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15.7.07

alpargatas

photo by angie.star
A los ojos del viajero, el mundo es pequeño, escribe Segalen en su cuaderno de notas de viaje chino. Creo que esto le sucede al viajero que se reconoce en el territorio que recorre, el que se reencuentra en los lugares desconocidos y en un efecto ilusorio e imaginario, la apariencia de que todo aquello que está enfrente puede ser comprensible. El mundo no es pequeño y lo que está enfrente no es para nada comprensible, pero es legítimo y humano intentar aportarle algo de sentido… Es curioso, porque la ruta del escritor y sinólogo francés se parece mucho a la que realizó Pedro en su búsqueda de Shangrila, y a la mía desde Gansu hasta Yunnan, por rutas tibetanas años más tarde. Segalen habla también, como Pedro, de su encuentro con los lolos y los moso, pero sorprendentemente parece ignorar la realidad matriarcal de los habitantes del lago Lugu. El librito no es mucho más que un conjunto de notas entrecortadas y un poco repetitivas de un viaje difícil, con la idea de poder escribir o elaborar más tarde otro escrito. En un momento hace alusión a las sandalias de paja que utilizan los lugareños para hacer frente a las dificultades que presenta el terreno resbaladizo y abrupto y en las que, a diferencia de lo que ocurre en los zapatos de cuero, el pie se expande y estira, se distinguen los dedos de los pies, y el gordo trabaja separadamente, los otros se curvan en abanico, de modo que sirven de verdadero medidor del espacio e identificador del estado del terreno. Esas sandalias medidoras, y flexibles me han hecho pensar en esa ciudad invisible, Zaira, una de las primeras que inventa Calvino, que no está sólo hecha de calles, peldaños, arcos de soportales, o tejados sino de las relaciones entre las medidas de su espacio y los acontecimientos de su pasado: la distancia del suelo de una farola y los pies colgantes de un usurpador ahorcado, el hilo tendido desde la farola hasta la barandilla de enfrente y las guirnaldas que empavesan el recorrido del cortejo nupcial de la reina… Así, una descripción de Zaira hoy debería contener todo su pasado: a través de las marcas, arañazos, muescas, incisiones y comas que inscriben sus medidas en las esquinas de las calles, las rejas de las ventanas, los pasamanos de las escaleras…Hace años en Amsterdam, un señor que no conocía de nada, me preguntó si era bailarina, a lo que respondí afirmativamente, preguntándole cómo lo había adivinado. No sé si me estaba vacilando, pero en un inglés confuso me dijo que en la relación que yo establecía con el espacio en que nos encontrábamos.
Freud descubrió en los años 20 que lo que moviliza al ser humano no es la búsqueda de felicidad y satisfacción, y que más allá del principio de placer, estaba la pulsión de muerte como base de nuestro funcionamiento psíquico. La pulsión de muerte freudiana es a la que Lacan dará más tarde el nombre de goce. En ese camino hacia la muerte que es el goce, el saber (el dar sentido, la inscripción o surgimiento del significante) es un corte, un freno a esa carrera letal: “El saber es lo que hace que la vida se detenga en un cierto límite frente al goce” Pero no se confundan, el saber lacaniano nada tuvo que ver con los conocimientos teóricos o universitarios, sino con el del poeta chino con sandalias de paja, que solo en su montaña sabía recibir al amigo, y con el de quien sabe escuchar a un loco, a alguien que sufre, que teme, que duda. Ese era antes el lugar del poeta y del psiquiatra… hoy sin embargo…

este poema, del qeu también me he acordado leyendo a Segalen, lo escribió un poeta amigo de Wang Wei, Cui Xingzong, y está traducido por Anne-Hélène Suarez:

Mi pobre morada en el bosque vacío está siempre cerrada
Descanso meditabundo y solo frente a estos bosques
ESta mañana me honráis súbitamente con vuestra visita:
alpargatas al revés, abro la puerta y se me ilumina el semblante

7.12.06

viajando a shangrila


cuando la gente me pregunta por china, por los chinos, por lo que aquello representa para mi nunca sé qué contestar, y sé que diga lo que diga, las palabras me fallarán. Y me acuerdo de laozi (el dao que se puede nombrar no es el dao) o de zhuangzi ( “conocer el dao es fácil; lo que no es fácil es hablar de ello”) y de cuando regresé de pekín la primera vez, y ante mi falta de respuesta a sus preguntas, tere rechistó, - Anda! , china va a ser como el duende de lorca, que no se puede explicar?!...
Lo mismo sucede cuando pienso en pekín, los recuerdos deshilvanados de calles que ya no existen, de otras que parecen haber existido siempre, de templos a los que nunca sabría cómo regresar, de pequeñas historias, de boles de tallarines fríos en la calle, del plato con berenjena y salsa de sésamo, de cervezas a tres yuanes en verano, de pinchos de cordero y raviolis mojados en vinagre con guindilla, de mercados llenos de ingredientes desconocidos, de peluquerías donde te lavan la cabeza y dan un masaje por 10 yuanes, de paseos interminables en bicicleta por los hutones, mientras yo sigo la bici de pedro… pekín es una ciudad invisible porque mucho de lo que ahí hay ya no se ve, han arrasado con ello y construido encima, o se lo han llevado a otro sitio, lo han tirado abajo, lo han sepultado, dividido, reciclado, escondido. En pekín todo se hace invisible detrás de un muro, o del olvido, pero sigue ahí. Queda la vida de los pekineses, entre rastros de antiguos edificios, y árboles magníficos, patios, callejuelas, puertas y muros, templos encajados entre chabolas, apaños, tejas, maderas, bicicletas, en cualquier espacio se improvisa una casa, un local comercial, un jardín, o una cocina. El arte de apilar, el arte de colocar las macetas, de secar la guindilla, de hacer una siesta al fresco, de hacer a cantar a la cigarra o sacar a los pájaros, de pasar una tarde jugando al mah-jong…
pedro ceinos me enseñó a viajar en china, a ver algo al mirar, a entender lo que pasaba sin tener que interpretar, a encontrar mi shambala sin necesidad de contarlo,
Buscador y defensor de minorías, intrépido guía aventurero, sinólogo iluminado, escritor de viajes y mitos, fotógrafo ocasional, vividor, amigo, y auténtico mago del dao. Para el que quiera viajar por china, saliendo o sin salir de casa, ahí está su último libro Shangrila, Viaje por las Fronteras Chino Tibetanas en Ed Miraguano, donde ha publicado además un genial Manual de Escritura del os Caracteres Chinos Es también autor de Historia Breve de China, Ed Silex, y tiene una página sobre las minorías étnicas de china y otros temas relacionados, chinaviva.