No sé si ya ha llegado o si llegará aquí la polémica provocada en Francia por el libro de Michel Onfray. En cualquier caso, se la resumo ahora mismo y paso a precisar que aunque Onfray pretenda centrarla en si es posible o no una lectura crítica de Freud (Onfray llega tarde y no se entera, no es que sea posible sino que es obligada, necesaria, benigna y la mejor manera de rendirle homenaje al propio S. Freud, promovida ante todo por los analistas), lo cierto es que como ya señalan algunos autores la verdadera polémica es qué tipo de intereses marketinianos y mercenarios están en juego en el mundo editorial y la prensa para estar dando cabida y credibilidad a una obra como ésta. La polémica, en cualquier caso, es muy bienvenida, al menos en el país vecino se debate y se discute. Confieso que ni lo he leído ni tengo intención de hacerlo, no porque me rasgue las vestiduras sino porque no hay nada nuevo que no hayan escrito otros y mejor, -aunque parece que en su conjunto las fabulaciones resultan aquí más ridículas e infundadas, más incongruentes, como por ejemplo cuando dice que Freud dejó embarazada a su cuñada y la obligó a abortar a una edad en que no hay mujer que conciba, o lo supone adepto a los regímenes fascistas, creo que incluso cómplice o partidario del holocausto. En el retrato que se esfuerza por defender Onfray presenta a Freud como a un mentiroso decadente, un fracasado, depravado y codicioso conspirador, que hizo del psicoanálisis una religión (la otra gran fobia de Onfray), y de su pseudo-ciencia que nunca ha curado a nadie (!!) una gran impostura. Alega estar haciendo una lectura nietzcheiana, demostrando que “una filosofía es siempre una autobiografía de su autor”, sin darse cuenta de que es seguramente su propia experiencia en un internado religioso, testigo de ciertos abusos por parte de los curas, la que ha hecho armarse con la ateología y ahora remeter con su lectura fóbica de S. Freud. No está en mi intención rebatir aquí las tesis de su libro, lean si les interesa a la lúcida y valiente historiadora E. Roudinesco (aquí en castellano) o a Bernard Henri Lévy, (tb en castellano) o a tantos otros que lo hacen mejor, o sino escuchen a propio Onfray ponerse en evidencia en youtube. También creo que los mayores oprobios son del orden histórico, los psicoanalistas, al fin y al cabo, ya estamos acostumbrados a ataques irracionales, a malentendidos constantes con los términos y conceptos, incluso a esa pregunta tendenciosa que se repite, ¿pero no está S. Freud superado? Ahora siempre me acuerdo de un artículo de Eugenio Trías publicado hace un par de messe: A Sigmund Freud siempre se le quiere superar. Pero todas las veces que se intenta sucede lo mismo: se regresa a espacios anteriores a Freud. Puede que su lenguaje esté anticuado. Una espesa costra positivista le recubre, dificultando acaso su lectura. (...) Sigue siendo piedra de escándalo pese a que nadie puede discutirle su naturaleza de clásico, fundador de instituciones de salud, inspirador de la mejor filosofía (Foucault, Derrida, Deleuze, Adorno, Walter Benjamin, ) aun cuando sea obligación de ésta discutirle, criticarle, pero siempre desde el reconocimiento de sus logros y de haber pasado por su escuela. Freud es un clásico y como tal no puede ser superado. Debe ser siempre visitado, comprendido y discutido. Estoy de acuerdo además con E. Trías en que no es posible convivir con la modernidad sin conocerlo. Y también considero que muchos de los que desconfían de él o lo atacan, están en el fondo sirviéndose de la teoría freudiana sin darse cuenta, y que sus aportaciones van más allá de su especialidad y pertenecen al dominio de las ideas.
Y frente a ese debate eterno de si el psicoanálisis puede o no considerarse una ciencia, me he acordado de una respuesta de Lacan en 1973 a Le Monde cuando le preguntan sobre eso: "Antes que Freud delimitara la idea del inconsciente toda palabra era tomada a pie juntillas. Desde entonces de lo que se trata es de recelar hasta de la noción de sujeto- etimológicamente, lo que está por debajo, nada más, - y cuya característica es no saber. (…) Usted dirá que no es muy científico. De eso se trata. En cierto modo siempre lo somos en exceso frente a una realidad que desmiente y desafía los sistemas. Así, Freud desconfía de la apariencia de filosofía que ofrece el verbo ser, que los chinos tienen la suerte de no encontrar por todas partes, como nos pasa a nosotros. En el fondo, lo que Freud quería esbozar es una nueva lógica. No una lógica que pusiera orden en el mundo, sino una que por fin tendría en cuenta su desorden, lo que el inconsciente tiene de inclasificable, de indecente, de azaroso, de irregular, de incompleto, de indecible, y que daría cuenta del impasse de la palabra misma."
Y ahí hay algo obviamente insoportable para Onfray. Jean-Luc Porquet no estuvo mal en Le Canard Enchainé tampoco. Y ahí deberíamos recuperar a Derrida con esa idea de que se capaz de desonstruir a los grandes maestros, no para cargárselo todo de ellos sino para ser capaz de recuperar y reelaborar lo que cada uno ha podido aportar. O mejor que eso, de nuevo a Lacan con su teorización de la lógica del todo y no-todo. (En eso ando últimamente… con la clínica de lo femenino (que no de las mujeres) gracias a la letra china, el zen y a un luminoso seminario de Rithée Cevasco. ) En cualquier caso, éstos no son buenos momentos para el psicoanalista, arrinconado por la tecnocracia cognitivista, el imperialismo farmacéutico y el negocio de la siempre light autoayuda, pero como dice BHL, el psicoanálisis que ya está acostumbrado, se repondrá, mientras que Michel Onfray, no es tan seguro.
Hoy empieza el Baff! me voy corriendo al cine...

















