanzando sin brújula.

26.1.08

el color del sexo

imagen de la película de Sofia Coppola, Lost in Translation
El domingo pasado en un café de Bastille conocí a una bella psicoanalista china. Pasó fugazmente, tomó un café solo y se marchó como llegó, después de hablar durante veinte minutos sin apenas respirar. Venía, entre otras cosas, revolucionada después de haber visto la película de Ang Lee de la que ya he hablado un poco, y de haber pasado luego la noche comentándola con un amigo francés hasta altas horas de la madrugada. A mi, tal y como le ocurrió al director taiwanés al leer la novela en que está basada la historia, la película me persigue todavía (still hunting me… que dirían los ingleses) Por un lado me emocionó ver cómo a ella le había impresionado la cinta, tan china, y que refleja tan bien los conflictos entre el deber, el deseo, lo individual, lo colectivo, y las opciones reales y mentales (en el imaginario chino, de corazón, 心 xin) que cada uno tiene para ir decidiendo frente a su deseo, y por otro lado la lectura freudiana que conseguía hacer de los miedos, ilusiones y neurosis (!!) de sus personajes. En chino para referirse al sexo y al deseo se utiliza a menudo el carácter de color, 色 se, que aparece en el título.Y me pregunté hacia dónde apuntaría o de dónde vendría esa idea del sexo como algo exterior, del orden de lo perceptivo, de lo casi dérmico. En este misterioso seminario XVIII tan chino, Lacan nos recuerda que aunque lo esencial del aporte freudiano haya sido entender que por mediación del inconsciente, todo lo que es del orden del lenguaje tiene que ver con lo sexual (en el sentido amplio psicoanalítico de lo sexual como lo relativo al deseo), la propia relación sexual, dice Lakhan, no puede de ninguna manera ser inscrita, escribirse. ¿Algo de ese color chino?
Al salir del café me di de bruces con el anuncio de la nueva película de Hou Hsiao Hsien, El viaje del globo rojo, en homenaje a la película de los años 50 de Albert Lamorisse. El trailer es precioso. Véanlo abajo. Fue presentada en el último festival de Cannes, y aunque tuvo muy buenas críticas, y tiene mejor pinta, le objetaron, como siempre, lo largo y lento y la casi ausencia de historia. Imposible no pensar en su Maestro de Marionetas, en su obsesión por el tiempo, tiempo necesario (para el sujeto, otro de los aciertos en el film de Anglee), elíptico, reprimido, referido, metaforizado, tiempo vivido, real y tiempo escrito, recordado. Se las apaña para que en esta historia parisina también aparezcan las marionetas chinas y las piezas de la dinastía yuan que tanto han influenciado su cine. Y esta canción preciosa que canta...¿ es j.binoche?

18.1.08

el camino de regreso a casa

Nieve en Yoshiwara (1771) de Suzuki Harushige

Pedro me dijo que ayer había nevado en Pekín, y mientras preparo mentalmente mi viaje de este fin de semana a París, e intento acabar cosas pendientes aquí, pruebo, sin éxito, a escuchar una entrevista en internet al realizador Ang Lee sobre su última película Lust and Caution, que me gustó mucho y en la que sigo pensando todavía. Al mismo tiempo me he acordado de esta lámina que descubrí esta semana en un libro precioso de grabados japoneses. Se trata de una escena de cortesanas, en el poema que aparece arriba dice: “La nieve ha caído imperceptiblemente con lo que va a ser difícil encontrar el camino de vuelta a casa” A través de la celosía de la ventana, explica el comentarista de las láminas, se puede ver un palanquín en el que el cliente del barrio del placer es conducido de regreso a casa. Suponemos que la nevada cayó mientras el hombre se entregaba al amor, y por lo que vemos en la escena, no debió de prestarle demasiada atención al vino de arroz y a las golosinas, porque las muchachas parecen estar calentando la comida que sobró. Una de ellas remueve las brasas con una horquilla del pelo, la otra prepara las tazas para beber sake, la tercera dirige nuestra mirada afuera de la ventana, y a un lado, en primer plano, la liebre blanca de nieve ha comenzado a derretirse sobre la bandeja (!)
El poema me ha hecho pensar en la protagonista de la película de Ang Lee. La joven, que forma parte de un grupo de jóvenes de la resistencia, entabla una peligrosa relación con un colaboracionista japonés, con el fin de poder asesinarlo un día. Para ello adoptará una identidad falsa y se entregará a los juegos de seducción necesarios, convirtiéndose en su amante. A lo largo de esa relación descubre el sexo y accede al juego del deseo, bordeando el amor. Convirtiéndose en el objeto sexual y amoroso de él, ella, creo yo, consigue preguntarse como sujeto sobre su deseo, sin que los avatares o contingencias políticas parezcan interesarla demasiado, y sin que todo ese juego de semblantes sitúen lo que ocurre en un mero plano de representaciones, apariencias y relaciones imaginarias.
No sería difícil pensar que lo que pierde a la protagonista es su búsqueda de identidad en un mero juego de mentiras, artificio y personajes escenificados. Yo en cambio pienso que el verdadero motor de la joven es la búsqueda (me gusta mucho una palabra en francés, quête) del saber sobre su deseo, y sobre su relación de objeto. Lacan habla de ese movimiento de báscula que se realiza entre nuestro yo imaginario, la idea e ideales que tenemos sobre nosotros mismos, esa “casa” imaginaria que es el yo, en la que creemos conocernos, creemos saber quiénes somos, lo que queremos, a qué aspiramos y el sujeto del deseo que nos liga al objeto, al otro, y del que nada sabemos. Por eso, como en el poema japonés de arriba, yo pensaba, después del amor, de la búsqueda a la que lleva el deseo, se hace difícil encontrar el camino de regreso a esa casa tan bien construida pero que no es quizá más que un albergue temporal, una posada en el camino