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1.11.10

la libertad de la renuncia

photo by masaaki miyara

A finales del siglo XVI en China, coincidiendo con el fin de la dinastía Ming, vivió un filósofo audaz y singular llamado Li Zhi, 李贽. Uno de mis pensadores-sinólogos favoritos, Jean François Billeter, le dedicó hace unos años un estudio, Li Zhi, philosophe maudit (1527-1602), que he estado leyendo estos días. Este curso, en el marco de nuestro trabajo en El Color del Viento, me he propuesto profundizar un poco acerca de la postura -que se puede incluir dentro de una corriente del pensamiento chino (en especial el budista chan, pero no sólo)- de renuncia a toda posición de saber absoluto y renuncia al sentido (que no es lo mismo que a la renuncia a la palabra) y que yo relaciono obviamente con la práctica del psicoanálisis. Esta renuncia por parte de muchos intelectuales chinos de diferentes épocas llevó implícita la renuncia a un lugar o una posición de prestigio y reconocimiento social. Tal y como señala Billeter, el saber funcionaba en una sociedad como la china como "capital simbólico", (igual que el prestigio, renombre o los contactos), capital que podía ser transformado o reconvertido fácilmente en capital económico y bienes de acumulación, es decir que era un instrumento de poder, con todas las de la ley. La posición intelectual y vital de Li Zhi siempre estuvo marcada por ese no-lugar y por una voluntad de permanecer fuera de la identificación a cualquier escuela. No empezó a escribir hasta después de los 50 y en los títulos de sus libros ya se refleja su conciencia y actitud rebeldes: Libro para quemar (Fen shu 焚书) y Libro para esconder (Cang shu 藏书). Explica Billeter que fue un escritor conocido durante su época, pero que la censura de la dinastía posterior a los Ming, los manchúes, lo hizo caer en el olvido, con la excepción de algunos espíritus curiosos. En el s XVIII Li Zhi es un autor que se lee a escondidas, aunque en el XIX no aparece mención ninguna. A principios del s XX algunos de sus textos son publicados en una revista progresista revolucionaria de Shanghai, y jóvenes chinos empiezan a leerlo a raíz de otro intelectual japonés iniciador de la reforma Meji que lo cita. Hacia los años 20 aparece una biografía suya de manos de un intelectual del Movimiento del 4 de Mayo y en 1936 se reedita su Libro para esconder. Más tarde estudiosos chinos y japoneses lo vuelven a poner en los libros de historia de la filosofía. Después del parón de la Revolución Cultural hay que esperar a 1973 para que vuelva a recuperarse. Me encanta porque en el libro de Billeter aparece un Post-Scriptum en el que el autor confiesa que una persona conocida, cuyo juicio él respeta mucho, le reprocha el haber quizá idealizado el personaje de Li Zhi, exagerado su singularidad y haberle otorgado un rol demasiado importante y destacado para su época, habiendo forzado su visión e interpretado su carácter impulsivo y su gusto por la provocación, como un sistema de pensamiento estructurado. Billeter no lo acaba de negar “Li Zhi no hubiese sido un filósofo maldito si hubiese llegado a conceptualizar su pensamiento, y dominar su experiencia. Hay una parte de fracaso en su aventura. Podemos decir que su importancia es menor que la de otros pensadores de su época, y es legítimo verlo así. Pero el fracaso puede incluir también una forma de grandeza. Y creo que su fracaso lo acerca a nosotros más que otra cosa. Volveré sobre esto” Y así termina el libro.
Li Zhi llega a Pekín a sus 40 años con un puesto de en el Ministerio de Ritos. Hasta entonces siempre había sido refractario a los estudios, a la verdad oficial o a lo religioso, pero allí dos funcionarios amigos lo acaban convenciendo para que lea el Sutra del Diamante y con ellos descubre la obra de Wang Yangming, y la filosofía budista de la vacuidad, que son para él una revelación, aunque haga luego suyas otras lecciones del budismo más radical, el Madhyamika o sistema del medio. Para Wang Yangming, otro exiliado, condenado por sus enemigos políticos a un puesto de funcionario de correos, la iluminación fue entender que no existen verdades exteriores sino que toda verdad se encuentra en la autonomía moral propia de cada individuo, Él fue sin duda, gracias a su lectura budista, el pensador de la subjetividad, para el que ésta significaba, ante todo libertad, y no sumisión de una conciencia a otra.
La historia biográfica de Li Zhi está llena de encuentros y personajes, que por admiración o desprecio, van contribuyendo a que él se autorice a crear un sistema de pensamiento propio y acabar desarrollándolo a través de la escritura. Al final de su vida deja a su familia y se instala en un monasterio, pero allí tampoco se acaba de identificar con los monjes. ¿No enseña la filosofía de la vacuidad que el sujeto adquiere su soberanía cuando renuncia a identificarse con ninguna de las realidades que plantea?

11.7.09

la acción


chakai, originally uploaded by ajpscs.

“La acción debe tener un objetivo preciso, sino queda dividida, se confunde, sale mal y al final causa daños irreparables. Los sabios de otro tiempo se encargaban ellos mismos de llevarla a cabo, no se la dejaban a otros. Si no estás seguro de poder conseguirlo, no te inmiscuyas e intentes acabar tú con las fechorías del tirano”
de Zhuangzi, de la contraportada del libro Etudes sur le Tchouang-Tseu de J. F. Billeter

Apenas regreso de mis batallas privadas. Preocupada por las noticias que llegan de China. Aun desde su obligado destierro berlinés, Rafael Poch consiguió escribir un buen artículo sobre los disturbios de Xinjiang a inicios de semana. Reanudo ahora, poco a poco, las lecturas bloggeras.

16.2.09

lo difícil es detenerse


Tintin, regalo de Martina
Su Dongpo decía que algunos libros no deberían darse por acabados hasta haberlos leído varias veces, ya que en cada lectura uno puede centrarse y descubrir diferentes aspectos esenciales. A mi me pasa con algunos libros y también con ciertos autores, como es J. F.Billeter. Retomo estos días su maravilloso ensayo, Cuatro lecturas sobre Zhuangzi publicado por Siruela en esa colección de libros pequeñitos y traducido por Anne Hélène Suarez. Creo que hay algo de lo que leí hace tiempo que hace eco con mis preguntas de ahora. Su lectura fue una revelación cuando trabajaba en un espectáculo extraño de creación propia, La felicidad no ha hecho feliz a nadie, con música de Bach. Hacia el final del ensayo Billeter proponía una lectura de Zhuangzi polifónica, semejante a la de la escucha de Bach, cuya complejidad no está en los elementos sino que resulta de su combinación. Billeter acude a esta misma idea de re-lectura para elaborar algo nuevo y subversivo en su trabajo de sinólogo y sobretodo de pensador: y es que más allá de su interpretación y exégesis de la obra del enigmático e interesante autor que fue Zhuangzi, Billeter lo que hace es mostrarnos otra manera de leer, no sólo un texto, sino también la realidad. Al inicio del libro presenta en varios puntos su método: cuando abordo un texto no me pregunto qué ideas desarrolla el autor sino de qué experiencia particular o de qué aspecto de la experiencia común está hablando. Para él un filósofo es un hombre que piensa por sí mismo, y que toma como objeto de su pensamiento la experiencia que tiene de sí mismo, de los demás y del mundo, que se informa de lo que piensan o pensaron otros antes que él, que es consciente de las trampas del lenguaje y por lo tanto lo utiliza de un modo crítico. Ahora bien, el lector puede asimismo unirse a él, haciendo uso de su experiencia por su cuenta. Para el segundo punto de su método Billeter se refiere a Wittgenstein: la dificultad, el mérito del pensador no estriba en encontrar la solución sino en reconocer la solución en lo que parece ser sólo la premisa. La dificultad se debe, según el filósofo, a que esperamos equivocadamente una explicación cuando es la descripción la que constituye la respuesta. Eso es lo difícil, detenerse. Insiste en eso en numerosas ocasiones a lo largo de su obra: hay que saber detenerse en la descripción. En el psicoanálisis ocurre algo muy parecido. A menudo volvemos una y otra vez sobre lo mismo, sobre lo dicho y evocado un millón de veces, y parece que nada nuevo, que ninguna respuesta pueda surgir nunca de ahí, cuando es en el seno de la descripción donde reside la clave que acaba descifrando el engima. El psicoanálisis apuesta por ese saber subjetivo y en eso también es subversivo.
Hay otras conexiones lakhanianas, quizá por eso Billeter pueda concluir en las últimas páginas que del Zhuangzi emerge un paradigma, nuevo para nosotros, del sujeto y la subjetividad. Si la representación del sujeto que ha dominado nuestras tradiciones religiosas y filosóficas, así como nuestras concepciones psicológicas, es la de una instancia autónoma y activa, pero cuya actividad puede convertirse en pasiva, de ahí la idea de las pasiones, en Zhuangzi lo que llamamos sujeto o subjetividad aparece como un ir y venir entre el vacío y las cosas. Ese vacío nos ofrece la posibilidad de redefinir y cambiar, de dar significado a nuestro mundo a través de lo que hagamos con él.
Mientras pensaba en todo esto leí el interesante y bonito post de hace unos días de elPasaelTiempo acerca de un texto de Derrida, Dar (el) Tiempo, donde aparece la idea de que el tiempo no es nada en sí, es un vacío (por lo que no se puede dar, tomar, poseer) y que de ser algo sería, metonímicamente, las cosas con las que lo llenamos. Durante años he pensado que mis trabajos fiduiciarios me tomaban todo el tiempo, como hace el rey con Madame Maintenon en su trampa neurótica, despojándome de todo lo mío. El análisis, en su trabajo des-identificatorio, permite detener el reloj tirano y neurótico, dejar de ver la realidad como un todo y aprender a transitar ese vacío que nos permite, en último lugar, darle un sentido a nuestro tiempo.

16.11.08

del apresuramiento

photo by Photo-hog

(perdonen, pero hoy sigo con lo que el Dr. Frikosal designa con la etiqueta de "Mis luchas")
La estupidez está (para mi) en esa gente que cree sistemáticamente que su tiempo es más valioso que el de los demás, y todo en su vida lo sitúan bajo ese signo de urgencia imaginaria, obsesiva y paranoide. Esa gente, estúpida, suele ser además maleducada y poco considerada con los otros (claro, no tienen tiempo). Perdieron la paciencia y con ella parte de sentido de realidad y restos de la cortesía que alguna vez le inculcaron, y que ahora consideran un lujo. La cortesía, insisto desde aquí, no es un lujo, sino más bien un derecho que valdría la pena preservar.
Dicho esto paso a hablar de otra urgencia, más china, psicoanalítica e interesante: “toda creación aparece en la urgencia, y toda urgencia tiene lugar en el desbordamiento de la palabra” (de Función y Campo de la Palabra) La Khan sitúa la emergencia del inconsciente en ese apresuramiento, que precipita por último la verdad de todo sujeto. Lo interesante además es que, como nos explicaba Mercè, la de Lacan no es una verdad que emerja de uno solo, sino de la relación del uno con los otros. De ahí la noción de campo inter-subjetivo. También en el seminario sobre los 4 discursos tuve otra pequeña revelación precipitada, esta semana: el saber, que en un principio se sitúa como meta en el inicio de un análisis (uno busca un saber sobre sí mismo y su sufrimiento, sobre lo que le pasa), cambia a lo largo de éste, no sólo de lugar (ya no estará en el lugar de la producción, o de agente) sino también de estatuto: en la fórmula del discurso del analista el saber ya no es algo que debamos producir, ni un objeto de consumo, o de intercambio, sino una verdad que se dice o se sabe a medias, velada para el sujeto, y que se le escapa continuamente. El saber debe producir cambios y tener efectos en la vida de uno, pero no se trata de acumularlo ni utilizarlo para despejar todo enigma de nuestro día a día.
A raíz de mi post anterior me enteré, en el reverso, de la posible traducción de Billeter al castellano, y escribiendo ahora sobre este saber-otro me he acordado de esos títulos maravillosos de los libros de Li Zhi que contaba Billeter, de los que ya hablé aquí: Libro para quemar y Libro para esconder, que me parecen evocar este lugar deslizante y efímero, activador en cualquier caso, y tan poco definitivo del saber. La revolución, como la procesión, también puede ir por dentro.

8.11.08

para qué escuchar a china?

under the rain by shivalemur
Tengo una íntima amiga que trabaja desde hace más de 10 años como experta en temas de legislación medioambiental en pesca internacional. Además de eso, es una de las expertas mundiales sobre el krill de la Antártida, Hace poco, de paso por Barcelona, me habló de la dificultad de entendimiento con gobiernos como el japonés, y me confesó que creía que parte de los presupuestos y energías dirigidos a la sostenibilidad deberían invertirse en la resolución de esa incomunicación. ¿Cómo, siendo Japón un pueblo tan sensible a la naturaleza y exquisito en sus tradiciones y en otras cuestiones colectivas, puede producirse tal desencuentro a la hora de las negociaciones sobre leyes internacionales que incumben al planeta entero? Para ella no había duda de que el desconocimiento cultural de los agentes negociadores era una de las causas principales del punto muerto en que se encuentran estos asuntos aún hoy en día.
Como sabrán no soy ninguna defensora de los discursos culturales, al contrario, me fastidian bastante y no suelo desperdiciar ocasión para criticarlos. Alguna que otra vez he citado lo que dice J. F Billeter al respecto en esa especie de biblias que son sus ensayos para mí: Los discursos culturalistas les sirven (a los gobernantes del mundo) porque, creando división, se ofrecen inagotables medios de manipulación. El discurso culturalista tiene otros efectos perversos: simplifica lo que es complejo o lo ha sido. Detiene lo que estaba en movimiento, especialmente cuando define una “cultura” para hacerla comparable u opuesta a otra. Es por lo general apologístico y carece de crítica. Reivindicando la unidad de la cultura de la que habla, no es capaz de observar las contradicciones, ni las discontinuidades; no concibe las rupturas pasadas, ni por lo tanto las que pueden producirse. Al tiempo que cultiva la nostalgia de antaño, nos encierra en un puñado de en sueños fragmentados.
Sigo pensando que el entendimiento de China puede sernos más útil de lo que pensamos, y no sólo por lo que este país supone en la economía mundial de este momento histórico. En este sentido el lector hispanohablante lo tiene crudo. Al tiempo que se multiplican por librerías del mundo las obras de François Jullien, se extiende un supuesto discurso filosófico sobre china creado por él, aplicado a no sé cuántas esferas de la vida cotidiana, al que se van apuntando desde diversos sus ámbitos, y con la misma falta de rigor unos y otros. Ya lo decía Amelie Nothomb en su Sabotaje Amoroso, China tiene el sorprendente poder de convertir en pretenciosos a todos aquellos que han estado allí, incluso a todo aquellos que hablan de ella. La pretensión induce a escribir, De ahí la ingente cantidad de libros sobre China.
Por supuesto, entre tanto ser humano impelido a escribir sobre ella, muchos son los que no sólo nos inspiran, sino que nos enseñan y nos permiten avanzar y se han hecho necesarios (de mi máximo agrado y de por aquí, ya lo saben Manel Ollé, Alicia Relinque, Anne Hélène Suarez, o Pedro Ceinos, Rafael Poch desde Pekin).
A lo que iba, en estos momentos existe en el panorama internacional una interesante y fructífera discusión entre François Jullien y el sinólogo suizo que yo siempre cito J.François Billeter, que el lector hispanohablante se está perdiendo. Billeter escribió hace un par de años un libro del que hablo a menudo, dando lugar, más allá de lo anecdótico del título, a una discusión que apuntaba al análisis histórico, el pensamiento, lo político y la revisión y lectura de autores tanto antiguos como contemporáneos. Los libros de Billeter (con una excepción), las entrevistas o artículos al respecto siguen sin ser publicados en castellano (uno de ellos se titula precisamente China tres veces muda.) A mi me parece que el poco interés de los editores en nuestra lengua es sintomático de la indiferencia y la superficialidad con la que se tratan temas que nos atañen y que nos ayudan a comprender mejor el mundo en que vivimos.
Esta semana me enteraba que el corresponsal de la vanguardia, mi (muy) admirado Rafael Poch ha dejado Pekín y ha sido enviado a Berlín. La verdad, la noticia me ha entristecido. Esta semana iré a ver la exposición sobre la ciudad china de la que ya hablé y que ya ha llegado al cccb de París, también espero ir a escuchar a Begoña Ruiz de Infante en el encuentro organizado alrededor de La mujer china: cultura y bagaje; y en casaasia parece hay una exposición de la pareja Rong Rong- Inri.

27.8.08

el camino del hombre libre


well beaten path in by ippei+janine
Mientras nos tostábamos plácidamente al sol en un embarcadero turquesa ibicenco, Bel nos leía en voz alta algunos fragmentos de la estupenda entrevista aparecida en el dominical de el País a George Steiner. Decía cosas preciosas sobre las lenguas, y sus reflexiones giraban alrededor de asuntos diversos, llenas de humor, optimismo, curiosidad. Además aparecían un par de imágenes de su luminosa casa en Cambridge, llena de libros, con un pequeño jardín. Me gustó cómo comparaba la traducción simultánea con el orgasmo, haciendo referencia a la no-coincidencia o desfase temporal, entre sexos y significados. Yo pensaba en lo que dice Lacan:en el ser hablante no existe cópula ni relación sexual satisfactoria, en el sentido de coincidente, y ese mismo desfase aparece al traducir no únicamente de una lengua a otra, sino también cuando intentamos traducir con palabras nuestro pensamiento. A mí me gusta sostenerme y habitar varias lenguas, viajar de una a otra, sin lograr controlarlo todo de modo completo, sabiendo que entre yo y los otros existen esos pequeños abismos. Citó a Heidegger para hablar de la importancia de que sigan habiendo preguntas y no sólo respuestas. También me pareció ingenioso y oportuno cuando al ser preguntado sobre el tema vasco, respondió preguntándose a su vez si la dificultad para aceptar la realidad exterior de ese pueblo puede tener algo que ver con la singularidad y la rareza de su lengua. Llevándolo al tema chino, estoy totalmente de acuerdo con la tesis de J.F.Billeter cuando intenta desarmar la idea o mito del mundo chino como reverso del nuestro, encarnación de la alteridad por antonomasia, situado a nuestras antípodas. Billeter sostiene que tales discursos forman parte de un fenómeno ideológico: el verdadero secreto de tal construcción, política ante todo, radica en la instrumentalización de la lengua y la cultura por parte del poder durante las primeras dinastías del imperio chino, hasta hacer que éstas se confundieran y sirvieran de base del nuevo orden dinástico. Con el fin de hacer olvidar la violencia y la arbitrariedad con las que éste había surgido, éste debía parecer conforme al orden natural de las cosas, y uno de los elementos fundamentales que hicieron que esto fuera posible fue la escritura y el uso que se hizo de ella. Efectivamente una de las características de la escritura ideográfica es que, en un origen, los signos daban cuenta de las cosas del mundo, o al menos producían esa ilusión. China no necesitó desarrollar un sistema o aparato religioso demasiado complejo, puesto que la escritura suplía una parte importante de esa función: los ideogramas no traducían la palabra del ser humano, sino que hacía visibles las variaciones invisibles del mundo (como dice Lanselle) la vía del cielo. La escritura, siendo un conjunto de signos que representan las cosas sin mediación de la voz o de la letra, se encuentra entonces impregnada de un poder explicativo de los enigmas del universo: primero fue utilizada para fines adivinatorios, y de ahí pasó a ser un instrumento oficial, administrativo, ritual, analítico, incluso literario, pero durante siglos, desligado de la palabra. Los intelectuales chinos, como esos poetas de los que hablo a veces, no eran escritores que trabajaban plácidamente en la paz de su despacho, caligrafiando y bebiendo té. Su discurso tenía que evadir la censura, llevárselas con el amo y los inconvenientes de la vida funcionarial, las cosas rara vez podían decirse directamente. No es extraño que fuese Billeter el autor de un libro publicado a finales de los setenta y que me encantaría encontrar, sobre la vida de un escritor y pensador del siglo XVI, Li Zhi, el cual obsesionado con esa idea de libertad, rompió de manera radical con el mundo oficial y confucionista de los mandarines para poder escribir y decir lo que pensaba. Un vez pudo retirarse de sus cargos públicos a sus 54 años, en vez de regresar a su pueblo natal, optó por la vida errante, no dudando en entrar a formar parte de un monasterio budista, no por vocación espiritual, sino para que lo dejaran en paz. Los títulos de dos de sus libros, Libro para quemar, y Libro para esconder, donde se expresa libremente, y que fueron prohibidos durante un tiempo, resultan bastante ilustrativos. Billeter incluye en aquel libro contra F. Jullien, en un capítulo, algún fragmento del Relato emotivo sobre mi Vida, en el que el propio Li Zhi narra la siguiente anécdota: al llegar a una nueva prefectura, evita a toda costa presentarse ante la autoridad local, pero acaba recibiendo de éste una invitación, a la que se ve obligado a responder. Al final de la nota que le escribe en contestación no sabe cómo firmar. Escribir “vuestro colega” le parece pretencioso, pero “vuestro súbdito” implica demasiada sumisión, así que resuelve firmar con un “el extranjero que se ha parado en este lugar”. Cree encontrar con esta fórmula un equilibrio adecuado entre lo que se puede y no decir, que salvaguarde su tan preciada libertad.

15.8.08

de lo ausente y la embriaguez

Conocía mal el sugerente y visionario universo ballardiano, y sin haber leído sus obras (soy de las que lee muy poca ficción), lo confundía en mi cabeza con otro pensador de la modernidad francés. Por eso agradecí la exposición organizada por el cccb alrededor de J.G.Ballard y su obra, con vídeos, textos, instalaciones y entrevistas. Me emocionó la parte dedicada a su infancia en Shanghai y a los tres años pasados en un campo de extranjeros durante la guerra sino-japonesa. Entre los numerosos fragmentos de textos que aparecen escritos en pantallas, paredes y otros objetos significativos, en un momento dice algo así como que nosotros percibimos el mundo a través de una ficción: la ficción es lo normal para nosotros. El trabajo del escritor o el artista es el de revelar y hablar de la realidad. Increíblemente freudiano. Y es cierto que luego cita a Freud, en otras piezas. También me gustó mucho cuando compara esa obcecación de ciertos enfoques de la ciencia por aislar, descomponer, dividir, y tratar las partes como objetos en sí con la pornografía. Este sinólogo que admiro tanto Jean François Billeter insiste a menudo en que la pérdida de perspectiva histórica como una totalidad (que sí aplicaron pensadores como Hegel, Marx, Spinoza, o Wang Fuzhi en China) es una de las principales causas des desconocimiento e inconciencia actuales sobre China y sobre nuestro presente en general.
Esta semana en el blog de una analista y escritora encontré una definición preciosa de aquello que es para mí más fundamental en el psicoanálisis: una relación particular del sujeto con las cosas del mundo, que el psicoanálisis garantiza a través de la ausencia de la Cosa y la imposibilidad para nombrarla. Como dice Billeter, no es fácil definir o identificar una relación, ya que no es un concepto o una realidad tangible. Aún así es bien real. elPasaelTiempo lo explica muy bien: en el lenguaje las palabras remiten a las cosas pero esa supuesta correspondencia se ve truncada enseguida a causa del equívoco, los accidentes y engaños propios de éste. El trabajo del analista es sostener esta separación, discontinuidad o desencuentro, esta imposibilidad sin renunciar por eso al sentido. Mi obsesión china-psicoanalítica: aprender a sostener, relacionarme y expresar a partir de ese intervalo que produce el análisis, (y que yo vislumbro en la escritura china) Pero elPasaelTiempo utiliza palabras más acertadas: la cura obstaculiza la línea recta, el positivismo lógico, produce un desencuentro, aquí las palabras no remiten a las cosas sino a otras palabras, por eso se habla de desciframiento, no porque se trate de desenterrar grandes secretos, sino de descifrar esas relaciones entre significantes.
Y luego cita a un Heidegger cercano a Zhuangzi, bellísimo.
Aquí el trabajo del analista y el del artista no serían nada distantes.
A partir de octubre tengo la suerte de poder participar en un grupo de trabajo con Mercè Altimir, analista lakhaniana y traductora del japonés. El nombre del espacio, propuesto por ella, es bonito: el color del viento, y hace alusión a esa imposibilidad sino-japonesa para capturar el color (cuyo pictograma 色 designa también la relación sexual) con el ojo, como el objeto del agalma socrático, brillo fálico del objeto-a. La lectura y escucha de Mercè me estimulan y alientan ya que en ella esa conjunción entre lengua-estética-ética es espontánea, inteligente y natural.
Leo estos días a los poetas chinos. Aquí algunas traducciones libres de poemas encontrados en este volumen de Moundarren, Elogio de la embriaguez, alrededor del dao del vino de arroz y sus virtudes (versión francesa a cargo de Cheng Wing Fun y Hervé Collet)

La lluvia atraviesa el pueblo ensombrecido
El viento levanta los olores de cien hierbas
Remando en mi barca bordeo el viejo muelle
De pie, apoyado en mi bastón, contemplo el estanque nuevo
Ebrio realizo la inmensidad del cielo y la tierra
Ocioso, vislumbro la eternidad del sol y de la luna
De regreso, en el crepúsculo, escribo un rollo de poemas
A pesar de ser viejo, mi fogosidad sigue siendo la misma
Lu You (1125-1210)

Vigésimo séptimo día del sexto mes, poema compuesto estando yo borracho
Nubes negras, como tinta vertida, no acaban de cubrir la montaña
Salta la lluvia blanca, sus perlas salpican la barca
De repente, arrollando la tierra, el viento llega y lo dispersa todo
Bajo el Pabellón que contempla el lago, el agua es como el cielo
Su Dongpo (1036-1101)

Soy como un mono extraviado que regresa a su bosque
Un caballo abatido al que le quitan la silla
Con el corazón libre, me contento con lo que se presenta
El paisaje me resulta familiar, como un fragmento de sueño (…)
fragmento de poema de Tao Yuanming (365-427)

sobre la melodía “El río donde se lava la seda”

“su, su”, sobre mi ropa y mi sombrero caen las flores del azufaifo
Al sur y al norte del pueblo, el rumor de las ruedas hilando la seda
Cercano a un viejo sauce, alguien vende calabazas amarillas
Después de la borrachera, me siento aletargado, y sólo deseo dormir,
El sol está en lo alto, sediento tengo ganas de te,
Llamo a una puerta para pedir un vaso a un lugareño
Su Dongpo

Canción de borrachera
Al amanecer cargo las gavillas para llevarlas a vender
Cuando el sol se pone en el oeste, compro vino y regreso a casa,
¿Me preguntáis dónde está mi casa?
Una vez atravesadas las nubes, penetrando en las montañas esmeralda
anónimo

11.8.08

de la oportunidad

old books in Panjiayuan by Westwinds Zhou
Se ha dicho hasta la saciedad que los JO ofrecían a China una oportunidad de oro para demostrar al resto del mundo los grandes cambios realizados por su gobierno y sociedad, para fortalecer la democracia, dar grandes pasos en materia de derechos humanos y libertad de expresión o prensa, y entrar a formar parte de la comunidad internacional. Para mi, en cambio, suponía la oportunidad de que pudieran desplegarse visiones y discursos más complejos, matizados y lúcidos sobre el mundo chino fuera del ámbito sinólogo, que a menudo resulta limitado.Cuando alguien me preguntaba si no me apetecía estar en China durante los juegos yo siempre respondía que lo que de verdad esperaba era poder disfrutar este tiempo de numerosos de artículos y programas de periodistas como Rafael Poch, que ayudasen a dejar atrás los lugares comunes, obviedades, simplezas y puntos de vista que de tan superficiales y parciales, acaban siendo erróneos y simples mentiras. En los últimos meses, los medios de comunicación se han centrado exclusivamente en la cara más oscura y siniestra de China. Como explicaba Poch hace unos días, todo hacía referencia a un “régimen casi orwelliano de represión, tortura, control de Internet, ejecuciones y censura, cuando la realidad es mucho más rica, abierta, variopinta y dinámica de lo que sugiere esa visión negruzca, tan poco inocente y tan poco independiente de criterio” Llegamos a situaciones tan absurdas como las declaraciones de personajes como G.Bush desde Tailandia, exigiendo cambios en los derechos humanos, siendo él el máximo responsable del gobierno que ha creado y sigue manteniendo Guantánamo, o apoya incondicionalmente al gobierno de Israel. Pero sin tener que acudir a extremos tan bochornosos, no puedo dejar de preguntarme cuando la gente de la calle compara la sociedad china, con qué otra sociedad ideal inexistente la compara. Además de llenarse la boca con la palabra democracia. Yo cada vez me siento más ajena, más perpleja, más china y asombrada de la parcialidad y falta de curiosidad de las personas por lo que la realidad depara. Este domingo incluso Joan de Segarra arremetía con la cancioncilla de lo incongruente que era que se celebrasen los jjoo en un país como China, y calificaba de incomprensible y ofensivo que sigan habiendo retratos de Mao Zedong en lugares y edificios oficiales, o en las calles. ¿Qué parte de la historia de China se le escapa? Es obvio que nunca ha estado en China más de una semana, y por supuesto nunca ha conversado con la gente de la calle o las ciudades, que sí son capaces de explicar con toda lógica el por qué de esas imágenes y qué significado tienen aún para ellos, qué es lo que explican de su historia, sus aciertos y sus errores. A mi me hace pensar que la verdadera incapacidad para asumir el pasado y entender el presente no es precisa ni exclusivamente de los chinos. Y es que una vez asumida la importancia de ciertas formas, ciertas reglas sociales y morales que se han subjetivado, de lo que se puede o no decir, los chinos son mucho menos hipócritas de lo que se piensa. Muchos de los que vieron aquí como algo normal que China entrase en la WTO, exporte, importe y fabrique para el resto del mundo, se rasgan las vestiduras con lo de los juegos.
Mi terreno no es el periodístico, sino en todo caso el subjetivo, poético, artístico o psicoanalítico, por lo que agradezco esos espacios en los que gente que sí sabe de lo que habla se toma la molestia de deshacer malentendidos sobre todas estas cuestiones más generales y políticas. En un artículo de la vanguardia de ayer Poch describe una anécdota que me parece muy representativa de lo que le suele suceder a alguien cuando superando los prejuicios y tópicos se acerca a la realidad china. Un profesor de ciencia política llega a la universidad de Pekín y se da cuenta de que allí hay más libertad de expresión que en su anterior puesto en Singapur, “Creía que me piedirían mi programa de lecciones a principios de curso, pero cuando pregunté me dijeron, ¿programa? Usted explique lo que quiera” En contra de lo que se piensa el régimen chino es mucho más abierto y relajado, y los espacios de discusión existen, la información está más liberada de lo que parece y muchos de los cambios de la sociedad vienen provocados por la presión que se ejerce desde abajo. Por supuesto que la represión, la censura, la tortura existen y son una lacra, también para ellos.
En aquel libro de Hisayasu Nakagawa el autor cuenta como hace unos años en una conferencia sobre los principios de Kitaro Nishida, tradujeron desafortunadamente un concepto clave de sus últimos trabajos, el koi-teki chokkan –algo así como la intención que se concibe en el acto en sí- con la expresión “intuición activa”. Según el autor, muchos fueron los franceses que se quedaron atrapados en las preguntas sobre la diferencia y oposición tan occidental entre activa y pasiva, sin poder enterarse de nada más. Algo así me parece que pasa a menudo con China. Las discusiones quedan habitualmente abortadas por todas esas cuestiones culturales sin real interés que impiden cualquier razonamiento elaborado, y nos alejan sin duda de los contenidos. Menos mal que al margen de todas esas discusiones estériles empiezan a no ser pocos los que de manera rigurosa desechan desde el principio el derrotero provinciano orientalista. Pensaba en los libritos de Jean François Billeter “Contra François Jullien” y "China tres veces muda", en el que dice claramente en un capítulo al concluir, “hay que elegir” o bien se parte del mito de la alteridad consustancial china, cuyas posturas artificiales suelen llevarnos a callejones de traducción sin salida tales como la anécdota de la conferencia de filosofía japonesa en el Pompidou, o bien se opta por el sentido común, se abandonan ideales inexistentes que dividen el mundo en un imaginario ellos contra nosotros. Creo que tanto los análisis de Billeter en lo filosófico/sinológico, de Poch en lo periodístico, o de R. Lanselle en lo analítico a través de la relación escritura-lengua y discurso social coinciden en que el análisis ha de ser histórico, económico, y político ante todo, humano. Para Billeter, como para Motaigne, parte de la experiencia propia, corporal (véase su brillante e inspirador Cuatro lecturas sobre Zhuangzi), dice en el primero de los libros mencionados: "para mi no hay nada por encima de la persona, y sobre todo nada por encima de dos personas que se escuchan y entienden con el uso de la palabra y la razón". Sin duda, si en vez de inflar el imaginario, hiciéramos el esfuerzo de utilizar esas armas tan sencillas como potentes, mucho de lo que nos parece incongruente y ofensivo en china, cobraría un nuevo valor.

(perdonen por la extensión del post, no supe resumir-me)

3.4.08

the great wall 长城

foto de joven tibetano, de Oliver Follmi, publicada por Nouvelles Images

Los emperadores chinos hicieron construir la gran muralla para defenderse de los pueblos invasores, primero los nómadas del norte, luego los reinos bárbaros del sur. La muralla (yo he dormido en ella! en pleno mes de noviembre, en una zona agreste y perdida, a unas horas de Pekín) imagino que si tanto duró y tanto construyeron es porque tendría algún efecto. El problema viene cuando el pueblo hegemónico han invade a los otros (siempre he oído que China no era un pueblo invasor, sino en todo caso aglutinador y centralista, pero no poseo en estos momentos herramientas analíticas o históricas para discutirlo), o cuando se junta con ellos, cuando son vencidos, y entonces corre el riesgo de que se le meta el enemigo en casa.
Hace días que no leo noticias sobre la crisis tibetana. Por cierto, ayer un generoso analista me recordó algo precioso sobre la palabra que en chino se utiliza para decir crisis, 危机 y que yo había olvidado. Está compuesta por dos caracteres: el primero significa peligro, y el segundo oportunidad, ocasión. Y me comentó que esa idea tan china de ver en la crisis la misma noción de oportunidad, de potencial para cambiar algo, le resultaba muy útil para pensar la clínica. Sí, es cierto, el pensamiento chino, desde el libro de las mutaciones hasta los últimos pensadores, se encuentra atravesado, como si de un eje ordenador se tratara, por la cuestión del potencial de situación. Esta es la expresión que utiliza F. Jullien para hablar de esa cuestión china, pero ya saben que yo no soy nada fan de ese sinólogo, y seguramente existan otras maneras más justas de llamarlo. El sabio, el poeta, el artista, el hombre de bien chino no se pregunta por lo que está bien o está mal, sino por cómo debe actuar en cada momento, por lo que la identificación de ese momento de oportunidad es esencial. Yo sí que creo que China se ha construido sobre esa idea, por eso, créanme, no les cuesta reconocer que tienen el enemigo dentro de casa, y no me refiero a los tibetanos, sino a sus propios fantasmas, y saben que el problema es suyo y lo tienen que resolver ellos. El aquí siempre admirado y riguroso R. Poch ha escrito un nuevo artículo: Otro Tibet es posible, pero no sin China, que recomiendo as usual. Por mi parte soy contraria a cualquier boicot a los JJOO, que además me parecería bastante hipócrita. ¿Para qué esperar hasta el verano? ¿No existen otros canales más adecuados para la comunidad internacional para opinar, presionar o intervenir en cuestiones políticas, económicas o de derechos humanos?
El símbolo de la muralla le sirvió a este sinólogo lacaniano del que vengo hablando, Rainier Lanselle, para escribir un ensayito publicado por la revista essaim hace ya unos años. El sujeto detrás de la muralla. En él expone su tesis sobre cómo el desarrollo en China de dos lenguas paralelas pero separadas: -la oral, que tendría que ver con el deseo del sujeto de decir algo de él mismo, y la escrita, mucho más ligada al dictado del cielo, y luego del amo, del ideal social y colectivo, y las leyes ajenas a ese deseo, y en el que el sujeto no tiene cabida- dejan a este sujeto alienado detrás de una muralla. Las murallas se multiplican y se elevan pero también se atraviesan, simplemente no hay que acabar creyéndose que nos defienden de todo ni que el otro es todopoderoso para destruirla a su gusto. Frente a todas esas teorías culturalistas que hace de los chinos seres abominables, insensibles y crueles, me parece un buen momento para releer el otro ensayito lúcido y valiente de J.F.Billeter, China tres veces muda, en que en vez de buscar razones culturales y casi ontológicas para este desencuentro entre nosotros y ellos, apuesta por un análisis histórico-económico-político de la situación, que despeja antiguos prejuicios y crea una nueva oportunidad: la de no saberlo todo sobre el otro y poner en marcha un arma potentísima, la curiosidad. Echo de menos a Pedro que desde Pekín estas semanas no creo que logre leerme, esta semana me escribía en un mail: "Ya veo que estas consiguiendo convertir tu afición en una profesión. ¡Qué bonito! Vas a ser la dama del psico-chino y cualquier chino deprimido se creerá con derecho a llorar sus revoluciones culturales sobre tu regazo. Te haremos fotos como una pietá toda vestida de blanco, consolando a los nostálgicos de Tiananmen." Ya ven, cada uno entiende China como quiere…

5.7.07

meditaciones en un campo de minas

Photo by Eli_zzz
Hace poco una amiga que practica la meditación zen acudió a una charla sobre budismo y meditación; en la ronda de preguntas que sucedían a la conferencia, alguien hizo una pregunta y el orador comentó -Hacía tiempo que no aparecía un lacaniano- aludiendo a las conexiones entre ambos pensamientos. Mi amiga, encuriosida, me pidió le recomendara alguna lectura, y sólo le pude aconsejar un libro que a su vez me había recomendado una buena amiga analista hace unos años y que me sigue entusiasmando Una temporada con Lacan, de Pierre Rey, donde un escritor de best-seller habla sobre su análisis con Lacan, en que como dice, realizó el más largo de sus viajes y durante 10 años, se jugó la vida. Un libro raro, poético, en el que sin explicar nada técnico ayuda a comprender y a deshacer viejos tópicos. Esta mañana en franceculture escuchaba en una entrevista hablar a Jordi Savall, sobre la música y su vida como redescubridor de autores y partituras de música antigua, instrumentista, estudioso y enamorado de la música barroca y sus instrumentos. Su posición y sus palabras me hacían pensar de nuevo en oriente (y por supuesto en el análisis): Savall habla de los músicos tradicionales de la India para referirse a una nueva modernidad basada en la improvisación, en una relación con el instrumento y el aprendizaje incesante, en la repetición durante años de un mismo gesto que parece carecer de sentido y que de repente un día revela un arte y una verdad que lo trasciende a uno. Contaba una historia que relataba Paniker: en la antigüedad la música y las palabras estaban juntas; un día un hombre dijo una mentira y a partir de entonces se separaron. El hombre tuvo que inventar la escritura para acercarse de nuevo a la música. Si hablas puedes mentir, pero según Savall cuando cantas, cuando escribes, en el mundo de la creación y la fantasía no hay mentira. Y algo así dicen los analistas. Hace meses que alguien me dijo que no leyera a Nasio, que no entendía ni sabía explicar la teoría analítica. Desde entonces evito sus textos y no muevo el par de libros suyos que descansan llenos de polvo en mi biblioteca. Hoy me atreví a ojear uno, sin embargo, como quien avanza en un campo de minas evitando caer en ninguna trampa mortal. Parece ser que a estas horas de la noche sigo intacta. Nasio cita a Freud: El psicoanalista se comporta de la manera adecuada si se abandona a sí mismo (…) a su propia actividad mental inconsciente, y evita en la medida de lo posible reflexionar y elaborar expectativas conscientes, sin querer fijar en su memoria nada de lo que escucha y capta con su propio inconsciente el inconsciente del paciente. Nasio utiliza el término de Lacan, semblante, para describir ese estado que él llama “fingir el olvido”, hacer el vacío o el silencio en sí. En esa búsqueda de la verdad o trabajo lacaniano, nos recuerda que el mecanismo no es el de resolver un problema, sino el de darle un nombre y que el mejor ejemplo de ello es el objeto a. En efecto, y siempre según Nasio, la función central de este objeto a es el de nombrar un problema no resuelto, o aún mejor, significar una ausencia. “El objeto a designa una imposibilidad, un punto de resistencia al desarrollo teórico”
Por cierto, hoy ha aparecido otro de esos reveladores, lúcidos y brillantes artículos de Rafael Poch, esta vez en el Culturas. Imprescindible su reflexión, acerca del la modernización de nuestras sociedades, y la democracia, en la que razona y explica con mucha claridad el porqué nuestra propia modernización debería interesarse por ciertas perspectivas chinas, apuntando por ejemplo, que el fin y el propósito de toda política es la gobernabilidad: evitar el conflicto y prevenir y anticipar crisis, o la ausencia de prejuicios y de clases en la movilidad social. Barre de una vez por todas el falso pero eterno dilema entre las dos concepciones sobre China: la primera que ve en ella un país en transición, vinculado a una lógica universal y que seguirá el inevitable camino hacia la democracia de mercado como cualquier otro país occidental, la segunda es la del mito de la china milenaria, inalterable e incomprensible. Poch, como viene siendo habitual, no se conforma con reflexionar, sino que propone soluciones y modos de salida. Para empezar no basar los análisis en comparaciones de China con una sociedad ideal, China es perfectamente comparable con otros países. Como también propone Jean Fraçois Billeter la mejor manera para poder entender China es utilizar el sentido común, el análisis socioeconómico y la historia. Poch lo dice directamente, la memoria sobre nuestro propio pasado para evitar ser ese ignorante que vive en un presente absoluto (y absolutista).

6.2.07

del deseo y la libertad en china


El pasado miércoles 31 de enero, en el 83, bld Arago asistí a una nueva reunión de Psychanalyse en Chine. A la desangelada sala del Institut Théologique de Paris, acudieron en esta ocasión más personas que en el pasado mes de abril, había aumentado también el número de chinos. Guy Flecher, autor de la impresionante página LacanChine presentó su primer encuentro con una analizante china, y nos habló de la escritura, de cómo Lacan concluyó, basándose mucho en la escritura china, en que la escritura precede a la palabra, y cómo hizo referencia siempre a ésta a lo largo de su enseñanza.. Michel Guibal también presentó varios casos y encuentros, en el marco de su trabajo de más de 5 años con una valerosa ONG china que trata en todo el país con niños autistas. Subyace siempre la cuestión de si China constituye un mundo en sí mismo, tan diferente y ajeno a nuestra manera de pensar, para el cual el psicoanálisis sería ineficaz o indiferente. Los mismos chinos se complacen en alimentar esta idea de la alteridad china, de la que tanto uso hace el nuevo nacionalismo político. El mismo François Jullien habla sin cesar de esa otra alteridad radical, incapaz de pensar en el deseo, y en el ser en nuestros términos. Pero a medida que uno se enfrenta a los textos chinos y a sus testimonios individuales, nada resulta más artificioso que esos rodeos pseudos-filosóficos. En la entrevista que aparece en este número dedicado al deseo del Magazine Littéraire, Jullien opone la concepción china de deseo, definida por la funcionalidad, a la occidental, creada a partir de la falta. Pero cae en su propia trampa, y no se da cuenta al hablar del carácter chino que significa deseo, y que se utiliza para hablar de deseo sexual, yu 欲 que éste está constituido por el radical de falta, y el dibujo de un valle: para que haya deseo, sobretodo en la China antigua del justo medio, ha de haber una falta, un vacío, que sí, en última instancia es funcional, como lo es para Lacan. Al día siguiente encontré otra entrevista a un novelista chino, cuya novela, “Poemas al Idiota”, acaba de ser traducida por Editions de l’Aube. Ge Fei (Jiangsu, 1964) respondía, en la misma línea que Jean François Billeter en “Contra François Jullien”, que los fantasmas y la represión de ambas culturas no son diferentes, y añadía que la introducción de la teoría freudiana en los años 80 había representado una fuerza de pulsión hacia la libertad en China. La amnesia histórica, la ausencia de transmisión entre generaciones, los no-dichos, el peso de la moral confuciana que impide criticar a los progenitores y construir su propia subjetividad, forman parte de las actuales preocupaciones de los chinos. Tanto los interventores como el auditorio avanzábamos a tiendas, lenta y cautelosamente, entre dibujos de caracteres, preguntas, y tímidas conclusiones. Yo no podía evitar pensar en cómo explicaba Zizek la ética del deseo en Lacan: mostrar que hay una capacidad de deseo puro, que no necesita supeditarse al objeto. El objeto, objet petit a, se transforma entonces en una posición estructural, una especie de objeto a priori. El deseo último es pues el de la no-satisfacción del deseo, el deseo de permanecer abiertos. Así permanecíamos nosotros, como estudiantes daoístas, circunvalando el vacío, entre dos continentes que se nos aparecían mirándose en un espejo.

19.12.06

china muda


En una de las numerosas ferias de moda en las que estuve el año pasado, conocí a una japonesa divina, que vivía en Florencia y diseñaba bolsos de piel que fabricaba bajo su propia marca. Ella, como nosotros, buscaba compradores japoneses, pero me explicó que para poder vender a Japón debía antes hacer de su marca una marca conocida europea.
La situación del arte contemporáneo en china es paralela: muchos artistas crean en general obras dirigidas al público extranjero y sólo cuando esa mirada de fuera (extranjero es en chino wai guo ren, persona del país de afuera) los reconoce, podrán ser reconocidos como artistas dentro de su país.
No es difícil pues caer en la tentación simplista de pensar que los chinos, además de no poseer un criterio propio, sólo buscan repetir y copiar lo que hace occidente, en el mejor de los casos, importarlo y adaptarlo.
A mi me parece que la situación es, como siempre acaba siéndolo, más compleja. Y que lo que impide a la sociedad china asumir esa posición reflexiva y discursiva, no es en absoluto una falta de criterio, como la ausencia nefasta de un espacio de verdadera discusión, y diálogo entre el artista y la sociedad local. No existe una diálogo cultural, no hay una respuesta crítica normal a las diferentes expresiones de arte contemporáneo. Y es que a pesar del incremento de libertades, de la rápida apertura del gobierno y el país, no existe en China la posibilidad de intercambio con la audiencia local, que permita el desarrollo de un discurso crítico, y la reflexión libre y honesta sobre lo que se piensa. No digo que prohíban expresar una opinión o publicar una crítica, y mucho menos que no existan en China posiciones y reflexiones válidas. Sino que no existe espacio para que se construya un verdadero cuerpo de analistas, pensadores y críticos, independientes del gobierno, responsable este último de la instrumentalización de la cultura y el arte. Como recalcaba Geremie R. Barmé, el hecho adquiere dimensiones cuando se trata de una situación que se alarga ya por más de veinticinco años.
Existen en China artistas, pensadores, creadores e intelectuales con mucho más criterio, formación y capacidad de elaborar un discurso propio, que intelectuales o artistas de mis aventajados ciudad o país. Pero es cierto, que mientras todo el mundo occidental habla de China y de sus tópicos relamidos, en China acaece un mutismo letal: una cultura que no puede hablar de sí misma sino es a través de discursos diseñados desde la propaganda oficial, la disidencia consentida y sin posibilidad real de discusión.
Jean François Billeter publicó de nuevo este año un valiente y magnífico ensayo titulado “China, tres veces Muda”, donde precisaba: “El efecto más pernicioso del control de la prensa no es que permite mantener secretos ciertos hechos, sino que impide a los chinos expresarse sobre acontecimientos conocidos, analizarlos y llegar a conclusiones”
¿Por qué tres veces muda? “Porque no la oímos hablar ni de su presente, ni de su historia reciente ni de su pasado, contemplado en su totalidad” ... lo recomiendo encarecidamente!