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18.7.09

de la caída ordinaria

Kyosoan by dennisart
El mundo es todo lo que sucede, con esta frase tan china abre Wittgenstein su Tractatus. La traducción francesa, que también me gusta mucho, dice algo como que el mundo es todo lo que hace (un) caso. En su sentido original, la palabra caso, además de suceso significaba caída. Me quedé pensando en la caída, y en todo lo que cae. También en la pérdida. Para los místicos, la pérdida –del mundo, de uno mismo, y yo añado de sentido- tenía la misma naturaleza que la salvación -que la revelación, que el encuentro con algo vital.
Cuando Freud quiso cernir algo del sentimiento religioso o espiritual en el ser humano tomó prestada de un amigo la expresión de sentimiento oceánico, de eternidad, continuidad y fusión con el universo y las cosas. Pero la pérdida del self, la hipotética fusión o indistinción con el todo no sólo está en lo sagrado, sino que puede acontecer también en otros contextos, más ordinarios y terrenales. Ciertas experiencias de la locura, de lo traumático, ciertos viajes del sujeto de la palabra o la conciencia, pueden dar cuenta de ello. Yo creo que explicar algunas de estas experiencias desde las desafortunadas teorías de la personalidad y la psicología no puede dar nada bueno y que el menosprecio que existe hoy por la atención al caso particular es fatal… la psicoanalista F. Davoine acude al Teatro de la Crueldad de Artaud para explicar el trabajo que puede realizar un analista cuando se encuentra frente a un sujeto perdido, expulsado fuera de todo discurso o lazo social. El lugar del analista se asemeja, más que al del médico o el sabio, al de aquel doble artaudiano: doble que no es un semejante, ni un alter ego, puesto que en ese contexto ya no queda ego, ni tampoco alter, ningún otro en relación especular. El analista se parece mucho más a ese hombre sin situación de los diálogos chan de Lin Tsi, un personaje antagonista en escena que está ahí para darle la réplica al paciente, para jugar su juego de lenguaje. Y lo que tiene lugar sobre esa extraña escena no proviene de la psicología de los personajes ni de las interpretaciones, sino de un acontecimiento, algo que se “actúa” para liberarse de ello.
Esta semana me maravilló el relato de un antiguo amigo, un bailarín excepcional que después de más de nueve años en Japón formando parte de la compañía del maestro del butoh Kazuo Ohno, ha regresado y busca su lugar en España. Joan Carlos Soler se dedica ahora a la enseñanza en Madrid, y esta año, entre otras cosas, ha estado dando clases de interpretación a bailarines clásicos. Me divertía imaginar el diálogo entre esos cuerpos tan entrenados en el código de la danza clásica y el trabajo de Joan Carlos tan marcado por el butoh. Me explicó como trabajó durante un tiempo con la muerte, haciendo ante todo que se plantearan qué era para ellos, cómo se la representaban. Deduzco que saldrían imágenes, movimientos, improvisaciones. Más tarde cómo se representaban su propia muerte, la de cada uno de ellos. Los imagino espantados de no tener personaje ni máscara tras la que protegerse, preguntándose por qué algo tan abstracto en sus clases de interpretación. Y finalmente Joan Carlos, con su humor alicantino, preguntándoles por el desenlace final del Lago de los Cisnes.
A veces una buena pregunta es la única garantía para obtener una respuesta.

2.6.09

de lo auténtico

Anne Teresa de Keersmaeker, en su solo Once



Los dioses decidieron darme un respiro y este sábado me condujeron a la sala grande del teatre lliure donde Anne Therese Keersmaeker presentaba un solo, Once, inspirado en canciones de protesta de Joan Baez. Salí de ahí transfigurada y agradecida, aunque me temo que muchos modernos quedaron decepcionados y perplejos ante la elección textual y musical. El espectáculo estaba impecablemente construido, y resultó exquisito. Ella sola, en un escenario desnudo, con dos o tres objetos, y al fondo una lona negra sobre la que se proyectaban las letras de las canciones, que la veterana coreógrafa sabía hacer jouer, en su sentido más amplio, intercalándolas con silencios, con su propia voz y la experiencia del cuerpo. Es curioso que la magia, que no suele ser inmediata ni gratuita, empezara a instalarse para algunos de nosotros, precisamente, a partir de un par de cambios de luces. En vez de hacerse, como es habitual en la danza, de forma imperceptible y sincronizada con los cambios escénicos, música o dramaturgia, ocurrieron deliberadamente fuera de tiempo, devolviéndonos, como en metáfora, una mirada. De repente, como explica Lacan, “aquello que es luz me mira, y gracias a esa luz en el fondo de mi ojo, algo se dibuja”, entro entonces a formar parte del cuadro…. Lacan descubre en la mirada eso que él llama "el privilegio del sujeto", una relación reflexiva en la que, en el momento en que yo percibo me siento observado, y mis representaciones me pertenecen. Entre el ojo y la mirada se abre un abismo: mientras el ojo pertenece a lo biológico y lo objetivo, la mirada se convierte en puro objeto causa y satisfacción parcial de mi deseo, en puro objeto-a.
Ayer, en cambio, fue el documental de Wang Bing 王兵, He Fengming, en el cccb. En prácticamente un único plano de tres horas escuchamos el relato autobiográfico de una anciana, testimonio de los estragos de la Revolución Cultural. El realizador planta su cámara en el salón de su casa y como mucho llega a acercar el mismo plano en cinco o seis ocasiones. Wang Bing renuncia a hacer algo más de su mirada y su ejercicio de contención o de renuncia deviene inquietante, pero potente. La anciana es la que nos mira y sostiene con su deseo el nuestro propio. El arte de escuchar equivale casi al del bien decir, cita Lacan al principio de una clase. Busco entonces en lo chino, Un término antiguo, 诚 cheng, que utiliza Mencio para hablar de lo auténtico. Está compuesto por el radical de palabra 言 y por elemento 成 cheng, que significa realizar, llevar a cabo. La autenticidad no consiste sólo en realizarse uno mismo, en usar las palabras correctas, sino que por ella se realicen las cosas, en conseguir una actuación coherente. Realizarse uno mismo es humanidad, permitir que se realicen las cosas es sabiduría, Mencio dixit.

29.3.09

de los expulsados

fotograma de Los cerezos en flor, de Doris Dorrie
Me quedé pensando estos días en la realidad doble lenguajera, que por un lado nos permite ser, a través de lo que decimos, y por otra nos desaloja , nos expulsa, nos deja fuera (para Lacan ex-sistir tenía ese significado, ser-fuera) separándonos, por medio de la palabra de lo que nos ocurre en lo real. Manel Ollé ya había hablado de ese mismo sujeto en tránsito, que redescubrí hace unos días en su poema, en aquel artículo tan bonito que ya comenté aquí sobre la poesía china, y que ya entonces me había hecho pensar en el sujeto del inconsciente y en el trabajo bajo transferencia del análisis. El lenguaje no es una jaula, escribe Wittgenstein para poner en entredicho la idea de que nombrar consiste sólo en atribuir una etiqueta a una cosa, e intentar dar cuenta de que a menudo uno nombra únicamente para dirigirse a otro y que éste acoja algo de lo que no ha podido ser dicho o inscrito. Y de eso trata el libro de François Davoine acerca de la transferencia en la psicosis, en el que trabajo con pasión ahora. Ayer vi la última película de Doris Dorrie, Los cerezos en flor, que me gustó mucho. En ella aparece continuamente la dificultad de los personajes para poder expresar y comunicar ciertos sentimientos esenciales que los invaden silenciosamente, como esa Cosa freudiana de la que el sujeto no puede dar cuenta. La irrupción de una catástrofe de lo real, de ciertos acontecimientos como la muerte, el paso del tiempo, y la pérdida del otro, obligan al personaje principal a emprender un viaje y transitar el sentido que el nuevo vacío ha dejado al descubierto, a cielo abierto. Mientras su mujer estaba, su vida conseguía sostenerse en el frágil equilibrio de los no dichos, pero con su muerte él necesita recuperar para sí, en un viaje transferencial, algo de lo que el deseo de ella y su pasión vital expresaba en el ex-sistir de los otros. El viaje lo lleva a Japón en este momento del año en que los cerezos están el flor, símbolo por excelencia de la fugacidad de la existencia, donde el encuentro con una joven bailarina de butoh, que es capaz de acoger y escuchar algo de su demanda, le permite elaborar algo del duelo y de esa transferencia con su mujer. Curiosamente, en la extraña danza butoh con la que soñaba su mujer, la comunicación con los muertos es algo corriente, como lo es para el analista en el trabajo con la locura, y que tiene que ver con ciertos acontecimientos catastróficos (subjetivos) a los que nos toca sobrevivir. La danza butoh nació en Japón después de la segunda guerra mundial, precisamente para poder expresar algo de la catástrofe atómica. Después de descubrirla y bailar durante un año en una compañía, a mi se me hizo muy difícil seguir bailando cualquier otra forma de danza. Aquí también la joven bailarina de la película lo explica poéticamente, en esta danza de las sombras (butoh significa literalmente danza de las tinieblas o sombras) el sujeto y ciertos aspectos de su inconsciente y su regreso en lo real, transitan de una sombra a otra, sin que podamos decir quién es el sujeto de lo uno expresa. Frente a la pregunta de ¿quién está ahí? se hace a veces difícil proferir una respuesta. Davoine recupera el trabajo y expresiones de analistas norte-americanos como H.S.Sullivan para hablar de ese dreadful-not-me o de ciertas emociones uncanny, con las que el analista, el practicante zen o el poeta se enfrentan. Ollé en su poema utiliza una referencia de Gong An 公案 ,“sobre el zafu donde te sientas no hay nadie, bajo el zafu no hay suelo”

26.10.08

la dificultad de habitar un cuerpo

fotografía del terremoto de Sichuan del International Herald Tribune, Bo Bor/Reuters
Este otoño Alain Platel, uno de mis coreógrafos preferidos estrena un nuevo espectáculo, Pitié, a partir de la Pasión según San mateo de J.S. Bach. En el texto que sirve de presentación dice que la palabra compasión, intoxicada con demasiados matices, se acaba asociando generalmente con cierta idea de condescendencia. Sin embargo, cuando la vida y la muerte se nos vuelven insoportables, anhelamos el cobijo de los otros, que nos compadezcan. A Alain Platel la crítica le reprocha una mirada complaciente sobre la locura, y que sus espectáculos no parezcan poder dar cuenta de otra cosa que el universo de los locos. Sin embargo el otro día escuché una cosa preciosa de la realizadora Sophie Fiennes respecto del trabajo de Platel: lo que éste trata no es tanto la locura como la dificultad que radica en ser un ser humano, así como de la dificultad de la experiencia de habitar un cuerpo.
En seguida me acordé de Platel este viernes en la espléndida conferencia organizada por el Espai Freud de Miguel Morey sobre Foucault, cuyo pensamiento me ha resultado a menudo igual de liberador. "Cuando tratamos con seres humanos, la abstracción no es sólo un error intelectual". Foucault, igual que Platel, se vio profundamente marcado por su trabajo en instituciones psiquiátricas. Para ambos el hombre como abstracción intelectual renacentista o cientifista está obsoleto, o mejor dicho muerto. El hombre que les interesa es el que abandonando cualquier pretensión epistemológica y ontológica se pregunta directamente, y esto ¿cómo funciona? ¿Y ahora qué hago. Esa, ya lo hemos dicho varias veces, es la pregunta más china, y la que nos permite reconstruirnos por encima de cualquier quiebra. Morey también insistió, citando a Foucault: no hay razones para obedecer, somos más libres de lo que solemos creer. Libres para pensar de otra manera al menos, pensaba yo. Pero es que pensar es siempre pensar de otra manera.
Esta semana dos amigos me enviaron un artículo aparecido en el International Herald Tribune que hablaba del interés cada día más grande en China por las psicoterapia y el psicoanálisis occidental. Ese camino podrá ayudarles sin duda a la mejora de libertades que se reclama desde dentro y fuera de la sociedad. Yo siempre he pensado que la dificultad que poseen para pensar la realidad en términos absolutos les facilitaría todo este proceso. Porque, de nuevo Morey, citando a Foucault, la verdad también es un constructo histórico.

12.3.08

to dance ( on Moebius Strip)

from Moebius Strip by Gilles Jobin, photo by Dorothee Thebert
Echo de menos la danza, echo de menos una relación con el espacio, el cuerpo y a veces con el tiempo (aunque para eso, para otras dimensiones del tiempo, suele servirme mejor el cine, la música, o cierta literatura…) Como en un sueño, en que la distancia más corta entre dos puntos no es la línea recta, ni la directa, y muchas veces hay que dar un salto, hacerse invisible, poder acercarse de otro modo…Ante mis reiteradas críticas a bailarines o compañías que ya me parecen obsoletas, Cacho de Pan me pregunta quién me gusta ahora… (antes eran muchos, muchos, pero hoy apenas quedan). Pienso en el trabajo de gente como Alain Platel, que trabaja con bailarines, cantantes de ópera y músicos, gente de circo, niños, sin necesidad de apuntar con el dedo para hacer diferencias, pero encontrando para cada uno su lugar en escena… (pinchen aquí para ver su Aerial silk bailando Mozart, a mí me sigue gustando Platel, su Lets op Bach fue una revelación) en la belleza de algunas colaboraciones con músicos contemporáneos o artistas plásticos, y me he acordado de este espectáculo de Gilles Jobin, que no pude ver en directo. Lacan acudió a la topología para poder explicar el funcionamiento y el lenguaje del inconsciente. Sueños, lapsus, síntomas, asociaciones, conceptos esenciales como el de sujeto articulados a través de una geometría no-euclidiana, imprescindible ya para muchos a la hora de seguir trabajando en la teoría y la clínica analítica, que luego siguió con la teoría de nudos. Hablamos ya aquí de arquitectura y la banda de Moebius. Es curioso porque Gilles Jobin no menciona la topología, pero al presentar su pieza confiesa no atenerse a lo que se espera de la danza, esto es, cierta idea de progreso, de verticalidad, de mantenerse en pie, de explicar historias... Esta renuncia le permitirá investigar en la horizontalidad, y otra manera de estar, a veces más detenida, menos espectacular, en el escenario. Este renunciar a mantenerse de pie me recordaba la reflexión de un sinólogo analista acerca del problema que tiene China al ver en el sujeto dividido, un efecto de la modernidad, y contraponiéndolo al ideal tradicional del sabio, carente de tal división subjetiva. Por eso, Rainier Lanselle dice preferir hablar de modernismo chino en vez de modernidad china. Algo así me pasa con la danza cuando peca de modernista, pienso que ésta no puede seguir obviando la “invención” del sujeto moderno, ni de su realidad corporal, espacial, temporal...
Aquí un fragmento del Moebius Strip de Gilles Jobin, -es un fragmento un poco extraño pero hay otros disponibles en internet, en su página y youtube.

13.2.08

un pájaro volando, 不

photo by Oliveryck
Mi resaca no-fálica de esta semana llena de exceso de dudas, faltas, semana demasiado no-toda, sujeto multi-dividido, multibarrado, me hizo pensar en otro caracter chino que me gusta mucho. Es el carácter que sirve para decir “no”, no es, no quiero, no es esto, no puedo….se pronuncia bú y se escribe así 不 y proviene del dibujo de un pájaro que ha salido volando… que se esfumó desplegando sus alas. Hay otro carácter, muy antiguo, wu, 无 que se sigue utilizando mucho, su etimología, su pictograma proviene del dibujo de un bailarín adornado No sé cuál es la relación entre el bailarín y el “no”, tal vez ese espacio vació que queda en el centro de la danza, como el espacio vacío una vez el pájaro ha volado, (curiosamente para decir “no hay” se utiliza un tercer signo de negación, que es mei 没, y proviene del dibujo de una mano que se sumerge en el agua para atrapar algo que ha desaparecido)
Como soy un bebé analfabeto en teoría psicoanalítica, los conceptos más que manejarlos con soltura, los balbuceo, y se me escapan al bailarlos, salen volando. Del falo apenas sé mucho más que su brillo. Pero como leo a Lacan, porque quiero y porque tengo derecho, pues me lo encuentro aquí y allá, el dichoso concepto, y al final, quiera que no, es cierto que acaba ordenando todo el resto. Leer el seminario 18 es como leer chino, comprendo cosas sueltas y apenas las logro hilvanar, me siento feliz. En él habla del yin 阴y del yang,阳 de esos dos conceptos femenino y masculino que parecen explicar una relación de polaridad como modelo dinamizador del universo, para decir que esa explicación de la realidad es insuficiente. Y es que nunca me cansaré de señalar cómo Lacan entendió, mucho mejor que los descubridores de oriente, lo chino. Lacan explica ahí que la novedad que aporta el discurso analítico es precisamente una nueva certeza (muy china): “es imposible –“intenable” dice él en francés- quedarse, contentarse con esa dualidad como explicación de lo que tiene lugar bajo el cielo, esta dualidad es ciertamente insuficiente. La relación sexual es imposible, la completud es imposible, y lo que viene a marcar esa imposibilidad es el falo, ese agujero, significante de lo que nos falta a todos, y nos falta siempre, ese pájaro que se está yendo, siempre, volando… el falo es lo que hace obstáculo a esta relación que nunca será completa, ni complementaria, ni totalmente satisfactoria. Los chinos lo sabían desde tiempos remotos, y nunca pensaron que el yin y yang apuntara hacia la completud, sino en todo caso, hacia la danza.