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12.8.09

我 家 (mi casa)

Beijing, photo by GraemeNicol

Después de muchos, muchos años sin casa propia, de errancia en un exilio voluntario, quizá necesario, me encuentro estos días de mudanza a mi nueva casa, que es de alquiler, que es temporal, que apenas sé cómo llegaré a pagar, pero donde por fin parece que tendré un lugar.
Durante este último año en el que buscaba sin que salieran las cuentas, sin encontrar nada que encajara, terriblemente desanimada, fantaseaba con otras ciudades y otros paisajes que imaginaba más hospitalarios. Curiosamente, mi nueva casa me recuerda a esas otras ciudades con las que soñaba, y desde lo alto de mi colina, diviso muchos tejados, a un lado el mar, al otro un bosquecillo tupido y enfrente unos cerros pelados con edificios ni demasiado altos, ni demasiado nuevos ni demasiado feos o cercanos.
También me ha hecho pensar en esos poemas chinos de embriaguez en templos, posadas y cimas de montes.

Sobre el monte Tongguan, poema tras la borrachera

Me gusta solazarme en el Tongguan,
mil años sin pensar en volver.
Deseo girar, y que al danzar mis mangas
acaricien el monte de los Cinco Pinos
Li Bai


Escrito en mi casa sobre las alturas en la ciudad de Liang Huang

Vivo en el lugar más alto
bajo mi mirada mil casas permanentemente
he acabado de escribir poemas y beber vino de arroz
frente a las numerosas cimas me adormezco solo.
Cen Shen

18.8.08

a punto de partir

Sur le quai de Yokohama, Japon Illustré de Félicien Challaye, Paris 1915
Además de los poemas me gusta leer las biografías de esos poetas antiguos. Como sabrán, en la sociedad tradicional china los escritores o intelectuales, los letrados, solían prepararse para los exámenes imperiales y acceder a cargos públicos como funcionarios de la corte. A menudo eran enviados a diferentes regiones y ocupaban puestos diversos, principalmente civiles, pero también militares. Algunos de ellos provenían de familias humildes de funcionarios de provincias como Bai Juyi, otros crecieron en el campo o la montaña, como Meng Haoran, pero la mayoría pertenecían a familias acomodadas, Li Bai por ejemplo provenía de una familia de comerciantes, Wang Wei de nobles terratenientes. En otros casos se trata de familias de literatos de cierta fama, como Su Dongpo, Wang Bo, la poetisa Li Qingzhao o Lu You. Debido a los cambios repentinos de poder, las guerras, invasiones de nuevas familias dinásticas, rebeliones o meras intrigas políticas, se veían forzados a huir continuamente, o bien exiliados, expulsados, o enviados a vivir en las zonas fronterizas, lejos de la capital, incluso siendo vigilados. Algunos ocuparon durante largas épocas cargos importantes ejerciendo de gobernadores de distritos y alcaldes de ciudades importantes. Poseían preocupaciones políticas y sociales. Como consejeros del emperador no dudaron en recomendar la baja de impuestos en zonas afectadas por la sequía o la pobreza, emprender, como hizo de Su Dongpo, numerosas obras hidráulicas y mejoras urbanas o enfrentarse a los nobles en pro de los más desfavorecidos. A la mayoría su franqueza les costó su carrera, otros renunciaron a sus cargos y se marcharon a vivir al campo. Du Fu, por ejemplo, pasó la mayor parte de su vida en la miseria, un hijo suyo murió de hambre, y él murió de enfermedad en un barco, intentando regresar a su tierra natal. Wang Bo pereció ahogado en un barco a los 26 años cuando se dirigía a visitar a su padre exiliado. Meng Haoran fracasó los exámenes y regresó a las montañas a vivir como un ermitaño y escribir, aunque fue amigo de Wang Wei, Li Bai o Wang Chanling. Su Donpo se vio forzado a exiliarse a la isla de Hainan y ahí descubrió los placeres y la sencillez de la vida del sur.  Muchos de estos poetas, de jóvenes, antes de asumir sus cargos emprendieron viajes por tierras meridionales o pasaron temporadas en templos estudiando con maestros los textos taoístas y budistas. Tao Yuanming se dio el apodo de Caballero de los cinco Sauces, Bai Juyi se hacía llamar Ermitaño de la montaña perfumada o el Caballero Ebrio. El nombre de Su Dongpo, como ya hemos comentado varias veces, quiere decir cuesta del este y hace alusión a un pequeño terreno cultivable que se le ofreció en uno de sus destierros obligados. Para referirse a Li Bai se suele utilizar la expresión Inmortal desterrado, de él se decía que “tenía aires de inmortal y aspecto de taoísta, y era alguien con quien se podía compartir el viaje extático por los ocho confines” (esto aparece en el magnífico prólogo de Anne Hélène Suarez en su libro A punto de partir). También he leído que él se hacía llamar Ermitaño de los lotos verdes. Ahora no recuerdo si Wang Wei, el poeta de la montaña vacía, estudioso del budismo chan  tenía algún sobrenombre. Fue sin embargo Bai Juyi el que dijo “me hice monje budista en casa”. Sobre la trágica pero interesante biografía de Li Qingzhao ya habíamos hablado aquí. Los temas preferidos de sus poemas son variados: exaltación de la naturaleza y la vida retirada, aspiración a la libertad y la felicidad, desprecio por los poderosos y mandarines corruptos, la amistad, rencuentro con amigos, y sus despedidas, bebida, amor, nostalgias de la tierra natal, la vida en zonas fronterizas, los viajes y destierros, las calamidades causadas por la guerra. Li Bai no quiso pasar los exámenes imperiales por lo que carecía de titulación; él aspiraba a encontrar contactos y mecenas que lo acercaran al emperador. Después de viajes y un largo periodo en la corte fue encarcelado y enviado al exilio a la provincia de Guizhou. No se dio ninguna prisa en llegar, tardó dos años en hacer ese viaje, ya que paraba en casa de conocidos, aceptando invitaciones, festejando y despidiéndose con banquetes de los amigos, escribiendo acerca de su desencanto, brindando con vino. Antes de llegar a su destino le llegó el indulto y emprendió con alegría el viaje de regreso.
Bueno, ahora soy yo la que me despido por unos días, no sé si me dará tiempo de pasar por vuestras casas antes de partir… hasta pronto!

24.11.07

estar enfermo o la terraza para elevarse en el vacío

Emei Shan by Chevans
Hace poco un amigo me dijo estar enfermo, aunque sólo fuese de amor. Yo leía el ensayo de Virginia Wolf titulado Estar Enfermo, que Bel me había prestado para mi viaje a Paris, y recordaba, algo emocionada, todas esas largas conversaciones que durante años había mantenido con otro amigo que durante tiempo vivió bajo tan pesado significante. V. Wolf escribe desde su propia experiencia, sus depresiones, desde los largos periodos obligada a guardar cama, a encerrarse en casa, a medicarse, o incluso a verse privada de poder escribir. Nada más empezar lo dice: “cuando las luces de la salud se apagan, emergen países aún sin descubrir"… yermos y desiertos del alma, precipicios y céspedes rociados de brillantes flores, antiguos e inexorables robles, ángeles y arpistas, aguas de la aniquilación…En seguida señala el hecho de que a pocos les interese hablar de estos estados, que se descuiden en el lenguaje y en la literatura. “Ver todo esto a los ojos requeriría la audacia de un domador de leones, una filosofía robusta, una razón enraizada en las entrañas de la tierra” Porque el monstruo del cuerpo y el milagro del dolor, dice, en un batir de alas nos lleva a los arrebatos de la filosofía, el misticismo y la intuición. Hay en la enfermedad además una franqueza infantil. “Cada ser humano alberga un bosque virgen, un campo nevado donde ni siquiera se conoce la huella de un ave. Ahí avanzamos solos y así lo preferimos. ...Cuando hay salud uno ha de hacer semblante, ocuparse de los demás, comunicar, compartir, civilizar…cuando hay enfermedad, dejamos de ser soldados en el ejército de los erguidos; nos convertimos en desertores. Ellos marchan a la batalla. Nosotros yacemos acostados mirando hacia arriba, como hojas muertas sobre el césped, y por primera vez después de muchos años, irresponsables y desentendidos, somos capaces de mirar a nuestro alrededor, para alzar la vista y ver, por ejemplo, el cielo."
De repente Virginia descubre en el cielo algo completamente distinto, una composición de luces y formas, como un gigantesco cinematógrafo proyectando perpetuamente, y se pregunta por qué nadie utiliza todas esa energía para algo.
Sé que seguramente sólo me pase a mi, pero la metáfora del cielo me devuelve a China. Y a un pequeño ensayo de Su Dong Po para celebrar la construcción de una terraza en la ladera de una montaña. Habla de una capital de provincia situada al pie de las montañas del sur. Al lado de éstas se encuentra la más alta Zhongnanshan. El gobierno de este distrito nunca se había fijado en las montañas. Y aunque esto no tuviese ninguna consecuencia política, Su Dongpo nos dice que para entender la naturaleza del mundo, no puede ser de ese modo. Y es por eso, por lo que finalmente se construye una terraza que permita al hombre elevarse en el vacío. Su propio apodo Cuesta del Este podría contener, pienso, esa imagen de una ladera desde la que observar desde las alturas. En la versión de Anne Hélène Suarez de A punto de Partir de Li Bai, el libro acaba con un último poema que evoca también esa visión desde el vacío y la dificultad o la proeza de poder expresar con palabras todo eso…
Escrito al subir a la Terraza Yang
"Los montes se elevan, las aguas se extienden,
Son mil y diez mil los visos de las cosas,
Si no es con ayuda de un pincel experto,
¿Cómo expresaré lo puro y lo grandioso?"
Aunque a lo que apunte el psicoanálisis no sea exactamente a curar, sí que tiene que ver con ese desplegar del cinematógrafo, con la escritura de las mil cosas en la experiencia del sujeto y con poder sostener una escucha que tiene lugar en el vacío

20.2.07

cadeau


poema de Li Bai, Pensamiento en una noche tranquila, Pre-Textos
La semana pasada Salvador, de la librería Xoroi, me regaló en agradecimiento a la colaboración en la puesta en escena del acto de cierre del año Freud, el bonito libro de poemas de Li Bai,A punto de partir, editado por Pre-Textos y traducidos en edición bilingüe por mi admirada Anne-Hélène Suárez. Salvador es buen amigo de Anne Hélène, así que le pidió que me lo dedicara, cosa que me hizo mucha ilusión. Además de los poemas, del cuidado y la belleza de la edición, la traducción misma, las notas y los apuntes de A.H. son valiosísimos a la hora de entender y conocer no sólo las palabras sino las interesantes vidas y el mundo que habitaban esos poetas. Muchos de ellos debían lidiar con las intrigas de la corte, y partían a menudo desterrados como Su Dongpo o enviados en su cargo de funcionario por el emperador a servir en tal u otra provincia remotas. Otros como Li bai viajaban en busca de mecenas, prácticamente todos se retiraban durante largos periodos a las montañas, al estilo taoísta, a veces, señala A.H., simplemente para llamar al atención del poder, fingiendo desinterés por los asuntos mundanos y alimentando su propia leyenda. Visitaban en sus rutas monjes y sabios, y otros amigos funcionarios o poetas. Practicaban la alquimia y se ejercitaban buscando la inmortalidad, no sólo literaria, sino también física! Una de las cosas que más me gusta de la poesía antigua china es toda esta temática de los viajes, las visitas, los encuentros y despedidas de amigos, tan preciados vista la existencia solitaria y desapegada que muchos de ellos llevaban. Los recuerdos en la distancia, la nostalgia de la partida, los lamentos por la muerte de alguno de ellos, las alabanzas al trabajo del otro, en definitiva el entretejido de largas amistades. Eso hace que sean frecuentes los llamados poemas de intercambio, en que un autor compone un “eco” al poema del otro. Como indica A.H. en el prólogo de la edición de Pre-textos 99 cuartetos de Wang Wei y su círculo, en la mayoría de las antologías no se presentan los poemas de respuesta que no sean del autor, lo cual distorsiona a veces la comprensión que de ellos pueda formarse el lector.
Y ese interlocutor invisible y lejano, que habita otras montañas y cuya personalidad desconocemos, me hace pensar esta mañana en el Otro lacaniano al que dirigimos nuestra demanda y discurso sin saberlo, y cuyo desconocimiento nos sume también a veces en la misma sensación de extraña incomprensión