11.9.11

lo que aún no es

photo by Masaaki Miyara

Una parte de lo que vivimos y lo que nos motiva permanece inaccesible para nosotros. Es algo que queda demostrado hoy en día incluso desde la perspectiva de las neurociencias. Si la experiencia del análisis me ha desvelado algo esencial sobre todo esto, es que por lo general no sólo encontramos, sino que también construimos el sentido y las verdaderas razones que nos han empujado a actuar de una determinada manera, sólo a posteriori. Y por eso, por mucho que nos aferremos y nos abonemos al sentido como si de un salvavidas se tratara, éste sólo puede sostenernos y pertenecernos momentáneamente.... La experiencia del lenguaje se encuentra atravesada por el mismo desconocimiento del yo- que-habla y nos enfrenta con los mismos ángulos ciegos respecto a lo que está en juego. Hablar puede ser doloroso, pero también liberador, cuando uno acepta el atravesamiento. A veces es la única salida para superar el salto al vacío.
Un amigo me hablaba hace unos días de un filósofo- académico, que al enseñar filosofía intentaba negar toda referencia a la subjetividad y biografía del pensador, alegando que lo único que contaba se encontraba en el texto. Como si el texto y la letra pudieran existir sin fisuras, y escapar a lo contingente y al equívoco, y entre texto y sentido no hubiese sino una continuidad y acople perfectos. Su pretensión sería la de un loco, pensaba, si no fuese porque había inventado una trampa, que lo salvaba de la enajenación: su método consistía (si lo entendí bien) en ir centrándose y eligiendo algunas palabras del texto de estudio, y ponerlas en relación con palabras y nociones de otros textos, épocas y autores. Haciendo eso conseguía introducir algo de la alteridad del texto, del equívoco y la ambigüedad, de lo inesperado, un sentido nuevo y, claramente, algo de su propio inconsciente y deseo. Al fin y al cabo, se trata de una asociación libre, y la subjetividad es siempre intersubjetividad.
Esta anécdota me ha hecho pensar en que nosotros hacemos algo parecido y traicionando sin querer nuestra coherencia, muchas veces acertamos al equivocarnos y nos salvamos, haciendo saltar por los aires la fortaleza construida alrededor, desde la que al final ya no se ve nada, y nuestro texto resulta ilegible.
Y pienso en Lacan, cuando en su seminario del 19 de abril del 77, les dice a los analistas que lean un librillo sobre poética china, si quieren saber algo del inconsciente y hacer audible otra cosa diferente al sentido . “Ya que el sentido es lo que resuena con la ayuda del significante, pero lo que resuena no va muy lejos, es más bien blando. El sentido tampona, pero con la ayuda de lo que llamamos escritura poética, podréis haceros una idea de lo que podría ser la interpretación de un analista” Y no me refiero a lo chino, sino a la fisura, al vacío y el espacio evocado que implica la dimensión poética (sin que necesariamente sea poesía) de la experiencia, necesaria para cualquiera que quiera poder escuchar algo diferente al sentido.

Mi amigo, el traductor, escritor y poeta Sameer Rawal me regaló antes de irse a New Delhi un libro recién publicado por el Café Central y Endolls, Espigues de blat amb vents de l’est, que se presentará este octubre. Sameer, además de ser el responsable de la selección y autor de algunos poemas, se ha encargado de la traducción al catalán junto a Dolors Udina, de poemas de cinco escritores indios actuales, que escriben en hindi e inglés. La opacidad y transparencia radicales del lenguaje conviven de manera natural en esta versión a tres lenguas, llena de sombras y vacíos. La lectura es una caída, como en los versos de Teji Grover, “No existeixen significats/ no n’hi ha- /T’arribaran com després d’un ruixat/ la caiguda/ de l’aigua/ damunt les fulles”

Para D. W. Winnicot la fantasía era la condición de verdad del sujeto, y la creatividad la de su salud mental. Él habla además de una tercera realidad del ser humano, que no es ni la exterior ni la interior, sino una intermedia de la experiencia, un espacio potencial donde las cosas aún no son ni han cerrado todavía su sentido. Es el espacio que abre lo poético, lo musical, y que constituye la fisura en una trama que de otro modo resultaría asfixiante e inaccesible para nosotros.

"El amor es un nido hecho al aire libre" (Giriraj Kiradoo)

25.4.11

no todo está escrito

foto-homenaje a este artista que tanto admiro, Ai Weiwei, que sigue encarcelado a día de hoy.

“Un objeto tan invisible como silencioso atraviesa el ser. La literatura lo afronta a veces desde la angustia; el arte lo bordea para organizar su producción en torno a él; la religión lo sacraliza para conjurar el horror al vacío, la ciencia nos promete cada día colmarlo de saber. La historia de la clínica, en la descripción de los síntomas y malestares más diversos del sufrimiento psíquico, lo detecta como algo sin nombre ni representación posible (…) La política, decididamente, no sabe dónde ponerlo (…) Parece casi nada, como para pasar de largo, y sin embargo insiste en su modo de presentarse, más bien paradójico, como un objeto que no cesa de no aparecer, de no representarse. Llamemos así por el momento a este objeto sin nombre: la página en blanco.”
Así comienza el nuevo libro de Miquel Bassols “Lecturas de la página en blanco, La letra y el Objeto”, que ha logrado arrancarme de este momento de agotamiento de sentido y de saber en que me encuentro. No es nuevo para nadie que me lea aquí, lo que me interesa, lo que insiste, lo que retorna en mi caso siempre ese ese objeto sin nombre e irrepresentable, cuyo reconocimiento supone, -como bien indica este autor, y frente a los que viven pensando que todo puede escribirse y decirse objetivamente- una posición ética. Una posición que seguramente aleje de mí a aquellos que tienen horror vacui y acerque a los otros…
“Es este singular objeto, reacio a toda representación, el que tanto el arte como el psicoanálisis han hecho posible leer de formas distintas para el sujeto. Encontrarlo bajo la forma de “página en blanco” tal vez sea un buen modo de abordar el ser del sujeto que navega hoy sediento de representaciones por el espacio virtual” Entonces, cuidado, no se equivoquen “la página en blanco no es una imagen, una metáfora, es la presencia real de este no saber para cada uno”
Bassols habla de una experiencia, la del no saber para cada uno, que es la experiencia del inconsciente, en la que siempre hay un resto que no cesa de no escribirse. Como recuerda el autor, el trauma para Freud no es aquello que ya ocurrió y quedó inscrito en el aparato psíquico, sino lo que quedó precisamente sin inscripción posible, y aunque intolerable, se repite e insiste.

Como parte del mismo ejercicio, leo otro libro que me recomendó alguien que me conoce bien: Quelle politique pour la folie? Le suspense de Freud, de Guy Dana, para el que la experiencia del inconsciente sólo puede entenderse y practicarse también desde el acto de vaciamiento y reconocimiento de la contingencia que supone la página en blanco. Me interesa mucho su hipótesis, aplicable a lo social, Dana dice que la particularidad del trabajo analítico con la locura serviría en la actualidad como paradigma de una nueva manera de pensar el sufrimiento, el conflicto, el saber y el poder (la polis) a partir de la hospitalidad, de un espacio vacío y la contingencia de una palabra que puede surgir o no surgir. Y pienso en el trabajo analítico con niños, en el que me estreno. El tener que hacer con lo inesperado no es tampoco un concepto sino una experiencia; no se trata de aprobar o desaprobar lo que se dice sino de hacer valer ese efecto de sujeto o manifestación (surgissement), para el cual no hay garantía.

27.2.11

del dilema y el agotamiento

la pintora Fabienne Verdier en su estudio

En la práctica del psicoanálisis y de la meditación zen el sujeto vive la experiencia de la repetición como una especie de camino o curso inevitable . Al principio la vive como un carga y un obstáculo, algo que le impide poder alcanzar su objetivo y vivir tranquilo. Hasta que no ha pasado un tiempo no descubre que la repetición es el motor mismo que le da acceso permite avanzar en su búsqueda, una extraña y paradójica puerta de alibaba, que le abre paso a lo que de al final se trata: poder agotar lo que insiste y resiste, llegar a una especie de agotamiento, que no es físico o energético, sino del orden de la significación. Al final, algo que no es del orden del significado, que no tiene valor referencial, que no dice ya nada más…viene a responder y a dar cuenta de lo que pertenece a lo más íntimo y más certero que tenemos.

Eso que se encuentra más allá del significado, que de tanto agotarlo ha quedado vaciado de sentido produce, como digo paradójicamente, una gran satisfacción al sujeto que lo sufre, y por eso lo llamamos goce. Los budistas desconfían de la satisfacción de los deseos en general, porque saben de qué está hecho ese goce y saben de nuestro engaño estructural. En psicoanálisis, distinguimos la satisfacción que produce lo que aún tiene significado, lo visible y cuantificable, lo que podemos nombrar e intercambiar, y que en general nos ayuda a ir abriéndonos paso en la vida, de ese otro goce de lo invisible, que como una especie de GPS rallado, nos hace repetir siempre el mismo dao sin que lo sepamos. Por un lado nos sostiene, ya que da cuenta de lo que hay más íntimo en nosotros mismos, y por otro resulta infernal, y de él poco o nada se puede decir. El sujeto vive entonces ese eterno dilema entre lo que dice desear, que son muchas cosas, y lo que realmente quiere, que generalmente desconoce, y permance mudo.

Lacan buscaba en lo chino (en su escritura- pensamiento-letra) “el camino por donde lo que se puede nombrar y lo que no tiene nombre se articulan” (esa búsqueda no les es exclusiva, también es la búsqueda del loco, del artista, del místico, el matemático y de otros…) Y no lo digo yo, lo dijo François Cheng, que enseñó chino a Lacan y trabajó con él textos y autores. El trazo del calígrafo, su goce, el estatuto de su escritura, le sirvieron para poder dar cuenta de una de sus más importantes aportaciones: la distinción entre lo que se dice (lo que se puede decir) y lo escrito (lo que no se puede decir ni nombrar) , y las dos formas de goce tan diferente que producen. Cómo se goza de lo que se dice no constituye ningún enigma para nosotros. Sobre cómo se goza de lo que no se dice, sí. Parece que lo que no se puede decir porque ya ha agotado su significado, o porque no lo tiene, a veces se puede llegar a escribir ( se puede encarnar en una letra, sea escrita, relatada, o cantada) Y este goce que puede aparecer como objeto-a en el curso de un análisis, no se localiza en ningún objeto exterior sino que está localizado en el cuerpo. De la letra ( de ese significado vaciado, tachado, vaciado) se goza en el propio cuerpo-del-lenguaje, y quizá por eso el análisis sea una práctica y no una teoría.
Otra lección chino-Lakhaniana que deriva de todo esto, y cuya aplicación es tanto ontológica como clínica, cito directamente una frase de Eric Laurent:" lo que hay no es el ser, lo que hay es el Uno" (el trazo, el gesto, el significante y luego la letra) y para saber quiénes somos, qué hacemos, a dónde vamos… algunos de nosotros hemos de poder cernir no sólo lo que se puede nombrar sino también algo del goce del que sólo se puede escuchar cuando llega en forma de letra.

8.1.11

de lo que cuenta y la acción velada

altar improvisado by misaaki miyara

No sé si han pensado nunca que aquello que cuenta para nosotros es en gran parte lo que se ha perdido y ya no está. Yo lo pienso a menudo. Por eso, me digo, la importancia de todo lo que ayuda a restaurar el vacío que ha quedado. La memoria, las imágenes, las historias, el lenguaje mismo, los símbolos y el mundo de los intercambios y el sentido que recuperan algo de lo que ya no (se) es, no se experimenta. La pérdida primera es la de uno mismo, que a cada instante deja de ser quien fue…
Incluso cuando lo que cuenta es lo que tenemos delante: cuenta en la medida en que sabemos que lo podemos y vamos a perder y la certeza de la pérdida se hace más potente que la presencia misma.
Pero cuando, para remediarlo, reconstruimos y restauramos, creamos algo nuevo. Aunque los necios se empeñen en negarlo, y las sacerdotisas de la memoria garantizada no soporten esa ley. Por eso no hay garantías y no hay una verdad de lo que fue. Y en ese camino que es más ético que estético, avanza el psicoanálisis también.
Por eso yo quiero trabajar con Isaki Lacuesta, que dibuja círculos sobre esto todo el tiempo. Él hace visible esa falla continua, experimentada a través del objeto mirada, y yo creo que su trabajo me concierne
Escuchaba hablar hace poco a Georges Didi-Humberman en una entrevista acerca de la exposición que ha comisariado para el Museo Reina Sofía, Atlas, ¿Cómo llevar el mundo a cuestas? Precioso título, que aunque opuesto, relaciono con aquél. Explicaba una técnica que utiliza para trabajar, reuniendo sobre una gran mesa pequeñas fichas con notas y muchas imágenes, aplicando el principio psicoanalítico de la no-omisión, que excluye toda censura. Es una especie de mesa de montaje, y una vez está todo dispuesto, basta con interpretar, leer lo que se ha ido “escribiendo”, y el libro está prácticamente hecho (¡!)
Mirar es un acto literario para él. “Hay que encontrar las palabras que den cuenta de ello, si uno no quiere caer el en misticismo silencioso” de un universo inefable (en el que viven muchos).
También me maravilló la definición que hizo de la imaginación que nada tiene que ver, según él, con la fantasía, y menos con las fantasías personales. Para él se trata de una técnica de montaje, que no es una técnica exclusivamente cinematográfica. Se trata de coordinar, acordar cosas que aparentemente no están conectadas, y al hacerlo, hacer visible un link secreto, y un problema que hasta ahora permanecía velado.
El sujeto que se analiza es consciente de esa acción velada constante, y aún así insiste, como Didi-Humberman, en ir montando y desmontando su gran mesa, intentando no omitir. Para el sujeto histérico todo se juega entre el saber y el ver, por eso no me sorprendió nada aquel libro de GD-H.
Leo estos días el libro de Siri Hustvedt, The Shacking Woman, y me doy cuenta de que aún en ese imposible de ver y saber, nos lo podemos montar mejor que aquel Edipo en Colono que acabó arrancándose los ojos.

22.11.10

un cielo rasgado

chinese shrine by steve anli

Cuando se sabe todo, uno es como un cielo oscuro. El inconsciente aparece entonces como un relámpago que rasga la oscuridad de la noche. Por eso tal vez en el zen se hable de esa otra clase de conocimiento en términos de luz, con la expresión de iluminación súbita. Al escribir esto me he acordado de la cita de Thelonious Monk que abre una novela: siempre es de noche, sino no necesitaríamos la luz.
Al igual que ese tipo de iluminaciones, el saber del inconsciente es un saber sin sujeto, un saber que nos atraviesa y no se atrapa. -no podemos decir que sea nuestro.- La verdad que produce habla, pero no dice nada a su paso… Es una verdad silenciosa, a la que luego nosotros protegemos con palabras vanas y ruidosas, aunque necesarias.
El otro día un filósofo francés en la radio decía que el atravesamiento de las catástrofes era ante todo el atravesamiento de las apariencias. Dogen Zenji habla de uno de esos primeros momentos al observar el humo de un bastoncillo de incienso al arder junto al cadáver de su madre y sentir el carácter evanescente de nuestra vida, Wang Yangming habla de su iluminación después de haber sido exiliado a Guizhou, en otro momento de gran adversidad y pérdida.
Lo interesante es cómo uno logra dar cuenta de lo que acontece luego, cómo consigue nombrarlo. No se trata de poder explicarlo sino encontrar en el lenguaje la capacidad para generar una realidad que ha sido transformada, atravesada.
Freud decía que el único lenguaje universal es el silencio de la pulsión. Lo que viene luego para nombrar su pérdida o su ganancia, la insistencia de su repetición ya es un lenguaje particular.

9.11.10

la libertad de la práctica

photo by masaaki miyara
La finalidad de la práctica del zazen no es alcanzar la iluminación. Sentarse con las piernas cruzadas y dejar pasar los pensamientos como si fueran nubes, sin juzgarlos ni quedarse atrapado en ellos, permanecer despiertos aquí y ahora, con la humildad que esa actitud de escucha y aceptación (de su dificultad) conlleva, ése es el único objetivo. La práctica misma es la meta en sí, y no hay nada más a lo que aspirar. El camino hacia la iluminación o satori no es gradual sino súbito, como el de la manifestación del inconsciente, y una vez se experimenta, el acontecimiento pierde importancia, y se convierte en una vivencia más.
Algo de esta dificultad para cernir con palabras la dimensión precisa de la práctica zen me hace pensar a menudo en lo que sucede con el análisis, sobre todo cuando se argumenta sobre si cura o no cura, por qué dura tanto tiempo, por qué no encaja en los criterios actuales de lo que se considera una ciencia, la ambigüedad de sus logros terapéuticos, etc. Yo concibo el psicoanálisis como una práctica singular. Por supuesto, a diferencia del zazén, posee un principio y un final, y sí aspira a la transformación del sufrimiento del sujeto en otra cosa, a la obtención de un saber sobre uno mismo, y al cambio gradual de ciertas posiciones personales. Ambas son prácticas subjetivas, liberadoras y facilitadoras, algunos de cuyos logros se pueden contar pero muchos otros quedan fuera del ámbito de las palabras. Ninguna de las dos se interesa por el sentido ni aspira a constituir un sistema teórico de conocimiento, sino más bien una experiencia o acto (analítico). Sus interrogaciones giran alrededor del sufrimiento pero no en términos retóricos o especulativos. La pregunta es qué y cómo hacer... Ambos rechazan la idea de una sustancia ontológica, y en cambio se articulan alrededor de los conceptos dinamizadores de la vacuidad o la falta. Como escuché una vez comentar a un analista, en psicoanálisis uno se sienta frente al océano para ver los objetos regresar del inconsciente, mientras en el budismo uno se sienta frente al río y observa sin juzgar cómo estos pasan. En cualquier caso, los logros son visibles e invisibles al mismo tiempo, pero no por ello son menos reales o eficaces. Para el budismo no existe otra realidad que la de la mente, Freud compartía ese concepto de realidad psíquica como única realidad de la que nosotros podemos dar cuenta. Miquel Bassols señalaba el otro día la distinción que operan Freud y Lacan (y que ya está en la concepción griega del amor como erastés) entre el amor-eros alienado a las formas del objeto y el amor-erastés que no depende del objeto amado sino de su propia pulsión. En una sociedad como la nuestra, en la que el brillo del objeto (de consumo, de intercambio, de valor estético y ganancia) es lo que prima, el psicoanálisis sigue señalando y salvaguardando la importancia y dificultad de ser amante antes que amado. Esa es nuestra expertisse, nuestro terreno de juego, el del deseo de desear. Y no es casualidad que hayamos conceptualizado la condición indispensable para que haya análisis, la transferencia, como un cierto estado de amor peculiar.
Además de liberarnos (o desalinearnos) de las ilusiones-maya (u objetos), según lo pensemos en términos budistas o analíticos respectivamente, ambas prácticas marcan el camino de la des-alienación (que no el rechazo) del otro. Li Zhi lo subrayó en su lectura de Wang Yangmin: si todo hombre es un buda en potencia, si todo hombre contiene la “santidad” en sí, no hay secreto ni verdad a ser revelada por nadie, nadie salva al otro, no hay otro a quién seguir o a quién someterse. Es a los que se refiere Wang Yangming, cuando dice "El hombre de la calle es un santo", o Confucio, al contestar “preferiría no hablar” (Lun Yu 17/19) O ya en términos psicoanalíticos, no hay otro que nos autorice sobre nosotros mismos, que posea un saber mayor sobre nosotros, y por eso el psicoanálisis (también su formación y transmisión) es una práctica que tiene lugar fuera de instituciones como la universidad o el hospital psiquiátrico, es una práctica laica y a-institucional. Y eso, está claro, no nos deja sin dificultad. Me interesa especialmente la posibilidad y consecuencias de un psicoanálisis laico (el practicado por personas que no son psicólogos ni psiquiatras) y tanto la práctica del zazen como Li Zhi/Billeter me sirven de perfectos compañeros de viaje.

1.11.10

la libertad de la renuncia

photo by masaaki miyara

A finales del siglo XVI en China, coincidiendo con el fin de la dinastía Ming, vivió un filósofo audaz y singular llamado Li Zhi, 李贽. Uno de mis pensadores-sinólogos favoritos, Jean François Billeter, le dedicó hace unos años un estudio, Li Zhi, philosophe maudit (1527-1602), que he estado leyendo estos días. Este curso, en el marco de nuestro trabajo en El Color del Viento, me he propuesto profundizar un poco acerca de la postura -que se puede incluir dentro de una corriente del pensamiento chino (en especial el budista chan, pero no sólo)- de renuncia a toda posición de saber absoluto y renuncia al sentido (que no es lo mismo que a la renuncia a la palabra) y que yo relaciono obviamente con la práctica del psicoanálisis. Esta renuncia por parte de muchos intelectuales chinos de diferentes épocas llevó implícita la renuncia a un lugar o una posición de prestigio y reconocimiento social. Tal y como señala Billeter, el saber funcionaba en una sociedad como la china como "capital simbólico", (igual que el prestigio, renombre o los contactos), capital que podía ser transformado o reconvertido fácilmente en capital económico y bienes de acumulación, es decir que era un instrumento de poder, con todas las de la ley. La posición intelectual y vital de Li Zhi siempre estuvo marcada por ese no-lugar y por una voluntad de permanecer fuera de la identificación a cualquier escuela. No empezó a escribir hasta después de los 50 y en los títulos de sus libros ya se refleja su conciencia y actitud rebeldes: Libro para quemar (Fen shu 焚书) y Libro para esconder (Cang shu 藏书). Explica Billeter que fue un escritor conocido durante su época, pero que la censura de la dinastía posterior a los Ming, los manchúes, lo hizo caer en el olvido, con la excepción de algunos espíritus curiosos. En el s XVIII Li Zhi es un autor que se lee a escondidas, aunque en el XIX no aparece mención ninguna. A principios del s XX algunos de sus textos son publicados en una revista progresista revolucionaria de Shanghai, y jóvenes chinos empiezan a leerlo a raíz de otro intelectual japonés iniciador de la reforma Meji que lo cita. Hacia los años 20 aparece una biografía suya de manos de un intelectual del Movimiento del 4 de Mayo y en 1936 se reedita su Libro para esconder. Más tarde estudiosos chinos y japoneses lo vuelven a poner en los libros de historia de la filosofía. Después del parón de la Revolución Cultural hay que esperar a 1973 para que vuelva a recuperarse. Me encanta porque en el libro de Billeter aparece un Post-Scriptum en el que el autor confiesa que una persona conocida, cuyo juicio él respeta mucho, le reprocha el haber quizá idealizado el personaje de Li Zhi, exagerado su singularidad y haberle otorgado un rol demasiado importante y destacado para su época, habiendo forzado su visión e interpretado su carácter impulsivo y su gusto por la provocación, como un sistema de pensamiento estructurado. Billeter no lo acaba de negar “Li Zhi no hubiese sido un filósofo maldito si hubiese llegado a conceptualizar su pensamiento, y dominar su experiencia. Hay una parte de fracaso en su aventura. Podemos decir que su importancia es menor que la de otros pensadores de su época, y es legítimo verlo así. Pero el fracaso puede incluir también una forma de grandeza. Y creo que su fracaso lo acerca a nosotros más que otra cosa. Volveré sobre esto” Y así termina el libro.
Li Zhi llega a Pekín a sus 40 años con un puesto de en el Ministerio de Ritos. Hasta entonces siempre había sido refractario a los estudios, a la verdad oficial o a lo religioso, pero allí dos funcionarios amigos lo acaban convenciendo para que lea el Sutra del Diamante y con ellos descubre la obra de Wang Yangming, y la filosofía budista de la vacuidad, que son para él una revelación, aunque haga luego suyas otras lecciones del budismo más radical, el Madhyamika o sistema del medio. Para Wang Yangming, otro exiliado, condenado por sus enemigos políticos a un puesto de funcionario de correos, la iluminación fue entender que no existen verdades exteriores sino que toda verdad se encuentra en la autonomía moral propia de cada individuo, Él fue sin duda, gracias a su lectura budista, el pensador de la subjetividad, para el que ésta significaba, ante todo libertad, y no sumisión de una conciencia a otra.
La historia biográfica de Li Zhi está llena de encuentros y personajes, que por admiración o desprecio, van contribuyendo a que él se autorice a crear un sistema de pensamiento propio y acabar desarrollándolo a través de la escritura. Al final de su vida deja a su familia y se instala en un monasterio, pero allí tampoco se acaba de identificar con los monjes. ¿No enseña la filosofía de la vacuidad que el sujeto adquiere su soberanía cuando renuncia a identificarse con ninguna de las realidades que plantea?

22.10.10

lo que arde


at yaeyama island, photo by Tetsumaru

"No te equivoques: lo importante no es el objeto en el que proyectas tu energía; lo importante es ella misma. Ella es lo que arde. El objeto es la excusa que, en la ilusión de la diferencia, necesitamos para el trayecto"

(Chantal Maillard, Filosofía en los días Críticos, 2001)

17.10.10

la discordancia de los sexos



by masaaki miyara

Hablemos de sexo. Empecemos distinguiendo que una cosa es sexo, el órgano o lo biológico, / otra es el género o los significantes sociales que elegimos para que nos definan como hombre o mujer en sociedad, / y la tercera es la sexualidad, que no es, ni de lejos, lo mismo. La sexualidad, desde una perspectiva psicoanalítica, es la organización del sujeto con su goce, y va por otro lado, independiente. La especificidad de este enfoque sobre la diferencia de los sexos (su legitimidad para participar en el debate) es que de lo que nosotros nos ocupamos no es el yo ataviado de suntuosas y atractivas vestiduras, sino del sujeto del inconsciente. Y es la sexualidad (la manera de gozar de cada uno) la que da realmente cuenta, la que articula el funcionamiento de todo inconsciente.
Esta semana me invitaron a presentar un libro que leí y me dejó fascinada: La Discordancia de los Sexos, de la psicoanalista y socióloga Rithée Cevasco. La preciosa y cuidada edición de S&P, cuya portada ha diseñado Dante (Cachodepan) Bertini, corre a cargo de la editorial de P&S, con Jorge Chapuis como impulsor y capitán de abordo.
El libro me parece imprescindible y necesario para cualquiera que se pregunte hoy en día por la diferencia sexual, y no le sea ajena la perspectiva de lo que uno no siempre dice, no siempre sabe al respecto, de lo que queda velado. El libro es una joya llena de grâce, como dije: la autora transita sin aparente esfuerzo, con talento y gran libertad, por diversas cuestiones espinosas y nada fáciles, ayudándonos a distinguir unas de otras, a verlas cómo han sido utilizadas, y leídas, cómo han ido transformándose en relación con otras disciplinas como son feminismo, los debates actuales, el transexualismo, etc.

La cuestión o posición femenina (que no es lo mismo que decir la mujer, ya que ésta ocupa también posiciones masculinas), -señala Rithée-, funciona en psicoanálisis como un síntoma, como aquello que resiste a la significación, como lo que pone un límite a cualquier posición de saber absoluto. De cómo gozan las mujeres, de lo que quieren tampoco es fácil hablar, pero el psicoanálisis dispone de los recursos para cernir algo de eso. A través de la clínica del goce, tanto en hombres como en mujeres, los analistas escuchan que hay algo que no se capta por las palabras y los significados. Si el falo (que nada tiene que ver con el órgano) no es más que la posibilidad de sentido, sabemos que esto no basta para dar cuenta de todo lo que ocurre en el campo pulsional. El psicoanálisis, como muchas veces el arte o la escritura, permite abordar lo que queda fuera de esa lógica, y – lo más importante- que el sujeto haga algo con ello. Si para Freud la posición femenina resultó y acabó siendo cierta clase de enigma, para Lacan no fue así. Con él conseguimos superar la lógica binaria hombre-mujer, fálico-no fálico, para poder dar cuenta de otras relaciones del sujeto (hombre o mujer) con el sentido y con sus fallas, y con otros modos de goce: ahí se despliega la clínica del amor, de los goces, la de la relación de cada sujeto con un vacío, por ejemplo. Y es que la falla de lo simbólico no se limita a la psicosis. La posibilidad, no de una isla, pero sí de una locura, de un quedar fuera del mundo tal y como lo nombramos, que muchos necesitamos poder pensar.

La sexualidad no es siempre “sensual”, sólo lo es fragmentariamente. Está, en cambio, determinada por un obstáculo o imposible, la sexualidad no es garantía de nada, o quizá sí, sea la garantía de la nada de cada uno. Un encuentro con la alteridad radical, por eso conlleva una pérdida. Una especie de salto, y como tal, una caída, que a su vez se hace vuelo.

Hice caso a Iluminaciones y Stalker y corrí a por Filosofía en los días Críticos, de C. Maillard cada una de sus líneas me concierne. Naca más empezar a leer encuentro:
“Lo imposible es lo que mantiene el pasado, lo hace repetirse en la ausencia, en la espera, en lo que siempre quedó inacabado una y otra vez”

Ó esto otro
“Volar : sólo se puede volar con el cuerpo. El cuerpo no es el lastre, sino la condición del vuelo. Sin cuerpo no se puede volar. Es necesario el esfuerzo para levantarlo del suelo. El vuelo supone el esfuerzo, el aprendizaje. El gozo es la elevación y luego, la flecha.”

3.10.10

invertir la mirada

Levitación racional, de Philippe Ramette

Mi amigo S., recién llegado de New Delhi, me preguntaba el otro día por qué yo no intentaba escribir ficción. Sugería que quizá en la dimensión de lo ficticio y el relato, pudiera sentir una mayor libertad, vivir y habitar mundos que yo misma creara o deseara. Él es traductor, poeta y está a punto de publicar su primera novela en la India. Y aunque siempre encuentro tentador la reinvención constante del mundo de los escritores literarios, sé que esa no soy yo. Releo estos días algunos fragmentos de los Diarios Indios de Chantal Maillard, que me recomendó Iluminaciones hace tiempo, y que ya he citado aquí. Echo de menos su blog, en el que colgaba sólo cuadros y obras de arte, y su invitación a la contemplación me enseñó a mirar hacia dentro y hacia fuera, (uno se sentía observado por las propias obras) con humildad pero también de forma audaz. Sigo con Maillard: “La síntesis ha de ser uno mismo (…) Amar es detenerse por un instante con gran intensidad en algún punto. Desear es querer que en ese punto crezca una montaña, un árbol, un ser de carne o cualquier cosa que pueda nombrarse, y en el nombre la voluntad quede encadenada. (…) La India: una tierra que corta la mirada y exige luego el pago de la herida. (…) Saber que es preciso dejar de indagar – pues es recuerdo y anhelo toda búsqueda- y hallar el modo, simplemente, de invertir la mirada.” Mi historia tiene más que ver con esa obsesión de invertir la mirada. “Ser y conocer no pueden ser simultáneos si existe una llanura o una línea del horizonte. Ser y conocer simultáneamente sólo es posible en el vacío porque en el vacío no hay nadie.”
Estas últimas semanas me identifico más bien con la mirada obstinada y distanciada del artista francés Philippe Ramette, incluso con el personaje recurrente trágico-cómico (encarnado por él mismo) que aparece en sus obras. Su búsqueda es la de construir racionalmente una imagen o perspectiva que restituya lo que aparentemente parece irracional, y en él aparece también una cierta inversión de la mirada. Su trabajo se sitúa entre la escultura, la fotografía y los dibujos, y parece que ser que las fotos no son trucadas, es decir, que construye piezas, y se pone realmente en esas posturas imposibles, a riesgo de lo que pueda pasar! Me gustan mucho también sus títulos: la serie de Exploración racional del fondo del mar, o sus Contemplaciones irracionales, la Inversión de la Gravedad, Levitación racional, o su serie de objetos: Objetos suicidas, Pequeño objeto educacional, los Balcones, etc.
Y como escribía una periodista del Elle francés este verano, acerca de la última novela de Houellebecq, seguramente “le metier de vivre”, el oficio de vivir, en un mundo como el nuestro en que toda la existencia se organiza alrededor del trabajo, y a uno se le define ante todo por su profesión, el oficio de vivir se ha vuelto totalmente imposible.
Reivindico pues una cierta inversión de las miradas (la propia y la que dejamos que nos den los demás) que nos permita, sin una excesiva ficción, habitar el mundo que cada uno es capaz de percibir y construir.

27.9.10

volviendo (cartografía de lo propicio)

at Yaeyama island by exquisite Tetsumaru
(most Indian photos by Phitar )

Espero que mi amigo no me lea aquí, porque me apetece mucho contar un sueño suyo que me explicó y en el que sigo pensando: en el sueño mi amigo es B. Bertolucci y se encuentra con Debra Winger dentro de su propia película. A ambos les resulta indiferente la muerte de John Malkovich. Lo inquietante, sin embargo, es la mirada de un otro abstracto, que él identifica como Paul Bowles, autor de la novela. La interpretación de mi amigo me resulta aún más bella que el sueño: el Otro, aunque no existe en lo real, lo hacemos presente, pues nos ha constituido en tanto sujetos barrados y a él nos referimos en tanto vivientes.
En psicoanálisis la figura del Otro (con mayúsculas) viene a significar la alteridad fundamental que nos constituye, todo aquello anterior y exterior al sujeto, que lo determina a pesar de todo. Es un lugar a partir del cual nos construimos (damos sentido a las cosas, encontramos nuestro deseo, descubrimos lo que queremos) pero que es exterior al yo, por eso es inconsciente. Que sea inconsciente no quiere decir que sea completamente desconocido, o inaccesible; muchas veces nos sorprende, y nos provoca un sentimiento de extraña familiaridad. Este verano leía una entrevista a un catedrático de neurología, el Dr. Francisco J. Rubia, en la que mencionaba una base neurológica para la espiritualidad, Lacan lo decía a su manera: dios es una instancia psíquica necesaria. Dios también es inconsciente. Me acordaba constantemente de eso en la India, donde la idea de dios parece sostener todo el resto, que tiene forma de caos. Ni dios ni el Otro existen en lo real, pero nosotros los hacemos presentes. Y ambos se alojan en nuestro cerebro. Hace unas semanas dios viajaba en rickshaw, montaba un búfalo negro, y una noche de lluvia monzónica, vi cómo resbala por la piel de un elefante en las calles de Nueva Delhi. .
La puerta de acceso a lo desconocido en nosotros se abre con la idea de una pregunta, los creyentes preguntan a dios, nosotros estirados en el diván, le preguntamos al Otro. Igual que sabemos que no existe en lo real, también sabemos que hay preguntas que el Yo no podría respondernos. A quien no es capaz de abandonarse, de soltar lastre preguntándo(se) y sólo acumula respuestas, -una encima de otra, una después de otra,- le está cerrada la entrada al misterio. Por eso los fanáticos, o los que se precipitan encontrando y llenando su vida de respuestas, los sabiondos y algunos new age viven alejados de lo espiritual, y en cambio otros no creyentes de naturaleza más curiosa, lo hacen participando de una especie de mística, quizá también diferente.
La realidad se halla tejida de una ficción necesaria que nos escapa, sin ella viviríamos en un mundo insoportable, del que dan cuenta algunos intrépidos y valientes, que viven cruzando umbrales, como aquellos personajes de Mátrix. Slavoj Zizek lo explicaba muy bien en su genial Pervert’s Guide to Cinema: no nacemos naturalmente en la realidad sino que nacemos en un mundo simbólico. Cuando nuestro simbólico se halla perturbado o sufre algún accidente, cuando el Otro nos falla, es la propia realidad la que se desintegra. La arquitectura de nuestra ficción se encuentra en nuestra manera de pensar y en nuestra memoria (no sé si alguien vio Inception!); los expertos por fin se han puesto de acuerdo: el cerebro es la interacción del organismo con el medioambiente, para las funciones mentales existe una predisposición genética, pero necesitan de un entorno propicio para desarrollarse – y ya sabemos que no siempre se da el caso... “Nadie controla lo que guarda en la memoria, el almacenamiento es muy dependiente de la carga emocional. La memoria explícita es muy inferior a la inconsciente. La mayoría de funciones mentales se desarrollan de manera inconsciente.” (Francisco J. Rubia) Y aquí vuelvo yo, reanudando mis preguntas, esperando que la cartografía me sea propicia…

25.7.10

cerrado por reformas (laborales)

photo ryokan by ted the capitalist

Este año no hay vacaciones y, no obstante, seguiré aún ausente en el blog. Me voy a Nueva Delhi a trabajar durante unas semanas. Les seguiré leyendo a ustedes, que disfruten de sus vacaciones.

Y a punto de partir, les dejo con un poema de Li Bai, traducido por la maravillosa Anne Hélène Suarez:

Acompaño al ermitaño Yang, que regresa al monte Song.

Yo tengo una morada eterna
el pico Yunü del Songshan.
Allí permanece una luna
pende de un pino del torrente.
Ve a coger hierbas de inmortales,
el ácoro y la anea púrpura.
A finales de año iré a verte,
por los cielos, en dragón blanco.

... pues eso, que vuelvo en seguida, montada en mi dragón blanco.

y feliz verano a todos

photo: dolphins by Tetsumaru


please view my prior post for updated news

11.7.10

una verdad sin privilegios

ryokan by filmmaker in japan

He leído un libro maravilloso, Kafka y el Holocausto del escritor, blogger y amigo Álvaro de la Rica. Su libro está lleno de cosas interesantes y esenciales, de conexiones audaces , de lecturas cruzadas brillantes, de generosas y estimulantes citas, de hipótesis valientes y lúcidas, rebosa vitalidad e inteligencia, y su mirada estética es también una mirada ética de comprensión y adecuación necesaria con el mundo, y sobre todo con la dimensión más íntima e indescifrable del ser humano. No pretendo aquí hacer una reseña o ser exhaustiva, para empezar porque creo que no podría hacerlo sin tener que adentrarme en cuestiones literarias y en dos relatos kafkianos brutales e inagotables, el extraordinario Ante la ley, y el increíble En la colonia penitenciaria. Lo que traigo es un retazo, un detalle de encaje que uno descubre ante la contemplación de un vestido de alta costura. Freud decía que muchos artistas no necesitaban pasar por el diván ya que su obra era su propio análisis. A. de la Rica realiza una travesía que me ha hecho pensar en esa idea, por las preguntas que se plantea y también por la lectura que hace del escritor checo, en el sentido de la lectura sintomática propuesta por Althusser: aquella capaz de captar el discurso oculto e inconsciente, en núcleo invisible que yace bajo un texto. El texto es leído entonces no tanto como la transmisión o elaboración de una respuesta, sino en tanto pregunta e indicación de unas fallas que identifica en la propia realidad que interroga.
En ese sentido me ha parecido esencial la distinción que reclama entre la dimensión política en el ser humano (lo que ordena la polis) y el plano metafísico. “Obsesionada con la dimensión política de los hechos históricos que le tocó analizar [Hannah Arendt] no vio que la necesidad, en la que la Ley kafkiana se inspira, y de la que toma su fuerza coercitiva, merecería una valoración distinta si se tratase de la necesidad con la que el hombre se siente atraído por algo que no comprende, como el campesino de la leyenda que se aposta en los umbrales de lo que aún no puede ser revelado. Se nos dirá que entonces entramos en el terreno de la metafísica. Puede ser. (…) La impenetrabilidad de la norma, lejos de ser la causa del mal que aflige al hombre, es la garantía de su libertad interior. Cuando no se respeta el misterio con una finalidad política, cuando se sucede la venida de falsos profetas (…) esa misma libertad es aniquilada de raíz.” Para de la Rica, Dios parece encarnar y garantizar esa parte impenetrable de la vida, su heteronomía, dice. Hay una necesidad en el ser humano que no puede ser tratada ni analizada desde lo político o lo social. Y eso es lo que podría salvar al hombre de entregarse a la destrucción y el sinsentido. Me encanta cuando cuestiona que las atrocidades del nazismo puedan atribuirse a la acción libre de los hombres. Por eso Lacan, que también buscaba esa acción libre del sujeto de la que habla de la Rica, decía que Dios es una instancia psíquica necesaria. Pascal hablaba de un don, una gracia. Hay quienes poseen esa gracia que es la fe, hay otros que, creyendo carecer de ella, fabricamos nuestra propia brújula con algún tipo de trabajo como es el analítico, que antes que curar o encontrar una trascendencia, a lo que apunta es a esta una especie de gracia otra que es la libertad subjetiva. El budismo estaría de acuerdo con de la Rica y diría que en ella hemos encontrado al dios que hay en nosotros. Creo, por cierto, que este mensaje está también en el mejor discurso de S. Zizek cuando denuncia la impostura de la ideología.
Si en este algo-trasnochado-vocabulario psicoanalítco que usamos (lo reconozco), los analistas hablamos de asumir la propia castración (castración que no situamos en los órganos genitales, sino que se produce por el simple hecho de ser seres de lenguaje), Álvaro de la Rica, en su lucidez entre literaria y metafísica se refiere a K. como la encarnación de un ser que es al mismo tiempo pura potencialidad y pura imposibilidad. Haciendo referencia a la noción judía de llamada o vocación, identifica y señala esa certeza del ser humano que es al tiempo una pregunta, de haber sido invocado a hacer algo para lo que, cuando se apresta a realizarlo, no hay nadie que pueda confirmarle su misión. Describe a K. como un ser relacional, “carente de aseidad, que no encuentra aquello por lo que es, aunque su proyecto consista en reclamarlo no sólo de palabra, sino con todas las fibras de su ser”. Pero aunque la vida nunca alcanza el final del proceso, A. de la Rica es muy claro advirtiendo que no se trata nunca en Kafka de “caer en el abismo del sinsentido, entre otras razones porque a la cuestión que plantea, no cabe ofrecer una respuesta plenamente satisfactoria, ni por experiencia ni por evidencia racional.”
Ese ser carente de aseidad es para de la Rica" la forma de aquello que acontece". Nosotros en análisis hablamos en esos mismos términos del sujeto del inconsciente, y encontramos algo muy similar en la práctica del zen y yo diría en ciertos estados de despersonalización místicos. Entonces, la reivindicación de de la Rica es esencial: la necesidad de separar y preservar el misterio es lo contrario de la relatividad intelectual o el obscurantismo actual, en el que el sujeto ya no acontece sino que es sin más, sin esfuerzo ni proceso, con su genética y lo social como destino. Lacan habla en términos muy similares cuando quiere dejar claro que la noción del inconsciente que propone Freud se opone a la noción del inconsciente como obscuridad primordial: para Freud hay algo en el inconsciente que no logra mantener el que parecía ser su privilegio de quedar completamente oculto, y es a través del sujeto como acontecimiento que aparece abruptamente en forma de accidente, de falla o tropiezo, pero también en forma de discontinuidad, sorpresa o hallazgo.
Creo que la puesta en relación por parte de A. de la Rica entre la escritura de Kafka y el holocausto judío, que su obra parece haber anunciado, aporta de alguna manera un mensaje esperanzador para el sujeto contemporáneo: el de un espacio de libertad interior gracias a la posibilidad de una ley interiorizada que nos aleja de las bestias y lo siniestro de una vida sujeta a los imperativos del mercado, la ciencia o tecnocracia. Pero para alcanzar esa ley, uno ha de estar dispuesto a perder ciertos privilegios, también existenciales,

24.6.10

un muro

sandals by MarkInTokyo

Entre el hombre y el amor
Hay una mujer
Entre el hombre y la mujer
Hay un mundo
Entre el hombre y el mundo
Hay un muro

(poema de Antoine Tudal, citado por J. Lacan en El saber del psiconalista)

Pasó por Barcelona el huracán Slavoj Zizek para hablar de Verdad y Revolución en el discurso político de hoy. Había que reconocerle todos sus méritos, no únicamente los de su talento escénico de showman y de intelectual estrella, sino también aceptar la invitación frente a semejante título cuando para los lacanianos la verdad sólo puede remitir a esa “verdad mentirosa”, verdad que nunca puede ser dicha toda, verdad como ficción, y la revolución sólo puede llevar, como su nombre y su etimología circular indican, a un lugar similar del que se partió. Pero Zizek tiene muchas tablas y supo cómo responder ante el invite. Me encantó su lectura marxista del funcionamiento fetichista de la ideología de hoy: es decir, muchos piensan que como no “creen” ideológicamente en el capitalismo neo-liberal se encuentran fuera de él, pero como señala Zizek, no es lo que uno cree, sino lo que uno hace, y el capitalismo neo-liberal sigue funcionando incluso si no crees en él, incluso si no eres consciente de que con tus acciones eres tú el que lo mantiene. Ésa es la gran ilusión, la gran ceguera. Hay creencias, ideologías que son socialmente muy potentes y siguen vivas aunque casi nadie creas en ellas, aunque acaben siendo inconscientes. Y citó a Ronald Rumsfeld cuando hablaba sobre el ataque a Irak y sus armas de destrucción masiva: hay cosas que sabemos que sabemos, hay cosas que sabemos que no sabemos y cosas que no sabemos que no sabemos. Zizek añadió una cuarta mucho más freudiana, hay cosas que no sabemos que sabemos. Y es en este nivel en el que opera la ideología en ese momento. Sus soluciones, su particular “revolución” no pasa por tomar el Estado o desmantelar el mercado, sino por crear y buscar algo fuera del estado, fuera del mercado, en un espacio fuera de la esfera del poder político democrático aunque sí dentro de lo colectivo, y en ese lugar él sigue creyendo en el comunismo, en su idea de izquierda radical. “Sospecho de la idea de revolución como puro momento de libertad en el que el amo es puesto en suspenso y de pronto todos nos fraternizamos. Lo que me interesa es la resaca, lo que viene después, el problema de cómo imponer y organizar un orden nuevo".
Me gustó mucho cuando señaló que las posiciones más radicalmente conservadoras actuales son las de los nostálgicos del 68, y de un ideal de libertad pasado. También cuando señaló que los que acaban diciendo algo interesante no son tampoco los que abrazan las ideas nuevas sin cuestionar nada, sino los que piensan lo nuevo desde un conflicto con la verdad pasada. Su largo speech me recordó algo de lo reflexionado acerca del fin de un análisis: desabonarse del sentido es desabonarse del “padre” y de sus garantías, desabonarse entonces también de esa deuda, de ese estar siempre en falta respecto a los ideales y los sentidos plenos. Y es precisamente ese atravesamiento el que nos permite pasar a la acción, bajar a la calle y hacer algo junto con los otros. Quedó abierta su idea de la ecología, mencionada de pasada hacia el final. Para Zizek en nuestra manera actual de pensar la ecología se encuentra la clave de la actual ideología (ideología entendida como sistema -erróneo- de mistificación de la realidad, y por lo tanto una manera incorrecta de pensarla). Critica la concepción de que la naturaleza es una entidad en absoluto equilibrio orgánico y holístico, protectora, envolvente y maternal, cuya armonía venimos a romper nosotros. Para Zizek es la nueva religión, opio de las masas, nuestra manera para explicarlos lo inexplicable, las catástrofes como castigos. En el fondo es más fácil pensar que nosotros somos los responsables y que se trata de nuestro castigo, que pensar que la naturaleza es tan brutal y despiadada. Aquí en este vídeo él mismo lo dice y a mí me ha permitido pensar, lo cual siempre le agradezco.

30.5.10

la travesía de la tortuga y Roger Bernat


Tortuga en la isla Ishigaki, by Tetsumaru

Me ha llevado unos años pero finalmente empiezo a cernir algo de lo que me trajo hasta aquí por el camino de lo chino-psicoanalítico. He avanzado lentamente, a mi ritmo, dando unos cuantos y fructíferos rodeos, tal que esta bonita tortuga japonesa, gracias en parte a este espacio. En términos psicoanalítocos podríamos decir que aquí he podido desplegar algo de mi síntoma, en el sentido de que el síntoma es una respuesta, una solución que encuentra el sujeto frente a una imposibilidad fundamental, que para nosotros es “sexual”. -Cuando hablamos de sexo, nosotros también estamos hablando de otra cosa, más allá o acá que la pura relación sexual-. A mí lo que me interesaba era precisamente entender y poder hacer algo con esa imposibilidad, y si elegí lo chino o lo psicoanalítico es porque ambos avanzan y se articulan alrededor de ella. Podía haber elegido la ciencia, que en cierto sentido también lo hace, pero es cierto que nunca tuve cabeza para ella, o el arte, que surge del encuentro con esos límites, pero aunque empecé por ahí tampoco me atreví. Fue a partir de la escritura china y el uso de la lengua que entendí que para los chinos la representación directa de las cosas era imposible. Como ya he dicho alguna vez por aquí, su escritura ideofonográfica, su arte de la caligrafía es paradigmática de la concepción freudiano-lacaniana de la letra como borradura, represión, tachadura de la cosa, y como significante que no significa nada en sí, si no es en relación a otros significantes. El objeto de nuestro deseo cuenta en tanto ausente, si deseamos es a partir de una falta o de una ausencia, y en la representación china, ya sea en la caligrafía o en la pintura, ese vacío es estructural. Esa determinada manera de representarse el mundo tiene, según como lo veo, unos efectos en la manera de actuar, de utilizar el lenguaje y relacionarse con el otro que promueven el equívoco y lo que los chinos llaman cortesía, esa manera de no-actuar. Cuando hablan de la no-acción no creo en absoluto que se refieran a dejar de hacer, de decir o de responder. De lo que se trata es de ser capaz de producir una acción que tenga en cuenta la falla estructural, el fracaso del lenguaje, y que al hablar o al hacer uno pueda dejar las cosas en suspensión, sin cerrar sentidos ni concluir constantemente. La experiencia del análisis nos enseña, además, que la falla no está únicamente en uno, sino que el Otro (los otros), al que creíamos garante de respuestas y felicidad, está igual de agujereado que uno. Como decía Juan Carlos Indart eso hace que al hablar el otro no se sienta excluido ni se produzca rotura del lazo social, y en eso, para mí, está la base no sólo de la ética sino también de la salud mental.
Muchos piensan que el psicoanálisis está trasnochado, o que para lo único que sirve es para interpretar y para dar sentido, cuando lo que hace básicamente es ayudarnos a vivir sin tanto sentido. Lo cierto es que es de los pocos lugares donde aún se sigue reflexionando sobre ciertas imposibilidades de sentido, sin considerarlas como algo contingente y exterior, y aunque sólo sea por eso, su vigencia es radical. Me ha gustado mucho el artículo de Miquel Bassols en el que analiza cómo ciencia (a través de las cifras y la medición) y psicoanálisis (a través de la letra) avanzan paralelas, señalando una diferencia fundamental: para nosotros la verdad tiene estructura de ficción, es puro semblante, no es real, los números, las mediciones no son las cosas mismas, son otro tipo de letras, de mediadoras que no dan cuenta de lo que las cosas son, sino de nuestra simple interpretación. La verdad como semblante, lo llama. Un mundo sin lugar para el equívoco, sin lugar para la falla, sin lugar para la imposibilidad (de decirlo todo, de significarlo todo) es un mundo de locos, como éste en el que vivimos, y por eso cualquier intento riguroso de introducir algo del vacío en el discurso se hace imperioso.

Esta semana fui a ver el último espectáculo de Roger Bernat, la Consagración de la Primavera. Más que ver debería decir “participar”. Al entrar, el espectador recibe un par de auriculares inalámbricos, y se encuentra en una sala semi-oscura sin un solo asiento, cercada por cuatro paredes de pizarra y unas tizas. A través de los auriculares escucha la música de la Stravinsky y la voz de una señora que va explicando, describiendo la escena y dando instrucciones sobre los pasos a seguir. Enseguida nos queda claro que no todos escuchamos las mismas instrucciones y que no todos decidimos participar de la misma manera. Después de escribir con unas cuantas palabras sobre la pizarra “colina”, "anochecer", "amanecer", "bosque", la escenografía ya ha quedado resuelta. El espectáculo se desarrolla a partir de lo que escuchamos por un lado, y de lo que vamos haciendo, a nivel individual y también a nivel colectivo por otro, ya que en seguida nos encontramos formando parte de una coreografía que recuerda aquella de Pina Bausch, ya sea como árbol, como personaje o bailarín o sombra. Cuando la obra termina, uno se da cuenta de que, como en el análisis o como en la vida, la representación ha tenido lugar en su cabeza, y uno ha tenido una parte mucho más activa de la que creía tener, se ha visto obligado a tomar decisiones, a dudar de ellas, a interpretar, hacer y observar, en una rotunda soledad, rodeado de vacío. Bernat da un paso más en su trabajo iniciado con Domini Públic y nos sitúa frente a nuestro propio deseo de espectáculo, frente a nuestra propia capacidad para dar o dejar de dar sentido, frente a nuestra responsabilidad subjetiva. Su trabajo es valiente, implacable y exquisito. A él le interesa dialogar con el psicoanálisis, ha leído a Zizek y se ha sentido cercano a pensadores afines, como J.Rancière. Creo que su espectáculo da buena cuenta de ello, no sólo como discurso sino también como experiencia.

8.5.10

valiente Kawase (en el Baff digital)


PUPPET PLAY, originally uploaded by ajpscs.


Estos días he seguido con la sección digital del festival principalmente, aunque he visto menos de las que quería y me he perdido algunas por falta de tiempo. Me gustó mucho To Walk Beside You y también disfruté de Our Brief Eternity de Takuya Fukishima. Me he acercado al cine filipino, malayo y hasta la obra de un artista de Singapur. Children Metal divers fue una sorpresa, por su poética, y por el dominio narrativo y visual a pesar de la simplicidad de la historia, también admiré el trabajo de Gerry Balasta en The mountain thief y el corto de Lav Diaz dentro del Jenjou Digital Project 2009. En muchas de estas cintas el director es también el guionista y el montador, y los actores participan en el equipo técnico o producción: se transmite una cierta pulsión cinematográfica por contar algo, y contarlo directamente.
Las películas están llenas de seres atravesados por la duda, la culpa, el deseo o la locura, por un malestar social, pero también individual o subjetivo, que me ha hecho pensar mucho en el discurso freudiano en Asia, y en lo que –a raíz de esa controversia alrededor del libro de M. Onfray,- apuntan intelectuales y psicoanalistas: que aquí, en occidente estamos empeñados en que sólo exista una noción del psiquismo cada vez más normativa. Aquí ya sólo importan los hechos y los comportamientos, borrar los defectos, lo visible, aunque sólo sea con fotoshop. A la psiquiatría comportamentalista y biologista ya no le interesa el sufrimiento, ni los efectos secundarios de sus bombas químicas sino sólo sus evaluaciones y su índice de eficiencia. Estos cineastas asiáticos, muchos emergentes, indagan sin tapujos, como lo hizo la psiquiatría pasada o hace el psicoanálisis, por todo aquello que no entra en lo razonable.
Aunque en otra línea de búsqueda, también está la cineasta japonesa Naomi Kawase, su trabajo se centra más en lo ínfimo, y también en lo que no está, en lo que se ha perdido. Ella sigue queriendo captar lo que apenas se llega a captar, trabajando con la memoria y con su escritura sin nombrarla. Con el vacío y el silencio. Y aunque ella parta siempre de lo más sensual (de una luz a través de los árboles, del movimiento del viento en las hojas en un bosque, de la sombra en un patio o una habitación o un pliegue en la piel) tampoco deja de hablar de lo inefable y de ese atravesamiento de lo que no se puede explicar pero que puja por salir. En Koma (Visitors, corto de una media hora), Kawase se ha atrevido a asomarse a lo amoroso y lo ha hecho con valentía y luminosidad. Además de la fascinación de la mirada, del sonido de la naturaleza, en esta película irrumpe la voz a través de un cántico popular. Ha sido para mí lo mejor de todo el festival, aún estoy impresionada…y lo que escribo aquí está deshilachado y es fragmentario. La historia es sencilla: un joven coreano viaja a Japón tras la muerte de su abuelo para visitar en un pequeño pueblo a unos ancianos y devolverles un rollo de seda pintado que le fue regalado al abuelo durante su estancia en ese pueblo cuando trabajaba en el campo. En esa casa vive también la hija de ese matrimonio, un ser silencioso, dolorido y enigmático con el que compartirá algunos paseos y una visita a un templo, donde ella le hablará de una leyenda. Hay pocas palabras, pero lo poco que se dice o los espacios que se dejan para ello no están destinados a tapar o a ocultar, sino a dejar salir algo de lo más íntimo, de lo menos razonable, y siempre con humildad y respeto, dejándolo todo en suspensión, evitando que el otro se sienta excluido u ofendido. Ésta me ha parecido una de sus cintas más cinematográficas, la intensidad y la textura del encuentro entre los jóvenes, su manera de no cerrar los sentidos y dejarlo todo en suspensión me parecían estar hablando también de lo Kawase espera del cine mismo como lenguaje, de su razón de ser. Aún la tengo que digerir, pero su valentía para dar cuenta de algo de lo amoroso de esa manera sesgada, parcial pero intensa, me ha transformado a la manera de ella: primero en lo sensual, y luego más tarde en el interior.

3.5.10

una vida vigorosa (tb en el Baff)

japanese raddish by masaaki miyara

Este fin de semana hemos visto tres películas y esta semana nos esperan unas cuantas más. Vivir en el Baff es más fácil que vivir en Barcelona, de eso no hay duda. Este año, además, Albértigo es miembro del jurado en la sección de cine digital y cae bien puesto son varias las digitales que había anotado en mi carnet de baile. Creo que la programación del Baff anime esta edición es excelente. En Parade encontré personajes, rincones y preguntas sobre el Japón y sus trastornos actuales que me interesan. Me salté la brutal The Coast Guard de Kim Ki-duk, construída también alrededor de la locura. Curiosamente son los cineastas asiáticos los que ya llevan tiempo identificando e interrogando diferentes tipos locura que irrumpen con fuerza en lo real de una modernidad tan imparable como paradójica todavía para algunos. Y eso en un momento en que China sufre una oleada de ataques a escuelas con serias preguntas sobre la atención a la salud mental. De Face, rodada en Francia por veterano Tsai Ming Liang, logré salvar poco más que unas imágenes y ciertas reflexiones interesantes acerca del cansancio, la belleza como máscara insoportable y –esto ya eran mis conclusiones- lo absurdo e inerte del ensimismamiento.
Me gustó Eatrip,(aquí el trailer, la vuelven a pasar el miércoles) de Yuri Nomura, documental alrededor de la comida japonesa, con entrevistas y secuencias de personajes diversos: desde un comerciante de pescado de quinta generación en el Tsukiji Market, a una ama de casa que vivía y comía de manera orgánica autoabasteciéndose con sus hijos en una granja en Okinawa, a una cantante que producía su propio arroz, un monje zen de 90 años que abogaba antes por un mundo real que por un paraíso prometido, o un maestro de la ceremonia del té, Sen Sooku, que con su humor y sencillez me recordaba a mis sabios chinos Me gustó cómo hablaban de las estaciones, el respeto en el pasado por los tiempos y los diferentes ingredientes. Cuando se abre la flor de cerezo el sabor del bonito es más suave. O esa mujer que siempre había querido vivir cerca de un curso de agua natural y lo había conseguido. La alegría de ese monje zen que creía en la importancia de una vida vigorosa, no alocada, ni llena de realizaciones, sino de vigor. También me gustó una respuesta que dio otro personaje cuando le preguntaban sobre lo importante de la comida: para ella era que el acto de comer fuera acompañado de algunas palabras, de alguna comunicación, aunque fueran para uno mismo. Comer y sólo comer, como cuando uno come delante de la televisión, estaba incompleto si no se daba cuenta de ello de alguna manera. El que más me gustó fue el maestro de la ceremonia del té y su encuentro con un joven actor. Todo estaba lleno de rituales y símbolos, un poema caligrafiado en la pared, los gestos cuidados, la luz de la habitación, la pulcritud de los kimonos y los tabi blancos, unos dulces de arroz glutinoso y soja para poder apreciar mejor el amargor del té verde, pero éstos sólo tenían sentido en la espontaneidad del disfrute del momento y la taza de té.

1.5.10

Freud resiste ( y empieza el baff)


DUST OF SPRING (桜花びら), originally uploaded by ajpscs.

No sé si ya ha llegado o si llegará aquí la polémica provocada en Francia por el libro de Michel Onfray. En cualquier caso, se la resumo ahora mismo y paso a precisar que aunque Onfray pretenda centrarla en si es posible o no una lectura crítica de Freud (Onfray llega tarde y no se entera, no es que sea posible sino que es obligada, necesaria, benigna y la mejor manera de rendirle homenaje al propio S. Freud, promovida ante todo por los analistas), lo cierto es que como ya señalan algunos autores la verdadera polémica es qué tipo de intereses marketinianos y mercenarios están en juego en el mundo editorial y la prensa para estar dando cabida y credibilidad a una obra como ésta. La polémica, en cualquier caso, es muy bienvenida, al menos en el país vecino se debate y se discute. Confieso que ni lo he leído ni tengo intención de hacerlo, no porque me rasgue las vestiduras sino porque no hay nada nuevo que no hayan escrito otros y mejor, -aunque parece que en su conjunto las fabulaciones resultan aquí más ridículas e infundadas, más incongruentes, como por ejemplo cuando dice que Freud dejó embarazada a su cuñada y la obligó a abortar a una edad en que no hay mujer que conciba, o lo supone adepto a los regímenes fascistas, creo que incluso cómplice o partidario del holocausto. En el retrato que se esfuerza por defender Onfray presenta a Freud como a un mentiroso decadente, un fracasado, depravado y codicioso conspirador, que hizo del psicoanálisis una religión (la otra gran fobia de Onfray), y de su pseudo-ciencia que nunca ha curado a nadie (!!) una gran impostura. Alega estar haciendo una lectura nietzcheiana, demostrando que “una filosofía es siempre una autobiografía de su autor”, sin darse cuenta de que es seguramente su propia experiencia en un internado religioso, testigo de ciertos abusos por parte de los curas, la que ha hecho armarse con la ateología y ahora remeter con su lectura fóbica de S. Freud. No está en mi intención rebatir aquí las tesis de su libro, lean si les interesa a la lúcida y valiente historiadora E. Roudinesco (aquí en castellano) o a Bernard Henri Lévy, (tb en castellano) o a tantos otros que lo hacen mejor, o sino escuchen a propio Onfray ponerse en evidencia en youtube. También creo que los mayores oprobios son del orden histórico, los psicoanalistas, al fin y al cabo, ya estamos acostumbrados a ataques irracionales, a malentendidos constantes con los términos y conceptos, incluso a esa pregunta tendenciosa que se repite, ¿pero no está S. Freud superado? Ahora siempre me acuerdo de un artículo de Eugenio Trías publicado hace un par de messe: A Sigmund Freud siempre se le quiere superar. Pero todas las veces que se intenta sucede lo mismo: se regresa a espacios anteriores a Freud. Puede que su lenguaje esté anticuado. Una espesa costra positivista le recubre, dificultando acaso su lectura. (...) Sigue siendo piedra de escándalo pese a que nadie puede discutirle su naturaleza de clásico, fundador de instituciones de salud, inspirador de la mejor filosofía (Foucault, Derrida, Deleuze, Adorno, Walter Benjamin, ) aun cuando sea obligación de ésta discutirle, criticarle, pero siempre desde el reconocimiento de sus logros y de haber pasado por su escuela. Freud es un clásico y como tal no puede ser superado. Debe ser siempre visitado, comprendido y discutido. Estoy de acuerdo además con E. Trías en que no es posible convivir con la modernidad sin conocerlo. Y también considero que muchos de los que desconfían de él o lo atacan, están en el fondo sirviéndose de la teoría freudiana sin darse cuenta, y que sus aportaciones van más allá de su especialidad y pertenecen al dominio de las ideas.
Y frente a ese debate eterno de si el psicoanálisis puede o no considerarse una ciencia, me he acordado de una respuesta de Lacan en 1973 a Le Monde cuando le preguntan sobre eso: "Antes que Freud delimitara la idea del inconsciente toda palabra era tomada a pie juntillas. Desde entonces de lo que se trata es de recelar hasta de la noción de sujeto- etimológicamente, lo que está por debajo, nada más, - y cuya característica es no saber. (…) Usted dirá que no es muy científico. De eso se trata. En cierto modo siempre lo somos en exceso frente a una realidad que desmiente y desafía los sistemas. Así, Freud desconfía de la apariencia de filosofía que ofrece el verbo ser, que los chinos tienen la suerte de no encontrar por todas partes, como nos pasa a nosotros. En el fondo, lo que Freud quería esbozar es una nueva lógica. No una lógica que pusiera orden en el mundo, sino una que por fin tendría en cuenta su desorden, lo que el inconsciente tiene de inclasificable, de indecente, de azaroso, de irregular, de incompleto, de indecible, y que daría cuenta del impasse de la palabra misma."
Y ahí hay algo obviamente insoportable para Onfray. Jean-Luc Porquet no estuvo mal en Le Canard Enchainé tampoco. Y ahí deberíamos recuperar a Derrida con esa idea de que se capaz de desonstruir a los grandes maestros, no para cargárselo todo de ellos sino para ser capaz de recuperar y reelaborar lo que cada uno ha podido aportar. O mejor que eso, de nuevo a Lacan con su teorización de la lógica del todo y no-todo. (En eso ando últimamente… con la clínica de lo femenino (que no de las mujeres) gracias a la letra china, el zen y a un luminoso seminario de Rithée Cevasco. ) En cualquier caso, éstos no son buenos momentos para el psicoanalista, arrinconado por la tecnocracia cognitivista, el imperialismo farmacéutico y el negocio de la siempre light autoayuda, pero como dice BHL, el psicoanálisis que ya está acostumbrado, se repondrá, mientras que Michel Onfray, no es tan seguro.
Hoy empieza el Baff! me voy corriendo al cine...