12.8.09

我 家 (mi casa)

Beijing, photo by GraemeNicol

Después de muchos, muchos años sin casa propia, de errancia en un exilio voluntario, quizá necesario, me encuentro estos días de mudanza a mi nueva casa, que es de alquiler, que es temporal, que apenas sé cómo llegaré a pagar, pero donde por fin parece que tendré un lugar.
Durante este último año en el que buscaba sin que salieran las cuentas, sin encontrar nada que encajara, terriblemente desanimada, fantaseaba con otras ciudades y otros paisajes que imaginaba más hospitalarios. Curiosamente, mi nueva casa me recuerda a esas otras ciudades con las que soñaba, y desde lo alto de mi colina, diviso muchos tejados, a un lado el mar, al otro un bosquecillo tupido y enfrente unos cerros pelados con edificios ni demasiado altos, ni demasiado nuevos ni demasiado feos o cercanos.
También me ha hecho pensar en esos poemas chinos de embriaguez en templos, posadas y cimas de montes.

Sobre el monte Tongguan, poema tras la borrachera

Me gusta solazarme en el Tongguan,
mil años sin pensar en volver.
Deseo girar, y que al danzar mis mangas
acaricien el monte de los Cinco Pinos
Li Bai


Escrito en mi casa sobre las alturas en la ciudad de Liang Huang

Vivo en el lugar más alto
bajo mi mirada mil casas permanentemente
he acabado de escribir poemas y beber vino de arroz
frente a las numerosas cimas me adormezco solo.
Cen Shen

2.8.09

del anfitrión y el visitante


dressed-up, originally uploaded by ajpscs.


"Si en el camino os encontráis con un hombre que ha llegado a la Vía (Dao) ¡¡Sobre todo no le habléis de la Vía!!

Quien cultiva (quien habla de) la Vía, no la practica,
Toda clase de falsos objetos surgen,
En cambio cuando aparece la espada de la sabiduría, ninguna cosa queda en pie
…. Es el espíritu ordinario el que constituye la Vía."

(del libro Entretiens de Lin Tsi, traducido y anotado por Paul Démieville)

La escuela china Chan (que dio origen al Zen japonés) fue un movimiento de reforma que propugnaba un retorno a la praxis en contra de la importante tradición teórica y textual del budismo llegado de la India. Supuso también un proceso de sinización y traducción de esas doctrinas extranjeras al mundo chino. Paul Démieville explica en su prólogo que este movimiento anti-intelcual fue llevado al límite de lo irracional y puso patas arriba los monasterios del país. La locura, añade, siempre ha formado parte de la sabiduría china. Aunque ya había traído aquí algún fragmento de ese libro maravilloso, no ha sido hasta hace unos días que he podido hacerme con un ejemplar del mismo, y tener acceso a las interesantísimas notas del traductor y sinólogo (que fue el primer profe de chino de Lacan, no lo olviden!). Lin Tsi (o Lin Ji en actual pinyin) fue sin duda un hombre iluminado y con talento, y el libro está lleno de citas y anécdotas brillantes, que hoy se me antojan imprescindibles para cualquier aprendiz lacaniano
(ambas lecturas, la de Damasio y la de Lin Tsi provienen del mismo trabajo de investigación que llevo a cabo desde hace meses, aunque avance lentamente)

"La verdadera comprensión no se distingue de su contrario", dice el maestro.

O luego subiendo algo el tono blasfémico al que adhieren encantados: “Adeptos, no toméis al Buda por una culminación suprema. Yo lo veo como un agujero de letrina y los Bodhisttava (los santos) como seres que atan a los hombres con yugos y cadenas”

Cuando los monjes preguntan sobre la gran idea del budismo o sobre dónde se encuentra el Buda, suelen recibir como respuesta un gran eructo, un Khât, y si dudan un buen bastonazo. Son falsas preguntas, abstractas y discursivas. El monje no debe dudar, la deliberación es una trampa, la acción debe ser inmediata.

Las buenas preguntas deben ser sin ataduras y los sabios, hombres ignorantes del bien y del mal.

Cuando el maestro habla de la transmisión Chan no lo hace en términos de maestro/discípulo sino que habla de anfitrión y visitante, o consultante/consultado, y en vez de clases o lecciones habla de consultas. Se parece tanto al trabajo que algunos buscamos en el análisis que nada sorprende cuando el propio Démieville lo explica “de repente el maestro deja de serlo y el discípulo se convierte en maestro, el analizado en analista… “

Reflexiona sobre diferentes modalidades de relación entre anfitriones y visitantes, y de cómo esos papeles se intercambian y se transforman en el encuentro, como tan bien explica F. Davoine en su libro sobre el trabajo analítico con la locura.

También hace otra referencia que es esencialmente lacaniana, cuando habla de que la sabiduría actúa como una espada, en su corte del pensamiento y las palabras (tal y como trabaja el analista en su interpretación, en como deja el sentido en suspensión)

Cuando el monje aparece el maestro alza el espantamoscas y ése es signo de que está dispuesto a entablar una discusión por poco convencional que ésta parezca. También me gusta cuando se refiere a los malos maestros como "zorros salvajes y larvas malignas" , y describe un encuentro con ellos: "el aprendiz se presenta al amigo de bien (el maestro o anfitrión) con un yugo sobre el cuello, cargado de cadenas. El amigo de bien le pone un nuevo yugo y lo carga con nuevas cadenas. El aprendiz está contento. Ni uno ni otro son capaces de discernir nada. Se trata entonces de un visitante examinando a otro visitante." Desgraciadamente hay malos analistas que actúan de esa manera, al igual que malos consultantes que sólo buscan nuevas cadenas. Y los temerosos del inconsciente o de lo que escapa a la conciencia lo utilizan para descalificar la valentía de quienes emprenden un trabajo de verdad.

Yo me quedo con las palabras de Lin Tsi, y sigo trabajando el arte de la espada y el espantamoscas,

"Mientras no aparezca la claridad, es la oscuridad la que resulta clara."

29.7.09

bajo un ginko protector

Real Jardín Botánico de Madrid, by gloriadon

Hice una escapada este fin de semana a la sierra madrileña para encontrarme con unos amigos patagónicos muy especiales y sus preciosos hijos. De regreso a la capital y después de cumplir con ciertos compromisos y disfrutar de la hospitalidad de amigos y familiares, sin tiempo para ninguna exposición ni paseo, arrastré mi exigua maleta por uno de mis lugares favoritos de la ciudad y una auténtica joya en este país arboricida: el Real Jardín Boténico de Madrid. Siguiendo la receta de Bel, me encomendé a los árboles centenarios bajo las ramas de un enorme Ginko, de cipreses robustos y altísimas y bellas secuoias, me sentí protegida y agradecida, admirada de la belleza y la diversidad de esos árboles y plantas que me hablaban de otros continentes, de mis viajes realizados y otros todavía soñados. Me llevé un libro magnífico parra leer en el tren, El Error de Descartes, de Antonio Damasio, neurólogo, investigador y hombre de luces. A medida que uno se aleja de la gente prejuiciosa e ignorante sin experiencia ni criterio, a medida que uno deja atrás el oscurantismo y pseudo-cientifísmo de los desafortunados new-age de la psicología y las “n(e)o-ciencias”, uno se da cuenta de que, en el fondo, quienes trabajan con rigor, honestidad y algo de valentía en los movedizos y a veces oscuros ámbitos de la psique humana, acaban coincidiendo en lo básico. Tal y como me habían dicho, -y ahora que ya tengo las bases teóricas para entender de lo que me están hablando-, he comprobado que la neurociencia actual está confirmando las bases neurales del descubrimiento freudiano acerca de la subjetividad y la experiencia del inconsciente. A quienes enfrenten las posturas científicas y la neurobiología con el psicoanálisis, les invito a actualizar sus lecturas sobre el tema y seguir informándose.
Damasio, además de ser un respetado investigador y profesor universitario en EEUU, citado a menudo en obras de referencia , es un magnífico comunicador, que me resulta poético:

“Los sentimientos, junto con las emociones de las que proceden, no son un lujo. Sirven de guías internas y nos ayudan a comunicar a los demás señales que también pueden guiarles. No son intangibles y esquivos, contrariamente a la opinión científica tradicional son tan cognitivos como otras percepciones. Son el resultado de una disposición fisiológica curiosísima que ha convertido el cerebro en la audiencia cautiva del cuerpo”

Damasio identifica en seguida el error actual de confundir el fenómeno con los componentes y operaciones que pueden encontrarse tras su apariencia. No expone sus ideas y ya está, sino que antes de defender ningún punto de vista ha desplegado un abanico de datos y casos clínicos, que hacen que no sea necesaria mayor justificación. El error de Descartes es para él el de separar cuerpo y mente, su tesis de que pensar es igual a ser, cuando se trata precisamente de lo contrario, en principio fue el ser y luego el pensamiento. Es a partir de nuestras estructuras corporales/cerebrales que apreciamos la realidad. El cuerpo, dice, es la vara de medición de la realidad. No sabemos a qué se parece la realidad absoluta. Y lo que diferencia nuestra mente de la de otros seres que también poseen mecanismos neurales es la creación de representaciones (neurales) que se convierten en imágenes (aunque no sean del todo visuales y puedan estar regidas por otro sentido, sean sonoras, de lenguaje…) Estas imágenes no se almacenan como fotografías ni se archivan, la memoria no consiste en recuperar, traer de algún sitio escondido. La memoria, tal y como él comprueba con personas que han sufrido diversas lesiones, es reconstructiva.
Tampoco existe un único lugar en el cerebro capaz de llevar a cabo una función cognitiva, sino que éstas surgen del concierto de varias zonas al mismo tiempo. A la hora de rememorar desencadenamos la reconstrucción en áreas diferentes. Al querer recordar un lugar, una cara, una voz, una frase, dice, ésta se encuentra distribuida, diseminada por todo el cerebro.
Parece ser que algunos matemáticos y físicos describen sus pensamientos más abstractos dominados por imágenes, a menudo visuales e incluso somatosensoriales.
Pero estas imágenes y representaciones organizadas topográficamente no son suficientes por sí mismas para configurar la mente. Hace falta que sean vividas como propias, correlacionadas en un complejo sistema de relaciones, que aunque comparable y compartible con otros, es único en cada individuo, y constituye su subjetividad, la base neural de su yo.
Damasio fue el primero en afirmar que las emociones, lejos de lo que se cree tradicionalmente, son necesarias para poder razonar correctamente. Resultó fascinante su estudio de grandes casos de la primera mitad del siglo XX de pacientes con graves lesiones en el lóbulo frontal, como aquel famoso Phineas Cage, cuyo cráneo fue atravesado por una barra de hierro. De regreso tuvo que interrumpir la lectura, que espero poder acabar este fin de semana. Inch’allá!

18.7.09

de la caída ordinaria

Kyosoan by dennisart
El mundo es todo lo que sucede, con esta frase tan china abre Wittgenstein su Tractatus. La traducción francesa, que también me gusta mucho, dice algo como que el mundo es todo lo que hace (un) caso. En su sentido original, la palabra caso, además de suceso significaba caída. Me quedé pensando en la caída, y en todo lo que cae. También en la pérdida. Para los místicos, la pérdida –del mundo, de uno mismo, y yo añado de sentido- tenía la misma naturaleza que la salvación -que la revelación, que el encuentro con algo vital.
Cuando Freud quiso cernir algo del sentimiento religioso o espiritual en el ser humano tomó prestada de un amigo la expresión de sentimiento oceánico, de eternidad, continuidad y fusión con el universo y las cosas. Pero la pérdida del self, la hipotética fusión o indistinción con el todo no sólo está en lo sagrado, sino que puede acontecer también en otros contextos, más ordinarios y terrenales. Ciertas experiencias de la locura, de lo traumático, ciertos viajes del sujeto de la palabra o la conciencia, pueden dar cuenta de ello. Yo creo que explicar algunas de estas experiencias desde las desafortunadas teorías de la personalidad y la psicología no puede dar nada bueno y que el menosprecio que existe hoy por la atención al caso particular es fatal… la psicoanalista F. Davoine acude al Teatro de la Crueldad de Artaud para explicar el trabajo que puede realizar un analista cuando se encuentra frente a un sujeto perdido, expulsado fuera de todo discurso o lazo social. El lugar del analista se asemeja, más que al del médico o el sabio, al de aquel doble artaudiano: doble que no es un semejante, ni un alter ego, puesto que en ese contexto ya no queda ego, ni tampoco alter, ningún otro en relación especular. El analista se parece mucho más a ese hombre sin situación de los diálogos chan de Lin Tsi, un personaje antagonista en escena que está ahí para darle la réplica al paciente, para jugar su juego de lenguaje. Y lo que tiene lugar sobre esa extraña escena no proviene de la psicología de los personajes ni de las interpretaciones, sino de un acontecimiento, algo que se “actúa” para liberarse de ello.
Esta semana me maravilló el relato de un antiguo amigo, un bailarín excepcional que después de más de nueve años en Japón formando parte de la compañía del maestro del butoh Kazuo Ohno, ha regresado y busca su lugar en España. Joan Carlos Soler se dedica ahora a la enseñanza en Madrid, y esta año, entre otras cosas, ha estado dando clases de interpretación a bailarines clásicos. Me divertía imaginar el diálogo entre esos cuerpos tan entrenados en el código de la danza clásica y el trabajo de Joan Carlos tan marcado por el butoh. Me explicó como trabajó durante un tiempo con la muerte, haciendo ante todo que se plantearan qué era para ellos, cómo se la representaban. Deduzco que saldrían imágenes, movimientos, improvisaciones. Más tarde cómo se representaban su propia muerte, la de cada uno de ellos. Los imagino espantados de no tener personaje ni máscara tras la que protegerse, preguntándose por qué algo tan abstracto en sus clases de interpretación. Y finalmente Joan Carlos, con su humor alicantino, preguntándoles por el desenlace final del Lago de los Cisnes.
A veces una buena pregunta es la única garantía para obtener una respuesta.

11.7.09

la acción


chakai, originally uploaded by ajpscs.

“La acción debe tener un objetivo preciso, sino queda dividida, se confunde, sale mal y al final causa daños irreparables. Los sabios de otro tiempo se encargaban ellos mismos de llevarla a cabo, no se la dejaban a otros. Si no estás seguro de poder conseguirlo, no te inmiscuyas e intentes acabar tú con las fechorías del tirano”
de Zhuangzi, de la contraportada del libro Etudes sur le Tchouang-Tseu de J. F. Billeter

Apenas regreso de mis batallas privadas. Preocupada por las noticias que llegan de China. Aun desde su obligado destierro berlinés, Rafael Poch consiguió escribir un buen artículo sobre los disturbios de Xinjiang a inicios de semana. Reanudo ahora, poco a poco, las lecturas bloggeras.

25.6.09

la paz de callarse

Miajima monk by jollywoodchopper

"El psicoanálisis tiene en común con el budismo el hecho de que no estamos en el psicoanálisis para hablar, sabemos por experiencia que cada uno de nosotros habla para al final encontrar la paz de callarse. Si hay que hacer esfuerzos para hablar es para, al final, podernos ubicar en un punto en el cual lo que hay no son palabras sino una respuesta, que para los neuróticos es la respuesta del goce. Y en ese lugar está, Lacan lo subraya, la paz, la justificación de este tormento que es hablar"

Esta tarde me he encontrado con este fragmento de texto de Eric Laurent por casualidad, pero lo cierto es que explica perfectamente lo que ocupa mi cabeza desde hace semanas. Aunque el trabajo del análisis se inicie a partir de una clara consigna de asociación de palabras, ideas, e interpretaciones y durante años uno no tenga otra tarea que la de decir lo primero que se le ocurra, y a partir de ahí ir elaborando, interpretando, y significando, poco a poco uno se da cuenta de que el objetivo no es el sentido de lo que decimos, sino lo que se produce al hacerlo y que el valor de todo lo que ocurre se encuentra más bien en la falta de sentido, en los cortes en el discurso, en un vaciamiento de lo textual que da paso a un tipo especial de acto, que ése sí, es más bien oriental. El acto que nos interesa nada tiene que ver con la actuación o aplicación de una consigna, como piensan los cognitivos, con tener que hacer algo porque signifique otra cosa. Al revés, el acto surge del agotamiento del decir y del sentido, de otro tipo de saber sobre uno mismo que ya no pasa por la palabra, sino quizá por el cuerpo.

En los Entretiens de Lin Tsi de Démieville:
El maestro sube a la sala y dice:”Entre un hombre que durante periodos cósmicos emprende la ruta sin dejar su casa, y otro que deja su casa sin estar nunca en ruta, ¿cuál de ellos es digno de recibir las ofrendas de los hombres y los dioses?"

El mal analista, el mal maestro, el que se equivoca al escuchar como suele hacer el psicólogo, es aquél que cree que lo importa es el sentido de lo que se dice, y no lo que provoca, lo que recorta, lo que esconde o vacía un decir cualquiera.

Lacan se inspiró sin duda de ciertos aspectos esenciales del zen en nuestra práctica. Mercè me comentaba este lunes que seguramente a través de la obra de Heidegger, que mantuvo una estrecha relación con filósofos japoneses de la escuela de Kyoto. También, como ya he dicho aquí más veces, en su concepción del la letra como litoral, como carta robada, como litter, deshecho, basura, ese texto vaciado y desgastado, que está del lado de lo Real, y lo indecible.

21.6.09

estuve de exámenes

summer taste, photo by masaaki miyara

estuve de exámenes

"El maestro sube al estrado y dice: sobre la masa de carne roja que sois hay un hombre verdadero sin situación, que sale y entra incesantemente por las puertas de vuestro rostro.- Y dirigiéndose a los monjes- Escuchemos un poco a los que todavía no han participado. Entonces un monje se adelantó y preguntó como era un hombre si situación. – Dímelo tú mismo, Dilo!. El monje dudó. – El hombre verdadero si situación es como el palo que se utiliza para limpiarse el culo.

"Otro día un monje pregunta, Maestro, ¿cuál es la tercera fórmula del budismo?, el maestro responde, “Observad las marionetas que se manipulan sobre el escenario. En todo momento, para hacerlo, hay un hombre en su interior”

"Otro día un monje vuelve a preguntar cuál es la gran idea del budismo. El monje levanta de nuevo su espantamoscas. El monje emite un grito, khât!, el maestro grita a su vez khât!. El monje duda. Entonces el maestro lo golpea. "

(traducción algo libre de fragmentos de los Entretiens de Lin-Tsi, traducidos del chino por Paul Démieville, Paris Fayard 1972.

Créanme si les digo que gracias a mis lecturas freudiano-lakhanianas he conseguido avanzar algo en el camino del Chan o Zen en japonés, y viceversa. El sinólogo Paul Démieville decía que la concepción de mente como absoluto era una aportación del budismo enunciada por la doctrina del “nada más que pensamiento” introducida en China (desde la India) a principios de la dinastía Tang, y desarrollada luego por las distintas escuelas. Para el Chan el absoluto es universal y vacío y sólo puede aprehenderse en el destello de una intuición, para la que la mente y el espíritu han de ser ejercitados. Eso permite recuperar la idea tradiconal china del flujo natural y espontáneo, y enunciar más tarde aquello del no-pensamiento, 无念 wu nian, y la no-acción, 无为 wu wei. Cuando Lacan quiere distinguir la esencia del inconsciente freudiano del resto de teorías psícológicas surgidas a principios del siglo XX es muy específico al respecto: nada tiene que ver con la ambigüedad en la conducta, con un saber futuro que aún no se conoce, algo que se debe desenterrar, una especie de secreto… sino con algo de la naturaleza de un corte, de una laguna o lapsus, algo de una ruptura que se inscribe en una cierta falta. El inconsciente es algo que siempre se escapa, fugaz e inasible, y cuyo único punto nodal es el deseo, su medio la palabra, el acto fallido, el sueño…No hay verdad sino lo que esconde el deseo en su falta… El objetivo de la escuela de Linji (Lin-Tsi en trasncripción antigua, y Rinzai en Japón) es también el de liberar la mente de sus estructuras mentales y la tentación de acudir a muletillas o puntos de apoyo ya conocidos, para poder obtener la iluminación total e instantánea. Aunque la aridez de su método es peculiar: golpes, bastonazos, invectivas y sinsentidos, preguntas irresolubles, anti-discursos, los famosos kôan, para provocar algo del transitorio satori. Yo que me he sentido muy golpeada últimamente, no he podido evitar regresar a estas lecturas para poder avanzar algo en mi propio análisis, en mi humilde comprensión del mundo. Especialmente zen me parece la indistinción entre exterior e interior en la que insiste el psicoanálisis: el inconsciente es aquello interior al sujeto que se realiza únicamente en su exterior, es decir en el lugar del Otro.
Me da la sensación que a partir de una cierta edad, el tipo de respuestas que uno busca no pueden eludir el paso por el otro, por la propia experiencia y el cuerpo y algo de esa falta en ser y sentido. Y quedarse con el otro tipo de respuestas no funciona más que de coartada para no pasar por ello.

9.6.09

ai weiwei en tiananmen

foto de la acción de Ai Weiwi publicaca por Danwei.org

El artista chino Ai Weiwei ha publicado un pequeño texto en su blog y realizado una acción individual en Tiananmen, para mostrar como en China siempre se ha podido hacer algo con la censura, y decir lo que debía ser dicho, pareciendo no decir nada, fingiendo estar diciendo o haciendo otra cosa... llevándoselas con el amo, que diría Lakhan.

la noticia está en la página en francés Rue 89, para los que no leéis cómodamente en inglés o francés os traduzco el texto que aparece en ella, que Ai Weiwei publicó en su blog:

"Olvidemos el 4 de junio, olvidemos ese día ordinario. La vida nos enseña, bajo el totalitarismo, que cada día es el mismo. No hay "otro día", "ayer" o "mañana". No necesitamos verdad parcial, ni justicia parcial, no necesitamos honestidad parcial.

Sin libertad de palabra, de expresión, sin libertad de información, sin elecciones libres no somos un pueblo, no necesitamos recordar. Sin la posibilidad de recordar, hemos escogido olvidar.

Olvidemos cada caso de persecución, cada caso de humillación, cada masacre y cada tentativa de esconderla, cada mentira, cada muerte. Olvidar cada momento de sufrimiento, y olvidar cada momento de olvido. Y así esos "hombres de honor" podrán parecernos ridículos.

Olvidemos los soldados que dispararon sobre civiles, los estudiantes cuyos cuerpos fueron aplastados por las ruedas de los tanques, el silbido de las balas, la sangre sobre las grandes avenidas y los callejones, una ciudad y una plaza sin lágrimas. Olvidar las mentiras interminables, los dirigentes que esperan que todo el mundo olvide, olvidar su cobardía, su carácter maléfico e inepto. Debemos olvidar porque deben ser olvidados. No podremos existir hasta que no hayan sido olvidados. Para existir, debemos olvidar."

6.6.09

sin compostura


photo by masaaki miyara
Ayer no conseguí llegar a la conferencia que daba Colette Soler en la escuela de los Foros Lacanianos, en Accep. En cambio hoy sí acudí a la última sesión del seminario de este año, dedicado a los discursos, donde también participaba ella. Parece ser que ayer C.Soler planteó una cuestión que se encuentra cercana al centro de mis preocupaciones (la escritura y la letra, la cura en la psicosis, el legado chino…) y que denominó con el nombre de Inconsciente Real, en contraposición con el inconsciente simbólico (el que hace síntoma, cadena significante, asociación libre, sueño, discurso) y que se relaciona (el real)con el final de análisis. En cuanto mis últimos compromisos del curso me lo permitan, debo armar un pequeño texto resumen con las notas de lo trabajado este año con Mercè Altimir en las sesiones de El color del Viento, y éstas apuntan en direcciones paralelas.
Hoy se planteaba el análisis que hizo Lacan sobre el discurso capitalista, como regulador de una estructura social. Ante la pregunta inevitable de cuál podría ser la salida a este modo de organización económica globalizada capitalista, aparecía –casi a modo de koan o respuesta zen- la de un cambio en el deseo: es decir, la de la generalización de un deseo-otro, que viniera a objetar el deseo predominante de hoy (consumo, producción y grandes éxitos) y que nos permitiera salir del callejón sin salida en el que nos encontramos.
Me gustó que C.S. hiciera mención a esa figura tan china a la que hace referencia Lacan siempre, la del Santo (que no coincide con la del religioso occidental, sino más bien con la de Gracián o Mencio) cuyo deseo es peculiar, no canónico y lo distingue del rebaño.
Me alivió también que señalara una realidad de la clínica de ahora, la de mi generación, y un cambio importante respecto al pasado. Antes los sujetos acudían al analista en busca de un saber que los liberase. Ahora en cambio, los desposeídos habitantes de un mundo arrasado por la destrucción y la precariedad, acudimos con la pregunta y el deseo de poder construir algo, una profesión, una familia, un proyecto vital que se desintegra en nuestras manos nada más alcanzamos a tocarlo.

Aunque no soy en absoluto fan de las ediciones de poesía china de Hiperión (¡qué desafortunadas!) ni de su selección del famoso 寒山 , este poema me ha parecido tan adecuado para estos días, que no he podido resistir el traerlo:

Si los que saben me vuelven la espalda,
y yo vuelvo la espalda a los que ignoran,
a quienes no son sabios ni ignorantes
decido no escuchar más desde ahora.

De noche canto al brillo de la luna,
bailo entre nubes cuando el alba raya...
¿o debo mantener la compostura,
con esta pelambrera enmarañada"

de Han Shan, El Maestro del Monte Frío, traducción de Lola Diez Pastor.

Por supuesto no hablo de no escuchar a los demás, sabios e ignorantes en un mismo saco, sino tal vez sólo escuchar aquello que dicen, sabiendo que siempre llega filtrado por una palabra letra, que nunca consigue transmitir el exacto sentido de lo que desea. Sólo escuchar como quien lee poesía. Ante ese fracaso originario, dice María Zambrano (y nunca podré agradecerle lo suficientemente a Bel que me la redescubriese) la poesía no toma conscientemente posición alguna, no se hace problema, sino que se abraza al fracaso, se hunde en él sin pretender resolverlo. No le intereresa actuar, porque su actuar es su (bien) decir… puro Lakhan chino

2.6.09

de lo auténtico

Anne Teresa de Keersmaeker, en su solo Once



Los dioses decidieron darme un respiro y este sábado me condujeron a la sala grande del teatre lliure donde Anne Therese Keersmaeker presentaba un solo, Once, inspirado en canciones de protesta de Joan Baez. Salí de ahí transfigurada y agradecida, aunque me temo que muchos modernos quedaron decepcionados y perplejos ante la elección textual y musical. El espectáculo estaba impecablemente construido, y resultó exquisito. Ella sola, en un escenario desnudo, con dos o tres objetos, y al fondo una lona negra sobre la que se proyectaban las letras de las canciones, que la veterana coreógrafa sabía hacer jouer, en su sentido más amplio, intercalándolas con silencios, con su propia voz y la experiencia del cuerpo. Es curioso que la magia, que no suele ser inmediata ni gratuita, empezara a instalarse para algunos de nosotros, precisamente, a partir de un par de cambios de luces. En vez de hacerse, como es habitual en la danza, de forma imperceptible y sincronizada con los cambios escénicos, música o dramaturgia, ocurrieron deliberadamente fuera de tiempo, devolviéndonos, como en metáfora, una mirada. De repente, como explica Lacan, “aquello que es luz me mira, y gracias a esa luz en el fondo de mi ojo, algo se dibuja”, entro entonces a formar parte del cuadro…. Lacan descubre en la mirada eso que él llama "el privilegio del sujeto", una relación reflexiva en la que, en el momento en que yo percibo me siento observado, y mis representaciones me pertenecen. Entre el ojo y la mirada se abre un abismo: mientras el ojo pertenece a lo biológico y lo objetivo, la mirada se convierte en puro objeto causa y satisfacción parcial de mi deseo, en puro objeto-a.
Ayer, en cambio, fue el documental de Wang Bing 王兵, He Fengming, en el cccb. En prácticamente un único plano de tres horas escuchamos el relato autobiográfico de una anciana, testimonio de los estragos de la Revolución Cultural. El realizador planta su cámara en el salón de su casa y como mucho llega a acercar el mismo plano en cinco o seis ocasiones. Wang Bing renuncia a hacer algo más de su mirada y su ejercicio de contención o de renuncia deviene inquietante, pero potente. La anciana es la que nos mira y sostiene con su deseo el nuestro propio. El arte de escuchar equivale casi al del bien decir, cita Lacan al principio de una clase. Busco entonces en lo chino, Un término antiguo, 诚 cheng, que utiliza Mencio para hablar de lo auténtico. Está compuesto por el radical de palabra 言 y por elemento 成 cheng, que significa realizar, llevar a cabo. La autenticidad no consiste sólo en realizarse uno mismo, en usar las palabras correctas, sino que por ella se realicen las cosas, en conseguir una actuación coherente. Realizarse uno mismo es humanidad, permitir que se realicen las cosas es sabiduría, Mencio dixit.

28.5.09

haz lo que debas

hot springs in japan by imgdive

es el título de una película de Spike Lee que siempre me ha fascinado, incluso tiempo antes de haber visto la película. En realidad me gustaba el título en inglés, pero con el tiempo, la interpelación en segunda persona me ha ido gustando más y más. He decidido dejar mi trabajo. Ya viví una situación parecida hace tres años, una empleada de mi misma empresa, celosa y extremadamente neurotizada, mala, me hacía la vida imposible, mientras los superiores miraban hacia otro lado. Yo no supe reaccionar. Un par de años más tarde de mi partida ella los estafó y se fue a otro sitio, dándome el tiempo la razón. Pero mientras, viví un año atroz en el que aguanté ahí sin saber bien ni cómo ni por qué.
Esta vez me voy antes y de otra manera, teniendo más claro lo que se juega en el inconsciente. Lacan dice que el estatuto del inconsciente, tan frágil para dar cuenta de lo óntico, es sin embargo tremendamente ético. Freud, con su ansias de verdad nos dice “sea como sea hay que ir a por ello”, porque, en algún lugar, ese inconsciente se muestra… En ese mismo texto Lacan recuerda que ese estatuto ético proviene ante todo del encuentro con lo Real, que no se escamotea nunca, y de cuyo encuentro surge el sujeto (del inconsciente). Los antiguos reconocían en las formaciones del inconsciente (como los sueños por ejemplo) la palabra y mensajes de los dioses. Y los dioses para Lacan pertenecen al campo de lo Real, como para los chinos: el cielo del que proviene la escritura, los oráculos, y las leyes, y que hace referencia a lo mismo. Los analistas estudian alemán para poder leer a Freud, pero yo sigo estudiando chino para leer a Lacan! En ese haz lo que debas encuentro hoy condensado el legado ético lacaniano y chino confuciano, “actúo según mi deseo y no transgredo la regla” Para el primero el encuentro o confrontación con lo Real se fue haciendo cada vez más y más importante en el pensamiento y la clínica, para el segundo se encontraba en la base misma reguladora del dao de las cosas. En el mundo de la empresa, sin embargo, el encuentro con lo Real es demasiado subversivo. Y lo que prima es que cada uno alimente su neura, bien lejos de la realidad. Si algún ingenuo como yo se preguntaba por qué las consultas psicoanalíticas siguen tan vacías, les respondo encantada: porque la gente prefiere pasar sus crisis a costa de los demás en las empresas y no tener que responsabilizarse de sus propios problemas. Eso sí, en una especie de investigación de campo que he emprendido, hoy he llamado a la seguridad social para preguntar por un psicólogo a quién poder consultar el escabroso asunto del mobbing, y me han dicho que ese servicio está demasiado colapsado…. Con lo que he preferido volver a lo chino. Jean Lévi hace una descripción terrible del periodo de los Reinos Combatientes, que yo recuperaría para resultar aún más concisa en este tema corporativo: “las conductas ya no se miden por el rasero de la moral sino por el de la eficacia, en que el egoísmo, el cinismo y la ambición son tales que todas las acciones heroicas o virtuosas de las hagiografías antiguas se reinterpretan como ejemplos de amoralidad y la generosidad y magnanimidad son actitudes tan ajenas a la mentalidad de la época que resultan sencillamente inconcebibles. En los sigos IV-III parece imposible que una conducta virtuosa y desinteresada pueda estar dictada por otra cosa que no sea la estupidez” (de Les fonctionnaires divins, esta traducción es de Anne Hélène Suarez) Las empresas son sin duda anti-personas, como las minas…

11.5.09

me he auto-secuestrado

permanent machine, by masaaki miyara

para acabar el dichoso semestre . El viernes apenas pude escaparme al baff a ver el documental Children of God del joven coreano Yi Seung Jun. Me apetecía más ver otras películas, sabía que posiblemente no tendría tiempo de hacerlo todo y sin embargo seguí mis pasos, que me condujeron a aquel relato extraño sobre la vida de unos niños que subsistían gracias a lo que podían robar o recoger en un antiguo crematorio del Nepal, de las ofrendas que los familiares de los difuntos lanzaban sobre el río Bagmati: ropa, monedas y algo de comida. Era impresionante presenciar el cruce entre los vivos, los desahuciados por enfermedad hacinados en diminutos centros médicos, los muertos siendo incinerados y ese entre-dos-mundos de la pobreza extrema, desde el punto de vista de los niños. También impresionaba por lo directo de la mirada. Creo que para un oriental la visión de la muerte no está como para nosotros mediatizada por la culpa y el tabú, no está reprimida de la misma manera, por eso lo que a mi inteligente acompañante, una brillante realizadora de documentales, le parecía una obscenidad y una impostura, constituía para mí los rastros de un camino alternativo, otro lugar desde donde mirar el real de la muerte para el que, según Freud, nos falta inscripción. En otro momento le preguntan a la madre-sin-techo y alcohólica de uno de los niños por qué bebe tanto y ella responde: “eso sólo Dios lo sabe”. Efectivamente, me dije, del goce propio, sólo el Otro sabe. Y la locura, ya lo dice Davoine, adviene cuando no hay Otro a quién llamar, cuando no hay Otro que responda. Ante el reproche de mi amiga sobre el poco cuidado formal yo me acordaba de las palabras enigmáticas de Shitao: En el origen de la vulgaridad se encuentra la estupidez, en el origen de la estupidez se encuentra la ceguera de las tinieblas. Es por lo que el hombre perfecto sólo puede penetrar y comprender, y del hecho que penetre y comprenda hace que transforme y cree. Acoge los fenómenos sin forma, domina las formas sin dejar huellas. Emplea la tinta como si la obra ya estuviera acabada, y maneja el pincel en la no-acción.
Estaré ausente unos días, leyéndoles a ustedes, en todo caso, intermitentemente.

3.5.09

la oruga y las terrazas chinas

zen shrine by masaaki miraya
Desconozco prácticamente todo lo relativo a la vida de las orugas, y aún así a menudo me ocurre sentirme una de ellas. Aunque a trompicones, el mundo avanza deprisa, mientras que la oruga lo hace despacio, casi todo la sobrepasa, en velocidad y alcance, y como en aquel haiku, la brisa de la mañana le sigue erizando los pelos.
Cuando me imagino oruga puedo estar frente a la bahía de san franciso, y la mayoría de las veces soy china. Avanzo. Esta semana duscubrí una pieza nueva de Lucy Orta en su nuevo Dress Code, que me pareció muy oruga... También llegó por fin el Baff y con él ese paréntesis urbano en el que viajar a otros mundos y a otros ritmos, también necesarios. Los chinos cavaban en las montañas para construir terrazas desde donde mirar con mejor perspectiva el mundo. El Baff es esta semana una de esas terrazas.
El sábado vimos un documental sobre rockeros pekineses y la destrucción de la ciudad, y un corto muy bueno japonés. La última película de Naomi Kawase, Nanayo, rodada en Tailandia, donde ella parece estar experimentando otras formas de estar y de perderse, y es que su obra suele girar entorno a la pérdida, en sus diferentes formas. Ayer fue el luminoso retrato de una familia japonesa de la mano de H. Kore-Eda, director de la magistral Nowbody Knows, donde aprecié especialmente las escenas en que el niño no revela nunca al resto de personajes sus verdaderas razones, como queriendo preservar una intimidad que le es necesaria en esos momentos de su vida.
También escuché hace unos días un disco con aires mongoles del rockero chino Cui Jian, que me recuerda a ese otro cantante mongol que tanto me gusta. De hecho, hace años, una noche vimos a Cui Jian entre el público, con una guapa modelo y Christopher Doyle en el mismo garito donde él cantaba. En una de las canciones, el viento del norte, que siempre llega a Pekín desde el desierto en esta época del año, se le aparece en ensoñaciones, amortiguando los temores y la embriaguez. En la que estar cantando es como estar soñando, y pide que no lo despierten hasta que su canción no acabe. Copio aquí la letra en chino para quien pueda leerla, puesto que me he pasado el findesemana corrigiendo traducciones (del francés, no del chino) y con esta no me atrevo. La letra es de Cui Jian, y me encanta, se titula 舞过 38 线.

雪天雪地雪花
它慢慢的不再 刺激
北风吹进我的梦里
我没有醒 也没有恐惧

蓝天 草地 野花
它慢慢的失去了美丽
北风吹起了我的醉意
我不愿醒 也不愿放弃

别问我为什么
别试着叫醒我
等我做完这个梦
等我唱完这首歌

Alguien que me conoce bien dice que idealizo el saber, y yo sé que tiene razón. Pero todos necesitamos nuestros ideales, me digo, y yo más que el saber idealizo la neceisdad de entender. Me angustia sin embargo la acumulación, las personas que no parecen hacer otra cosa que acumular y acumular conocimientos y papeles, estrujados en algún rincón de sus casas y cerebros, y todo lo guardan y todo se suma. Yo como la oruga no creo más que en avanzar y aprender a mirar o escuchar, a entender, que a veces son lo mismo. Unos muñecos que ponían en la tv y que me gustaban mucho, cuando no sabían qué hacer y les asaltaban las dudas, iban a consultar al oráculo, queno era más que una montaña de basura. Eran geniales esas escenas.
Acabé el libro de Davoine, y su folisophie me sigue pareciendo admirable e imprescindible. Ahora he de dejar que todo lo leído se pose, y ponga a caminar a la oruga...

24.4.09

cuando el tiempo se detiene

rainy day by mboogidown
Me ha sorprendido una furia indomable, im-posible de domar precisamente, creo, porque era atrasada, porque pertenecía a otro tiempo, o porque tal vez no era toda-mía, pensaba, pertenecía aún a otros…. Esta vez la dejé venir, sin cerrarle ninguna puerta, y sentándome sobre de ella, pensé en el zen y el butoh, donde el sensei suele plantear preguntas: ¿dónde estabas antes de nacer, ¿dónde estamos cuando el tiempo se detiene? Me pregunto sobre el “fuera del tiempo”, me imagino yo sin mi furia, ahí sentada, sobre un olvido, y hasta me sorprende que no me resulte difícil hacerlo. En otras culturas es más corriente que se desdibujen los límites del yo, experimentando algo de un encuentro con el otro, en el que se transfieren experiencias de manera natural. Parece ser que en su origen la palabra griega therapôn hacía referencia a ese tipo de relación dentro de los relatos homéricos, Davoine habla de los soldados, compañeros de batalla entre los que se teje una complicidad indestructible, de doble ritual, hombre ceremonial según Wittgenstein, donde uno se hace cargo del otro aún cuando uno de ellos ya no está y se siguen encontrando en sueños. Como en aquel poema de Du Fu a Li Bai, siempre exiliado, en que Du Fu se pregunta por su paradero y dice habérsele aparecido en sueños.
No dejen de leer el precioso post de Frikosal en el que el sueño de un bicho, Bombylius, se confunde con el suyo propio, en una relación con esos seres enigmáticos de la naturaleza que el propio doctor reconoce como terapéutica.
Davoine para avanzar en sus investigaciones sobre el tipo de relación transferencial que le interesa, y que yo sólo he encontrado debidamente salvaguardada en el psicoanálisis, evoca al maestro zen que utiliza el kôan paradójico y absurdo para devolver a su interlocutor su propio saber, sus propias palabras, y el teatro nô como paradigma de la comunicación con esas otras dimensiones fuera del tiempo, hechas de pedazos de lo Real. En escena aparece un peregrino, que de camino hacia algún sitio se topa con un personaje modesto que se encuentra trabajando ahí, tipo un jardinero o un sirviente. Le pregunta por el sitio donde se encuentran. No es un lugar cualquiera, sino un sitio marcado por un acontecimiento pasado: una batalla, una catástrofe, una victoria o un naufragio, cuya memoria custodia el jardinero. Cansado del viaje, se echa a dormir un rato y en sueños le aparece un personaje de otro tiempo. Sus rostro está cubierto por una bella máscara de madera, su cuerpo envuelto en un suntuoso kimonos antiguos, ha venido para explicar la epopeya de su familia y el desastre sucedido, cruzándose de ese modo ambas temporalidades. Davoine compara al analista con el peregrino que presta su inconsciente para que sirva de puente entre los dos mundos, el del analizante dentro de la temporalidad compartida, y el de más allá, fuera de todo tiempo, que no deja de acecharle.

13.4.09

de la renuncia y la inutilidad de los príncipes


Quizá una de las cosas que la gente olvida con más facilidad del psicoanálisis, siendo sin embargo esencial, es la renuncia por parte del analista a ocupar el lugar de poder que su saber le otorga sobre el material previamente desplegado por el analizante. Y aunque de saber vaya la cosa, a eso se le añade el deseo. El deseo de analista hace referencia precisamente a una renuncia necesaria, para que el trabajo se haga verdaderamente bajo transferencia y no bajo sugestión, como suele ocurrir en el resto de terapias. El trabajo de Lacan sobre los 4 discursos surge de un intento de sistematización del paso del discurso del amo a otras modalidades que le permiten acabar por definir el del analista. Como decía Wittgenstein sobre la filosofía, “todo lo que la filosofía puede hacer es destruir ídolos, Y eso significa no crear ninguno nuevo” Acaba de salir publicado en español por una interesantísima editorial independiente y combativa de la Rioja, Pepitas de Calabaza, este bonito libro (de la imagen) que recoge polémicas de dos excéntricos chinos del siglo III en torno a la inutilidad de los príncipes amos y los efectos nocivos de la sociedad para la salud!! Seleccionadas y presentadas por Jean Levi, han sido traducidas del chino antiguo y cuidadosamente anotadas por Albert Galvany. He disfrutado mucho leyendo a sorbitos estos días las exposiciones y refutaciones en torno a la vida de los príncipes y letrados, como máximos impostores, acerca de las ideas de los sabios taoistas entorno a la higiene vital, la alimentación y la vida espontánea, y cómo unos y otros citaban los clásicos y los episódicos históricos para defender sus puntos de vista. Como señala Levi en la introducción, la forma de debate en la antigua china resultaba especialmente rica en enseñanzas y promovía la exposición filosófica, para estos éstos se trata de afirmar la posibilidad de una sociedad en la que el poder carezca de poder, también a través de una clase de renuncia y desobediencia. "Al igual que las bandadas de pájaros que pugnan por la subsistencia y se precipitan sobre los cereales y gramíneas diseminados en los jardines y en los estanques públicos, se ven ahora hordas de letrados que, ansiando una posición desahogada encubren sus intenciones para acomodarlas a los usos vigentes. Sostienen en sus manos tablillas de bambú y pinceles con los que esperan obtener una vida de holganza y reposo; volcados en acumular estudios y en dilucidar los textos ortodoxos, confían en eludir así los rigores de labranza del campo. Al hallarse en apuros deciden dedicarse al estudio para, gracias a ello, conquistar un renombre". A mí siempre me gustó aquel trozo del Dao De Jing que retoman a menudo en la discusión los dos sabios irreverentes y que en la obra de Lao Zi, con traducción de Anne Hélène, dice así: cuando el gran curso es abandonado/ aparecen humanidad y justicia/ cuando surgen la inteligencia y el saber/ aparece el gran artificio/ cuando los seis parentescos no son armoniosos/ aparecen piedad filial y amor paternal/ cuando los señoríos se sumen en el desorden/ aparecen los vasallos leales.
Al mismo tiempo en medio de mis investigaciones davoinianas encontraba una cita preciosa de La Boétie, en su Discours de la servitude volontaire, en la que interrogándose por el poder del amo tirano dice algo así “no es más que un hombre, el más cobarde de la nación, es aquél al que si no le dais nada, si no lo obedecéis ni lo combatís, permanece desnudo y derrotado, y deja de ser algo. ¿De dónde saca pues su poder? Del cuerpo del pueblo que se ha convertido el cuerpo mismo del tirano. El que manda sobre vosotros no tiene más que dos ojos, dos manos, un cuerpo. ¿De dónde ha sacado tantos ojos para espiaros, sino de los que vosotros le dais (…). ¿Cómo iba a atreverse a atacaros si vosotros no estuvierais de acuerdo?"
Precisamente esta semana pasada leía un artículo maravilloso de un analista brillante acerca de algunas de estas cuestiones de renuncia a la servitud del amo y el goce, en los que analiza con lucidez los síntomas de la contemporaneidad, sin acudir a banales lugares comunes del discurso terapeútico y dilucidando algunos puntos clave de nuestro lazo social… pero eso será para una próxima vez.

5.4.09

primavera

shadows at the yard, photo by beggs

El mundo es aquello que vemos y sin embargo uno debe aprender a mirarlo* (* Merleau-Ponty)

Llámenme rarita pero una de las cosas que más me gustan de asia, ademá del arte de apilar, es el arte-de-la-maceta, que junto con los patios es una de mis especialidades favoritas de los barrios de hutones en Pekín. Hace unos días descubrí una chica en Tokyo, cuyo nombre en flickr es Tsuyatsuya, con mi misma obsesión.
Dentro de unas semanas empieza el siempre anhelado Baff, y ya es hora de ir preparando cuerpo y espíritu...

repito un poema de Su Dongpo que, no obstante, pertenece al verano, encontrándose de visita en un monasterio taoista

Ciruelas púrpura y calabazas amarillas perfuman el camino del pueblo
mi gorra de paño negro y mi vestido taoísta de cáñamo blanco están frescos

la puerta del templo acaba de cerrarse, la sombra de los pinos ha girado

apoyado sobre mi almohada, el viento en la ventana, me adormezco en ensoñaciones...

29.3.09

de los expulsados

fotograma de Los cerezos en flor, de Doris Dorrie
Me quedé pensando estos días en la realidad doble lenguajera, que por un lado nos permite ser, a través de lo que decimos, y por otra nos desaloja , nos expulsa, nos deja fuera (para Lacan ex-sistir tenía ese significado, ser-fuera) separándonos, por medio de la palabra de lo que nos ocurre en lo real. Manel Ollé ya había hablado de ese mismo sujeto en tránsito, que redescubrí hace unos días en su poema, en aquel artículo tan bonito que ya comenté aquí sobre la poesía china, y que ya entonces me había hecho pensar en el sujeto del inconsciente y en el trabajo bajo transferencia del análisis. El lenguaje no es una jaula, escribe Wittgenstein para poner en entredicho la idea de que nombrar consiste sólo en atribuir una etiqueta a una cosa, e intentar dar cuenta de que a menudo uno nombra únicamente para dirigirse a otro y que éste acoja algo de lo que no ha podido ser dicho o inscrito. Y de eso trata el libro de François Davoine acerca de la transferencia en la psicosis, en el que trabajo con pasión ahora. Ayer vi la última película de Doris Dorrie, Los cerezos en flor, que me gustó mucho. En ella aparece continuamente la dificultad de los personajes para poder expresar y comunicar ciertos sentimientos esenciales que los invaden silenciosamente, como esa Cosa freudiana de la que el sujeto no puede dar cuenta. La irrupción de una catástrofe de lo real, de ciertos acontecimientos como la muerte, el paso del tiempo, y la pérdida del otro, obligan al personaje principal a emprender un viaje y transitar el sentido que el nuevo vacío ha dejado al descubierto, a cielo abierto. Mientras su mujer estaba, su vida conseguía sostenerse en el frágil equilibrio de los no dichos, pero con su muerte él necesita recuperar para sí, en un viaje transferencial, algo de lo que el deseo de ella y su pasión vital expresaba en el ex-sistir de los otros. El viaje lo lleva a Japón en este momento del año en que los cerezos están el flor, símbolo por excelencia de la fugacidad de la existencia, donde el encuentro con una joven bailarina de butoh, que es capaz de acoger y escuchar algo de su demanda, le permite elaborar algo del duelo y de esa transferencia con su mujer. Curiosamente, en la extraña danza butoh con la que soñaba su mujer, la comunicación con los muertos es algo corriente, como lo es para el analista en el trabajo con la locura, y que tiene que ver con ciertos acontecimientos catastróficos (subjetivos) a los que nos toca sobrevivir. La danza butoh nació en Japón después de la segunda guerra mundial, precisamente para poder expresar algo de la catástrofe atómica. Después de descubrirla y bailar durante un año en una compañía, a mi se me hizo muy difícil seguir bailando cualquier otra forma de danza. Aquí también la joven bailarina de la película lo explica poéticamente, en esta danza de las sombras (butoh significa literalmente danza de las tinieblas o sombras) el sujeto y ciertos aspectos de su inconsciente y su regreso en lo real, transitan de una sombra a otra, sin que podamos decir quién es el sujeto de lo uno expresa. Frente a la pregunta de ¿quién está ahí? se hace a veces difícil proferir una respuesta. Davoine recupera el trabajo y expresiones de analistas norte-americanos como H.S.Sullivan para hablar de ese dreadful-not-me o de ciertas emociones uncanny, con las que el analista, el practicante zen o el poeta se enfrentan. Ollé en su poema utiliza una referencia de Gong An 公案 ,“sobre el zafu donde te sientas no hay nadie, bajo el zafu no hay suelo”

15.3.09

del poema y el cuerpo

pintura de Shitao, Quinguai

en la práctica del yoga iyengar, y antes del taichi chuan, aprendí que las posiciones se construyen desde abajo y que el trabajo de preparación de la asana es tan esencial que muchas veces, cuando todas esas instrucciones de preparación se han llevado a cabo de manera correcta, la posición se realiza prácticamente sola, sin esfuerzo, en una especie de liberación natural del gesto que hemos ido creando, primero en nuestra mente, y que aparece luego en el cuerpo, resultando ser otro (el gesto), nuevo, y que nos sorprende. Una precisa alineación corporal (de huesos y grupos musculares) es primordial, y sin ella, la construcción no sólo fracasa sino que resulta a la larga dolorosa y crea lesiones. En mi práctica disfruto de este trabajo de alineamiento que me parece tan necesario como artificioso. Y es que no concibo el cuerpo de esa manera; al revés, se parece más a un tronco vivo, atravesado por la intemperie, las estaciones y sus pulsiones, el tiempo y los accidentes y, por supuesto el lenguaje.

Algo así pensaba estos días al recibir un largo poema de más de 800 versos del poeta y sinólogo Manel Ollé, titulado un galió translúcid. Del desguace de la memoria, d’enlloc (ninguna parte), emerge una irisada galera, inservible y espectral, que atraviesa el poema, y con él nuestra experiencia del lenguaje. A través de su viaje, el lector o ese ser invocado en la segunda persona, -el tú en el que se funda todo yo- tiene acceso a un mundo paralelo de visiones y de nombres, que reconstruye la experiencia más íntima de otra manera. Manel Ollé es para mí un poeta obsesionado por lo Real de la experiencia: lo corporal o pulsional que nos invade en forma de imágenes y de voces. Lo brillante, lo chino, lo psicoanalítico en su poética, para mí, es que a diferencia de otros escritores que aún creen en el acople del nombre a la cosa, él interpone a la mirada un mirall negre (espejo negro) convex sempre a punt d’esquerdar-se. El escritor negocia con la ficción -nos dice- intentando desmentir con la acción de su mano derecha el abismo que separa la palabra con la que nombra, del sentido de las cosas. Pero él la deja hacer (a la mano) y se desentiende de ella como hace el loco. Lo que le interesa es dar cuenta de lo que sólo puede llegar a través de un reflejo, de un enigma, del paso doloroso a través de un cuerpo que a veces es sentido como otro, y no como propio. Tal vez esa sea una de las funciones de la lectura para el poeta, dejar que la vibración de las voces de otros hagan como en aquel famoso verso de Bai Juyi, (Poso la cítara sobre la mesa/ y me quedo quieto, absorto en la emoción contenida: /¿para qué molestarme en tañer más las cuerdas? /vibran por sí solas al soplo de la brisa ), y provoquen la vibración de su cuerpo, único instrumento que ahora sí reconoce, cuando algo de lo otro resuena en lo propio. En la parte trasera de la mente (de unos versos de Wallace Stevens) descubre, posado sobre una palmera, un pájaro de dorado plumaje que canta una canción extranjera a cualquiera de nuestras lenguas, sin sentido humano. Y es que su inagotable sucesión de versos es al tiempo un exquisito ejercicio de inter-textualidad, que se presenta acompañado de una constelación de referencias a otros versos y autores. Parece querer homenajear así a esos otros que le han enseñado, no a escribir porque por supuesto eso no se enseña, sino a leer, a leer lo indecible, lo imposible de representar ( como aprende a leer el analista). I no és que pensis, sino que hi ets de pas. Parece que Zhuangzi le hizo el regalo de ese espejo esencial en su poética que no retiene ninguna imagen, ni siquiera el polvo o el paso del tiempo, sólo resuena sin apropiarse de nada. Algo así le ocurre al loco, incapaz de inscribir en él ciertos acontecimientos que rechazados en lo simbólico, le invaden y retornan desde lo Real. En el teu mirall tot hi ressona.
Adentrándome en su poema pensaba en aquello que había señalado Albert Galvany mientras conversábamos con Bel en un café parisino: que una parte importante de lo más interesante en sinología no proviene en estos momentos de los trabajos de puros expertos en China sino de personas procedentes de otras disciplinas, como son el pensamiento o la poesía, la traducción… Algo parecido pienso que pasa con el psicoanálisis, atravesado por otras disciplinas y escrituras. Y que a muchos profesionales de la clínica actual les pondría trabajar arriba y abajo este luminoso y oscuro poema.
Yo no creo que los escritores sean los amos actuales del conocimiento (se sobreentiende que tampoco lo son los científicos), o en todo caso su conocimiento no sirve para lo que la perversa pseudo-política de hoy los quiere utilizar (subrayo utilizar, hablo de la politización de la cultura y el arte) No creo que sepan más que otros pero sí que muchos de ellos, no todos, a través de su escritura son capaces de re-actualizar el saber y desvelar como no logran hacerlo otros, ni científicos ni filósofos, ni psiquiatras ni genetistas ni politólogos....
La galera avanza lentamente, mientras tú desciendes los peldaños del poema, y te ves a ti mismo sentado sobre una estera, con las piernas cruzadas, y la mirada perdida en la pared blanca. Gaviotas y grullas inmóviles y abstractas. El poema avanza a pesar tuyo, como esa experiencia in-descifrable de la existencia (marcada en el cuerpo) de la que el poeta quiere dar cuenta, ahora sentado en el vagón de un tren de carga, de regreso a casa. Como a Zhuangzi a Ollé no parece interesarle apearse de ese lugar extraño del cuerpo que es doble: por un lado nos acoge, y por otro nos expulsa. Yo le agradezco, conmovida, su generosidad al compartirlo.

4.3.09

inteligencia somática


pintura de Shitao

Leo el precioso ensayo Propos intempestifs sur le Tchouang-Tseu de Jean Lévi, en búsqueda de alguna pista sobre esa inteligencia somática (la inteligencia del cuerpo, la intuición, el inconsciente) que parece desplegarse en el Zhuangzi, siguiendo los pasos de aquéllos que van abriendo el camino.
Encuentro esta cita preciosa de Bergson: "Hay cosas que sólo la inteligencia es capaz de buscar, pero que no podría encontrar por sí misma. Se trata de cosas que sólo el instinto puede encontrar, pero que por sí solo no buscaría jamás."

Nos fuimos a París, y regresamos contentas. Ordeno estos días unas cuantas ideas, ojalá esa otra inteligencia no me falte para poder ir viendo cómo avanzar.