Emei Shan by Water BowlEs Lacan en el seminario XVIII el que, citando la sabiduría popular, dice que si se quiere saber la verdad sobre un hombre, es en la relación con la mujer donde se encontrará. Ella es su “hora de la verdad”. La mujer como gran Otro, disfruta de una mucho mayor libertad en su relación con el semblante y funciona como pesa-persona. “Para pesar a una persona, nada como pesar a su mujer.(…) Ella conseguirá darle peso, incluso a un hombre que no lo tenga” Pedro Ceinos dedica su último libro, Leyendas de la Diosa Madre (y otros mitos de diosas y mujeres de los pueblos de China), que acaba de ser editado por la editorial Miraguano, al estudio y traducción de los antiguos mitos y leyendas sobre las diosas y mujeres en los distintos pueblos de china. Y es que para este "cazador de minorías", para poder entender y conocer aspectos y fundamentos, muchos de ellos prácticamente desconocidos hoy en día, de la cultura tradicional china, hay que irlos a buscar en la cultura, creencia y mitos de los pueblos situados en la periferia de su imperio. Lakhan habla del mito también en relación a esta verdad. El mito, presentado bajo la forma de relato, no es sólo una ficción sino que además presenta una estructura, una estabilidad, relacionada con algo que siempre aparece y que él llama la verdad. “En toda ficción correctamente estructurada es palpable esa estructura que, en la propia verdad, puede designarse como igual a la estructura de ficción. La verdad tiene una estructura, por así decirlo, de ficción.” En el libro Pedro recoge mitos de pueblos chinos, pueblos Zhuang-dong, sino-tibetanos como los Hani, Yi, Jino, o Jingpo, de los Miao-Yao, de los uygures, de pueblos mongoles, man-tungús (entre los que están los manchúes), y los autronésicos (de la zona de Birmania y Yunnan) y los divide en cuatro bloques: mitos de la diosa creadora, de la diosa civilizadora, en tiempos matriarcales, y los referentes al fin de las Amazonas y el Reino de las Mujeres, con algunas interpretaciones curiosas y preciosas sobre las prendas de ropa, cinturones o delantales de las mujeres. Aparecen mitos y leyendas que nunca habían sido traducidas antes a una lengua occidental, y es que el autor posee una de las bibliotecas sobre minorías chinas más grandes que he visto nunca. Las historias están repletas de mujeres y diosas valerosas que vomitan y abren sus piernas para parir y crear el mundo y cobijar a los seres que lo habitan, llenas de soles, ríos, lagos y montañas, de dragones, animales, árboles y hombres cazadores que se convertirán en los primeros padres. Se me hace evidente otra de las constataciones de Lacan en el seminario 4 sobre el caso del pequeño Hans, y es que toda creación mítica responde a una pregunta, y consiste en enfrentarse con una situación imposible mediante la articulación sucesiva de todas las formas de imposibilidad de la solución. (…) No olviden que el significante no está ahí para representar la significación, sino más bien para completar las hiancias de una significación que está literalmente perdida. Los significantes no están ahí para documentar una realidad sino para colmar los agujeros y los vacíos que el individuo se encuentra en el camino y es así como se pueden leer estos relatos, que tejen con exquisitez y finos hilos ese lugar en el que las diez mil mujeres chinas se han sostenido durante milenios adentro y afuera de esas fronteras geopolíticas que, como vemos, se difuminan en seguida.



