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16.3.10

de la desobediencia


Kyoto memories V, originally uploaded by manganite.

Regresa estos días a mi cabeza un artículo que leí hace unas semanas de Mathieu Potte Bonneville. Parte de un fragmento de los diarios de F. Kafka, que escribe después de una lectura pública en Praga. En vez de leer uno de sus textos, elije para la ocasión una novela corta de H. Von Kleist, que se titula Michaël Kolhaas. -A mí siempre he ha fascinado Kleist-. Según M.P.B. esta elección no es inocua. Michaël Kolhaas narra la historia de un comerciante de caballos que después de sufrir un cúmulo de injusticias e infortunios a raíz de un encuentro con las autoridades aduaneras, causando incluso la muerte de su mujer, lo vende todo, organiza un pequeño ejército y va quemando un pueblo tras otro. Se lee a menudo como un alegato de la “exigencia infinita de justicia”, y muestra cómo la insumisión puede crear “una ruptura irremediable”, y cómo nuestro “universo social se sostiene normalmente sobre la trama compacta de nuestra obediencia.” La obra de Kafka vendría a ser, dice MPB, su reverso. Su universo señala las trampas, abismos y peligros de la sumisión y la obediencia excesiva, también la inconsciente, podríamos añadir. Y ambas posturas se revelan mortales. Nos encontramos en 1912. El siglo que empieza se cuestionará el precio de la insumisión con las grandes rebeliones, pero también las atrocidades y masacres imputables a la docilidad y a la seducción de la obediencia. Aparece entonces, en las notas de Kafka, la figura de un niño que ha asistido a la lectura y se encuentra sentado en el auditorio. Aburrido, trata de pasar el rato jugando con su gorra. El niño parece encarnar a ese alguien que “ni obedece ni transgrede”. En su desobediencia dice MPB encontrase el verdadero arte de "los débiles" (?), y su único modo de sobrevivir.
Y yo, que tampoco siento un apego especial por esta vida, pero sí paradójicamente por alguna forma de supervivencia, reconozco aquí algo que me interroga y que me apremia a pensar.

13.4.09

de la renuncia y la inutilidad de los príncipes


Quizá una de las cosas que la gente olvida con más facilidad del psicoanálisis, siendo sin embargo esencial, es la renuncia por parte del analista a ocupar el lugar de poder que su saber le otorga sobre el material previamente desplegado por el analizante. Y aunque de saber vaya la cosa, a eso se le añade el deseo. El deseo de analista hace referencia precisamente a una renuncia necesaria, para que el trabajo se haga verdaderamente bajo transferencia y no bajo sugestión, como suele ocurrir en el resto de terapias. El trabajo de Lacan sobre los 4 discursos surge de un intento de sistematización del paso del discurso del amo a otras modalidades que le permiten acabar por definir el del analista. Como decía Wittgenstein sobre la filosofía, “todo lo que la filosofía puede hacer es destruir ídolos, Y eso significa no crear ninguno nuevo” Acaba de salir publicado en español por una interesantísima editorial independiente y combativa de la Rioja, Pepitas de Calabaza, este bonito libro (de la imagen) que recoge polémicas de dos excéntricos chinos del siglo III en torno a la inutilidad de los príncipes amos y los efectos nocivos de la sociedad para la salud!! Seleccionadas y presentadas por Jean Levi, han sido traducidas del chino antiguo y cuidadosamente anotadas por Albert Galvany. He disfrutado mucho leyendo a sorbitos estos días las exposiciones y refutaciones en torno a la vida de los príncipes y letrados, como máximos impostores, acerca de las ideas de los sabios taoistas entorno a la higiene vital, la alimentación y la vida espontánea, y cómo unos y otros citaban los clásicos y los episódicos históricos para defender sus puntos de vista. Como señala Levi en la introducción, la forma de debate en la antigua china resultaba especialmente rica en enseñanzas y promovía la exposición filosófica, para estos éstos se trata de afirmar la posibilidad de una sociedad en la que el poder carezca de poder, también a través de una clase de renuncia y desobediencia. "Al igual que las bandadas de pájaros que pugnan por la subsistencia y se precipitan sobre los cereales y gramíneas diseminados en los jardines y en los estanques públicos, se ven ahora hordas de letrados que, ansiando una posición desahogada encubren sus intenciones para acomodarlas a los usos vigentes. Sostienen en sus manos tablillas de bambú y pinceles con los que esperan obtener una vida de holganza y reposo; volcados en acumular estudios y en dilucidar los textos ortodoxos, confían en eludir así los rigores de labranza del campo. Al hallarse en apuros deciden dedicarse al estudio para, gracias a ello, conquistar un renombre". A mí siempre me gustó aquel trozo del Dao De Jing que retoman a menudo en la discusión los dos sabios irreverentes y que en la obra de Lao Zi, con traducción de Anne Hélène, dice así: cuando el gran curso es abandonado/ aparecen humanidad y justicia/ cuando surgen la inteligencia y el saber/ aparece el gran artificio/ cuando los seis parentescos no son armoniosos/ aparecen piedad filial y amor paternal/ cuando los señoríos se sumen en el desorden/ aparecen los vasallos leales.
Al mismo tiempo en medio de mis investigaciones davoinianas encontraba una cita preciosa de La Boétie, en su Discours de la servitude volontaire, en la que interrogándose por el poder del amo tirano dice algo así “no es más que un hombre, el más cobarde de la nación, es aquél al que si no le dais nada, si no lo obedecéis ni lo combatís, permanece desnudo y derrotado, y deja de ser algo. ¿De dónde saca pues su poder? Del cuerpo del pueblo que se ha convertido el cuerpo mismo del tirano. El que manda sobre vosotros no tiene más que dos ojos, dos manos, un cuerpo. ¿De dónde ha sacado tantos ojos para espiaros, sino de los que vosotros le dais (…). ¿Cómo iba a atreverse a atacaros si vosotros no estuvierais de acuerdo?"
Precisamente esta semana pasada leía un artículo maravilloso de un analista brillante acerca de algunas de estas cuestiones de renuncia a la servitud del amo y el goce, en los que analiza con lucidez los síntomas de la contemporaneidad, sin acudir a banales lugares comunes del discurso terapeútico y dilucidando algunos puntos clave de nuestro lazo social… pero eso será para una próxima vez.