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22.11.10

un cielo rasgado

chinese shrine by steve anli

Cuando se sabe todo, uno es como un cielo oscuro. El inconsciente aparece entonces como un relámpago que rasga la oscuridad de la noche. Por eso tal vez en el zen se hable de esa otra clase de conocimiento en términos de luz, con la expresión de iluminación súbita. Al escribir esto me he acordado de la cita de Thelonious Monk que abre una novela: siempre es de noche, sino no necesitaríamos la luz.
Al igual que ese tipo de iluminaciones, el saber del inconsciente es un saber sin sujeto, un saber que nos atraviesa y no se atrapa. -no podemos decir que sea nuestro.- La verdad que produce habla, pero no dice nada a su paso… Es una verdad silenciosa, a la que luego nosotros protegemos con palabras vanas y ruidosas, aunque necesarias.
El otro día un filósofo francés en la radio decía que el atravesamiento de las catástrofes era ante todo el atravesamiento de las apariencias. Dogen Zenji habla de uno de esos primeros momentos al observar el humo de un bastoncillo de incienso al arder junto al cadáver de su madre y sentir el carácter evanescente de nuestra vida, Wang Yangming habla de su iluminación después de haber sido exiliado a Guizhou, en otro momento de gran adversidad y pérdida.
Lo interesante es cómo uno logra dar cuenta de lo que acontece luego, cómo consigue nombrarlo. No se trata de poder explicarlo sino encontrar en el lenguaje la capacidad para generar una realidad que ha sido transformada, atravesada.
Freud decía que el único lenguaje universal es el silencio de la pulsión. Lo que viene luego para nombrar su pérdida o su ganancia, la insistencia de su repetición ya es un lenguaje particular.

9.11.10

la libertad de la práctica

photo by masaaki miyara
La finalidad de la práctica del zazen no es alcanzar la iluminación. Sentarse con las piernas cruzadas y dejar pasar los pensamientos como si fueran nubes, sin juzgarlos ni quedarse atrapado en ellos, permanecer despiertos aquí y ahora, con la humildad que esa actitud de escucha y aceptación (de su dificultad) conlleva, ése es el único objetivo. La práctica misma es la meta en sí, y no hay nada más a lo que aspirar. El camino hacia la iluminación o satori no es gradual sino súbito, como el de la manifestación del inconsciente, y una vez se experimenta, el acontecimiento pierde importancia, y se convierte en una vivencia más.
Algo de esta dificultad para cernir con palabras la dimensión precisa de la práctica zen me hace pensar a menudo en lo que sucede con el análisis, sobre todo cuando se argumenta sobre si cura o no cura, por qué dura tanto tiempo, por qué no encaja en los criterios actuales de lo que se considera una ciencia, la ambigüedad de sus logros terapéuticos, etc. Yo concibo el psicoanálisis como una práctica singular. Por supuesto, a diferencia del zazén, posee un principio y un final, y sí aspira a la transformación del sufrimiento del sujeto en otra cosa, a la obtención de un saber sobre uno mismo, y al cambio gradual de ciertas posiciones personales. Ambas son prácticas subjetivas, liberadoras y facilitadoras, algunos de cuyos logros se pueden contar pero muchos otros quedan fuera del ámbito de las palabras. Ninguna de las dos se interesa por el sentido ni aspira a constituir un sistema teórico de conocimiento, sino más bien una experiencia o acto (analítico). Sus interrogaciones giran alrededor del sufrimiento pero no en términos retóricos o especulativos. La pregunta es qué y cómo hacer... Ambos rechazan la idea de una sustancia ontológica, y en cambio se articulan alrededor de los conceptos dinamizadores de la vacuidad o la falta. Como escuché una vez comentar a un analista, en psicoanálisis uno se sienta frente al océano para ver los objetos regresar del inconsciente, mientras en el budismo uno se sienta frente al río y observa sin juzgar cómo estos pasan. En cualquier caso, los logros son visibles e invisibles al mismo tiempo, pero no por ello son menos reales o eficaces. Para el budismo no existe otra realidad que la de la mente, Freud compartía ese concepto de realidad psíquica como única realidad de la que nosotros podemos dar cuenta. Miquel Bassols señalaba el otro día la distinción que operan Freud y Lacan (y que ya está en la concepción griega del amor como erastés) entre el amor-eros alienado a las formas del objeto y el amor-erastés que no depende del objeto amado sino de su propia pulsión. En una sociedad como la nuestra, en la que el brillo del objeto (de consumo, de intercambio, de valor estético y ganancia) es lo que prima, el psicoanálisis sigue señalando y salvaguardando la importancia y dificultad de ser amante antes que amado. Esa es nuestra expertisse, nuestro terreno de juego, el del deseo de desear. Y no es casualidad que hayamos conceptualizado la condición indispensable para que haya análisis, la transferencia, como un cierto estado de amor peculiar.
Además de liberarnos (o desalinearnos) de las ilusiones-maya (u objetos), según lo pensemos en términos budistas o analíticos respectivamente, ambas prácticas marcan el camino de la des-alienación (que no el rechazo) del otro. Li Zhi lo subrayó en su lectura de Wang Yangmin: si todo hombre es un buda en potencia, si todo hombre contiene la “santidad” en sí, no hay secreto ni verdad a ser revelada por nadie, nadie salva al otro, no hay otro a quién seguir o a quién someterse. Es a los que se refiere Wang Yangming, cuando dice "El hombre de la calle es un santo", o Confucio, al contestar “preferiría no hablar” (Lun Yu 17/19) O ya en términos psicoanalíticos, no hay otro que nos autorice sobre nosotros mismos, que posea un saber mayor sobre nosotros, y por eso el psicoanálisis (también su formación y transmisión) es una práctica que tiene lugar fuera de instituciones como la universidad o el hospital psiquiátrico, es una práctica laica y a-institucional. Y eso, está claro, no nos deja sin dificultad. Me interesa especialmente la posibilidad y consecuencias de un psicoanálisis laico (el practicado por personas que no son psicólogos ni psiquiatras) y tanto la práctica del zazen como Li Zhi/Billeter me sirven de perfectos compañeros de viaje.

3.5.10

una vida vigorosa (tb en el Baff)

japanese raddish by masaaki miyara

Este fin de semana hemos visto tres películas y esta semana nos esperan unas cuantas más. Vivir en el Baff es más fácil que vivir en Barcelona, de eso no hay duda. Este año, además, Albértigo es miembro del jurado en la sección de cine digital y cae bien puesto son varias las digitales que había anotado en mi carnet de baile. Creo que la programación del Baff anime esta edición es excelente. En Parade encontré personajes, rincones y preguntas sobre el Japón y sus trastornos actuales que me interesan. Me salté la brutal The Coast Guard de Kim Ki-duk, construída también alrededor de la locura. Curiosamente son los cineastas asiáticos los que ya llevan tiempo identificando e interrogando diferentes tipos locura que irrumpen con fuerza en lo real de una modernidad tan imparable como paradójica todavía para algunos. Y eso en un momento en que China sufre una oleada de ataques a escuelas con serias preguntas sobre la atención a la salud mental. De Face, rodada en Francia por veterano Tsai Ming Liang, logré salvar poco más que unas imágenes y ciertas reflexiones interesantes acerca del cansancio, la belleza como máscara insoportable y –esto ya eran mis conclusiones- lo absurdo e inerte del ensimismamiento.
Me gustó Eatrip,(aquí el trailer, la vuelven a pasar el miércoles) de Yuri Nomura, documental alrededor de la comida japonesa, con entrevistas y secuencias de personajes diversos: desde un comerciante de pescado de quinta generación en el Tsukiji Market, a una ama de casa que vivía y comía de manera orgánica autoabasteciéndose con sus hijos en una granja en Okinawa, a una cantante que producía su propio arroz, un monje zen de 90 años que abogaba antes por un mundo real que por un paraíso prometido, o un maestro de la ceremonia del té, Sen Sooku, que con su humor y sencillez me recordaba a mis sabios chinos Me gustó cómo hablaban de las estaciones, el respeto en el pasado por los tiempos y los diferentes ingredientes. Cuando se abre la flor de cerezo el sabor del bonito es más suave. O esa mujer que siempre había querido vivir cerca de un curso de agua natural y lo había conseguido. La alegría de ese monje zen que creía en la importancia de una vida vigorosa, no alocada, ni llena de realizaciones, sino de vigor. También me gustó una respuesta que dio otro personaje cuando le preguntaban sobre lo importante de la comida: para ella era que el acto de comer fuera acompañado de algunas palabras, de alguna comunicación, aunque fueran para uno mismo. Comer y sólo comer, como cuando uno come delante de la televisión, estaba incompleto si no se daba cuenta de ello de alguna manera. El que más me gustó fue el maestro de la ceremonia del té y su encuentro con un joven actor. Todo estaba lleno de rituales y símbolos, un poema caligrafiado en la pared, los gestos cuidados, la luz de la habitación, la pulcritud de los kimonos y los tabi blancos, unos dulces de arroz glutinoso y soja para poder apreciar mejor el amargor del té verde, pero éstos sólo tenían sentido en la espontaneidad del disfrute del momento y la taza de té.

28.3.10

Cartas para Yves

foto Françoise Huguier YSL collection printemps-été 2001

“La verdad pertenece sólo a los que la conocen, los demás tienen derecho a quedarse con aquella que han inventado”

Una amiga querida y admirada que me anima y me inspira en estos tiempos oscuros, me envió desde París el último libro, recién publicado por Gallimard de Pièrre Berger, Lettres à Yves. Es un libro breve y conciso, compuesto por unas cartas sencillas, dirigidas al que fue su pareja, socio, y compañero vital, el diseñador Yves Saint Laurent, después de su muerte en 2008. En ellas Berger parece querer expresar algunas cosas en público, no sólo sobre su relación y sobre la personalidad del mítico YSL, sino también sobre su importantísima colección de arte privada, sobre los motivos de esa subasta multitudinaria organizada más tarde. Arnaud Laporte invitó a Berger hace unos días a hablar sobre todo ello, y Berger estuvo estupendo. Efectivamente es un libro singular que además de lo literario y lo biográfico, aporta algunas reflexiones valiosas para quienes aún se preguntan y atreven a ir inventando respuestas a fin de vivir dignamente. A mí me ha conmovió desde su inicio a su fin.
"La muerte plantea más preguntas que propone respuestas. Se trata de preguntas a las que uno debe responderse día tras día…"
Berger no retrocede. Dice que juntos consiguieron cumplir los sueños más locos, precisamente vivieron como dos locos y dejando de lado los tópicos sobre el amor , se atreve a mostrar otros lados más oscuros, y mucho más interesantes, en los que se hacen visibles esos paisajes llenos de rincones oscuros y al tiempo luminosos que configuran nuestra relación con el otro. Lo no dicho nunca en la relación puede ser dicho ahora sin auto complacencia, venciendo el temor, como palabra necesaria, de la que uno puede liberarse, también con la extraña urgencia de quien sabe que la partida ha acabado, y con ella el tiempo de la confesión. Decir entonces es otra cosa. ES simple acto. Y a mí ese lugar desde donde habla me interesa mucho.
Siempre supiste que la moda no era un arte pero requería de un artista para crearla, y por eso siempre te impusiste ese rigor que yo admiraba” le escribe a Yves.
A mí me suele molestar bastante cómo habla de la moda la gente que no se dedica ella. Imagino que para mí debería ser admirada en silencio, expresando la admiración de otro modo, quizá simplemente vistiéndose con ella. Y aunque Berger estuvo íntimamente ligado a la moda, he admirado su tacto y su lucidez, cómo sí entendía lo que significa para los que de verdad la viven (la verdad pertenece sólo a los que la conocen…) ajenos a las frivolidades, snobismo y glamour de los que intentan sacar tajada y embriagarse del sueño ajeno.
Pero quizá lo más interesante es cuando habla de su relación con el arte y la cultura. "Si los demás supieran que el verdadero motor de nuestra colección no fue ni la belleza ni el dinero sino la sexualidad!" O cuando confiesa odiar la cultura didáctica y todo lo que se le parezca. Para disfrutarla hay que haberlo olvidado todo, “y eso es lo que yo no he dejado de hacer nunca” Por supuesto habla de la gran tristeza de YSL, sus incapacidades, las drogas y la enfermedad, pero Berger siempre supo ver sus “alas de gigante que le impedían caminar” como los demás.

Me he acordado de un koan de Wumen Huikai o Mumonkan en japonés, discípulo de Linji.

Al subir el biombo apareció el magno cielo
Pero el cielo no armoniza con el zen
Es mejor olvidar el magno cielo
Y abandonar toda vanidad

Y de otro algo extraño, que es la respuesta que da a un monje (que pregunta por qué cuando un búfalo intentan salir del cercado, pasan cuernos, cabeza y pezuñas, y sin embargo la cola queda enganchada, apuntando a esos restos que quedan, como fuera de la escena, como fuera de la historia).

Si el búfalo avanza caerá en el foso
Si regresa, será sacrificado
Esa pequeña cola
Es de hecho la cosa más extraña

El camino psicoanalítico se asemeja cada vez más al camino del zen: hay que poder llegar a renunciar a la significación y hacer estallar el sentido ** este es mi koan de la semana**

10.10.09

qué pasa cuando no pasa nada?


Tea party, originally uploaded by tetsumaru.


Sin apenas tiempo para viajar ni física ni mentalmente estos días, me he dejado llevar por las imágenes de Hiraki Sawa, que descubrí en el blog de Hobby Horse, con su vídeo Gowing places sitting down. Dicen que en su universo los objetos inanimados parecen querer cobrar vida, y su apartamento se transforma en un peculiar paisaje atravesado por aviones y otros objetos migradores. Viajo sin salir de casa, yo también.

"Una vez, Fa Yen viajaba con dos compañeros en busca de la verdad, cuando sucedió que casualmente se resguardaron de la lluvia en un eremitorio perteneciente al gran maestro Ti Tsang Kuei Chen, si bien ellos no sabían quien era. Bajo un cielo lloviznoso, los tres jóvenes discutían entusiasmados, con cierta presunción y satisfechos de sí mismos, los problemas planteados por el famoso dicho del monje Chao: “El cielo y la tierra son de la misma y única raíz que mi propio yo, y todas las cosas son una conmigo” mientras Ti Tsang les escuchaba en silencio. Entonces de pronto preguntó: “¿Las montañas, los ríos, la tierra son una y la misma cosa que el sí mismo, o son diferentes?” “ Una y la misma cosa”, replicó Fa Yen. Acto seguido el anciano maestro, sin mediar palabra, levantó los dedos, les miró fijamente y se retiró a su habitación.
En cuanto dejó de llover, los tres jóvenes se dispusieron a marcharse cuando, repentinamente, el maestro Ti Tsang, señalando una piedra que estaba en el patio, dijo a Fa Yen: “Entiendo que tú sostienes la doctrina de que todo el mundo es una sola mente. Así ¿esta piedra está dentro o fuera de la mente? “ Sin duda está en la mente” respondió Fa Yen. Entonces, Ti Tsan declaró, “¡Qué fatigosa carga llevas en tu mente!¿A qué suerte de concatenación de causas se debe que tengas que transportar de aquí para allá en tu mente una piedra tan pesada?”
Fa Yen no supo qué decir y decidió quedarse allí para someterse a la vía espiritual de Ti Tsang."

Este extracto pertenece a un libro que acaba de publicar Trotta, de Toshihiko Izutsu, Hacia una filosofía del budismo zen, y que tiene muy buena pinta. Aquí en España se publican muchos libros sobre el Zen pero normalmente con una clara orientación esotérica poco interesante y banalizadora, con traducciones espantosas y versiones edulcoradas y simplificadas. Hay que celebrar pues esta edición mucho más interesante, consistente y rigurosa.

El libro retoma muchas de las referencias del maestro Lin Ji (o Lin Tsi), Rinzai en japonés, como ese "hombre verdadero sin ningún rango" que tan bien define el lugar del analista. También desarrolla generosamente otro concepto, bastante importante en la elaboración de noción de sujeto en psicoanálisis, y que a mí me ha interesado especialmente en el enfoque de la locura, que es la indistinción entre interior y exterior. "El problema del interior y del exterior es un psuedo-problema proque al plantearlo establecemos a la fuerza, por así decir, dos sectores independientes, los colocamos uno frente a otro y discutimos la relación entre ambos, mientra en realidad no se debe establecer semejante indistinción. Es un pseudo-problema porque está planteado donde no existe ningún problema y porque es discutido como si fuera real."

El otro día me acordé de todo esto viendo la estupenda película de Jaime Chavarri sobre la familia Panero, El Desencanto. Hay un momento en que Leopoldo, el más brillante y más loco, dice que su estancia en la cárcel fue en la que se sintió mejor, debido al hecho de que lo privado y lo público se encontraban indisociados.

El último capítulo del libro de Izutsu lo dedica a la eliminación del color en la pintura en oriente. Creo que aparece una idea sugerente, muy parecida a aquella cita tan bonita de Ortega y Gasset sobre la proeza de la traducción al transmitir a otra lengua lo que una lengua acalla, y es que "la verdadera y profunda belleza del blanco y negro se revela únicamente a los ojos capaces de apreciar el esplendor de los colores suntuosos e intensos con todas sus delicadas tonalidades y gradaciones".

Last call para nuestro encuentro del martes!

última hora: odio el fútbol y no suelo poder aguantar un telediario entero por la vergüenza que siento ante el trabajo de la mayoría (no todos) de periodistas de la televisión ejpañola. Me quedo, sin duda, con el desfile de Hu Jintao durante la celebración del día nacional, saludando a los camaradas.

2.8.09

del anfitrión y el visitante


dressed-up, originally uploaded by ajpscs.


"Si en el camino os encontráis con un hombre que ha llegado a la Vía (Dao) ¡¡Sobre todo no le habléis de la Vía!!

Quien cultiva (quien habla de) la Vía, no la practica,
Toda clase de falsos objetos surgen,
En cambio cuando aparece la espada de la sabiduría, ninguna cosa queda en pie
…. Es el espíritu ordinario el que constituye la Vía."

(del libro Entretiens de Lin Tsi, traducido y anotado por Paul Démieville)

La escuela china Chan (que dio origen al Zen japonés) fue un movimiento de reforma que propugnaba un retorno a la praxis en contra de la importante tradición teórica y textual del budismo llegado de la India. Supuso también un proceso de sinización y traducción de esas doctrinas extranjeras al mundo chino. Paul Démieville explica en su prólogo que este movimiento anti-intelcual fue llevado al límite de lo irracional y puso patas arriba los monasterios del país. La locura, añade, siempre ha formado parte de la sabiduría china. Aunque ya había traído aquí algún fragmento de ese libro maravilloso, no ha sido hasta hace unos días que he podido hacerme con un ejemplar del mismo, y tener acceso a las interesantísimas notas del traductor y sinólogo (que fue el primer profe de chino de Lacan, no lo olviden!). Lin Tsi (o Lin Ji en actual pinyin) fue sin duda un hombre iluminado y con talento, y el libro está lleno de citas y anécdotas brillantes, que hoy se me antojan imprescindibles para cualquier aprendiz lacaniano
(ambas lecturas, la de Damasio y la de Lin Tsi provienen del mismo trabajo de investigación que llevo a cabo desde hace meses, aunque avance lentamente)

"La verdadera comprensión no se distingue de su contrario", dice el maestro.

O luego subiendo algo el tono blasfémico al que adhieren encantados: “Adeptos, no toméis al Buda por una culminación suprema. Yo lo veo como un agujero de letrina y los Bodhisttava (los santos) como seres que atan a los hombres con yugos y cadenas”

Cuando los monjes preguntan sobre la gran idea del budismo o sobre dónde se encuentra el Buda, suelen recibir como respuesta un gran eructo, un Khât, y si dudan un buen bastonazo. Son falsas preguntas, abstractas y discursivas. El monje no debe dudar, la deliberación es una trampa, la acción debe ser inmediata.

Las buenas preguntas deben ser sin ataduras y los sabios, hombres ignorantes del bien y del mal.

Cuando el maestro habla de la transmisión Chan no lo hace en términos de maestro/discípulo sino que habla de anfitrión y visitante, o consultante/consultado, y en vez de clases o lecciones habla de consultas. Se parece tanto al trabajo que algunos buscamos en el análisis que nada sorprende cuando el propio Démieville lo explica “de repente el maestro deja de serlo y el discípulo se convierte en maestro, el analizado en analista…

Reflexiona sobre diferentes modalidades de relación entre anfitriones y visitantes, y de cómo esos papeles se intercambian y se transforman en el encuentro, como tan bien explica F. Davoine en su libro sobre el trabajo analítico con la locura.

También hace otra referencia que es esencialmente lacaniana, cuando habla de que la sabiduría actúa como una espada, en su corte del pensamiento y las palabras (tal y como trabaja el analista en su interpretación, en como deja el sentido en suspensión)

Cuando el monje aparece el maestro alza el espantamoscas y ése es signo de que está dispuesto a entablar una discusión por poco convencional que ésta parezca. También me gusta cuando se refiere a los malos maestros como "zorros salvajes y larvas malignas" , y describe un encuentro con ellos: "el aprendiz se presenta al amigo de bien (el maestro o anfitrión) con un yugo sobre el cuello, cargado de cadenas. El amigo de bien le pone un nuevo yugo y lo carga con nuevas cadenas. El aprendiz está contento. Ni uno ni otro son capaces de discernir nada. Se trata entonces de un visitante examinando a otro visitante." Desgraciadamente hay malos analistas que actúan de esa manera, al igual que malos consultantes que sólo buscan nuevas cadenas. Y los temerosos del inconsciente o de lo que escapa a la conciencia lo utilizan para descalificar la valentía de quienes emprenden un trabajo de verdad.

Yo me quedo con las palabras de Lin Tsi, y sigo trabajando el arte de la espada y el espantamoscas,

"Mientras no aparezca la claridad, es la oscuridad la que resulta clara."

11.11.07

princesas zen

las bellísimas Andrea y Valentina en su casa de Londres el año pasado
Estos días me encuentro autorecluida entre las ocho paredes de mis dos casas, traduciendo varios artículos para un libro sobre el sujeto en el psicoanálisis, sin demasiado tiempo para nada más. Esta imagen de Valentina y Andrea y la sensación de libertad que me produce me hacen compañía y ayudan a sobrellevar lo arduo de la tarea. V. y A. son las hijas gemelas de Deborah y Brian, ella argentina, él irlandés. Desde que nacieron, un caos bastante bien organizado se instaló en la casa donde viven en Londres, creando en el interior de de sus murallas un microcosmos protegido donde las niñas iban vestidas de princesas y zíngaras, jugaban a juegos que ellas inventaban e iban descubriendo a través del cuidadoso relato de sus padres, el mundo de los diez mil seres, los nombres y las cosas. También he alternado el trabajo con algunos de los cuentos zen y haikus recogidos por Henri Brunel, cuyo libro, aunque descansaba sobre mi mesilla de noche desde hace tiempo, nunca había hojeado. Nada espectacular en estos relatos condensados al máximo, como extraños perfumes en diminutos paquetes esmeradamente preparados , pero sí el encuentro con el siempre necesario universo de monjes salvajes, que lloran en funerales de gente desconocida por el hecho de sentirse tan desapegados de todo, que se pirran por los melones, o caminan desnudos en las noches de verano, y que sacan las más sabias conclusiones de la observación de hojas de árboles y bambúes, de la brisa de la mañana que hace revolotear los pelos de la oruga, la paciente escalada de los caracoles, los espantapájaros o las gotas de lluvia al amanecer sobre un banano. Un monje zen se encuentra a otro en el camino . Hablan… uno le cuenta que ha recorrido el país de norte a sur, de este a oeste, y ha visitado miles de templos. El otro le pregunta quién le parece el maestro más grande de todos y el primero le contesta sin dudarlo, Oshibu, el maestro del templo de Edo. El segundo le pregunta qué es lo que le ha aportado. -Llegué a ese maestro sin nada y partí sin nada. El otro asombrado le pregunta por qué se quedó con él -¿Cómo habría sabido, si no, que llegaba sin nada y partía sin nada?
Este cuento se titula Encuentro, y me ha hecho pensar rápidamente en el encuentro con el diván en este mundo de bienes, y en este sujeto precario y liberado sobre el que traduzco, y lo que en psicoanálisis se llama la travesía del fantasma, perfectamente resumido en este sencillo cuento, y que lejos de tratar ningún concepto oscuro ininteligible sigue siendo muy zen

5.7.07

meditaciones en un campo de minas

Photo by Eli_zzz
Hace poco una amiga que practica la meditación zen acudió a una charla sobre budismo y meditación; en la ronda de preguntas que sucedían a la conferencia, alguien hizo una pregunta y el orador comentó -Hacía tiempo que no aparecía un lacaniano- aludiendo a las conexiones entre ambos pensamientos. Mi amiga, encuriosida, me pidió le recomendara alguna lectura, y sólo le pude aconsejar un libro que a su vez me había recomendado una buena amiga analista hace unos años y que me sigue entusiasmando Una temporada con Lacan, de Pierre Rey, donde un escritor de best-seller habla sobre su análisis con Lacan, en que como dice, realizó el más largo de sus viajes y durante 10 años, se jugó la vida. Un libro raro, poético, en el que sin explicar nada técnico ayuda a comprender y a deshacer viejos tópicos. Esta mañana en franceculture escuchaba en una entrevista hablar a Jordi Savall, sobre la música y su vida como redescubridor de autores y partituras de música antigua, instrumentista, estudioso y enamorado de la música barroca y sus instrumentos. Su posición y sus palabras me hacían pensar de nuevo en oriente (y por supuesto en el análisis): Savall habla de los músicos tradicionales de la India para referirse a una nueva modernidad basada en la improvisación, en una relación con el instrumento y el aprendizaje incesante, en la repetición durante años de un mismo gesto que parece carecer de sentido y que de repente un día revela un arte y una verdad que lo trasciende a uno. Contaba una historia que relataba Paniker: en la antigüedad la música y las palabras estaban juntas; un día un hombre dijo una mentira y a partir de entonces se separaron. El hombre tuvo que inventar la escritura para acercarse de nuevo a la música. Si hablas puedes mentir, pero según Savall cuando cantas, cuando escribes, en el mundo de la creación y la fantasía no hay mentira. Y algo así dicen los analistas. Hace meses que alguien me dijo que no leyera a Nasio, que no entendía ni sabía explicar la teoría analítica. Desde entonces evito sus textos y no muevo el par de libros suyos que descansan llenos de polvo en mi biblioteca. Hoy me atreví a ojear uno, sin embargo, como quien avanza en un campo de minas evitando caer en ninguna trampa mortal. Parece ser que a estas horas de la noche sigo intacta. Nasio cita a Freud: El psicoanalista se comporta de la manera adecuada si se abandona a sí mismo (…) a su propia actividad mental inconsciente, y evita en la medida de lo posible reflexionar y elaborar expectativas conscientes, sin querer fijar en su memoria nada de lo que escucha y capta con su propio inconsciente el inconsciente del paciente. Nasio utiliza el término de Lacan, semblante, para describir ese estado que él llama “fingir el olvido”, hacer el vacío o el silencio en sí. En esa búsqueda de la verdad o trabajo lacaniano, nos recuerda que el mecanismo no es el de resolver un problema, sino el de darle un nombre y que el mejor ejemplo de ello es el objeto a. En efecto, y siempre según Nasio, la función central de este objeto a es el de nombrar un problema no resuelto, o aún mejor, significar una ausencia. “El objeto a designa una imposibilidad, un punto de resistencia al desarrollo teórico”
Por cierto, hoy ha aparecido otro de esos reveladores, lúcidos y brillantes artículos de Rafael Poch, esta vez en el Culturas. Imprescindible su reflexión, acerca del la modernización de nuestras sociedades, y la democracia, en la que razona y explica con mucha claridad el porqué nuestra propia modernización debería interesarse por ciertas perspectivas chinas, apuntando por ejemplo, que el fin y el propósito de toda política es la gobernabilidad: evitar el conflicto y prevenir y anticipar crisis, o la ausencia de prejuicios y de clases en la movilidad social. Barre de una vez por todas el falso pero eterno dilema entre las dos concepciones sobre China: la primera que ve en ella un país en transición, vinculado a una lógica universal y que seguirá el inevitable camino hacia la democracia de mercado como cualquier otro país occidental, la segunda es la del mito de la china milenaria, inalterable e incomprensible. Poch, como viene siendo habitual, no se conforma con reflexionar, sino que propone soluciones y modos de salida. Para empezar no basar los análisis en comparaciones de China con una sociedad ideal, China es perfectamente comparable con otros países. Como también propone Jean Fraçois Billeter la mejor manera para poder entender China es utilizar el sentido común, el análisis socioeconómico y la historia. Poch lo dice directamente, la memoria sobre nuestro propio pasado para evitar ser ese ignorante que vive en un presente absoluto (y absolutista).