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14.9.08

quien responde

de la serie The Visitors de Charlotte Cory
Hay quienes hacen cosas, producen, hablan y actúan, muchas veces incluso trabajan, exclusivamente para que los de alrededor les concedan un lugar, una mesa, un sitio donde aposentarse y poder ser. Otros en cambio hacen cosas, producen, hablan, actúan, y quienes son muy afortunados consiguen incluso trabajar profesionalmente, por una razón que desconocen a medias pero que les consume, les apremia, no pueden sino hacer eso, por poco conveniente o práctico que les resulte a veces. El lugar que ocupan es otro, yo digo que es marginal, y por eso su visión de la realidad es distinta, la miran desde un margen, en órbita, desde dentro y desde fuera. Ahí están los inmortales exiliados, los poetas chinos, por ejemplo. La marginalidad no significa estar sin blanca o falta de reconocimiento o éxito; muchos de ellos viven o vivieron en la cresta de la ola y siguen siendo marginales.
Lacan, que era uno de ellos, reprochaba a su auditorio del año 56 que creyese tanto en la gramática. Su paso por la escuela se resume aproximadamente en haberles hecho creer en la gramática, dice, y usa la lengua china para mostrar un uso más laxo y real de los significantes y la gramática. Se refiere a lenguas en las que una palabra no es casi nada en abstracto, y cuyo sentido y función son en cambio definidas por su lugar, por la puntuación utilizada, y sobre todo por su encuentro con otras palabras. En ese momento está intentando demostrar que al hablarle a otro, y decirle tú… ese tú no tiene un sentido, consistencia o peso unívoco. Y que si pudiéramos escribir de modo fonético nos percataríamos de las diferencias de tonalidad y acento de cada tú. Dependiendo de la plenitud que le demos al tú… nuestro yo recibirá una u otra cosa. Ese “tú eres eso”, cuando lo recibo, me hace en la palabra otro que lo que soy (Lacan en el seminario 3)
Para tener una relación auténtica con el otro, para que el otro sea reconocido como tal ha de haber primero una identificación con el otro como semejante, una cierta relación especular. Sin embargo, y para no quedarnos en ese estadio de confusión ha de haber un lugar Otro, un yo tercero (que no es el yo-yo, ni el yo-en-ti) en el que precisamente reside lo que no conozco de mi mismo. Así, cuando tú te me pones delante, yo no sé del todo quién soy, ni quién eres, ni siquiera a dónde me llevará todo esto, pero la situación me permite ser y seguirte (en francés Lacan juega con je suis, tu es celui que je suis, eres el que yo/el que sigo).
Pero volviendo a mi idea de marginalidad, no sé por qué la relacionaba con los planetas. Tal vez por eso que dice el doctor Frikosal sobre el significado original de la palabra planeta, o por esa manera iluminada y creativa que tiene él de mirar el mundo y las cosas. Lacan habla también del movimiento de los planetas frente a la quietud de las estrellas, cuando introduce en su seminario 2 al gran Otro. Los planetas no hablan, dice, primero porque no tienen nada que decir, segundo porque no tienen tiempo, tercero porque se los ha hecho callar. Fue Newton con su teoría del campo unificado y la ley de gravitación la que les cerró el pico. Con esa nueva explicación, la realidad temporal y espacial quedó reducida a un lenguaje bien hecho, a una sintaxis. Creo que perciben aquí la oposición existente entre palabra y lenguaje (Lacan dixit)
Lo que tiene el tú, en cambio, es que responde, tiene boca. Permanentemente tendemos a razonar sobre los hombres como si se tratara de lunas, calculando sus masas, su gravitación. No es ésta una ilusión exclusiva de los eruditos: es especialmente tentadora para los políticos.
En su Mirall Negre, Manel Ollé colgó este verano un precioso texto poético en el que se describe la imagen de un hombre mirando las nubes en cuatro momentos de tu vida. Al final, ése sujeto que es ahora ya no mira las nubes sino que al mirarlas lo que hace es releer como los otros tres que fue las miraban. No ha habido únicamente tiempo, el viento los ha trabajado, “pots reconèixer-te en la contorsió flexible de l’olivera”
Es cierto, no hay sólo tiempo y espacio, nos trabaja el viento, el roce con las cosas y con los otros que, como nosotros, pueden siempre responder.

31.8.08

del (no) concluir

una flor en la playa en Formentera, foto mía
Este verano cambié de analista. Antes de tomar la decisión lo comenté con un par de amigos que me dijeron, “deberás ir encontrando el modo de concluir”. No sabía bien a qué se referían pero con el tiempo lo hice. La palabra concluir me resultaba todavía más enigmática. Cuando la decisión del cambio se hizo posible en mi cabeza, había algo que ya hacía tiempo había concluido, y en cuanto al resto no había nada que concluir, puesto que mi análisis continuaba, incluso se veía relanzado, en ciertos aspectos, mediante las preguntas o cuestiones que el cambio suscitaba y me obligaba a plantear e ir desplegando ante mí. Para el psicoanálisis la idea que tenemos de nosotros mismos, el yo, surge del encuentro con el otro. Se trata de una especie de imagen o relación especular que establecemos con nuestro semejante. El yo se constituye en torno a un centro que es el otro: la mirada, el deseo, incluso el objeto de deseo del otro serán determinantes para que yo establezca mi imagen, mi deseo, y mis relaciones con el objeto de mi deseo. El yo es ese amo que el sujeto encuentra en el otro, dice Lacan. Fuera de esta relación del yo con el otro, que para Lacan se encuentra presa de las trampas de lo imaginario y la certeza del delirio, añado yo, está la del sujeto que más allá de las imágenes, pregunta a un Otro que ya no es proyección, reflejo o ilusión virtual, sino un lugar en el que ir construyendo sentidos. Ese lugar suele ser desconocido, por eso decimos que lo interrogamos. En el análisis el analista evita quedar preso en la relación especular con el analizante, todo se organiza para que no hablemos con otro, sino que poco a poco nos dirijamos al Otro. Al cuestionar al Otro recibimos nuestro propio mensaje, nuestras respuestas. Con el tiempo nos damos cuenta de que no hay nadie más ahí respondiendo o construyendo respuestas ad hoc, así que las preguntas, a menos que nos las respondamos nosotros, pueden quedan sin contestar. El sujeto que se dirige al Otro es un sujeto que duda pero que sabe que cuando lo necesite podrá arreglárselas para encontrar alguna respuesta más o menos satisfactoria, más o menos temporal. Quien carece de dudas, sin necesidad de que se trate de una psicosis, está, para mí, más del lado de la locura. Quien por otro lado viva abrumado por ellas, aunque sea inconscientemente, y no logre responder a una buena parte de éstas desde ese lugar suyo que es el Otro ( el lugar de su deseo desconocido) y utilice a los amos que encontramos en los otros para hacerlo, también lo está. Tanto el que carece de dudas, como el que utiliza a los otros para no tener que responder él, tienen algo en común: hablan como si todo se pudiera decir en cualquier momento, como si todo se pudiera contestar, como si obturándolo todo con sentido pudieran acabar con las preguntas y los intervalos.
Una buena parte de lo que me alivia de China es precisamente eso: que no todo se puede decir en todo momento, aunque rebose verdad, aunque rebose certeza, uno dice lo que necesita decir por alguna razón y en un momento preciso, si no lo necesita decir, no lo dice y el siempre no existe. Sabe que su palabra no restituye ningún equilibrio cósmico, que lo atañe sólo a él, restituye en todo caso algo suyo. Entiendo que esta actitud no sea muy popular en nuestra cultura, y que yo me las arregle tan mal a veces para encontrar mi lugar aquí. Para Freud, según Lacan, la aprehensión de la realidad por parte del sujeto empieza cuando es capaz de decir esto no es mi sueño, o mi alucinación, o mi representación, es un objeto. En este sentido, aunque no sea así como la define el discurso analítico, la palabra también podría considerarse un objeto. Lo digo en ese sentido de extrañeza que puede causarnos, lo que nos distancia de ella. Hoy mientras pensaba en todo esto me acordaba de Bangkok y des sus ajetreadas calles... todo esto leyendo el título del penúltimo post de Bel, asociación libre, que diría Cacho de Pan.

23.6.08

de los intermediarios

Photo by Okinawa Soba
Últimamente me vienen molestando todos esos intermediarios que surgen con regularidad. No me refiero a los profesionales, los que por su trabajo, -unas veces plenamente justificado, muy útil y merecedor de todos mis respetos y admiración, otras pura estafa carroñera- hacen de mediadores o expertos, ofreciéndonos acceso a alguna vía especializada, ahorrándonos una tarea y mucho tiempo. Sino a todas esas personas a las que acabamos otorgando un poder de palabra o decisión en nuestras vidas, esas personas en las que nos empeñamos en depositar un saber, criterio, o verdad que en el fondo debería ser nuestro. Al final uno acaba viviendo la propia vida, pendiente de lo que los demás opinan que es correcto, deseable, lo que uno debería hacer, dejar de hacer, temer o incluso aceptar… y el otro se convierte, más que en un interlocutor, en un intermediario plomazo entre uno mismo y su deseo o vida. No hay que culpar al pobre monigote en el que hemos convertido al otro, que además cae en la trampa una y otra vez, repitiendo un guión de miedos, prejuicios, sermones y inhibiciones que suelen ser más responsabilidad nuestra que suya. Por supuesto, ya lo ibais sospechando, que el trabajo del análisis tiene mucho que ver con ir desenmascarando a ese Otro desde el cual deseamos, hablamos, decidimos constantemente. Pero no voy a insistir hoy en ello. Por fin este fin de semana acabaron todas las clases, exámenes, compromisos del curso y empieza oficialmente el verano, con otro ritmo, mucho más tiempo, encuentros y posibilidades de pensar proyectos. Me alegro de que a estas alturas del camino, haber ido deshaciéndome de algunos de esos molestos intermediarios, algunos más interiores que otros. Retomando esta tarde la lectura de Porge, me gustó mucho cómo se refiere a la distinción que hace Lacan entre el saber y la verdad, para quien son dos nociones irreconciliables. La dialéctica entre saber y verdad desplazaría, dice Porge, la tradicional oposición entre teoría y práctica, y superaría la engañosa división entre lo individual y lo colectivo. El objeto-a, objeto causa del deseo, tendría mucho que ver, ya que para Lacan, el deseo es siempre el deseo del Otro (desear lo que desea el Otro, y desear que el Otro desee) El saber, digo yo ahora, estará del lado del otro, pero la verdad sólo podemos encontrarla en el nuestro.

10.5.07

memoria gruyère dao silencioso

kyoto by myboogiedown
En la busqueda de identidad y de verdad sobre uno mismo, suele ser bastante útil el mecanismo de afirmación de lo que uno no es, uno no quiere... lo he utilizado a menudo en mi vida: no soy esto, ni eso, ni aquello, ni esto tampoco... y aunque parezca futil uno puede llegar así a ir dejando en el centro un espacio, donde uno sí es, un lugar donde sí existe, y que ha ido eligiendo. Pero aunque esto ayude, no es suficiente, y la revelación de esa verdad sobre uno mismo requiere de algo más. En el análisis, como saben, se vale el sujeto de la memoria y la reconstrucción histórica, pero ésa no es una memoria cualquiera. El recuerdo ha de ser revivido, dice Lacan, con ayuda de los vacíos. No podemos confiar íntegramente en la memoria, y por eso las investigaciones de Freud se centraron en todo aquello que la psicología desestimaba: los sueños, lapsus, resistencias, defensas, fallos y sinsentidos. No se hacen listas de comportamientos, o de síntomas, ni se apilan interpretaciones y definiciones, todo eso no sirve de nada. Se estableció, además, que cuando uno habla, lo hace generalmente dirigiéndose a alguien que no está ahí, a un tercero, y que a través de sus identificaciones imaginarias y mentales, uno ocupa lugares invisibles pero estructurales, en sus relaciones con los otros, con ese Otro tercero y con la realidad El análisis sirve para reconocer cuáles son esos lugares, quién es ese tercero al que seguimos dirigiéndonos todo el rato sin saberlo, y en última instancia otorgarnos la posibilidad de re-organizarlo de nuevo. Como de lo que ahí se da cuenta es de aquello que, como el dao, no se puede acabar de nombrar nunca, (el inconsciente, las fantasías y el fantasma, la falta en ser) de un sentido que no puede ser fijado y que en el momento en que se lo identifica, se desplaza y se transforma de nuevo en otro objeto, petit a, de todo lo que podemos dar nosotros cuenta es de los contornos que bordean y sostienen en pie el espacio agujereado, que con sus agujeros y sus vacíos, no obstante, nos permite navegar, atravesar, seguir moviéndonos, y por lo tanto existiendo, creando y viviendo. Por eso, la búsqueda de esa identidad (identificaciones para Lacan) y de verdad a la que me refiero nada tiene que ver con lo que a uno le dicen que es, ni siquiera con lo que uno dice que es, no tiene que ver con las constelaciones familiares, los horóscopos, las tallas ni destinos familiares o genéticos. Uno es lo que puede, lo que le queda, lo que le dejan, lo que consigue, lo que se atreve a ser.

6.4.07

repetición

The Respect, photo by Musicmuse ca
Hace unos días paso ZiZek por España y Bel me envió una entrevista que le hicieron en El País. Decía que no creía en el diálogo filosófico y que en todo caso era un malentendido. Que Aristóteles malinterpretó a Platón, Marx a Hegel y Hegel y Kant, y que los diálogos de Platón eran los más falsos de todos. “Consisten en alguien que habla y otro que a cada rato dice. “Por Zeus, estás en lo cierto”. A mí aunque el pensamiento me apasiona, la filosofía me aburre soberanamente, y estoy totalmente de cuerdo con Z. También dice algo bonito: “la política consiste en actuar, no en plantear teorías bienintencionadas. A veces los hechos consumados crean las condiciones que los hacen posibles. Si esperas a que estas condiciones existan, nunca harás nada. Eso es lo que hizo Zapatero al sacar las tropas de Irak…” Y cuando le hablan de alianzas: “la única alianza posible es una entre los disidentes del liberalismo y los disidentes del Islam”. Yo, humilde ignorante, me preguntaba estos días por un gran concepto freudiano: la repetición, ( cuánto más verdadero y eficaz me parece el psicoanálisis!!) ¿A quién no se le repite una pesadilla, una mala experiencia con un amante, con un trabajo (moiiiiiiiiii), una pérdida, una fobia, quién no tropieza de nuevo no la misma piedra?? Freud no dejó de plantearse el retorno de situaciones, actos, conductas, discursos que se repiten a menudo sin que el sujeto siquiera lo sepa. “Lugar de paso obligado en cualquier reflexión clínica” según el diccionario de Kaufmann. La compulsión de repetición se estructura en torno a una pérdida, algo que nunca se consuma: repetir no es volver a encontrarse con la misma cosa, tiene más que ver con la insistencia de la cadena del significante, aquello que quiere significar, y no de encuentro con la cosa. Lacan en ese seminario 1, dice también algo interesante acerca del re-vivir del sujeto en el análisis, lo importante no es revivir y rememorar (repetir) los acontecimientos de su existencia, lo que cuenta es lo que reconstruye de ellos "se trata menos de recordar que de reescribir la historia". Y yo que cada vez detesto más el discurso periodístico, me postro, como siempre, ante la reescritura que hace de éste Rafael Poch, su capacidad de análisis y su voz clara. Hace unos días, en su artículo En el país de la última enmienda, reescribía el discurso que existe sobre el futuro globalizador (devorador y que no apunta más que a consumir y consumir ) dando datos que nadie quiere oir ni leer sobre china: “la mitad de las aguas en sus siete mayores ríos es prácticamente inutilizable, anualmente se registran unas 400.000 muertes atribuidas a la contaminación del aire, las pérdidas medioambientales se estiman según diversas fuentes entre el 7% y el 20% del PNB en los últimos 20 años... no hay bosques ancestrales y son muy raros los que tienen más de cien años, el 60% de las ciudades sufren escasez de agua, … uno de cada diez chinos urbanos declara que la ciudad en la que reside no es deseable para vivir…” Critica de ilusa la actitud actual hacia el fenómeno chino, dicen que el futuro está en esos nuevos mercados, pero Poch responde directamente: “Paparruchas, el futuro no está en un rascacielos, sino en un campo de arroz, en un bosque intacto, en un manantial no contaminado” Poch es uno de esos disidentes del liberalismo, que clamaba Z., desbancándose de esa organización social en que vivimos, donde un gran Otro nos impone sus mandatos a través de la publicidad y los medios de comunicación. Y es que aún podemos utilizar el tiempo para no tragárnoslo todo ni repetir compulsivamente, sino reelaborar y re-construir con lo que tenemos

22.3.07

lo que leemos

Cabra en Lhasa, by Hibachirama
Ayer, para ilustrar una idea surgida de la lectura de un seminario de Lacan, Mercè Altimir, psicoanalista y traductora del japonés, nos explicó una canción infantil nipona en al que una cabra blanca envía una carta a una cabra negra, que al recibirla, toda contenta, se la come. Se da cuenta entonces que no ha leído lo que ponía, así que escribe una carta a la cabra blanca preguntándole por el contenido de ésta. La cabra blanca al recibirla se la come a su vez, y luego se da cuenta de que lo ha hecho antes de leerla, por lo que vuelve a escribir y enviarle otra carta a la cabra negra… y así avanza la canción, repitiéndose todo el rato. Mercè quería hablarnos de que más allá de la inmediatez de lo que sentimos al recibir un mensaje del otro, la lectura necesita cierta elaboración. Habría así una dimensión del sentir que correspondería al registro de lo imaginario, del yo, mientras que en la lectura se abriría el registro de lo simbólico y por lo tanto del otro. La reflexión acerca de lo que somos capaces de leer en lo que viene del otro, nos permitiría pensar, más allá de cómo gestionamos muchas de nuestras relaciones personales, lo que sucede en todas estas terapias que trabajan únicamente con lo sentido, y preguntarnos cuánto hay ahí de la bonita canción de las cabras

17.3.07

del enemigo y el saber


foto de Martine Franck
Ir en bici por Barcelona me convierte a menudo en el perseguidor- enemigo imaginario de muchos coches y peatones, que nada más verme aceleran y se ponen en guardia contra los que parecemos ser peligrosos ciudadanos anti-sistema, ávidos de romper cualquier norma, atropellar a los indefensos, e impedirles la circulación en las calles. El psicoanálisis descubrió que nuestra psique es paranoica per se. Para Freud ya se trataba de un mecanismo de defensa muy corriente en la vida normal, en el que lo suprimido adentro vuelve desde fuera. Si además contamos con que para Lacan, el yo es el resultado del otro, una ilusión, y el sujeto sólo accede a su deseo, y su saber a través del mensaje que le devuelve el Otro, estas ideas cada vez se hacen más claras. Para Lacan la personalidad es la paranoia y decir personalidad paranoica es una redundancia. La génesis del yo se basa en lo que él llamaba conocimiento paranoico, y es que efectivamente para Lacan la paranoia tiene que ver con la búsqueda del saber y con esa intuición del sujeto de que a pesar de todo el desorden del mundo que nos produce angustia, existe una realidad que acaba por conferir un sentido a todo, y que en última instancia nos concierne, nos da un lugar en el mundo. El fondo del espíritu es delirio, la verdad se halla en el fondo del delirio, de la búsqueda delirante.
De eso trata la mitología. Hoy he estado rebuscando personajes y animales fantásticos del imaginario chino para poder explicar esta semana el mapa geográfico a mis alumnos de primaria. Así, para que aprendan los nombres en chino de las cuatro direcciones, de las montañas, los ríos y los mares, recubriré toda esa realidad tan objetiva y concreta de historias y seres de lo más diverso en un intento subjetivizante: el búfalo sin cuernos y con sólo una pata cuya piel utilizaba el Emperador Amarillo para fabricar sus tambores, las mujeres que sacan seda por la boca, los hombres shouma cuyos cuerpos no dan sombra y cuyas voces no producen eco al gritar, el arquero Yi que derribó nueve de los diez soles para salvarnos del calor abrasador un día que salieron todos a la vez, los hombres dientesnegro que utilizan serpientes como animales de labranza,o el monte Kunlun, donde residen los inmortales, bordeado por un río y un bosque que se encuentra siempre en llamas… Y aunque todos esos relatos no se correspondan con el mapa real del país, me ayudará a que los niños dibujen, relaten, y participen de manera personal en ese paseo por tierras lejanas

8.3.07

mensajes


Chinese Graffiti, originally uploaded by Qiao Jie Na.


La relación de transferencia entre analizante y analista consiste en una especie de queja por parte del primero de que no sabe lo que quiere, y una suposición implícita de que el segundo tiene ese saber. El analista representa a su gran Otro al que dirige su discurso y no es hasta el final de análisis con la disolución de la transferencia, que la flecha de la pregunta que el analizante dirige al analista se vuelve hacia él mismo, mostrándole que su deseo carece de garantía y que está autorizado sólo en sí mismo. El saber, finalmente, está en uno mismo. Para que esto ocurra y haya transferencia, el analista ha de poner en marcha su deseo de analista, y no ocupar con su yo ese lugar Otro con la demanda, sino dejar al analizante encontrarse con la verdad de su deseo, que no es sino una falta. Es por eso que el análisis no es una terapia, sino “la impugnación tácita de todas ellas”, como señala Braunstein, y que no puede esperar más que fracasos si pretende compararse con los ansiolíticos de hoy. Me gusta que los analistas la sitúen siempre entre el deseo y el amor.
Imagino pues que en la vida, con los amigos, para poder tener una buena transferencia ha de ser con alguien que nos ofrezca cierto espacio, que no lo ocupe todo y que nos permita desplegar algo de lo que somos, aunque eso suponga reconocer lo que nos falta.
Hoy leía algunos artículos de mi amigo Roger, con quien por cierto tengo una preciosa transferencia, escritos para El Mundo, accesibles en su web. Me encanta uno sobre las frases y mensajes anónimos escritos en las paredes de las ciudades, cómo se actualizan los viejos dichos y los slogans. Roger en esa crónica cultural postmoderna que es la suya, se pasea por la ciudad dejándose más preguntas abiertas, que cerrando respuestas, y su posición de observador, lector, paseante y pensador va modelando un discurso urbano que sugiere sin pretender convencer. A menudo sueño con encontrarme en Barcelona graffitis en caracteres chinos, que den la palabra a esos individuos mudos en de mi ciudad,ver las cosas a través de las imágenes que contienen, y pienso en esa locura de Publi Cidade lisboeta, y en esos sentimientos, que como dice Roger, van haciéndose cada vez más conscientes de sí mismos, convirtiéndose al fin en literatura

20.2.07

cadeau


poema de Li Bai, Pensamiento en una noche tranquila, Pre-Textos
La semana pasada Salvador, de la librería Xoroi, me regaló en agradecimiento a la colaboración en la puesta en escena del acto de cierre del año Freud, el bonito libro de poemas de Li Bai,A punto de partir, editado por Pre-Textos y traducidos en edición bilingüe por mi admirada Anne-Hélène Suárez. Salvador es buen amigo de Anne Hélène, así que le pidió que me lo dedicara, cosa que me hizo mucha ilusión. Además de los poemas, del cuidado y la belleza de la edición, la traducción misma, las notas y los apuntes de A.H. son valiosísimos a la hora de entender y conocer no sólo las palabras sino las interesantes vidas y el mundo que habitaban esos poetas. Muchos de ellos debían lidiar con las intrigas de la corte, y partían a menudo desterrados como Su Dongpo o enviados en su cargo de funcionario por el emperador a servir en tal u otra provincia remotas. Otros como Li bai viajaban en busca de mecenas, prácticamente todos se retiraban durante largos periodos a las montañas, al estilo taoísta, a veces, señala A.H., simplemente para llamar al atención del poder, fingiendo desinterés por los asuntos mundanos y alimentando su propia leyenda. Visitaban en sus rutas monjes y sabios, y otros amigos funcionarios o poetas. Practicaban la alquimia y se ejercitaban buscando la inmortalidad, no sólo literaria, sino también física! Una de las cosas que más me gusta de la poesía antigua china es toda esta temática de los viajes, las visitas, los encuentros y despedidas de amigos, tan preciados vista la existencia solitaria y desapegada que muchos de ellos llevaban. Los recuerdos en la distancia, la nostalgia de la partida, los lamentos por la muerte de alguno de ellos, las alabanzas al trabajo del otro, en definitiva el entretejido de largas amistades. Eso hace que sean frecuentes los llamados poemas de intercambio, en que un autor compone un “eco” al poema del otro. Como indica A.H. en el prólogo de la edición de Pre-textos 99 cuartetos de Wang Wei y su círculo, en la mayoría de las antologías no se presentan los poemas de respuesta que no sean del autor, lo cual distorsiona a veces la comprensión que de ellos pueda formarse el lector.
Y ese interlocutor invisible y lejano, que habita otras montañas y cuya personalidad desconocemos, me hace pensar esta mañana en el Otro lacaniano al que dirigimos nuestra demanda y discurso sin saberlo, y cuyo desconocimiento nos sume también a veces en la misma sensación de extraña incomprensión

29.1.07

del saber

monje budista en Japon, by JFA
Empiezo a dar clases de chino a un grupo de niños de 6 a 10 años. Sorprendentemente me encuentro aquí, sin saber bien cómo he llegado. En muchas técnicas orientales no enseña el que más sabe sino a quien le toca aprender enseñando…también recuerdo que hace tres años, cuando me encontraba en la universidad en Pekín estudiando chino, me hicieron preparar una presentación de algún personaje que admirara mucho por lo que había conseguido, y por mucho que buscaba sólo se me ocurría Françoise Dolto, increíble psicoanalista de niños. Es gracias a ella que me hice lacaniana!
Cuando digo que “sé chino” sé que estoy mintiendo, pero es la única manera para que los demás lo entiendan. Espero saber, en cualquier caso, transmitir algo de esa lengua que tanto me fascina. Tampoco sé casi nada de psicoanálisis, y mañana me voy a París a una reunión de la asociación de la que soy miembro, Psychanalyse en Chine. Pienso estos días en que quizá yo sea tan pesada porque me empeño en encontrar otra forma de saber. Inevitablemente me viene a la cabeza el título de aquel libro de François Jullien, Un sabio no tiene ideas. En China, explica, la sabiduría es la vía, y cita a Zhuangzi, “Confucio es llamado el sabio porque carece de prejuicios, no tiene ideas, y por eso mismo, manteniendo la mente disponible, permanece totalmente abierto a cada “así”. Cita también, cómo no, a Wittgenstein “La idea ya está agotada, ya no vale para nada(…) Es como el papel de plata, que ya no puede alisarse una vez ha sido arrugado” Esa actitud de escucha flotante de la realidad me lleva a otra escucha inevitablemente. Para Lacan, la verdad y el saber están del lado de lo que se dice. “El saber es cosa que se dice, es cosa dicha. Pues bien, el saber habla solo, esto es el inconsciente” Dice que el saber es intersubjetivo, lo que no significa que el saber sea de todos, ni tampoco que sea el saber del Otro. el Otro no es un sujeto, sino un lugar donde vamos transfiriendo, ésos, nuestros saberes. Así que pienso en la modestia del sabio chino, y que el saber es algo que también me “vuelve” o “retorna”, Henri Michaux escribía en un viaje a Japón entre 1920-30 “El Japonés no sólo se achica ante Dios o ante los hombres, sino ante la ola más pequeña, ante la hoja encogida de la caña, ante una lejanía de bambúes que apenas ve. La modestia sin duda tiene su recompensa. Pues a nadie, en ninguna parte, se le manifiestan hojas y flores con tanta belleza y fraternidad”

16.1.07

el deseo del Otro

Bunraku, photo by matcha parfait's
Lacan igual que los chinos denunciaba el yo como ilusión, advirtiendo el lugar determinante del fantasma. Para él no existe identidad, sino identificaciones. Se distingue pues entre el yo (moi) imaginario, y el yo (je) gramatical, que al hablar produce el sujeto. Frente a la imposibilidad de hallar un significante al sujeto, Lacan suele referirse a él como sujeto barrado. Anterior y exterior al sujeto, el psicoanálisis señala un nuevo lugar desde el cual el Otro nos determina a pesar de todo. Se escribe con O mayúscula para diferenciarlo del otro semejante, con el que nos identificamos y que crea la primera dimensión de alteridad. El Otro con mayúsculas, que no es un semejante, es el lugar desde el que se constituye el sujeto que habla, desde el cual se desea. Es además el lugar donde los significantes tomaran un sentido u otro. El inconsciente es el discurso del Otro, y el deseo del sujeto es el deseo del Otro.
Hoy antes de acostarme me he acordado de los Bunraku, las bellísimas marionetas japonesas de uno a dos metros de altura. En los espectáculos de Bunraku hay, como decía Roland Barthes, tres escrituras separadas y simultáneas: la marioneta, el manipulador y la voz del cantante. Así que el espectador ve en todo momento el artificio, y esa alienación del personaje. Cada marioneta está llevada por tres actores, además. Normalmente el maestro lleva la cara descubierta y los dos otros ayudantes están completamente cubiertos de negro. A un lado del escenario, fuera de la escena propiamente dicha, los músicos sentados en fila, y los cantantes. Me ha hecho pensar en eso que decía Bel que decía Barthes, que al contrario de lo que podía parecer, detrás de toda esa cortesía oriental, el individuo podía vivir mucho menos reprimido puesto que en sus relaciones sociales, las normas de educación vehiculaban cada movimiento, y no había que preocuparse más que de cumplir las reglas y códigos, conscientes en todo momento de la distancia que separaba lo que uno querría decir con lo que puede llegar a expresar. Bona nit.