16.10.08

letter on the blind for those who see*

foto del vídeo de Tellez by libbyrosof
es el título (* carta sobre los ciegos para los que ven) de una obra del artista venezolano residente en NY Javier Tellez, un vídeo de 35 min que pude ver en París hace unos días durante la Nuit Blanche que organiza la ciudad cada otoño. Además del título me gustó la imagen, bellísima en blanco y negro sobre una pantalla enorme en el interior de la iglesia Saint Eustache, apenas iluminado. En la pieza vemos como seis ciudadanos ciegos del Bronx se acercan a un elefante colocado en medio de una cancha de basket vacía y van describiendo lo que sienten y descubren a través del tacto. Tellez reflexiona en sus obras alrededor de la noción de marginalidad, cuestionando formas de estigmatización, concretamente aquello que separa normalidad y patología. Yo no pude evitar recordar lo que decía Lacan acerca de que sólo necesitaba nombrar un elefante para que éste ocupara la sala, haciendo referencia al poder de la palabra. Leo estos días el nuevísimo libro de Robert Lévy acerca de lo infantil en el psicoanálisis, donde también evoca ese momento mágico de simbolización en el niño, en el que descubre que el lenguaje le permite la representación mental de los objetos ausentes, liberándolo de alguna manera de la tiranía de los sentidos, y del objeto o los objetos (la mamá, el amor…) que desaparece y se pierde, aunque sólo sea temporalmente. El uso del lenguaje se convierte para el niño en una de las principales herramientas que utilizará para hacer frente a esas angustias que lo asaltan en los primeros años de vida. Me gusta mucho una cosa que dice sobre los analistas de niños: al analista de niños no le tienen por qué gustar los niños para entenderlos; en todo caso lo que le atrae es el sujeto del inconsciente y su especificidad infantil, al que acoge con su escucha. El deseo del analista es una función y no un deseo particular dirigido al niño. Y en el caso del sujeto infantil más precisamente, esta función sólo puede entenderse por algo que Lévy llama “estar ahí sin razón para estar”, ya que cualquier razón del analista los situaría inevitablemente en una relación pedagógica, o incluso terapéutica, pero en ningún analítica. Para Lévy, y hay mucho de eso en mi propia visión del asunto, lo que permite y garantiza las condiciones necesarias para el análisis (juegos de asociaciones verbales, crear un espacio para la letra y la lógica del significante) es ante todo que el analista pueda hacer función como lugar de deseo vacío para este niño, que ya a su vez se encuentra tan acechado por los deseos de padres, educadores e instituciones alrededor de su persona. El analista del niño no es el que desea su bien, (para eso ya están los otros), puesto que su ética es otra, la del “bien decir” en todo caso. Por eso, y en este punto vuelvo a estar muy de acuerdo con Lévy, el trabajo analítico infantil nos acerca, contrariamente a lo que se podría pensar, a esas angustias primeras relacionadas con la pérdida, la castración, incluso la muerte.
Del lado chino leía estos días sobre un pensador de la época de los Reinos Combatientes, discípulo de Mencio, que no dudó en contradecirlo cuando lo creyó necesario. Xunzi no creía en el destino celeste del hombre, ni en el pensamiento cosmológico de la época articulado a través de resonancias. Él intentaba disociar cielo y tierra, separando el cielo del hombre. Éste no tiene por qué descubrir el universo tal y como es en un esfuerzo de conocimiento puro, luego vago i inútil, sino que deber ser capaz de ordenarlo (Li )un poco como ese trabajo del niño en compañía del analista. Esas primeras corrientes racionalistas inmersas en guerras y cambios de poder, se preocuparon especialmente en el poder ordenador de las palabras y el lenguaje.

10.10.08

me fui

foto by petite-a, mercado iglesia Saint Eustache

unos días a París,
pero ya estoy volviendo....

28.9.08

el ínfimo indicio

getta photo by Daveweekenses68
En el pensamiento tradicional chino el tiempo no se concibe en un curso regular homogéneo sino, como me pasa a mi menudo, como un proceso constituido de momentos más o menos favorables. El hombre sabio ha de estar disponible para responder a estos cambios y saber identificar el momento de la oportunidad, 时 shi, para las acciones o movimientos propicios. Lo que pone en movimiento las cosas, sin embargo, no es algo tan fácil de identificar, sino lo que en chino antiguo, ya en la fraseología adivinatoria del Yi Jing, se llamaba el “ínfimo indicio” o 几 ji. El instante entre el potencial y el acto real, lo ínfimo es el imperceptible comienzo del movimiento. En la medicina china constituye una noción sumamente eficaz, llámese lo ínfimo (几ji), lo ténue (微wei), lo quintaesencial (精jing) o el germen (端duan). Como escribe Anne Cheng, todo el arte del médico consiste en interpretar y reconocer los signos más sutiles cuando la enfermedad aún no se ha declarado. La visión del mundo que se desprende de una obra tan revisitada por los pensadores como es el libro de las Mutaciones, es aquélla en la que todo está relacionado, sin rupturas, en que nada es absoluto, independiente, como en nuestro mundo globalizado de hoy. Aquí lo invisible, lejos de tener una existencia distinta, se encuentra presente en lo visible en forma de signos. El ínfimo indicio, por tenue que sea, muestra el vaivén cíclico entre lo manifiesto y lo latente, un poco como hace el analista al analizar los sueños, o las formaciones del inconsciente.
Esa es mi receta otoñal, aprovechar lo propicio e intentar leer los signos….

Les dejo con un poema de Lu You, traducción al castellano a partir de la versión de Moudarren

En el pequeño jardín la hierba, como si de bruma se tratara, cubre la casa
Bajo la sombra de las moreras el camino serpentea
Reclinado leo poemas de Tao Yuan Ming

Y aunque no haya terminado el libro
aprovecho de la lluvia fina
para ir a labrar las calabazas

24.9.08

lo pequeño y lo revolucionario

foto by Kuu nel
En estas semanas de catástrofes y crisis financieras me pareció especialmente bonito encontrarme con esta frase de la psicoanalista Françoise Dolto: “desearía decirles algo a los políticos, es entre los 0 y los 6 años cuando más valdría que se ocupasen de los ciudadanos” El descubrimiento de F. Dolto fue sin duda para mi una revelación, y una de las razones por las que me acabé acercando al psicoanálisis. Al cabo de unos años pude ver un magnífico documental sobre su trabajo, editado por Gallimard. Dolto, analista especializada en la infancia, aseguraba que un niño siempre podrá asumir algo si se le dice la verdad, es en cambio, lo no dicho, lo no elaborado lo que puede dañarlo de verdad. Ella descubrió una nueva manera de hablar, entender y comunicar con los niños, revolucionó nuestra comprensión y comunicación con la infancia. Esta semana pasada me enteré de que a unos cuantos kilómetros de Barcelona existe desde hace años un espacio, l'Espai de Mar, inspirado en aquellas Maisons Vertes, que la Dolto junto con otros psicoanalistas crearon al final de los 70 en Francia y con las que yo soñaba hace años. Estas casas abiertas son espacios o dispositivos de acogida para padres y niños de 0 a 4 años y entre sus principales objetivos está la socialización y preparación para la separación del ámbito familiar antes de la entrada a la escuela, así como la prevención o identificación precoz de las dificultades en la primera infancia. El funcionamiento es muy sencillo y posee muy pocas reglas: el adulto ha de estar siempre con el niño, y se mantiene un cierto anonimato, al entrar sólo se requiere que se escriba el nombre del niño, su edad y quién lo acompaña en una pizarra; eso es importante, puesto que al acceder ahí sin historia previa, la palabra puede ir surgiendo tranquilamente. Analistas y especialistas en educación infantil están ahí a modo de acompañantes, respondiendo a las cuestiones. Se trata de un espacio público diferente del pedagógico que, como dicen sus creadores, cubre algo tan importante como atender y escuchar las dificultades que necesariamente surgen en el difícil proceso de crecimiento, y por tanto de separación entre madre e hijo.
Otro descubrimiento llegó estos días con una sesión de Feldenkrais a la que asistí algo desesperada por una antigua lesión en las vértebras que había reaparecido y me tenía inmovilizada desde hace días. Desconozco todo del funcionamiento de esta técnica, y no intentaré esclarecerlo en un primer momento, pero me maravilló la sutileza de las instrucciones que muy suavemente las manos del practicante van enviando al cuerpo del que recibe la sesión. De nuevo ahí encontré una resonancia con lo que me interesa últimamente: no hay nadie que te diga –en este caso le diga al cuerpo- has de ser así, has de hacer eso, has de estirarte de este modo, fortalecer aquí o relajar acá; las pequeñas, leves e inteligente manipulaciones van dirigidas al sistema nervioso, y a una cierta sensación de bienestar que el cuerpo es perfectamente capaz de detectar, no hace falta trabajar sobre una postura, una imagen, una idea, longitud o medida de lo que es la salud. Como en el análisis se trata de que todo ese imaginario se desinfle, pierda su interés, y de que los cambios ocurran en ese otro terreno que conocemos o controlamos siempre a medias…Sin tener una idea de qué es lo que sucedió, puesto que los movimientos y contacto parecen de lo más banales y pequeños, el dolor se desvaneció y mi cuerpo recuperó una sensación de ligereza increíble.

21.9.08

más allá


altar en japón, photo by Perkunas
Más allá del principio de realidad, más allá del principio de placer están esas decisiones que tomamos cada día. La vida nos la complicamos bastante, espero que estén de acuerdo, nosotros mismos. En eso pensaba estos días escuchando las confidencias de algunos amigos. Precisamente ayer, hojeando la versión española del libro de distintos testimonios acerca del encuentro con el psicoanálisis, La Regla del Juego, encontré estas iluminadas palabras de la analista Rose-Paule Vinciguerra:

El psicoanálisis constituye una subversión radical, no del saber, sino del lugar que se le da al saber. (…) Postula que ese saber difícil de adquirir es sin embargo simple. En el centro de las repeticiones, en medio de las enrancias, de las tormentos, de los errores y de los fracasos, hay en lo más íntimo del sujeto y sin que lo sepa, una decisión, no obstante totalmente articulada, de goce.

Nosotros lo llamamos goce, Freud lo denominó pulsión de muerte, para el neurótico de a pie se trata de eso que nos hace sufrir y que no deja de repetirse. También me gustó leer algo que dice el escritor Suso del Toro, que confía en el poder terapéutico de la palabra como en la ayuda de la química.

Pero sólo la búsqueda de sentido a través de la palabra nos hace dueños de nuestra propia vida, agentes de nuestra propia curación. La química muchas veces necesaria y a veces imprescindible nos somete, nos destruye en parte, mientras que la palabra nos permite reconstituirnos. El psicoanálisis parte de la dignidad de la persona, cree en la integridad del individuo y en su capacidad para afrontar el vivir. El psicoanálisis se basa en la esperanza, apuesta por la persona. Precisamente en una civilización que nos objetaliza, que nos escinde, que nos fragmenta, la creencia de que existe un deseo que nos sostiene, que puede orientarnos para encontrar lo más singular de nosotros mismos, hace al psicoanálisis digno de todo el respeto y nos invita a apostar por él.

Pero muy cierto que resulte todo esto, no me extrañaría de que de aquí a un tiempo, cuando alguien diga que va a ver a un psicoanalista, lo confundan con quien va a consultar a un tarotista, a seguir un tratamiento de flores de Bach, hacer un taller de constelaciones familiares o apertura de chakras, donde siempre hay un otro que tiene respuesta a lo que nos pasa. Vivo rodeada de gente que acudiría a quien fuese, a donde fuese antes que ir a preguntarse a sí mismo Perdónenme el pesimismo de estos días, raro en mí. Confucio decía, Con quien no sabe preguntarse “¿cómo actuar, cómo hacer?” yo sinceramente no sé cómo actuar...

14.9.08

quien responde

de la serie The Visitors de Charlotte Cory
Hay quienes hacen cosas, producen, hablan y actúan, muchas veces incluso trabajan, exclusivamente para que los de alrededor les concedan un lugar, una mesa, un sitio donde aposentarse y poder ser. Otros en cambio hacen cosas, producen, hablan, actúan, y quienes son muy afortunados consiguen incluso trabajar profesionalmente, por una razón que desconocen a medias pero que les consume, les apremia, no pueden sino hacer eso, por poco conveniente o práctico que les resulte a veces. El lugar que ocupan es otro, yo digo que es marginal, y por eso su visión de la realidad es distinta, la miran desde un margen, en órbita, desde dentro y desde fuera. Ahí están los inmortales exiliados, los poetas chinos, por ejemplo. La marginalidad no significa estar sin blanca o falta de reconocimiento o éxito; muchos de ellos viven o vivieron en la cresta de la ola y siguen siendo marginales.
Lacan, que era uno de ellos, reprochaba a su auditorio del año 56 que creyese tanto en la gramática. Su paso por la escuela se resume aproximadamente en haberles hecho creer en la gramática, dice, y usa la lengua china para mostrar un uso más laxo y real de los significantes y la gramática. Se refiere a lenguas en las que una palabra no es casi nada en abstracto, y cuyo sentido y función son en cambio definidas por su lugar, por la puntuación utilizada, y sobre todo por su encuentro con otras palabras. En ese momento está intentando demostrar que al hablarle a otro, y decirle tú… ese no tiene un sentido, consistencia o peso unívoco. Y que si pudiéramos escribir de modo fonético nos percataríamos de las diferencias de tonalidad y acento de cada . Dependiendo de la plenitud que le demos al tú… nuestro yo recibirá una u otra cosa. Ese “tú eres eso”, cuando lo recibo, me hace en la palabra otro que lo que soy (Lacan en el seminario 3)
Para tener una relación auténtica con el otro, para que el otro sea reconocido como tal ha de haber primero una identificación con el otro como semejante, una cierta relación especular. Sin embargo, y para no quedarnos en ese estadio de confusión ha de haber un lugar Otro, un yo tercero (que no es el yo-yo, ni el yo-en-ti) en el que precisamente reside lo que no conozco de mi mismo. Así, cuando tú te me pones delante, yo no sé del todo quién soy, ni quién eres, ni siquiera a dónde me llevará todo esto, pero la situación me permite ser y seguirte (en francés Lacan juega con je suis, tu es celui que je suis, eres el que yo/el que sigo).
Pero volviendo a mi idea de marginalidad, no sé por qué la relacionaba con los planetas. Tal vez por eso que dice el doctor Frikosal sobre el significado original de la palabra planeta, o por esa manera iluminada y creativa que tiene él de mirar el mundo y las cosas. Lacan habla también del movimiento de los planetas frente a la quietud de las estrellas, cuando introduce en su seminario 2 al gran Otro. Los planetas no hablan, dice, primero porque no tienen nada que decir, segundo porque no tienen tiempo, tercero porque se los ha hecho callar. Fue Newton con su teoría del campo unificado y la ley de gravitación la que les cerró el pico. Con esa nueva explicación, la realidad temporal y espacial quedó reducida a un lenguaje bien hecho, a una sintaxis. Creo que perciben aquí la oposición existente entre palabra y lenguaje (Lacan dixit)
Lo que tiene el tú, en cambio, es que responde, tiene boca. Permanentemente tendemos a razonar sobre los hombres como si se tratara de lunas, calculando sus masas, su gravitación. No es ésta una ilusión exclusiva de los eruditos: es especialmente tentadora para los políticos.
En su Mirall Negre, Manel Ollé colgó este verano un precioso texto poético en el que se describe la imagen de un hombre mirando las nubes en cuatro momentos de tu vida. Al final, ése sujeto que es ahora ya no mira las nubes sino que al mirarlas lo que hace es releer como los otros tres que fue las miraban. No ha habido únicamente tiempo, el viento los ha trabajado, “pots reconèixer-te en la contorsió flexible de l’olivera”
Es cierto, no hay sólo tiempo y espacio, nos trabaja el viento, el roce con las cosas y con los otros que, como nosotros, pueden siempre responder.

8.9.08

recojo crisantemos

Kyotosunlight, photo by Yuutamichael

Recojo crisantemos en el cerco del este,
Con el corazón libre, miro la montaña del sur,
Entre las brumas del crepúsculo, la montaña aparece magnífica
Las aves regresan juntas en bandadas
Reside en todo esto una significación profunda
Pero al querer expresarlo me doy cuenta de que he olvidado las palabras

de Tao Yuan Ming, traducción algo libre

Este poema pertenece a otra de esas antologías de Moudararren que picoteo estos días, como respiro, mientras termino el seminario 3 que me ha ocupado este último mes. Se trata aún de un Lacan temprano pero la conexión china aparece un par de veces. Incluye una pequeña conferencia que le encargaron a Lakhan con motivo del centenario del nacimiento de Freud. Es bastante bonita y concisa. Después de sus habituales rodeos enumera ciertas claves del descubrimiento freudiano, aunque su discurso se encuentra muy condicionada por sus propios descubrimientos en esa época. La originalidad de Freud, dice, la sal de la práctica analítica es el recurso a la letra. Yo no lo sé explicar bien, pero la letra es aquello que habla independientemente, sin que intervenga, el significado. Lacan utiliza el cuento de Poe, La carta robada, para ilustrarlo. En francés, además, carta y letra se escriben igual. El cuento trata de una carta que ha desaparecido de los aposentos de la reina. Sin que su contenido sea nunca revelado, regula y afecta el comportamiento de todos los personajes, el inspector de policía, el detective enviado en misión, el ministro de quien se sospecha, a la reina y el rey… afectando a sus relaciones y presidiendo sus intereses y movimientos.
Lo que decimos al hablar muchas veces, lo que se inscribe, nuestros significantes son el instrumento con el que se expresa un significado desaparecido, que ha sido borrado. Por eso la importancia del automatismo de repetición freudiano: se trata de la insistencia de una palabra que habla como esa carta, y no es tanto su contenido como lo que su irrupción revela

31.8.08

del (no) concluir

una flor en la playa en Formentera, foto mía
Este verano cambié de analista. Antes de tomar la decisión lo comenté con un par de amigos que me dijeron, deberás ir encontrando el modo de concluir. No sabía bien a qué se referían pero con el tiempo lo hice. La palabra concluir me resultaba todavía más enigmática. Cuando la decisión del cambio se hizo posible en mi cabeza, había algo que ya hacía tiempo había concluido, y en cuanto al resto no había nada que concluir, puesto que mi análisis continuaba, incluso se veía relanzado, en ciertos aspectos, mediante las preguntas o cuestiones que el cambio suscitaba y me obligaba a plantear e ir desplegando ante mí. Para el psicoanálisis la idea que tenemos de nosotros mismos, el yo, surge del encuentro con el otro. Se trata de una especie de imagen o relación especular que establecemos con nuestro semejante. El yo se constituye en torno a un centro que es el otro: la mirada, el deseo, incluso el objeto de deseo del otro serán determinantes para que yo establezca mi imagen, mi deseo, y mis relaciones con el objeto de mi deseo. El yo es ese amo que el sujeto encuentra en el otro, dice Lacan. Fuera de esta relación del yo con el otro, que para Lacan se encuentra presa de las trampas de lo imaginario y la certeza del delirio, añado yo, está la del sujeto que más allá de las imágenes, pregunta a un Otro que ya no es proyección, reflejo o ilusión virtual, sino un lugar en el que ir construyendo sentidos. Ese lugar suele ser desconocido, por eso decimos que lo interrogamos. En el análisis el analista evita quedar preso en la relación especular con el analizante, todo se organiza para que no hablemos con otro, sino que poco a poco nos dirijamos al Otro. Al cuestionar al Otro recibimos nuestro propio mensaje, nuestras respuestas. Con el tiempo nos damos cuenta de que no hay nadie más ahí respondiendo o construyendo respuestas ad hoc, así que las preguntas, a menos que nos las respondamos nosotros, pueden quedan sin contestar. El sujeto que se dirige al Otro es un sujeto que duda pero que sabe que cuando lo necesite podrá arreglárselas para encontrar alguna respuesta más o menos satisfactoria, más o menos temporal. Quien carece de dudas, sin necesidad de que se trate de una psicosis, está, para mí, más del lado de la locura. Quien por otro lado viva abrumado por ellas, aunque sea inconscientemente, y no logre responder a una buena parte de éstas desde ese lugar suyo que es el Otro ( el lugar de su deseo desconocido) y utilice a los amos que encontramos en los otros para hacerlo, también lo está. Tanto el que carece de dudas, como el que utiliza a los otros para no tener que responder él, tienen algo en común: hablan como si todo se pudiera decir en cualquier momento, como si todo se pudiera contestar, como si obturándolo todo con sentido pudieran acabar con las preguntas y los intervalos.
Una buena parte de lo que me alivia de China es precisamente eso: que no todo se puede decir en todo momento, aunque rebose verdad, aunque rebose certeza, uno dice lo que necesita decir por alguna razón y en un momento preciso, si no lo necesita decir, no lo dice y el siempre no existe. Sabe que su palabra no restituye ningún equilibrio cósmico, que lo atañe sólo a él, restituye en todo caso algo suyo. Entiendo que esta actitud no sea muy popular en nuestra cultura, y que yo me las arregle tan mal a veces para encontrar mi lugar aquí. Para Freud, según Lacan, la aprehensión de la realidad por parte del sujeto empieza cuando es capaz de decir esto no es mi sueño, o mi alucinación, o mi representación, es un objeto. En este sentido, aunque no sea así como la define el discurso analítico, la palabra también podría considerarse un objeto. Lo digo en ese sentido de extrañeza que puede causarnos, lo que nos distancia de ella. Hoy mientras pensaba en todo esto me acordaba de Bangkok y des sus ajetreadas calles... todo esto leyendo el título del penúltimo post de Bel, asociación libre, que diría Cacho de Pan.

27.8.08

el camino del hombre libre


well beaten path in by ippei+janine
Mientras nos tostábamos plácidamente al sol en un embarcadero turquesa ibicenco, Bel nos leía en voz alta algunos fragmentos de la estupenda entrevista aparecida en el dominical de el País a George Steiner. Decía cosas preciosas sobre las lenguas, y sus reflexiones giraban alrededor de asuntos diversos, llenas de humor, optimismo, curiosidad. Además aparecían un par de imágenes de su luminosa casa en Cambridge, llena de libros, con un pequeño jardín. Me gustó cómo comparaba la traducción simultánea con el orgasmo, haciendo referencia a la no-coincidencia o desfase temporal, entre sexos y significados. Yo pensaba en lo que dice Lacan:en el ser hablante no existe cópula ni relación sexual satisfactoria, en el sentido de coincidente, y ese mismo desfase aparece al traducir no únicamente de una lengua a otra, sino también cuando intentamos traducir con palabras nuestro pensamiento. A mí me gusta sostenerme y habitar varias lenguas, viajar de una a otra, sin lograr controlarlo todo de modo completo, sabiendo que entre yo y los otros existen esos pequeños abismos. Citó a Heidegger para hablar de la importancia de que sigan habiendo preguntas y no sólo respuestas. También me pareció ingenioso y oportuno cuando al ser preguntado sobre el tema vasco, respondió preguntándose a su vez si la dificultad para aceptar la realidad exterior de ese pueblo puede tener algo que ver con la singularidad y la rareza de su lengua. Llevándolo al tema chino, estoy totalmente de acuerdo con la tesis de J.F.Billeter cuando intenta desarmar la idea o mito del mundo chino como reverso del nuestro, encarnación de la alteridad por antonomasia, situado a nuestras antípodas. Billeter sostiene que tales discursos forman parte de un fenómeno ideológico: el verdadero secreto de tal construcción, política ante todo, radica en la instrumentalización de la lengua y la cultura por parte del poder durante las primeras dinastías del imperio chino, hasta hacer que éstas se confundieran y sirvieran de base del nuevo orden dinástico. Con el fin de hacer olvidar la violencia y la arbitrariedad con las que éste había surgido, éste debía parecer conforme al orden natural de las cosas, y uno de los elementos fundamentales que hicieron que esto fuera posible fue la escritura y el uso que se hizo de ella. Efectivamente una de las características de la escritura ideográfica es que, en un origen, los signos daban cuenta de las cosas del mundo, o al menos producían esa ilusión. China no necesitó desarrollar un sistema o aparato religioso demasiado complejo, puesto que la escritura suplía una parte importante de esa función: los ideogramas no traducían la palabra del ser humano, sino que hacía visibles las variaciones invisibles del mundo (como dice Lanselle) la vía del cielo. La escritura, siendo un conjunto de signos que representan las cosas sin mediación de la voz o de la letra, se encuentra entonces impregnada de un poder explicativo de los enigmas del universo: primero fue utilizada para fines adivinatorios, y de ahí pasó a ser un instrumento oficial, administrativo, ritual, analítico, incluso literario, pero durante siglos, desligado de la palabra. Los intelectuales chinos, como esos poetas de los que hablo a veces, no eran escritores que trabajaban plácidamente en la paz de su despacho, caligrafiando y bebiendo té. Su discurso tenía que evadir la censura, llevárselas con el amo y los inconvenientes de la vida funcionarial, las cosas rara vez podían decirse directamente. No es extraño que fuese Billeter el autor de un libro publicado a finales de los setenta y que me encantaría encontrar, sobre la vida de un escritor y pensador del siglo XVI, Li Zhi, el cual obsesionado con esa idea de libertad, rompió de manera radical con el mundo oficial y confucionista de los mandarines para poder escribir y decir lo que pensaba. Un vez pudo retirarse de sus cargos públicos a sus 54 años, en vez de regresar a su pueblo natal, optó por la vida errante, no dudando en entrar a formar parte de un monasterio budista, no por vocación espiritual, sino para que lo dejaran en paz. Los títulos de dos de sus libros, Libro para quemar, y Libro para esconder, donde se expresa libremente, y que fueron prohibidos durante un tiempo, resultan bastante ilustrativos. Billeter incluye en aquel libro contra F. Jullien, en un capítulo, algún fragmento del Relato emotivo sobre mi Vida, en el que el propio Li Zhi narra la siguiente anécdota: al llegar a una nueva prefectura, evita a toda costa presentarse ante la autoridad local, pero acaba recibiendo de éste una invitación, a la que se ve obligado a responder. Al final de la nota que le escribe en contestación no sabe cómo firmar. Escribir “vuestro colega” le parece pretencioso, pero “vuestro súbdito” implica demasiada sumisión, así que resuelve firmar con un “el extranjero que se ha parado en este lugar”. Cree encontrar con esta fórmula un equilibrio adecuado entre lo que se puede y no decir, que salvaguarde su tan preciada libertad.

18.8.08

a punto de partir

Sur le quai de Yokohama, Japon Illustré de Félicien Challaye, Paris 1915
Además de los poemas me gusta leer las biografías de esos poetas antiguos. Como sabrán, en la sociedad tradicional china los escritores o intelectuales, los letrados, solían prepararse para los exámenes imperiales y acceder a cargos públicos como funcionarios de la corte. A menudo eran enviados a diferentes regiones y ocupaban puestos diversos, principalmente civiles, pero también militares. Algunos de ellos provenían de familias humildes de funcionarios de provincias como Bai Juyi, otros crecieron en el campo o la montaña, como Meng Haoran, pero la mayoría pertenecían a familias acomodadas, Li Bai por ejemplo provenía de una familia de comerciantes, Wang Wei de nobles terratenientes. En otros casos se trata de familias de literatos de cierta fama, como Su Dongpo, Wang Bo, la poetisa Li Qingzhao o Lu You. Debido a los cambios repentinos de poder, las guerras, invasiones de nuevas familias dinásticas, rebeliones o meras intrigas políticas, se veían forzados a huir continuamente, o bien exiliados, expulsados, o enviados a vivir en las zonas fronterizas, lejos de la capital, incluso siendo vigilados. Algunos ocuparon durante largas épocas cargos importantes ejerciendo de gobernadores de distritos y alcaldes de ciudades importantes. Poseían preocupaciones políticas y sociales. Como consejeros del emperador no dudaron en recomendar la baja de impuestos en zonas afectadas por la sequía o la pobreza, emprender, como hizo de Su Dongpo, numerosas obras hidráulicas y mejoras urbanas o enfrentarse a los nobles en pro de los más desfavorecidos. A la mayoría su franqueza les costó su carrera, otros renunciaron a sus cargos y se marcharon a vivir al campo. Du Fu, por ejemplo, pasó la mayor parte de su vida en la miseria, un hijo suyo murió de hambre, y él murió de enfermedad en un barco, intentando regresar a su tierra natal. Wang Bo pereció ahogado en un barco a los 26 años cuando se dirigía a visitar a su padre exiliado. Meng Haoran fracasó los exámenes y regresó a las montañas a vivir como un ermitaño y escribir, aunque fue amigo de Wang Wei, Li Bai o Wang Chanling. Su Donpo se vio forzado a exiliarse a la isla de Hainan y ahí descubrió los placeres y la sencillez de la vida del sur.  Muchos de estos poetas, de jóvenes, antes de asumir sus cargos emprendieron viajes por tierras meridionales o pasaron temporadas en templos estudiando con maestros los textos taoístas y budistas. Tao Yuanming se dio el apodo de Caballero de los cinco Sauces, Bai Juyi se hacía llamar Ermitaño de la montaña perfumada o el Caballero Ebrio. El nombre de Su Dongpo, como ya hemos comentado varias veces, quiere decir cuesta del este y hace alusión a un pequeño terreno cultivable que se le ofreció en uno de sus destierros obligados. Para referirse a Li Bai se suele utilizar la expresión Inmortal desterrado, de él se decía que “tenía aires de inmortal y aspecto de taoísta, y era alguien con quien se podía compartir el viaje extático por los ocho confines (esto aparece en el magnífico prólogo de Anne Hélène Suarez en su libro A punto de partir). También he leído que él se hacía llamar Ermitaño de los lotos verdes. Ahora no recuerdo si Wang Wei, el poeta de la montaña vacía, estudioso del budismo chan  tenía algún sobrenombre. Fue sin embargo Bai Juyi el que dijo “me hice monje budista en casa”. Sobre la trágica pero interesante biografía de Li Qingzhao ya habíamos hablado aquí. Los temas preferidos de sus poemas son variados: exaltación de la naturaleza y la vida retirada, aspiración a la libertad y la felicidad, desprecio por los poderosos y mandarines corruptos, la amistad, rencuentro con amigos, y sus despedidas, bebida, amor, nostalgias de la tierra natal, la vida en zonas fronterizas, los viajes y destierros, las calamidades causadas por la guerra. Li Bai no quiso pasar los exámenes imperiales por lo que carecía de titulación; él aspiraba a encontrar contactos y mecenas que lo acercaran al emperador. Después de viajes y un largo periodo en la corte fue encarcelado y enviado al exilio a la provincia de Guizhou. No se dio ninguna prisa en llegar, tardó dos años en hacer ese viaje, ya que paraba en casa de conocidos, aceptando invitaciones, festejando y despidiéndose con banquetes de los amigos, escribiendo acerca de su desencanto, brindando con vino. Antes de llegar a su destino le llegó el indulto y emprendió con alegría el viaje de regreso.
Bueno, ahora soy yo la que me despido por unos días, no sé si me dará tiempo de pasar por vuestras casas antes de partir… hasta pronto!

15.8.08

de lo ausente y la embriaguez

Conocía mal el sugerente y visionario universo ballardiano, y sin haber leído sus obras (soy de las que lee muy poca ficción), lo confundía en mi cabeza con otro pensador de la modernidad francés. Por eso agradecí la exposición organizada por el cccb alrededor de J.G.Ballard y su obra, con vídeos, textos, instalaciones y entrevistas. Me emocionó la parte dedicada a su infancia en Shanghai y a los tres años pasados en un campo de extranjeros durante la guerra sino-japonesa. Entre los numerosos fragmentos de textos que aparecen escritos en pantallas, paredes y otros objetos significativos, en un momento dice algo así como que nosotros percibimos el mundo a través de una ficción: la ficción es lo normal para nosotros. El trabajo del escritor o el artista es el de revelar y hablar de la realidad. Increíblemente freudiano. Y es cierto que luego cita a Freud, en otras piezas. También me gustó mucho cuando compara esa obcecación de ciertos enfoques de la ciencia por aislar, descomponer, dividir, y tratar las partes como objetos en sí con la pornografía. Este sinólogo que admiro tanto Jean François Billeter insiste a menudo en que la pérdida de perspectiva histórica como una totalidad (que sí aplicaron pensadores como Hegel, Marx, Spinoza, o Wang Fuzhi en China) es una de las principales causas des desconocimiento e inconciencia actuales sobre China y sobre nuestro presente en general.
Esta semana en el blog de una analista y escritora encontré una definición preciosa de aquello que es para mí más fundamental en el psicoanálisis: una relación particular del sujeto con las cosas del mundo, que el psicoanálisis garantiza a través de la ausencia de la Cosa y la imposibilidad para nombrarla. Como dice Billeter, no es fácil definir o identificar una relación, ya que no es un concepto o una realidad tangible. Aún así es bien real. elPasaelTiempo lo explica muy bien: en el lenguaje las palabras remiten a las cosas pero esa supuesta correspondencia se ve truncada enseguida a causa del equívoco, los accidentes y engaños propios de éste. El trabajo del analista es sostener esta separación, discontinuidad o desencuentro, esta imposibilidad sin renunciar por eso al sentido. Mi obsesión china-psicoanalítica: aprender a sostener, relacionarme y expresar a partir de ese intervalo que produce el análisis, (y que yo vislumbro en la escritura china) Pero elPasaelTiempo utiliza palabras más acertadas: la cura obstaculiza la línea recta, el positivismo lógico, produce un desencuentro, aquí las palabras no remiten a las cosas sino a otras palabras, por eso se habla de desciframiento, no porque se trate de desenterrar grandes secretos, sino de descifrar esas relaciones entre significantes.
Y luego cita a un Heidegger cercano a Zhuangzi, bellísimo.
Aquí el trabajo del analista y el del artista no serían nada distantes.
A partir de octubre tengo la suerte de poder participar en un grupo de trabajo con Mercè Altimir, analista lakhaniana y traductora del japonés. El nombre del espacio, propuesto por ella, es bonito: el color del viento, y hace alusión a esa imposibilidad sino-japonesa para capturar el color (cuyo pictograma designa también la relación sexual) con el ojo, como el objeto del agalma socrático, brillo fálico del objeto-a. La lectura y escucha de Mercè me estimulan y alientan ya que en ella esa conjunción entre lengua-estética-ética es espontánea, inteligente y natural.
Leo estos días a los poetas chinos. Aquí algunas traducciones libres de poemas encontrados en este volumen de Moundarren, Elogio de la embriaguez, alrededor del dao del vino de arroz y sus virtudes (versión francesa a cargo de Cheng Wing Fun y Hervé Collet)

La lluvia atraviesa el pueblo ensombrecido
El viento levanta los olores de cien hierbas
Remando en mi barca bordeo el viejo muelle
De pie, apoyado en mi bastón, contemplo el estanque nuevo
Ebrio realizo la inmensidad del cielo y la tierra
Ocioso, vislumbro la eternidad del sol y de la luna
De regreso, en el crepúsculo, escribo un rollo de poemas
A pesar de ser viejo, mi fogosidad sigue siendo la misma
Lu You (1125-1210)

Vigésimo séptimo día del sexto mes, poema compuesto estando yo borracho
Nubes negras, como tinta vertida, no acaban de cubrir la montaña
Salta la lluvia blanca, sus perlas salpican la barca
De repente, arrollando la tierra, el viento llega y lo dispersa todo
Bajo el Pabellón que contempla el lago, el agua es como el cielo
Su Dongpo (1036-1101)

Soy como un mono extraviado que regresa a su bosque
Un caballo abatido al que le quitan la silla
Con el corazón libre, me contento con lo que se presenta
El paisaje me resulta familiar, como un fragmento de sueño (…)
fragmento de poema de Tao Yuanming (365-427)

sobre la melodía “El río donde se lava la seda”

“su, su”, sobre mi ropa y mi sombrero caen las flores del azufaifo
Al sur y al norte del pueblo, el rumor de las ruedas hilando la seda
Cercano a un viejo sauce, alguien vende calabazas amarillas
Después de la borrachera, me siento aletargado, y sólo deseo dormir,
El sol está en lo alto, sediento tengo ganas de te,
Llamo a una puerta para pedir un vaso a un lugareño
Su Dongpo

Canción de borrachera
Al amanecer cargo las gavillas para llevarlas a vender
Cuando el sol se pone en el oeste, compro vino y regreso a casa,
¿Me preguntáis dónde está mi casa?
Una vez atravesadas las nubes, penetrando en las montañas esmeralda
anónimo

11.8.08

de la oportunidad

old books in Panjiayuan by Westwinds Zhou
Se ha dicho hasta la saciedad que los JO ofrecían a China una oportunidad de oro para demostrar al resto del mundo los grandes cambios realizados por su gobierno y sociedad, para fortalecer la democracia, dar grandes pasos en materia de derechos humanos y libertad de expresión o prensa, y entrar a formar parte de la comunidad internacional. Para mi, en cambio, suponía la oportunidad de que pudieran desplegarse visiones y discursos más complejos, matizados y lúcidos sobre el mundo chino fuera del ámbito sinólogo, que a menudo resulta limitado.Cuando alguien me preguntaba si no me apetecía estar en China durante los juegos yo siempre respondía que lo que de verdad esperaba era poder disfrutar este tiempo de numerosos de artículos y programas de periodistas como Rafael Poch, que ayudasen a dejar atrás los lugares comunes, obviedades, simplezas y puntos de vista que de tan superficiales y parciales, acaban siendo erróneos y simples mentiras. En los últimos meses, los medios de comunicación se han centrado exclusivamente en la cara más oscura y siniestra de China. Como explicaba Poch hace unos días, todo hacía referencia a un “régimen casi orwelliano de represión, tortura, control de Internet, ejecuciones y censura, cuando la realidad es mucho más rica, abierta, variopinta y dinámica de lo que sugiere esa visión negruzca, tan poco inocente y tan poco independiente de criterio” Llegamos a situaciones tan absurdas como las declaraciones de personajes como G.Bush desde Tailandia, exigiendo cambios en los derechos humanos, siendo él el máximo responsable del gobierno que ha creado y sigue manteniendo Guantánamo, o apoya incondicionalmente al gobierno de Israel. Pero sin tener que acudir a extremos tan bochornosos, no puedo dejar de preguntarme cuando la gente de la calle compara la sociedad china, con qué otra sociedad ideal inexistente la compara. Además de llenarse la boca con la palabra democracia. Yo cada vez me siento más ajena, más perpleja, más china y asombrada de la parcialidad y falta de curiosidad de las personas por lo que la realidad depara. Este domingo incluso Joan de Segarra arremetía con la cancioncilla de lo incongruente que era que se celebrasen los jjoo en un país como China, y calificaba de incomprensible y ofensivo que sigan habiendo retratos de Mao Zedong en lugares y edificios oficiales, o en las calles. ¿Qué parte de la historia de China se le escapa? Es obvio que nunca ha estado en China más de una semana, y por supuesto nunca ha conversado con la gente de la calle o las ciudades, que sí son capaces de explicar con toda lógica el por qué de esas imágenes y qué significado tienen aún para ellos, qué es lo que explican de su historia, sus aciertos y sus errores. A mi me hace pensar que la verdadera incapacidad para asumir el pasado y entender el presente no es precisa ni exclusivamente de los chinos. Y es que una vez asumida la importancia de ciertas formas, ciertas reglas sociales y morales que se han subjetivado, de lo que se puede o no decir, los chinos son mucho menos hipócritas de lo que se piensa. Muchos de los que vieron aquí como algo normal que China entrase en la WTO, exporte, importe y fabrique para el resto del mundo, se rasgan las vestiduras con lo de los juegos.
Mi terreno no es el periodístico, sino en todo caso el subjetivo, poético, artístico o psicoanalítico, por lo que agradezco esos espacios en los que gente que sí sabe de lo que habla se toma la molestia de deshacer malentendidos sobre todas estas cuestiones más generales y políticas. En un artículo de la vanguardia de ayer Poch describe una anécdota que me parece muy representativa de lo que le suele suceder a alguien cuando superando los prejuicios y tópicos se acerca a la realidad china. Un profesor de ciencia política llega a la universidad de Pekín y se da cuenta de que allí hay más libertad de expresión que en su anterior puesto en Singapur, “Creía que me piedirían mi programa de lecciones a principios de curso, pero cuando pregunté me dijeron, ¿programa? Usted explique lo que quiera” En contra de lo que se piensa el régimen chino es mucho más abierto y relajado, y los espacios de discusión existen, la información está más liberada de lo que parece y muchos de los cambios de la sociedad vienen provocados por la presión que se ejerce desde abajo. Por supuesto que la represión, la censura, la tortura existen y son una lacra, también para ellos.
En aquel libro de Hisayasu Nakagawa el autor cuenta como hace unos años en una conferencia sobre los principios de Kitaro Nishida, tradujeron desafortunadamente un concepto clave de sus últimos trabajos, el koi-teki chokkan –algo así como la intención que se concibe en el acto en sí- con la expresión “intuición activa”. Según el autor, muchos fueron los franceses que se quedaron atrapados en las preguntas sobre la diferencia y oposición tan occidental entre activa y pasiva, sin poder enterarse de nada más. Algo así me parece que pasa a menudo con China. Las discusiones quedan habitualmente abortadas por todas esas cuestiones culturales sin real interés que impiden cualquier razonamiento elaborado, y nos alejan sin duda de los contenidos. Menos mal que al margen de todas esas discusiones estériles empiezan a no ser pocos los que de manera rigurosa desechan desde el principio el derrotero provinciano orientalista. Pensaba en los libritos de Jean François BilleterContra François Jullien” y "China tres veces muda", en el que dice claramente en un capítulo al concluir, “hay que elegir” o bien se parte del mito de la alteridad consustancial china, cuyas posturas artificiales suelen llevarnos a callejones de traducción sin salida tales como la anécdota de la conferencia de filosofía japonesa en el Pompidou, o bien se opta por el sentido común, se abandonan ideales inexistentes que dividen el mundo en un imaginario ellos contra nosotros. Creo que tanto los análisis de Billeter en lo filosófico/sinológico, de Poch en lo periodístico, o de R. Lanselle en lo analítico a través de la relación escritura-lengua y discurso social coinciden en que el análisis ha de ser histórico, económico, y político ante todo, humano. Para Billeter, como para Motaigne, parte de la experiencia propia, corporal (véase su brillante e inspirador Cuatro lecturas sobre Zhuangzi), dice en el primero de los libros mencionados: "para mi no hay nada por encima de la persona, y sobre todo nada por encima de dos personas que se escuchan y entienden con el uso de la palabra y la razón". Sin duda, si en vez de inflar el imaginario, hiciéramos el esfuerzo de utilizar esas armas tan sencillas como potentes, mucho de lo que nos parece incongruente y ofensivo en china, cobraría un nuevo valor.

(perdonen por la extensión del post, no supe resumir-me)

27.7.08

夏天

calabazas en una tienda en Tsumago, photo by Barbara Rich

Un par de haikus del libro de henri bruel, humor zen, traducidos del francés por esteve serra


la calabaza engorda

yo adelgazo

¡qué calor!

Tun


salgo,

haced el amor tranquilamente,

moscas de mi casa

Issa

23.7.08

algo ausente

polaroid by Solar Ikon

con aún tres semanas por delante antes de empezar las vacaciones, estaré algo ausente estos días, yendo y viniendo, con visitas, silencios y alguna que otra lectura. Para los que estéis por aquí, nos seguimos leyendo tranquilamente, un poco fuera de la rutina, para los que os vais o os estéis yendo, felices descansos

21.7.08

de construcción

the weather project, sun installation at Tate Modern, by Olafur Eliasson, photo by Olga Mink

Tal vez fue la nostalgia de este inicio de verano la que me hizo revisar alguno de los últimos vídeos del equipo sexybeijing.tv, de la que soy fan desde hace tiempo. Me quedé especialmente enganchada en este micro-reportaje, muy sencillo, acerca de un pequeño y viejo templo de Pekín que están a punto de destruir, aunque oficialmente haya sido catalogado para ser preservado. Se trata de una construcción de la dinastía Ming, dedicada a un poeta de la época Song que no conocía, Xie Fangde. Además de una visita al templo en ruinas al lado de un experto, incluye una pequeña entrevista a un matrimonio mayor que está resistiendo como pueden antes de tener que irse a vivir a algún rascacielos de las afueras, donde, despojados de cualquier oportunidad de conservar su modo de vida, se sentirán perdidos y desamparados. Os lo recomiendo de veras, dura unos 4 min.



No pude evitar pensar en él al día siguiente en la exquisita, necesaria exposición de Olafur Eliasson en la Miró, La naturaleza de las cosas. Unas piezas hipnóticas, sobrias, precisas, que nos invitan a reflexionar y a participar sobre la realidad, la percepción, y la manera en que nos relacionamos con ellas. Además de sus obras e instalaciones con luces y proyecciones, en una especie de hall hay una mesa larguísima llena de piezas lego de color blanco donde los visitantes pueden construir y de-construir a su gusto. Para mi las exposiciones, libros o películas que inciden sobre el tiempo, el tiempo de observación, de elaboración o de recepción , que me obligan a modificar mi vivencia temporal son como una especie de medicina mágica, curativas. También me gustaba esa idea de que más allá de las apariencias, y de las construcciones que llevamos a cabo para relacionarnos con el mundo que nos rodea, lo que cuenta muchas veces no son tanto las cosas en sí sino los reflejos que se proyectan, las perspectivas, los colores que de forma alquímica se crean en nuestra retina, y cómo las luces y la mirada atraviesan los lugares y los objetos. La expo es de lujo, como lo es la obra rigurosa de este artista.
Y para cerrar este recorrido algo derridiano, ayer por la noche vi el documental de Sydney Pollack, Sketches of Frank Gehry, que también tuvo cierto efecto reparador: filmado de manera sencilla y clásica, sin pretensiones, intercalando entrevistas al arquitecto, a amigos, artistas, a su propio analista, con visitas, paseos, secuencias de trabajo con su equipo en el estudio. He de reconocer que el tinglado mediático de los últimos años y esa tendencia a lo espectacular en su obra me aburrían más que atraerme, pero en la película todo tiene una escala humana, es una verdadera conversación entre disciplinas, personas, ciudades y materiales. Me quedo con sus proyectos más pequeños, su casa en Venice, California, me encantó, pequeñas construcciones enmarcadas por árboles y colinas, preciosas vistas y ventanas de madera. Y es que resonaban aún algunas de las cosas que los comentadores de este blog me habían ido sugiriendo tan generosamente estos días: ser artista, ser poeta, recordaba iluminaciones, supone estar arriesgándose todo el tiempo, y luego esa cita maravillosa de Niezstche que me pasó elpasaeltiempo en relación al ideal que éste, en la misma línea que el psicoanálisis, catalogaba como error: "No sólo soportar lo necesario, y aun menos disimularlo-todo idealismo es mendacidad frente a lo necesario-, sino amarlo.." en respuesta a Vicent. Como en una coreografía, pensaba estos días, levantamos muchas construcciones que van cayendo abajo, con las que, sabemos, no hay otro modo más que volver a empezar de nuevo.

17.7.08

efecto sujeto o del eclipse del saber

lilltle geisha dance, photo by Okinawa Soba
Hace unos meses traduje un artículo para un libro que ya ha sido publicado, en el que el autor, como otros muchos analistas, se preguntaba qué había sido del sujeto. El sujeto al que se refiere es distinto del individuo tal y como lo percibimos y designamos ordinariamente y hace referencia, con más precisión, al sujeto del deseo que Freud descubrió en el inconsciente. El sujeto del psicoanálisis no está lejos del de cierta poesía, y del que yo creo vislumbrar a menudo en el encadenamiento de la escritura china. Es un sujeto con el que todos tenemos que vérnosla diariamente, a veces a través de un sentimiento de extrañeza, otras de cierto reconocimiento, Freud lo encontró a través de los sueños, los equívocos, lapsus, chistes, del lenguaje. Tiene que ver con lo no sabido, con lo que se pierde, se escapa, con lo que resiste, con lo que se dice sin saber que se dice, lo que se desea sin saber que se desea, es un sujeto que ex-siste fuera de lo que cada uno sabe, dividido, y que aparece como efecto del lenguaje. No obstante y, como dice Lacan, de nuestra posición de sujetos somos siempre responsables, y de este deseo, capturado en el deseo del Otro, tendremos que acabar respondiendo. Creo que es en Sócrates donde Freud descubre que hay un sujeto en eclipse del saber. Si Sócrates no descubre el inconsciente es, según Lacan, porque aún no existía el sujeto de la ciencia, que apareció con el cogito de Descartes. Se inspiró luego en Koyré para subrayar con él que en la base de las revoluciones científicas hay siempre una revolución espiritual y que la ciencia necesita de una metafísica que le permita explicar el encuentro con lo Real, con lo imposible de explicar o resolver. Por eso para Lacan el sujeto del psicoanálisis es el sujeto de la ciencia, por muy chocante que suene ahora. Yo no provengo de la ciencia sino de la poética, pero entiendo que ambas perspectivas nos permiten afrontar la dimensión de imposibilidad, que puede parecer tener diez mil cabezas, pero que siempre es la misma. En otro de los artículos, Bernard Brémond pone en paralelo la pasión por la lengua en Joyce, Rimbaud y Lacan. Su tesis es que Joyce consigue aquello en lo que Rimbaud fracasa. Joyce no busca lo verdadero, a diferencia de Rimbaud. Como Picasso, él no buscaba, sino que encontraba, y eso le daba mucha envidia a Lacan, que llegó a decir que como psicótico sería mejor analista. Lacan hablaba de la relación con la lengua. En Rimbaud se conjugaba el amor por la lengua con su pasión por la verdad (anhelaba encontrar por la poesía el acceso a lo verdadero, y esa imposibilidad lo atormentaba). Joyce con Lacan conjugaban el amor por la lengua con la pasión por la letra y el significante. Éste último decía que sus “Escritos” no los había escrito para que la gente los entendiera sino para que los leyeran. Que no era la misma cosa. Constata, dice, que aunque no los entiendan, algún efecto tienen en la gente. En el trabajo de análisis existe también algo que se transmite más allá de lo que se puede llegar a decir o escribir, y que tiene, sin embargo, su efecto o efectos. Creo que me puse a pensar en todo esto a raíz de toda la discusión actual sobre la china olímpica y el último artículo de Rafael Poch acerca de los deseos de boicot y demás malentendidos, pero creo que en algún momento perdí el hilo…

14.7.08

imágenes de un mundo efímero

a partir de un grabado de Suzuki Harunobu, Googling Fuji, by Mike Licht
A la consideración general de que en China la escritura se hacía exclusivamente en lengua clásica, valdría matizar el caso del teatro . A diferencia de otros géneros literarios chinos desarrollados por letrados y funcionarios, y de otras tradiciones teatrales como la griega cuyos poetas como Esquilo, Sófocles o Eurípides constituían una parte esencial de la alta literatura, en China el teatro no será considerado literatura hasta épocas muy tardías. Aunque ya en de la dinastía Han existían espectáculos musicales, acrobáticos, con marionetas y danzas, es sobre todo a partir de la entrada del budismo en China en que empieza a aparecer en los escenarios nuevos temas, personajes e instrumentos musicales procedentes de Asia oriental. La introducción de la imprenta a través de los textos budistas, la evolución de los cuentistas y la apertura y crecimiento de las ciudades hacen que ya en la dinastía Song se pueda hablar de las primeras piezas, que eran representadas en las calles y centros urbanos como divertimentos populares Sin embargo, es en la dinastía Yuan, la de los invasores mongoles, cuando el teatro chino alcanza su máximo desarrollo. Dos son las razones principales del florecimiento dramático, por un lado el desarrollo de las ciudades, y por otro la abolición de los exámenes imperiales que hace que los letrados, desocupados, deban buscar otras maneras de ganarse la vida. Tal y como explica Alicia Relinque, los prejuicios han frente a la literatura en lengua vulgar se pierden y mientras la poesía y el ensayo siguen la línea clásica, el teatro permite la lengua popular alejada de los cultismos de la escritura. Con el tiempo se distinguirá este teatro del Norte de las formas del Sur, y más tarde irán apareciendo nuevas formas escénicas regionales, diversificando modelos, según áreas geográficas, hasta que en el s XIX vuelvan a converger en una forma nueva, fuertemente codificada y de convenciones mucho más rígidas, la ópera de Pekín. Las representaciones tenían lugar en escenarios montados para la ocasión, en edificios, en casas de té, en ferias comerciales y en templos, muchas veces itinerantes, en festivales y fiestas, por lo que era un teatro que prescindía de escenografía, el escenario solía estar vacío. Tampoco existía un telón que bajara o subiera, sino un elemento, una puerta al fondo, la puerta de los fantasmas guimen dao, o puerta del tambor, gumen dao que, según explica Alicia, por su homofonía, también puede ser traducida como puerta del pasado, debido a la conciencia de los autores de estar reviviendo el pasado y sus fantasmas!. Bertold Brecht tomó de este tipo de teatro no sólo la manera en que hablaban los personajes y se presentaban sus historias, también el trabajo de los actores. En el volumen Tres Dramas Chinos magníficamente preparado, anotado y traducido por A. Relinque, aparecen 3 obras, de las cuales ya me he leído la primera, La injusticia contra Dou E, que conmovió al cielo y a la tierra, maravillosa, hacía tiempo que no leía algo tan moderno y esencial. Me gustaría mucho poder hacer una versión un poco reducida y trabajarla con niños chinos de aquí. Al mismo tiempo, comienzo como lectura de verano La Interpretación de los Sueños de Freud, y me ha hecho gracia el paralelismo entre esa puerta de los fantasmas en el teatro y la puerta de acceso al inconsciente. En francés al trabajo de ensayos se le llama repetición, como en un sueño en que se repiten episodios o escenarios deseados, temidos, vividos que son de nuevo dramatizados, y por lo tanto modificados. Por eso seguramente esta pieza sobria de estructura y diálogos recios me ha recordado al teatro lleno de visiones oníricas de Heinrich Von Kleist, cuyos personajes, precozmente freudianos, conocían la importancia de esas visiones, que llevaban hasta las últimas consecuencias. También me hicieron pensar en los bellísimos y enigmáticos grabados japoneses de la exposición de la Pedrera, que recomiendo vayan a ver. Como en los sueños, sobre el papel de arroz, y en espacios en blanco aparecen con una aparente y sorprendente libertad, palabras y poemas escritos, que no estoy segura si descifran o matizan las escenas. En cualquier caso, a mi esos signos flotantes me hacen soñar…

8.7.08

el crepúsculo es un buey negro

photo by masaaki miyara

El crepúsculo es un buey negro, lento y torpe,
Que paso a paso va descendiendo de las montañas del oeste
No permitas que las puertas de la ciudad se cierren muy temprano
Porque hay que esperar que el buey entre en los corrales

El crepúsculo es un buey negro y misterioso
-no sé a qué mundo sobrenatural pertenece-
Cada día la luna lo acompaña hasta la ciudad
De mañana el sol lo lleva de nuevo a las montañas del oeste

Poema de Wen Yiduo (1899-1946) en Aguas Muertas, traducido por Javier Martín Ríos

Me gusta este poema sin saber bien por qué. El crepúsculo del que habla no me parece evocar ningún declive solitario y acechante hacia la muerte, tal y como suele ocurrir en la tradición poética. Para mi este buey negro y lento representa la capacidad para llevárselas con el enigma y con aquello que, como en el poema, atraviesa las puertas de la ciudad, por mucho que éstas se cierren cada noche (los sueños, el deseo, el amor, o el silencio) También pienso en la ciudad, y en su capacidad para reinventarse. Wen Yi Duo fue uno de los primeros poetas que empezaron a escribir en la lengua vernácula que en china sólo se había utilizado hasta entonces para el lenguaje oral, siendo la lengua clásica la utilizada durante siglos para cualquier tipo de escritura. A raíz del movimiento social e intelectual del Cuatro de Mayo, un grupo de intelectuales luchó y consiguió que la bai hua wen, la única lengua que entendía el pueblo pudiera ser utilizada en la escritura, en un intento de democratizar la cultura y el conocimiento. Ya unos años antes se había empezado a investigar y teorizar mucho sobre la traducción al chino de obras y autores extranjeros, sentando las bases de la traducción moderna. Unos eran partidarios de adaptar las palabras y discursos a la especificad de la escritura y lengua chinas, otros a usar expresiones y estructuras europeizadas para mantener la fidelidad al original. A mi lo que me interesa es constatar que cada vez que se traduce, uno se enfrenta con el dilema ineludible de una pérdida de significado, con un desvío o rescritura. Y lo cierto es que eso ocurre, sin necesidad de pasar de una lengua a otra, simplemente al hablar. Mucha gente piensa que la modernidad llegó a china con los comunistas, sin embargo muchas de las (buenas) ideas de la revolución ya existían antes; otros también piensan que la modernidad en la ciudad se mide por lo controlado, construido, planificado y categorizado que se tenga todo dentro de ella, cuando afortunadamente son muchas las cosas que ocurren al margen y a pesar del latoso dominio del amo