photo by +gaemetricHay conversaciones que no sirven para casi nada, otras en cambio nos acompañan durante tiempo después de haberlas tenido, como un fino hilo tejido alrededor nuestro, que nos sostiene y abriga, sujetando nuestro mundo de otra forma, mucho más humana. Me gusta escuchar la radio mientras trabajo por las mañanas y escuchar conversaciones y entrevistas a científicos, historiadores, escritores que después resuenan el resto del día y se relacionan invisiblemente con lo que me pasa, veo, escucho o leo. Me siento entonces conectada. Mis conversaciones semanales con Bel me permiten muchas veces acabar de tejerlo todo, escuchándola o haciéndole partícipe de lo que me ocupa. Y como en esa imagen que utilizan en meditación, ver pasar los pensamientos como nubes, nos sentamos a ver la increíble puesta de sol desde lo alto de la montaña, mientras a lo lejos, sobre el cielo rosa, nubes y gansos salvajes pasan…Esta semana en el Elle (spécial sexe), había una entrevista bastante bonita a Daniel Pennac que la semana pasada sacaba un libro Chagrin d’école, sobre el fracaso escolar, su trabajo de profesor con esos alumnos que en Francia llaman cancre, (mal estudiante) y que él mismo fue. La palabra en francés viene de crabe, cangrejo, haciendo alusión a los que caminan torcidos, los que no siguen el camino de los demás. Decía cosas preciosas sobre el papel que algunos profesores juega para esos chicos o chicas que se encuentran en peligro, como le pasó a él. “Frente a un adolescente en peligro, comprendían simplemente que había una urgencia. Día tras día estaban ahí sin soltar un solo momento, y acabaron sacándome de ahí. Estos profesores estaban absolutamente presentes en su materia. Mi profesor de matemáticas irradiaba la convicción de que nadie en el mundo podía sentirse ajeno a la felicidad de las matemáticas…” Luego había otra entrevista a Bernard-Henri Lévy sobre otro libro, que acaba de salir, Ce grand cadavre à la renverse en el que reflexiona sobre el estado de la izquierda francesa. La tesis del libro, grosso modo, explica él mismo, es que la izquierda rompió con la tentación totalitaria, versión clásica, el socio-comunismo, pero que en las ruinas que dejó, algo ha aparecido, otra tentación totalitaria, no tanto en la extrema izquierda, sino en la derecha, en la extrema derecha. La izquierda está enferma de la derecha, enferma de su fascinación por la nación y la bandera, de su rechazo de Europa, de su antiamericanismo… dice que a parte de la coyuntura bushiana, el antiamericanismo, muy conectado con el discurso fascista francés, tiene que ver con la rabia, en el fondo racista, contra la idea de una nación concebida hace tres siglos, compuesta por gente de todas partes, sin raíces ni lengua común, sin ni siquiera una memoria compartida. Habla de su apoyo (en absoluto incondicional y lleno de matices) a Ségolène Royal, sacando a la luz puntos bastante interesantes de la campaña, de la misoginia sufrida, también y sobre todo por parte de las mujeres. Ataca el relativismo cultural y hasta dice de Sarkozy, “el primer presidente que se atreve hablar de amor” . De Cécilia dice que es en todo caso alguien interesante. Una “irregular” en el sentido en que Edmonde Charles-Roux lo decía de Coco Chanel. Una mujer que en todo caso parece tener el mérito de no sentirse en ningún sitio totalmente en su lugar…. Finalmente citando a Sartre (un cabrón, un salaud, es el que no siente vergüenza): una humanidad que no siente vergüenza de lo que es capaz de hacer, es una humanidad perdida. Por último una entrevista en Le Point hors série sobre China a Simon Leys sobre la estética-ética china, que me guardo para el próximo post, por ser una joya. Leys acaba de sacar un libro con la traducción y comentarios sobre el Tratado de pintura de el querido Monje Calabaza Amarga. Esta semana traduzco un artículo de un analista francés en que habla del dios griego Kairos, del que por otro lado me habla un amigo en un mail. Habla del dios del instante propicio, concepto absolutamente chino por otro lado, al reflexionar sobre las manifestaciones del sujeto del inconsciente en el trabajo psicoanalítico: ese sujeto que aparece un instante y hay que saber estar ahí para escucharlo, en esa escucha flotante.





















