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3.4.08

the great wall 长城

foto de joven tibetano, de Oliver Follmi, publicada por Nouvelles Images

Los emperadores chinos hicieron construir la gran muralla para defenderse de los pueblos invasores, primero los nómadas del norte, luego los reinos bárbaros del sur. La muralla (yo he dormido en ella! en pleno mes de noviembre, en una zona agreste y perdida, a unas horas de Pekín) imagino que si tanto duró y tanto construyeron es porque tendría algún efecto. El problema viene cuando el pueblo hegemónico han invade a los otros (siempre he oído que China no era un pueblo invasor, sino en todo caso aglutinador y centralista, pero no poseo en estos momentos herramientas analíticas o históricas para discutirlo), o cuando se junta con ellos, cuando son vencidos, y entonces corre el riesgo de que se le meta el enemigo en casa.
Hace días que no leo noticias sobre la crisis tibetana. Por cierto, ayer un generoso analista me recordó algo precioso sobre la palabra que en chino se utiliza para decir crisis, 危机 y que yo había olvidado. Está compuesta por dos caracteres: el primero significa peligro, y el segundo oportunidad, ocasión. Y me comentó que esa idea tan china de ver en la crisis la misma noción de oportunidad, de potencial para cambiar algo, le resultaba muy útil para pensar la clínica. Sí, es cierto, el pensamiento chino, desde el libro de las mutaciones hasta los últimos pensadores, se encuentra atravesado, como si de un eje ordenador se tratara, por la cuestión del potencial de situación. Esta es la expresión que utiliza F. Jullien para hablar de esa cuestión china, pero ya saben que yo no soy nada fan de ese sinólogo, y seguramente existan otras maneras más justas de llamarlo. El sabio, el poeta, el artista, el hombre de bien chino no se pregunta por lo que está bien o está mal, sino por cómo debe actuar en cada momento, por lo que la identificación de ese momento de oportunidad es esencial. Yo sí que creo que China se ha construido sobre esa idea, por eso, créanme, no les cuesta reconocer que tienen el enemigo dentro de casa, y no me refiero a los tibetanos, sino a sus propios fantasmas, y saben que el problema es suyo y lo tienen que resolver ellos. El aquí siempre admirado y riguroso R. Poch ha escrito un nuevo artículo: Otro Tibet es posible, pero no sin China, que recomiendo as usual. Por mi parte soy contraria a cualquier boicot a los JJOO, que además me parecería bastante hipócrita. ¿Para qué esperar hasta el verano? ¿No existen otros canales más adecuados para la comunidad internacional para opinar, presionar o intervenir en cuestiones políticas, económicas o de derechos humanos?
El símbolo de la muralla le sirvió a este sinólogo lacaniano del que vengo hablando, Rainier Lanselle, para escribir un ensayito publicado por la revista essaim hace ya unos años. El sujeto detrás de la muralla. En él expone su tesis sobre cómo el desarrollo en China de dos lenguas paralelas pero separadas: -la oral, que tendría que ver con el deseo del sujeto de decir algo de él mismo, y la escrita, mucho más ligada al dictado del cielo, y luego del amo, del ideal social y colectivo, y las leyes ajenas a ese deseo, y en el que el sujeto no tiene cabida- dejan a este sujeto alienado detrás de una muralla. Las murallas se multiplican y se elevan pero también se atraviesan, simplemente no hay que acabar creyéndose que nos defienden de todo ni que el otro es todopoderoso para destruirla a su gusto. Frente a todas esas teorías culturalistas que hace de los chinos seres abominables, insensibles y crueles, me parece un buen momento para releer el otro ensayito lúcido y valiente de J.F.Billeter, China tres veces muda, en que en vez de buscar razones culturales y casi ontológicas para este desencuentro entre nosotros y ellos, apuesta por un análisis histórico-económico-político de la situación, que despeja antiguos prejuicios y crea una nueva oportunidad: la de no saberlo todo sobre el otro y poner en marcha un arma potentísima, la curiosidad. Echo de menos a Pedro que desde Pekín estas semanas no creo que logre leerme, esta semana me escribía en un mail: "Ya veo que estas consiguiendo convertir tu afición en una profesión. ¡Qué bonito! Vas a ser la dama del psico-chino y cualquier chino deprimido se creerá con derecho a llorar sus revoluciones culturales sobre tu regazo. Te haremos fotos como una pietá toda vestida de blanco, consolando a los nostálgicos de Tiananmen." Ya ven, cada uno entiende China como quiere…

12.3.08

to dance ( on Moebius Strip)

from Moebius Strip by Gilles Jobin, photo by Dorothee Thebert
Echo de menos la danza, echo de menos una relación con el espacio, el cuerpo y a veces con el tiempo (aunque para eso, para otras dimensiones del tiempo, suele servirme mejor el cine, la música, o cierta literatura…) Como en un sueño, en que la distancia más corta entre dos puntos no es la línea recta, ni la directa, y muchas veces hay que dar un salto, hacerse invisible, poder acercarse de otro modo…Ante mis reiteradas críticas a bailarines o compañías que ya me parecen obsoletas, Cacho de Pan me pregunta quién me gusta ahora… (antes eran muchos, muchos, pero hoy apenas quedan). Pienso en el trabajo de gente como Alain Platel, que trabaja con bailarines, cantantes de ópera y músicos, gente de circo, niños, sin necesidad de apuntar con el dedo para hacer diferencias, pero encontrando para cada uno su lugar en escena… (pinchen aquí para ver su Aerial silk bailando Mozart, a mí me sigue gustando Platel, su Lets op Bach fue una revelación) en la belleza de algunas colaboraciones con músicos contemporáneos o artistas plásticos, y me he acordado de este espectáculo de Gilles Jobin, que no pude ver en directo. Lacan acudió a la topología para poder explicar el funcionamiento y el lenguaje del inconsciente. Sueños, lapsus, síntomas, asociaciones, conceptos esenciales como el de sujeto articulados a través de una geometría no-euclidiana, imprescindible ya para muchos a la hora de seguir trabajando en la teoría y la clínica analítica, que luego siguió con la teoría de nudos. Hablamos ya aquí de arquitectura y la banda de Moebius. Es curioso porque Gilles Jobin no menciona la topología, pero al presentar su pieza confiesa no atenerse a lo que se espera de la danza, esto es, cierta idea de progreso, de verticalidad, de mantenerse en pie, de explicar historias... Esta renuncia le permitirá investigar en la horizontalidad, y otra manera de estar, a veces más detenida, menos espectacular, en el escenario. Este renunciar a mantenerse de pie me recordaba la reflexión de un sinólogo analista acerca del problema que tiene China al ver en el sujeto dividido, un efecto de la modernidad, y contraponiéndolo al ideal tradicional del sabio, carente de tal división subjetiva. Por eso, Rainier Lanselle dice preferir hablar de modernismo chino en vez de modernidad china. Algo así me pasa con la danza cuando peca de modernista, pienso que ésta no puede seguir obviando la “invención” del sujeto moderno, ni de su realidad corporal, espacial, temporal...
Aquí un fragmento del Moebius Strip de Gilles Jobin, -es un fragmento un poco extraño pero hay otros disponibles en internet, en su página y youtube.

6.1.08

de la escucha del cielo

Buddha's ear at Leshan, Sichuan by dibopics
Estas navidades uno de los regalos más especiales que he recibido ha sido una versión bilingüe del Dao De Jing, de Lao Zi, traducida y comentada por Anne Hélène Suárez. Siendo el chino antiguo una lengua escrita extremadamente concisa, donde faltan los tiempos verbales y declinaciones, y se prescinde a menudo de pronombres, adverbios, preposiciones, o conjunciones, el trabajo del traductor y comentador del texto es crucial, y desconociendo la existencia de esta versión, nunca me había decidido a comprar ninguna otra. A diferencia de la lengua china hablada, en la que para resolver la dificultad de identificación de las palabras monosilábicas, se utilizan palabras compuestas por dos o más caracteres, en la escrita clásica las palabras aparecen en un solo carácter, que muchas veces tiene numerosas acepciones, y cuya expresión “puede dar lugar a una gran multiplicidad de sentidos diversos, a veces opuestos, a menudo simultáneos, y esa ductilidad constituye una de las riquezas de la lengua clásica” . El trabajo del traductor, como decía, es descomunal y delicado ya que, como explica AH Suárez, “a menudo se juega, a modo de calidoscopio, con la abundancia de acepciones y resulta ciertamente difícil decidirse por uno u otro sentido en nuestros idiomas occidentales y modernos.”
Esta versión exquisita de Mondadori, cuidadosamente preparada viene acompañada de un pequeño glosario, comentarios al texto y el texto en chino con una tipografía preciosa y que invita realmente a la lectura y contemplación de los caracteres.
La importancia acordada en China a la escritura es tal que permitió el desarrollo de una lengua hecha para el escrito, divinatorio en un principio, y por lo tanto cargado de un sentido religioso bastante importante, y luego oficial, administrativo, ritual, analítico, e incluso literario. Según Rainier Lanselle es debido a la preeminencia de esta función religiosa del escrito que la lengua china no seguirá el proceso natural y economizador de fonetización que siguieron otras lenguas arcaicas, dando lugar en China a una separación o corte bastante notable entre la lengua que se escribía y la lengua que se hablaba, escapando así también la primera del proceso normal de secularización. Según Rainier esto provocó que el sujeto no tuviera acceso al sistema discursivo, las leyes del lenguaje que lo acompañan y la autonomía del sujeto individual, mientras prevalecía la sumisión de los sujetos a un orden colectivo, común y desubjetivador de la lengua escrita, que se imponía como discurso del amo. Es bonito porque explica en un artículo aparecido en un libro de varios autores sobre la lengua y el psicoanálisis, que fue la entrada del budismo en China a principios de nuestra era la que provocó, al tratarse de una religión portadora de un mensaje para todos, “que tendía a individualizar al sujeto”, otro uso de la escritura china, permitiendo que se escribiera la lengua que se hablaba, y dando lugar al nacimiento de esa lengua vulgar que fue utilizada para escribir relatos, epopeyas y teatro, pero que siguió siendo rechazada del ámbito oficial por el poder hasta su generalización con la joven República en 1919.
Pero volviendo a la escritura, no dejo de maravillarme de todo la fuente inagotable de sus caracteres. Esta vez ha sido con el carácter que aparece en el Dao De Jing para referirse al hombre santo y que explica Anne Hélène en el glosario de términos: sheng 圣 (no sé cómo escribir la forma tradicional con mi ordenador) Se trata del hombre arquetípico y perfecto, intermediario entre el cielo y la tierra, compenetrado con el curso, que servía en la antigüedad para referirse al rey ideal, regulador o “pauta” del mundo. Lacan habla de este hombre santo para hablar de la ética del psicoanálisis y hace referencia a Mencio y nos dice que el concepto más próximo en nuestra cultura occidental es el santo de Baltasar Gracián. Así que yo ya había buscado este carácter y me había equivocado tomando shen神 por sheng 圣. El primero significa dios, santo y también espíritu, y es el que está en la palabra china para psicoanálisis 情神分析. Pero su etimología proviene del elemento de altar religioso 示 donde se realizaban sacrificios y oráculos. Cuál ha sido mi revelación al ver mi equívoco y descubrir que en chino antiguo (y lakhaniano), el caracter de hombre santo estaba compuesto en su forma más arcaica arriba por una oreja enorme 耳 y una boca pequeña 口 y abajo por el carácter wang 王 de soberano, rey, príncipe, que incluye en su etimología esta idea de intermediario entre el cielo y la tierra: compuesto por el número tres 三, que simboliza el cielo el hombre y la tierra, y l trazo vertical de la figura intermediaria del soberano en su eje ceremonial.
Cito de nuevo a Anne Hélène, para que no parezca que soy yo la que siempre lo llevo todo a mi terreno (!!): “Es interesante comprobar que, a menudo, los caracteres relacionados con la inteligencia poseen el elemento semántico de la oreja, o sea la acuidad auditiva, la capacidad de percibir las señales del mundo”
Fue precisamente ayer por la tarde que encontré este poema,- cuya traducción al francés no me convenció pero tampoco he logrado resolver, por lo que en su traducción casera y precaria al castellano pierde cualquier elemento métrico-, y que relacioné en seguida con lo que acabo de escribir…(prometo buscar la traducción publicada en español, y volver con una versión mejor)

Rugidos de leon, palabra sin miedo

Al escucharlo, a los cien animales les estalla la cabeza
Incluso el elefante pierde su elegancia en la huida
Sólo los dragones celestes, dichosos, prestan su oído...
(de Xuan Jue)

3.1.08

霞 xiá

photo by Ford Photo
El otro día leyendo la letra de una canción que Wan Xiaoli cantaba a su mujer descubrí un carácter que no conocía: 霞. Se pronuncia xiá, y suena como xià, 夏el verano. Está compuesto arriba por el radical de lluvia 雨, yu y abajo por jia, la forma antigua de la actual 假 jia, que en el segundo tono puede significar falso, artificial y engañoso, prestado, y en el tercer tono, vacaciones. El cararcter 假 jia proviene del dibujo del número dos 二 y la piel 皮, dando la idea de doble piel. Lógicamente 雨yu es su radical semántico y 假 jia es el radical fonético, que con el tiempo ha ido transformándose en xiá.
El significado de 霞 xiá es precioso: en español existe una palabra, arrebol, que designa las nubes rosadas o púrpuras de la puesta de sol, el crepúsculo. Me gustaba la idea de que existiera un carácter para hablar de ese efecto incorpóreo de una luz y un color que se producen en un determinado momento del día y que se relacionase con esa segunda piel y con el agua de la lluvia, que queda desmentida. Como en el pensamiento freudiano en el que es porque el objeto está ausente, perdido, por lo que cuenta. En el que el objeto ha sido reprimido, expulsado de la imagen, pero es justamente por eso por lo que regresa. Para decir una cosa no la decimos directamente, damos una vuelta, dibujamos otra cosa. Me gusta que en la propia escritura aparezca la idea de semblante, artificio, de una cierta ficción, y que a todo eso alguien haya necesitado darle una forma y ponerle un nombre.

Hoy continuaba leyendo a Rainier Lanselle, en un momento dado hablaba sobre sobre uno de los calígrafos más conocidos de la antigüedad china, Wang Xizhi 王羲之 , al que le gustaba repetir que lo esencial de su arte lo había aprendido observando a las ocas volar. En la tradición poética cuando los gansos u ocas vuelan se dice que dibujan caracteres chinos en el cielo. Cuando el calígrafo escribe el carácter de oca, 鹅, que se pronuncia e, compuesto por el radical de pájaro, 鸟niao y por 我 wo, que significa yo, como elemento fonético, no podrá buscar una semejanza formal o exterior de lo que representa, puesto que gráficamente no tiene nada que ver, pero deberá encontrar por debajo de esas apariencias algo que se desprenda de la escritura y conecte con la realidad de la cosa. La semejanza con la cosa que se representa no ha de ser exterior o formal, y justamente ahí reside el secreto del trazo del calígrafo y, potser, de toda escritura.

15.12.07

lost in translation

Kyoto, photo by Andrea Z
Estos días pensaba en el silencio, en cómo unos lo evitan, cómo otros se ahogan en él, como se nos hace intolerable en situaciones y como en otras es lo que propicia un tiempo necesario, una especie de vacío, para que algo pueda avanzar o proseguir, surgir o simplemente respirar. Silencios demasiado llenos que duelen y hieren o silencios armoniosamente vaciados que liberan algo, que permiten al otro existir enfrente nuestro. Y pienso en lo que me había comentado Bel sobre el trabajo de la documentalista Heddy Honingmann en sus entrevista filmadas, en las que no teme que sus personajes o interlocutores se queden en silencio frente a la cámara y sus preguntas, permitiendo ese espacio para que el sujeto y el discurso se desplieguen tranquilamente. En la televisión tienen horror al silencio, los políticos los peores, y se obsesionan por tapar y tapar los agujeros. ¿Cómo se puede escuchar algo cuando se tapona de esa manera todo el espacio? Para mi lo más increíble siempre ha sido que uno crea que al decir algo el otro pueda estar captando exactamente lo que se quiere decir y encima se empeñe en ignorar que de hecho siempre hay algo que se pierde, que cae, y sin embargo otras cosas que no han sido dichas con palabras emergen sin permiso, ocupando un lugar muchas veces más importante que el resto. Por eso siempre me he encontrado tan cómoda hablando lenguas que no fueran la mía, donde esos espacios y esos vacíos se hacían ineludibles. Evidentemente ahí está el chino, pero incluso estos días siento un placer inmenso leyendo en italiano, que comprendo pero no he estudiado y del cual se me sigue escapando mucho…..la experiencia del psicoanálisis resulta paralela. En una entrevista preciosa a Robert Lévy que traduje para una revista argentina decía: Si un análisis tiene alguna consecuencia sobre la vida de alguien, es sin duda la de aportar una distinción entre la ley del amo y la ley del significante. Y es cierto que se operan ciertos cambios esenciales y uno es capaz de liberarse y escuchar(se) de otros modos. Hay un artículo interesantísimo en una revista de la Lettre Lacanienne de un psicoanalista y sinólogo francés, Rainier Lanselle acerca de su trabajo como intérprete en el ámbito del psicoanálisis en china, concretamente en sesiones y presentaciones de enfermos en Pekín y Xián. Reflexiona acerca del lugar bien especial que debe ocupar esta persona, dando cuenta del sinfín de cosas que ocurren no sólo en la práctica analítica, sino en el acto de la palabra y en el encuentro con esa otra cultura que es china. En este marco el intérprete no puede permitirse mantener la ilusión de una supuesta neutralidad, ni tampoco obviar las barreras del lenguaje, de la cual la lingüística no es más que una variante secundaria a la constituyente del propio sujeto de la lengua. Tampoco puede adoptar, a través de un discurso universitario, el lugar de experto cultural que va a traernos un saber ya enlatado y preparado sobre el otro. La responsabilidad de su acto reside en dejar que algo del sujeto del incosciente pueda entreverse o escucharse, para lo que deberá evitar algo que se encuentra muchas veces en lo que esperamos de un intérprete y de un sinólogo: que acondicione y alise el terreno, evitándonos tener que vérnosla con la división del sujeto y su decir en tanto que decir a medias, decir a su pesar, lleno de baches, huecos, lapsus o malentendidos. Como en aquella secuencia de Lost in Translation en que la intérprete japonesa reduce unas explicaciones interminables dirigidas al americano, a una escueta frase de apenas cuatro palabras. Y es que aunque la intérprete japonesa haya conseguido traducir lo esencial de la comunicación, ha eliminado y censurado toda una serie de significantes, que deja al extranjero sumido en una inquietante extrañeza: “a partir de entonces el extranjero ya no sabe quién le habla, desde dónde se le habla y su sentimiento de aislamiento, de desprendimiento de sí mismo, de ausencia de conexión con las cosas es uno de los puntos fuertes donde reposa la verdad de la película” Rainier explica algo muy bonito además sobre la consistencia del dispositivo analítico, y es el hecho de que a diferencia de algo que pasa a menudo en ese tipo de situaciones en China, en que se crea como una especie de complicidad entre las dos personas que hablan la misma lengua, en estos encuentros el discurso del paciente estaba claramene dirigido al analista que no hablaba su lengua. La presencia del intérprete debía oscilar, tanto su lugar como su intervención habrán de ser plurívocos, y como en la banda de Moebius debía sostener posiciones opuestas entre sí, y es que como bien recuerda al concluir el autor, el lenguaje es universal pero sólo existe a través de lenguas particulares.

9.10.07

psychanalyse en chine à paris

Au Musee Guimet by gonzo
Je sens je fais partie de cette ville traversée par l’eau qui coule, construite autour des ponts dorés et des pierres claires, peuplée de vieux arbres et cafés ouverts à travers la transparence de ses galléries vitrées, derrière lesquelles les amants se caressent. Me sentía como esos extraterrestres que lejos de su planeta, encontraban de repente una fuente a la que enchufarse y recargar sus baterías, su energía y su consistencia luminosa. París bien vale un paseo…Coté psychanalyse fue intenso e interesante. Pude escuchar a analistas chinos hablar de sus análisis y su trabajo, de sus problemas de traducción y proyectos lacanianos, del posible presente y futuro de este discurso descentralizador en el país del centro por antonomasia. Además de las cosas que ya conocía me sorprendió volver a encontrarme con esos jóvenes que ajenos a los relatos exotéricos de los de aquí y los de allá, se sienten capaces de apostar por algo que no ha de ser de unos o de de otros, sino de una práctica que no se debe más que a quien la practica y desea ir hasta el fondo de su experiencia. También hubo algo que me explicó Yann a raíz de sus viajes a Pekín y Chengdu con Rainier Lanselle. Parece ser que durante unas sesiones de trabajo se hacía difícil la transmisión de algunos conceptos freudianos. Era el caso de la forclusión, el significante que ha sido rechazado en el interior, regresa desde el exterior, lo real. A los psiquiatras y estudiantes chinos les costaba entenderlo hasta que uno de ellos se levantó y dijo dirigiéndose a los demás. Claro, es como la botella de klein, concepto topológico de difícil comprensión para cualquier estudiante de psicología, o psicoanálisis. Los colegas franceses se dieron cuenta de que a través de las matemáticas, muchos conceptos que Lacan (La Khan) había desarrollado gracias a la topología, serían fácil y rápidamente asimilados y se preguntaron si no llegarían a ser los chinos los que dieran una nueva vuelta de tuerca a conceptos tan importantes en la articulación teórico-clínica. Me impresionó R. Lanselle, sinólogo y psicoanalista, que por su dominio de la lengua y textos chinos es una de las piedras angulares de la asociación. Publicó hace unos años un singular ensayo Le sujet derrière la muraille alrededor de la cuestión del sujeto que no llega a poder decirse plenamente como tal a causa de la existencia de dos lenguas, una clásica escrita altamente codificada y otra oral y vulgar, de aparición tardía en la literatura. Su trabajo al estar tan anclado en la literatura me hizo pensar en Manel Ollé, del que por cierto me acordé en mi visita dominguera al extraordinario Musée Guimet: entre las porcelanas chinas encontré algunas piezas que provenían de galeones como el San José o el San Diego que realizaban rutas como la de Manila-Acapulco. Impresionante colección y museo. Además en uno de los costados de la calle se encuentra el Panteón Budista, acompañado de un pequeño jardín zen japonés con sus ginkos, piedras y agua tranquila.