24.2.09

(mis primeras) experiencias clínicas

spring by Hsuperb0i
Cuando a principios del siglo XVIII el célebre pintor Shitao escribió su Tratado de Pintura del Monje Calabaza Amarga se vio obligado a referirse a la escritura y caligrafía, y su tratado acabó dando como resultado un texto mucho más filosófico que artístico o técnico. A mí me ha pasado algo parecido, aunque inverso, y en ese intento de avanzar en mi entendimiento del sujeto del inconsciente, la locura y de algunos de los gestos teóricos de Lacan, me he encontrado, a partir de cuestiones más bien clínicas, preguntándome por la relación del ser hablante con la letra. El lugar que ocupa en China la relación con la escritura sigue sirviéndome para pensar. Hace unas semanas leí el artículo de un amigo analista chino, Yan Helai 严和来 , que reside desde hace un tiempo en París, mientras realiza su doctorado. En él Helai retoma dos caracteres chinos, yi 義 e yi 儀 para reflexionar acerca de dos conceptos freudianos que nos sirven para explicar desde el psicoanálisis la construcción y las identificaciones del yo. Es muy interesante porque el carácter que en chino designa desde la antigüedad el bien, la rectitud, el sentido o significado, las relaciones humanas, así como el tener un porte digno e imponente, está compuesto por el carácter del yo 我 + 羊 el de belleza, bondad, o benéfico, significando algo como el yo que es bello o benéfico, o lo bueno que hay en mí…. Más tarde surgió otra palabra a la que se le añadía el radical de persona, 人ren, . Este nuevo yi 儀 que empezó designando lo mismo que el primero, pero acabó guardando únicamente el segundo sentido (el yo que tiene un porte digno) y con el tiempo acabó designando no sólo la apariencia digna sino también la regla, el rito o ceremonia, el instrumento. Desde la teoría freudiana, el yi 義 vendría a designar los ideales éticos, morales y abstractos (Idela del yo), y el yi 儀 se correspondería con el Yo ideal, que apunta a la imagen (que nos formamos), ambos necesarios el la constitución del yo, diferenciados en la escritura china únicamente por la función del cuerpo, lugar de lo real y de las pulsiones, y de las identificaciones imaginarias con el otro.
Mercè Altimir publicó hace unos días un artículo acerca de la función de la palabra en la experiencia analítica. Aunque también es muy teórico, me ha gustado mucho. Como ella dice, el sujeto que participa en la experiencia analítica no es el ser de la naturaleza, ni nuestro ser biológico, no se corresponde con la persona, no tiene que ver con el ser, no es algo dado de entrada con lo que nacemos, sino algo que se construye, con memoria simbólica e historia. Su lugar es el lenguaje, y sólo ahí lo podremos encontrar. El cuerpo aquí es un cuerpo atravesado y marcado por el lenguaje, un lienzo en blanco sobre el cual se inscribe el síntoma y desde donde se articulan las pulsiones. La función del analista, dice, consiste en ser el motor de un proceso de reescritura… partimos de los restos textuales del naufragio de un libro y trabajamos en pro de su restauración. Sin embargo, al final, el libro claro, aún siendo necesario resulta no tener el valor que le suponíamos, pues aquello que verdaderamente importa es la transformación de la posición del sujeto que la reescritura actual del análisis ha operado. Y más tarde; la función primera de la palabra no es la representación [de las cosas], es materia prima en sí misma. Shitao en su tratado dedica un capítulo a la relación de la pintura y la caligrafía-poesía. Mientras en la pintura la técnica gira ante todo alrededor del vacío 虚, -esas playas blancas dejadas a la imaginación- en palabras del traductor del tratado Pierre Ryckmans, en la escritura o poesía el concepto clave es el de shi 實, que designa la realidad pero también la densidad, en oposición al vacío. La letra está vacía, o al menos el objeto representado ha sido tachado o desdibujado por el trazo, por eso la función del poeta (sujeto) es la de re-actualizar su función y otorgarle un significado, como sucede en el análisis y para Lacan, con la letter o carta robada del cuento de E.A. Poe, que cumple con su función, aunque su contenido permanezca desconocido. En mis primeras experiencias clínicas me encuentro con sujetos invadidos por esa letra, cuyo sentido a veces cuanto más real más enigmático resulta. A veces parece que nada pueda tener sentido. Yo sin embargo intento pensar en la carta robada, con la que hemos de hacer sin saber de entrada su contenido. El análisis nos enseña que no se ha de ser un loco para experimentar algo de ese Otro sitio, otro escenario desde donde nos llegan mensajes que nos sorprenden.

16.2.09

lo difícil es detenerse


Tintin, regalo de Martina
Su Dongpo decía que algunos libros no deberían darse por acabados hasta haberlos leído varias veces, ya que en cada lectura uno puede centrarse y descubrir diferentes aspectos esenciales. A mi me pasa con algunos libros y también con ciertos autores, como es J. F.Billeter. Retomo estos días su maravilloso ensayo, Cuatro lecturas sobre Zhuangzi publicado por Siruela en esa colección de libros pequeñitos y traducido por Anne Hélène Suarez. Creo que hay algo de lo que leí hace tiempo que hace eco con mis preguntas de ahora. Su lectura fue una revelación cuando trabajaba en un espectáculo extraño de creación propia, La felicidad no ha hecho feliz a nadie, con música de Bach. Hacia el final del ensayo Billeter proponía una lectura de Zhuangzi polifónica, semejante a la de la escucha de Bach, cuya complejidad no está en los elementos sino que resulta de su combinación. Billeter acude a esta misma idea de re-lectura para elaborar algo nuevo y subversivo en su trabajo de sinólogo y sobretodo de pensador: y es que más allá de su interpretación y exégesis de la obra del enigmático e interesante autor que fue Zhuangzi, Billeter lo que hace es mostrarnos otra manera de leer, no sólo un texto, sino también la realidad. Al inicio del libro presenta en varios puntos su método: cuando abordo un texto no me pregunto qué ideas desarrolla el autor sino de qué experiencia particular o de qué aspecto de la experiencia común está hablando. Para él un filósofo es un hombre que piensa por sí mismo, y que toma como objeto de su pensamiento la experiencia que tiene de sí mismo, de los demás y del mundo, que se informa de lo que piensan o pensaron otros antes que él, que es consciente de las trampas del lenguaje y por lo tanto lo utiliza de un modo crítico. Ahora bien, el lector puede asimismo unirse a él, haciendo uso de su experiencia por su cuenta. Para el segundo punto de su método Billeter se refiere a Wittgenstein: la dificultad, el mérito del pensador no estriba en encontrar la solución sino en reconocer la solución en lo que parece ser sólo la premisa. La dificultad se debe, según el filósofo, a que esperamos equivocadamente una explicación cuando es la descripción la que constituye la respuesta. Eso es lo difícil, detenerse. Insiste en eso en numerosas ocasiones a lo largo de su obra: hay que saber detenerse en la descripción. En el psicoanálisis ocurre algo muy parecido. A menudo volvemos una y otra vez sobre lo mismo, sobre lo dicho y evocado un millón de veces, y parece que nada nuevo, que ninguna respuesta pueda surgir nunca de ahí, cuando es en el seno de la descripción donde reside la clave que acaba descifrando el engima. El psicoanálisis apuesta por ese saber subjetivo y en eso también es subversivo.
Hay otras conexiones lakhanianas, quizá por eso Billeter pueda concluir en las últimas páginas que del Zhuangzi emerge un paradigma, nuevo para nosotros, del sujeto y la subjetividad. Si la representación del sujeto que ha dominado nuestras tradiciones religiosas y filosóficas, así como nuestras concepciones psicológicas, es la de una instancia autónoma y activa, pero cuya actividad puede convertirse en pasiva, de ahí la idea de las pasiones, en Zhuangzi lo que llamamos sujeto o subjetividad aparece como un ir y venir entre el vacío y las cosas. Ese vacío nos ofrece la posibilidad de redefinir y cambiar, de dar significado a nuestro mundo a través de lo que hagamos con él.
Mientras pensaba en todo esto leí el interesante y bonito post de hace unos días de elPasaelTiempo acerca de un texto de Derrida, Dar (el) Tiempo, donde aparece la idea de que el tiempo no es nada en sí, es un vacío (por lo que no se puede dar, tomar, poseer) y que de ser algo sería, metonímicamente, las cosas con las que lo llenamos. Durante años he pensado que mis trabajos fiduiciarios me tomaban todo el tiempo, como hace el rey con Madame Maintenon en su trampa neurótica, despojándome de todo lo mío. El análisis, en su trabajo des-identificatorio, permite detener el reloj tirano y neurótico, dejar de ver la realidad como un todo y aprender a transitar ese vacío que nos permite, en último lugar, darle un sentido a nuestro tiempo.

11.2.09

de la muerte


travelling toyama by Isado
A las semanas de paréntesis le han sucedido unos días de cierto desbordamiento. Algunas de las palabras de ese Wittgenstein privado seguían esperándome en una libreta, y mientras me había quedado pensando en algo que dijo Manuel Delgado, en la efervescente e interesante presentación del libro de Bel la semana pasada, en torno a las guerras: y es que por mucho que a veces nos cueste reconocerlo, lo cierto es que sucede que la gente se mata, se matan unos a otros y a sí mismos, ha sido y es incluso hoy, una forma de vínculo social, de relacionarse con el otro. Por primera vez Delgado me pareció muy freudiano. El Wittgenistein ficticio de mi libro, siguiendo su discurso sobre la locura, decía que muchas veces para expresar la muerte omnipresente no queda otra cosa que mostrarla (como se muestra algo que no se consigue decir, que no se puede siquiera imaginar pero que ha sido, sin embargo, registrado por el sujeto) con la esperanza de liberarse de ella. Un analista pregunta con asombro -¿Es que usted busca liberar a sus pacientes?, - Sí, de algo que está fuera del discurso, que se materializa por el bies del analista y que en un segundo tiempo puede enunciarse, ser olvidado, finalmente reprimido… Efectivamente, en Freud, para que haya vida, para que el sujeto apueste por ella es necesario un cierto desconocimiento, una falta de saber sobre su propia muerte. Mientras al neurótico de a pie le falta ese saber, aparece en ocasiones en el discurso del psicótico el encuentro de bruces con ella. Ayer por la noche leía entusiasmada un precioso artículo de Anne Hélène Suarez publicado el año pasado por la revista del Colegio de Méjico acerca de los poemas ante la muerte en la China antigua; como ocurre en otras culturas, existe en China la tradición de la escritura de epitafios y últimas palabras antes de morir y, como señala AH, debido a su tradición poética, estos escritos adoptaron en seguida y a menudo la forma versificada. Uno de ellos fue escrito por un príncipe de la dinastía Han, Liu Dan, que al ser descubierto en una conspiración, fue condenado al suicidio. Todas son traducciones de de Anne-Hélène,

Regreso a la ciudad vacía
ni un perro que ladre, ni un gallo que cante

Desiertas se extienden las avenidas

Y sé que en la capital no hay persona alguna


Además de la interpretación más literal en la que la capital quedaría desierta a causa y después de su muerte, existe otra posible que identificaría la “ciudad vacía” con el reino de las tinieblas al que el ser humano regresa al morir, -en la tradición china la muerte es a menudo concebida como un retorno al origen. Pensaba en la imagen de soledad absoluta y sideral y me pareció que daba cuenta no sólo de la muerte sino de alguno de esos estados subjetivos vitales al que uno no debería dejar de intentar ponerle palabras para domesticarlos.
Anne Hélène en su artículo hace un pequeño recorrido por distintos periodos y corrientes filosóficas. De entre los poemas de tradición chan 禅 (zen) hay uno que me ha gustado especialmente, pertenece a un maestro muerto en el 1149, Cai Zhen ,

Nada es superfluo en la vida,
Ni falta nada en la muerte

Acompañemos al tiempo
Será una nueva fuente de deleite


Me recordaba además a uno de los aforimos que ya cité aquí del libro de Gonzalo Suarez, preparado por ella y el librero de la calle Berlinés, Salvador Foraster: el tiempo ni anda ni corre, nos espera sentados.
También me pareció altamente sugestivo la evocación del mundo de los inmortales 仙 (el carácter de inmortal está comppuesto por el radical de persona y el caracter de montaña) y de aquellos maestros y poetas que se retiraban a morir en las montañas.

No digáis, gente del mundo, que el camino es difícil
Con sendas para pájaros, recodos como tripas

Cuidaos, aguas de la orilla del Torrente del Ramio,

Volved vosotras al mar, que yo vuelvo a la montaña

(del maestro Qing Huo, del s.X)


30.1.09

la inteligencia emancipada

monje en Taiwan, by Sabine Weiss
"la música es un mensaje sin palabras, un lenguaje sin semántica, que se encuentra fuera del registro de la verdad"(entendiendo por verdad la adecuación de un discurso a la realidad) -escuchaba esto hace unos días en un programa sobre filosofía y música presentado por Rafael Enthoven en arte. El "fuera del registro de la verdad" me llevó inmediatamente al libro de Davoine al que anhelo poder dedicarme unos días, en esta época aún llena de paréntesis. Esta semana, en cambio, y a raíz de una mesa que intento organizar sobre psicoanálisis y teatro contemporáneo para el Espai Freud, he leído con verdadero entusiasmo el libro de Jacques Rancière, El espectador Emancipado, publicado en una pequeña editorial francesa combativa que me gusta mucho, la fabrique. A partir de un libro suyo escrito a finales de los ochenta titulado El maestro ignorante, se le pidió a Rancière que reflexionara en torno a la figura del espectador y el público en el arte y teatro contemporáneos. Aquel libro anterior recogía la historia de un personaje que existió en el s XIX en Francia, un excéntrico y revolucionario filósofo y pedagogo llamado Joseph Jacotot, que afirmaba que un ignorante podía enseñar a otro ignorante algo que él desconocía. Predicaba que quien enseña sin emancipar, embrutece, prescribía a los maestros "explicadores" que no hacían sino provocar sometimiento y oponía lo que él denomina emancipación intelectual a la intrucción del pueblo, la razón de iguales a la sociedad del menosprecio. El saber no es un conjunto de conocimientos, es una posición. Y el maestro ignorante no lo es porque no sepa nada, sino porque ha abdicado de ese saber de la ignorancia. No enseña sus conocimientos a sus alumnos sino que los guía, les pide que se aventuren en el bosque de cosas y signos, que digan lo que han visto y lo que piensan de lo que han visto. Lo que ingora es la desigualdad de las inteligencias. Rancière rescata el personaje y su historia para cuestionar una buena parte de las críticas que se le hacen al espectador de hoy, y de paso hace tambalear algunos supuestos sobre las artes escénicas que datan de los griegos. Discute para empezar esa idea de que el espectador es un ser al que el drama y los actores van a abrirle los ojos. También cuestiona el que mirar equivalga a pasividad, la mediación formal a simulacro; pone en duda la oposición entre colectivo e individual. El arte actual no utiliza la escena para imponer o hacer pasar un mensaje, tampoco reside ahí la eficacia del arte teatral. Lo que nos ofrece es la posibilidad de una separación, de una disensión, de una distancia que neutralice y que deje en suspensión toda relación determinable entre causa y efecto, entre la producción de formas de arte y la producción de un efecto determinado sobre un público determinado. Existiría pues una disyunción en la que el sujeto quedaría libre, disponiendo de un espacio fuera del juego jerárquico en los régimenes de percepción. Uno siente no sólo lo que quiere, sino como quiere. "Cuando seres destinados a permanecer en el espacio invisible del trabajo que no deja tiempo para hacer otra cosa, toman ese tiempo que no tienen para afirmarse copartícipes de un mundo común, para hacer ver lo que no era visible, o escuchar como palabra discursiva sobre lo común lo que era escuchado como mero ruido de cuerpos.(...) Si la experiencia estética concierne a la política es porque se define como experiencia de disensión, opuesta a la adaptación mimética o ética de las producciones artísticas con fines sociales. " El libro acaba analizando principalmente obra de artistas conceptuales y plásticos y como ven mantiene un tono esencialmente filosófico, y a mi me ha resonado mucho lo psicoanalítico y me ha parecido ideal para el diálogo. También me ha permitido seguir pensando el lugar de esa disidencia china, que hasta ahora nunca me había interesado demasiado, y a la que gracias a la lectura de algunos textos de Liu Xiaobo encuentro un nuevo sentido. Aun así no sé cómo encontrar más artículos y libros suyos, aunque sean en chino. También muy interesante esa idea de Ian Buruma de que el auge económico parece ser la única fuente de legitimidad que le queda al Estado unipartidista chino, y que en estos momentos de inestabilidad económica mundial debería hacernos pensar en otras alternativas.

25.1.09

恭祝牛年快乐!

photo by Samurai Shiatsu

¡FELIZ AÑO DEL BUEY !
happy new year of the ox!

新牛年快乐!



19.1.09

paréntesis (en torno a la paz)

reading by Sekihan
En las últimas semanas, en una lista de correo psi de orientación psicoanalítica a la que pertenezco, he asistido con bochorno a una serie de mensajes cruzados en torno a los ataques israelíes en la banda de Gaza, donde gente cuya profesión se basa en el uso de la palabra justificaba la guerra y el uso de la violencia como única vía para la resolución de este conflicto, y calificaba de antisemita y partidario del islamismo radical y violento de Hamas a todo aquel que se atreviera a criticarlo. Ha sido un verdadera conmoción darme cuenta de que personas que han intentado apostar vitalmente por el pensamiento, la palabra, la razón y el reconocimiento de la alteridad para tratar de amortiguar algo de nuestro malestar y sufrimiento humanos, defendieran de esa manera el uso de las armas, el odio y la guerra, que como todo el mundo sabe, no hacen más que generar y acrecentar el odio y la violencia. Para ello, además, era absolutamente necesario borrar de la mente todo el cúmulo de ilegalidades y abusos prepotentes cometidos por el gobierno israelí desde hace más de cuarenta años, así como la situación insostenible en la que la población palestina agoniza sin esperanza, asfixiada y asediada por el muro, el embargo, y el integrismo religioso del que ella también es víctima. Juan Goytisolo, en el artículo publicado en el País hace unos días, citado por Bel, da, a mi modo de ver, en el blanco: nuestro rechazo o incapacidad, voluntaria o inducida, a reconocer el daño que infligimos a los demás es producto de nuestros propios traumas, de nuestros propios miedos y limitaciones para aceptar al otro, de la misma falta de ética y de valentía con la que vivimos nuestras propias vidas. Creo que la indiferencia y la distancia con la que algunos viven los conflictos que nos afectan desde hace años globalmente, está directamente relacionada con lo anestesiados y lo adormecidos que viven, intelectual y emocionalmente. En su pequeño mundo sin horizonte, de sueldo-hipoteca-seguro del coche-y-billete-para-escapar- a-la-letal-rutina-por-vacaciones, sólo llegan las noticias de Gaza distorsionadas, rebajadas, aplanadas, vaciadas. Israel no ganará esta guerra, la única que saldrá fortalecida y victoriosa será la propia guerra, el odio, la violencia y el integrismo, potenciado en ambos lados. Goytisolo cita a un profesor palestino laico al que entrevistó hace unos año: “mire a los jóvenes de los campos. Viven apretujados, sin trabajo, distracciones, posibilidades de emigrar ni de fundar una familia. Poco a poco se sienten morir en vida y su corazón se transforma en bomba. Y un día, sin avisar a nadie, correrán con un arma cualquiera a una operación terrorista suicida. No les importa morir porque se sienten ya muertos” Yo me he acordado de aquella Antígona entre-dos-muertes, que nunca me gustó, aunque le sirviera a Lacan para mostrar el alcance de la ética en el psicoanálisis. Falto de verdad y de amo, el sujeto al que él apela sólo puede sostener su palabra y su acto en la verdad de su deseo, por lo que es absolutamente responsable de ellos.

7.1.09

si un árbol cae (en torno a la guerra)

mezquita en Xian, photo by nhagen123
Estos días he leído un libro magnífico, Si un árbol cae, conversaciones en torno a la guerra de los Balcanes, de Isabel Nuñez. No sólo he disfrutado con la estimulante y sugestiva lectura, sino que he aprendido mucho sobre nuestra historia más reciente y una realidad y riqueza europea, bastante desconocidas hasta ahora para mí. Además me ha permitido pensar otras guerras, otros conflictos, pasados y presentes y cernir algo de la complejidad de la China contemporánea, de sus retos y sus interesantes matices. Efectivamente los Balcanes constituyen, en muchos aspectos sociales, culturales y políticos, ese punto de encuentro entre oriente y occidente y en las reflexiones alrededor del desmembramiento del antiguo sistema comunista he encontrado muchas de las claves que a menudo se descuidan al pensar la China salvajemente capitalista de hoy en día. El libro recoge numerosas entrevistas a escritores bosnios, croatas, serbios y kosovares, desperdigados por diversos países, y con posiciones muy distintas. Debaten, discuten y opinan sobre lo ocurrido, lo vivido, lo escrito, también sobre su visión del presente y de un futuro posible, aunque incierto. Para mí uno de los logros del libro consiste en que la verdad de cada uno de ellos evite ser excluyente y se mantenga en simple palabra comunicada. Esta cierta verdad, que se muestra y deviene entonces casi necesaria, no se impone desde ninguno de los bandos o puntos de vista, sino que se construye a lo largo de las conversaciones cruzadas y el pensamiento que provocan al lector, donde unos se responden a otros y dialogan a través de ese testigo atento, respetuoso e informado que es la autora del libro. Y es que otro de los logros reside, sin duda, en el cuidado, el rigor, la tenacidad y el deseo imperioso que mueven a ésta para comprender y dar voz a esos múltiples otros. El libro está impecablemente construido, y aunque se nota que es fruto del trabajo de lectura e investigación de varios años, su lectura se hace fluida, comprensible para todos, con cierto encanto de los libros de viajes, lleno de historias, donde se mezcla el mejor periodismo con la crítica literaria y puro pensamiento contemporáneo.
Volviendo a lo chino, me ha resultado especialmente útil para pensar dos cosas, muy relacionadas con las principales noticias que vienen de China estos días (Por un lado el manifiesto o Carta 08, presentada y firmada por más de 300 intelectuales, abogados.. chinos, que le ha costado el arresto domiciliario y tal vez en prisión a uno de sus impulsores, Liu Xiaobo, y por otro el rebrote nacionalista violento que amenaza desde hace ya tiempo la sociedad china pero puesto entredicho estas semanas a partir de la publicación de un vídeo escolar sobrecogedor). Una es la responsabilidad y el papel de los intelectuales en los sistemas comunistas que raramente son independientes. Hasta hace muy poco era el estado el que les permitía publicar y les daba un trabajo (las famosas danwei). También por eso, la importancia de la disidencia. La otra es cómo el discurso monocódigo del comunismo (en palabras del escritor Igor Marojevic) propicia tan fácilmente el paso al discurso también monocódigo del nacionalismo.
Recuperando un estupendo artículo de Jean Philippe Béja he leído al lúcido Liu Xiaobo ( La política democrática es una política sin enemigos y sin odio, una política de consultas, discusiones, decisiones tomadas a través del voto, fundada en el respeto mutuo y la tolerancia. …. Los chinos deberían entender que en democracia uno es ante todo un ciudadano, y sólo luego un estudiante, un profesor, un obrero y un soldado –aunque Liu Xiaobo había empezado una huelga de hambre el día antes de la intervención militar china en el 89, luego fue capaz de criticar el espíritu antidemocrático de los estudiantes, convirtiéndose luego en un aférrimo defensor de la acción y presión de la sociedad ) sus palabras resonaban en mi en estos días de barbarie israelí. Por favor, no dejen de leer tampoco el estupendo y necesario artículo del antiguo corresponsal en China de la Vanguardia que ahora está en Berlín, Rafael Poch, La loca carrera de Israel. Yo espero seguir con ese tema chino de la disidencia en el próximo post. Gracias a Bel por todo lo inspirador! el libro ya está a la venta en algunas librerías!

3.1.09

del error de buscarse dentro

unaji by Colodio

El “es” está fuera, no dentro. Dentro es falso. Quien mira adentro con el fin de encontrarse hallará el hueco. Engaños de los falsos místicos, los repetidores de fórmulas. Estamos donde nos proyectamos. Fuera. El error fue establecerse dentro.
O tal vez no fuese un error. Vine aquí con mi hueco. Vine montada en mi ausencia.


He seguido con los Diarios Indios de Chantal Maillard, a los que pertenece este fragmento, y que me gustan a ratos. Como para el psicoanalista, para Maillard el yo es una ilusión. Para encontrar algo de nosotros mismos hemos de buscarlo fuera. Los analistas utilizan la palabra, el lenguaje, la lectura de una escritura propia y algunos actos que comunican. En su viaje indio la escritora cree reconocer algo del ser en los gestos, las repeticiones y los pliegues. Una manera de plegarse, a eso lo llama persona. Pliegues que no pliegan ningún yo, sólo pliegan, como en el arte de envolver japonés, o el arte del kimono... Mis investigaciones sino-japoneso-lakhanianas me han llevado de regreso a ese libro extraño de Françoise Davoine con el que emprendí mi viaje. Ahí releo lo siguiente: Los hombres sufren y son heridos por lo que los ata unos a otros. La salida a este sufrimiento reside en este mismo lazo. Es muy simple. Basta hablar de lo que no se puede decir. El psicoanálisis sirve para eso. Este libro no habla tanto de la locura como de una manera o necesidad de comunicar lo incomunicable, y que reside en todos, no sólo en el loco. No se tiene que ser un loco para estar familiarizado con la locura, ni con el dolor de la imposibilidad de decir algo, con el sufrimiento indecible, con las fallas del lenguaje. La autora lo dice nada más empezar: no se trata de la locura o la psicosis, sino de la transferencia psicótica que designa un lazo con el analista, y no un diagnóstico. Ahí está precisamente lo que desvela el psicoanálisis: lo que buscamos no está en el ser y en sus falsas consistencias genéticas o identitarias, sino en los lazos, en los discursos y sus encrucijadas. El hombre que grita de dolor o que nos dice que sufre no elije la boca con la que lo dice. El concepto de transferencia apunta en esa eso: un saber necesario sobre nosotros mismos que sólo nos es revelado a través del otro. El analista ofrece no sólo su silencio y voz sino también su cuerpo para que operemos el desplazamiento y descubramos algo que lo que nos concierne en el otro. Pero también en la vida fuera del análisis ocurre constantemente. Vuelvo al libro de Davoine: hablar de lo que no se puede decir. En psicoanálisis una parte de eso que no se puede decir recibe el nombre de Real. Lo real es aquello que por mucho que experimentemos no llegamos a poder adiestrar poniéndole un nombre, una palabra, lo que se escapa a la simbolización (la experiencia de la muerte, de algunas pérdidas, algunos goces…) Muchos pensaron que Lacan era un pedante y un barroco con su distinción entre Real/Imaginario/Simbólico, otros en cambio reconocemos ahí su genio para la clínica. Lo dijo frente a todo un auditorio en Baltimore, pensaba que ser psicótico le permitiría ser mejor analista. El loco, invadido constantemente por lo Real, entiende mejor que muchos analistas la función de la letra, por eso en el libro el loco es el propio Wittgenstein: - Ustedes permanentemente dudan de lo que decimos. Ustedes creen que creemos en eso. Pero al loco le importa un comino (le fou, il s’en fout) sólo una cosa le importa: decir, testimoniar. El testimonio del loco no es su esencia, sino un envoltorio que envuelve un vacío (de sentido). Como Maillard, se presenta con su hueco, montado sobre una ausencia. El error es establecer la locura dentro, cuando sólo es posible cernir algo de ella allá fuera.

28.12.08

stop!

photo by phototwp

una imagen cuando me faltan las palabras que sólo parecen repetirse

26.12.08

con tiempo


patterns, originally uploaded by phitar.

El tiempo ni anda ni corre. Nos espera sentados.
Este aforismo pertenece al libro que he terminado de saborear estos días, El Secreto del Cristal, Aforismos y Desafueros de Gonzalo Suarez, editado y preparado por el librero de la calle berlinés, Salvador Foraster, y Anne-Hélène Suarez (que ya conocerán los lectores porque siempre cito como traductora de referencia de poetas chinos, y gran inspiración en este largo camino de la sinología). Aprovecho estos días para hacer una pausa, una parada, y sentarme yo misma frente al tiempo, mirándolo a la cara, y viéndome en su reflejo. El humor de Gonzalo Suarez, su fugacidad poética e inteligente a sorbitos me ha ayudado en este ejercicio de desnudamiento. -Cordura viene de cuerda, y cuerda de atadura-. Salvador titula su epílogo con una frase de W. Benjamin, Relampagueo en un instante de peligro. Hay algo de peligro en el espacio en blanco que envuelve al aforismo, en el silencio alrededor de él, en el exceso de tiempo y de lugar.
Me permite seguir pensando en el desierto de hace unos días, que se había quedado en mí, habitándome de otra manera. Al mismo tiempo y gracias a Iluminaciones leo fragmentos de los Diarios Indios de Chantal Maillard. El desierto no tiene sombras, por lo cual no puede medirse el tiempo ni la distancia de las estrellas a no ser que el propio cuerpo haga oficio de gnomon. Uno es su propio tiempo. Alrededor, el tiempo no existe. A veces uno sin saberlo se encuentra en el desierto, otras veces es el desierto mismo. Hace que uno de mis preferidos sea su diario de Jaisalmer, ciudad india del Radjastán, en el desierto del Thar. Es difícil llegar a uno mismo. Si ser es salir a la luz, Maillard quiere hablarnos aquí del abismo, del desnacer, del regreso a la oscuridad. Invertir el impulso de existencia, cerrar los ojos del cuerpo, desatender las múltiples llamadas que enamoran. En el otro lado está la luz, y la voluntad. La voluntad es la que nombra, nombrar es arder en el deseo infinito de ser propiamente. Pero la compasión aún me impide la objetividad. La transparencia del cristal no admite que se conviva en el padecer ajeno. Por esa compasión tan importante en oriente, despojada de la caridad y la condescendencia, ella dice en una entrevista que no concibe una filosofía que hable continuamente en tercera persona. Me ha hecho pensar en Bel y en su literaruta en primera persona. El pensamiento debe recuperar a la persona concreta. Mi amigo Philippe , autor de la imagen de este post, ha estado unas semanas en India, me escribió una carta de las de antes diciéndome que me encontraba por todas partes, Il y a de toi partout ici. Plus encore qu’en Chine. La douceur? La couleur? En su flickr hay unas fotos maravillosas. Philippe recorre el mundo fotografiándolo casi todo, interrogándolo a través de su mirada, encontrándose en los reflejos que le devuelve la lente. Me he acordado de algo que la psicoanalista Françoise Davoine pone en boca de Wittgenstein en su libro La locura Wittgenstein: A veces no hay lenguaje para decirse algo a sí mismo, y sólo se encuentran las palabras a través de algún otro, por la vía de una respuesta. Pueder ser incluso que algún otro sueñe su miedo en lugar suyo…

21.12.08

(des)occidentada

photo by Hatoya
Así como quien no quiere la cosa, he estado unos días en Dubai. Es una ciudad artificial, donde a excepción de un par de barrios de callejuelas sin demasiado interés ni historia, no se camina por la calle sino que se recorre en coche, lo que para mi es un horror. Quien piense que Pekín es una ciudad atravesada por autopistas se equivoca. Que vaya a Dubai. Trabajé, recorrí hoteles y centros comerciales y aluciné bastante. Encontré, sin embargo, varias cosas que me gustaron. Una de ellas sigue siendo la llamada al rezo, también presente en el resto de países árabes. Siempre me parece que esa voz, que es un canto, viene de otro lugar, con otra consistencia más poética e interior. Como ocurre en las películas o en los musicales cuando los pensamientos más íntimos de los personajes se hacen audibles, las voces que ellos escuchan pero los otros no, desde otra dimensión en la que el tiempo objetivo se detiene. Como si esas rupturas temporales pudieran hacer más vivible el resto del día. También me gustó el rastro,- únicamente visible aún por lo real de la geografía y algún detalle folklórico-, de esos pueblos del desierto, beduinos y nómadas, anteriores al descubrimiento del oro negro. Pescadores, recolectores de perlas, comerciantes y artesanos, criadores de halcones y músicos. Civilizaciones creadas con la conciencia de que cualquier cosa que construyeran podía quedar enterrada bajo la arena y desaparecer con el paso de los años. No es de extrañar entonces la espiritualidad latente, ¿qué otra cosa puede hacer uno cuando sólo cuenta consigo mismo, sino mirar al cielo estrellado que cubre mar y desierto? La otra cosa que me gustó fue la cortesía, que además de oriental, tal y como comprobé también sabe ser árabe, como la hospitalidad. Curiosamente me había llevado en la maleta algunos textos lakhaniano-japoneses, recogidos en aquel número del Campo Freudiano Lacan y la Cosa Japonesa que me pasó Mercè. Discusiones y ponencias que hacían referencia a dos textos de Lacan principalmente: Aviso al lector japonés, y el artículo Lituratierra. Ahí encuentro mucho de lo que me interesa: ese tipo de lengua sostiene un tipo de lazo social, en el sentido lacaniano de discurso, más refinado. Mientras todo el formalismo japonés (lenguajero y social) es leído desde aquí como algo engañoso y artificioso del que tendemos a desconfiar, Lacan nos recuerda en cambio que es esta ficción la que mejor sustenta la verdad: el que no todo se pueda decir siempre, el que muchas cosas sólo puedan decirse a medias, el que siempre aflore la pregunta de si ese gesto es sincero o una mentira, si la palabra que yo pronuncio puede dar cuenta de la representación que yo me hago en la realidad, todo ello es constitutivo de la más natural de las interlocuciones. La cortesía permite además que el sujeto se identifique con unas reglas escritas, unas formas establecidas, y no con unos rasgos específicos de su consistencia e identidad. Que pueda descansar un poco de tanto sí-mismo. El sujeto japonés, que para decir yo dispone numerosas formas y términos, dependiendo de a quién se dirija (el yo gramatical no es una entidad única, sino que depende del otro o tú al que se dirige) permanece más libre de ataduras, sin tener que estar dando cuenta constantemente de su supuesta robusta e indestructible consistencia existencial. Lacan habla de la variabilidad esencial de la verdad en la cortesía, que en vez de remitir a un único trazo unario (un trazo de personalidad, por ejemplo) que la defina, remite a un cielo constelado. Como en esos pueblos del desierto...
Y para aquellos que alegan que tanta formalidad (en la cortesía por ejemplo) impide la emergencia de la subjetividad, que no le permite a uno ser o saber quién es, un analista japonés explica que ellos entienden el formalismo ante todo como una manera de adaptación al mundo exterior en cualquiera de sus formas, comprender y formalizar las cosas extranjeras, en esto consiste el espíritu tradicional formalista de su cultura.
Esa referencia a las cosas extranjeras, me hizo pensar en algo que escuché el otro día: la verdad es extranjera para el ser humano, inmerso como se encuentra en el mundo del lenguaje, las identificaciones y los semblantes. En el análisis ocurre algo paralelo. Al analista no le interesan demasiado los contenidos y significados profundos de todo lo que decimos. Al menos su escucha flotante no es eso a lo que apunta, sino a leer algo de esa forma, a la que en psicoanálisis llamamos letra, que se deja leer sin por ello tener que estar reivindicando todo el tiempo, la consistencia de nuestro ser.
Hoy estuve algo densa, lo siento, fue parte de ese des(a)occidente inesperado

9.12.08

wabisabi state of mind


bonsai, originally uploaded by geis.t.

Cuando anochece en los valles el viajero busca cobijo donde pasar la noche. Ve altos juncos que crecen por todos los lados. Los reúne con una brazada, erguidos tal y como se mantienen en el campo y los ata por la parte de arriba: al momento ya dispone de una choza donde descansar. A la mañana siguiente, antes de emprender el camino, desata los juncos, la choza desaparece, y vuelve a convertirse en un campo indiferenciado de hierbas. El paisaje natural parece recuperar su forma pero quedan huellas minúsculas del refugio. Algún junco doblado o aplastado, otro anudado aquí y allá. Queda también la memoria de la choza en la mente del viajero, y en la mente del lector que lee la descripción*. El wabi-sabi, la noción japonesa para la belleza de las cosas imperfectas, mudables e incompletas, se refiere precisamente a esas trazas delicadas , evanescentes, que rodean el vacío. La estética japonesa del wabi-sabi, asociada en sus orígenes a la ceremonia del té, está inspirada en el budismo chan chino y en la atmósfera y expresión de la poesía y pintura monocromática de la dinastía Tang, cuyos poetas hemos citado a menudo aquí. Y eso he rencontrado estos días hojeando otra obra china mucho más antigua, esa nueva versión en español del Yi Jing. Por primera vez el texto se me revela más allá de su función oracular como un texto filosófico chino, desprovisto de todas esas connotaciones esotéricas orientalistas con las que lo suelen asociar. La traducción, rigurosa, evita complacernos con el gusto de lo exótico indescifrable y, al contrario, nos invita a través de una elección más literaria y filosófica, incluso racional, a otro tipo de lectura, si duda más china. Me pareció muy significativa la traducción del título del último hexagrama, el número 64, Wei Ji , con el que se cierra este enigmático libro. La traducción de R. Wilhem, que hasta ahora servía de referencia para el lector español como la más seria y literal, lo traduce como Antes de la Consumación; la traducción de Jordi Vilà y Albert Galvany, en cambio, utiliza las palabras Consecución incompleta. Mientras en la primera parece poderse anticipar una promesa de consumación, de completud o incluso conclusión, la segunda parece querer evitar voluntariamente ese espejismo, reenviándonos de nuevo a un cambio, a una nueva oscilanción, a lo eternamente incompleto...

1.12.08

(mis) rarezas

polaroid by IrenaS
En estos tiempos de loterías e incertidumbre pensaba en mi suerte. La semana pasada en un seminario clínico sobre psicosis, el psiquiatra/analista responsable del curso, citaba a otro colega para dar cuenta del nivel de compromiso con el que algunos profesionales trabajan en ese campo de la salud mental: el analista, después de una primera visita con un sujeto psicótico tiene dos opciones, o bajar a la calle y comprar un libro que probablemente nunca leerá, o bajar a la calle y comprar un disco que probablemente nunca escuchará. Que nadie se lo tome al pie de la letra, el analista no quería decir, literalmente, que uno no lea libros ni escuche música, sino que cuando se tiene ese tipo de encuentro, hay algo que cambia para siempre y no le permite ser el de antes, que eso tiene unos efectos. Y seguramente, si baje a la calle- añadía- sea para recordarse a sí mismo que sigue vivo. ¿Qué quieren que les diga? Yo me siento afortunada de poder aprender al lado de gente que se atreve a decir algo así frente a un auditorio de desconocidos.
Seguí pensando en eso de querer recordarse a sí mismo que uno sigue vivo. Creo que a veces también me asalta el mismo deseo, querer recordarlo. Más tarde lo relacioné con esas almas pesimistas que en momentos como los actuales tienden a dejarse arrastrar por las noticias más funestas, relativas a los temas más variados (economía, ecología, trabajo, educación…) para verlo todo negro, lo de dentro y lo de fuera. Alguien cercano se preguntaba por los amigos de su alrededor que utilizan las peores noticias de los diarios y la actualidad como claves para descifrar su propio mundo, como si las desdichas más lejanas pudieran dar cuenta de lo más íntimo. Yo pensaba que si uno los escucha y los escucha de verdad no es descabellado pensar que quizá ellos también deseen recordárselo, y repitiendo una y otra vez el gesto de su miedo, no busquen otra cosa que el valor necesario para sentirse vivos. En el análisis con niños, por ejemplo, observamos constantemente como ambas pulsiones, la de vida y la de muerte, no son sino las distintas caras de un mismo impulso, o una misma búsqueda, de una misma superficie vital que transitamos como aquella hormiga despistada sobre la banda de Moebius.
Estos días leía la traducción española de Albert Galvany del comentario del Yi Jing de Wang Bi. Wang Bi nació unos años después de la caída de la dinastía Han y su corta vida transcurrió en los inicios del tumultuoso periodo de los Tres Reinos. Aunque debido a una enfermedad murió a los 23 años, su genio precoz y su talento le permitieron ser el autor de comentarios, considerados canónicos, de obras como el Lao Zi, el Yi Jing o los Diálogos de Confucio. En sus comentarios Wang Bi se opone a una lectura cosmológica y adivinatoria del Yi Jing, para presentarlo, al contrario, como un texto capaz de dar cuenta de la realidad del universo en su totalidad, dentro de la cual acontece lo humano, casi como coyuntura temporal. Rechaza la idea de una multiplicidad irreductible que excluya cualquier principio que relacione los seres y las cosas, y frente a cualquier cosmovisión basada en el caos y lo irracional, él antepone un principio originario, que curiosamente se expresa con la palabra del no-ser, la ausencia, el wu 無 (no porque remita a la nada, a la negación del ser, sino que es más bien un no tener, una falta de determinación, lo indiferenciado, traduce Anne Cheng) y unas leyes internas (¿recuerdan aquellas vetas interiores del jade?), el li 理, aquello gracias a lo cual cada ser es lo que es. Quién sabe si Wang Bi se engañaba en exceso y como a mi, le perdía un optimismo, necesario por otro lado, para sobrellevar los retos de su tiempo. Pero sus intuiciones le permitieron llegar bien lejos con el pensamiento y las palabras. Y la traducción de algunas de ellas, de A.G, me parecen conciliar algo de ese analista del principio: La multitud no puede gobernar a la multitud; aquello que gobierna la multitud es lo más solitario. Lo activo no es capaz de controlar lo activo, aquello que controla la actividad de todo lo que está bajo el cielo por medio de rectitud es la unidad constante. (…) No existe anda aberrante, pues necesariamente todas las cosas obedecen a su razón interna”

23.11.08

de la posibilidad de la mirada sin relato

photo by dutuotime
A principios de esta semana violentos enfrentamientos han tenido lugar entre un grupo de manifestantes de una pequeña localidad de la provincia de Gansu y la policía. Los ciudadanos furiosos protestaban frente a la sede del PCC debido al anuncio de la construcción de una nueva sede gubernamental, destruida durante los seísmos del pasado mayo, cuando ellos, expulsados de sus casas en 2006, esperan desde entonces a ser recolocados por las autoridades. Parece ser que el control y la censura del partido sobre la prensa ha dado un giro en estos últimos meses y, conscientes de las dificultades de bloquear imágenes y noticias, que acaban circulando por Internet de cualquier modo, las autoridades han decidido aflojar su control . Ha sido el caso estas semanas de las noticias sobre crisis financiera, o una importante huelga de taxistas! por ejemplo. Los problemas sociales en China son diversos y enormes, dadas sus dimensiones. Los casos de expropiaciones, de expedientes de regulación, explotación de trabajadores inmigrantes y ausencia de servicios sociales básicos como son la salud o la educación, se ven agravados por el deporte nacional de la corrupción. Aún así, como pueblo disponen de un sentido de la solidaridad y el trabajo, de la supervivencia frente a situaciones adversas y capacidad de reconstrucción muy superiores a la nuestra. Algo de esto parece querer desprenderse de la exposición El la ciudad china, miradas sobre la transformación de un imperio, del cccb, que quiere evitar tópicos e intenta ofrecer una mirada más transversal sobre lo arquitectónico, social e histórico. Me gustaba la idea de confrontar construcción y destrucción, reconstrucción y deconstrucción, como una especie de mantra en la realidad china, en la realidad de cada uno de nosotros, en el fondo. Me resultó, sin embargo, un chasco. Estuve en la conferencia de presentación de uno de sus principales responsables y comisarios, donde se dijeron algunas cosas interesantes, otras no tanto. La exposición dispone de material visual excelente, algunos cortometrajes, entre ellos uno firmado por el propio Jia Zhangke, fotografías e imágenes de archivo antiguas de ciudades como Pekín, Shanghai, Chonqing o Guangdong, algunos trabajos de artistas. Pero en conjunto resulta algo vacía y aburrida, sin apenas relato, sin historia, diría yo. He tenido que ir dos veces, la primera me quedé sin saber.... Me quejé a Albértigo diciéndole que quizá hoy en día resultara demasiado difícil hacer exposiciones, y que el formato de exposición interdisciplilnar estuviera ya obsoleto, -“Todas me parecen iguales” El me contestó que quizá fuera porque por aquí los que las montan, siempre son los mismos (!!) Este jueves al menos iré a escuchar a Manel Ollé, en una mesa rendonda que seguro es interesante.

16.11.08

del apresuramiento

photo by Photo-hog

(perdonen, pero hoy sigo con lo que el Dr. Frikosal designa con la etiqueta de "Mis luchas")
La estupidez está (para mi) en esa gente que cree sistemáticamente que su tiempo es más valioso que el de los demás, y todo en su vida lo sitúan bajo ese signo de urgencia imaginaria, obsesiva y paranoide. Esa gente, estúpida, suele ser además maleducada y poco considerada con los otros (claro, no tienen tiempo). Perdieron la paciencia y con ella parte de sentido de realidad y restos de la cortesía que alguna vez le inculcaron, y que ahora consideran un lujo. La cortesía, insisto desde aquí, no es un lujo, sino más bien un derecho que valdría la pena preservar.
Dicho esto paso a hablar de otra urgencia, más china, psicoanalítica e interesante: “toda creación aparece en la urgencia, y toda urgencia tiene lugar en el desbordamiento de la palabra” (de Función y Campo de la Palabra) La Khan sitúa la emergencia del inconsciente en ese apresuramiento, que precipita por último la verdad de todo sujeto. Lo interesante además es que, como nos explicaba Mercè, la de Lacan no es una verdad que emerja de uno solo, sino de la relación del uno con los otros. De ahí la noción de campo inter-subjetivo. También en el seminario sobre los 4 discursos tuve otra pequeña revelación precipitada, esta semana: el saber, que en un principio se sitúa como meta en el inicio de un análisis (uno busca un saber sobre sí mismo y su sufrimiento, sobre lo que le pasa), cambia a lo largo de éste, no sólo de lugar (ya no estará en el lugar de la producción, o de agente) sino también de estatuto: en la fórmula del discurso del analista el saber ya no es algo que debamos producir, ni un objeto de consumo, o de intercambio, sino una verdad que se dice o se sabe a medias, velada para el sujeto, y que se le escapa continuamente. El saber debe producir cambios y tener efectos en la vida de uno, pero no se trata de acumularlo ni utilizarlo para despejar todo enigma de nuestro día a día.
A raíz de mi post anterior me enteré, en el reverso, de la posible traducción de Billeter al castellano, y escribiendo ahora sobre este saber-otro me he acordado de esos títulos maravillosos de los libros de Li Zhi que contaba Billeter, de los que ya hablé aquí: Libro para quemar y Libro para esconder, que me parecen evocar este lugar deslizante y efímero, activador en cualquier caso, y tan poco definitivo del saber. La revolución, como la procesión, también puede ir por dentro.

8.11.08

para qué escuchar a china?

under the rain by shivalemur
Tengo una íntima amiga que trabaja desde hace más de 10 años como experta en temas de legislación medioambiental en pesca internacional. Además de eso, es una de las expertas mundiales sobre el krill de la Antártida, Hace poco, de paso por Barcelona, me habló de la dificultad de entendimiento con gobiernos como el japonés, y me confesó que creía que parte de los presupuestos y energías dirigidos a la sostenibilidad deberían invertirse en la resolución de esa incomunicación. ¿Cómo, siendo Japón un pueblo tan sensible a la naturaleza y exquisito en sus tradiciones y en otras cuestiones colectivas, puede producirse tal desencuentro a la hora de las negociaciones sobre leyes internacionales que incumben al planeta entero? Para ella no había duda de que el desconocimiento cultural de los agentes negociadores era una de las causas principales del punto muerto en que se encuentran estos asuntos aún hoy en día.
Como sabrán no soy ninguna defensora de los discursos culturales, al contrario, me fastidian bastante y no suelo desperdiciar ocasión para criticarlos. Alguna que otra vez he citado lo que dice J. F Billeter al respecto en esa especie de biblias que son sus ensayos para mí: Los discursos culturalistas les sirven (a los gobernantes del mundo) porque, creando división, se ofrecen inagotables medios de manipulación. El discurso culturalista tiene otros efectos perversos: simplifica lo que es complejo o lo ha sido. Detiene lo que estaba en movimiento, especialmente cuando define una “cultura” para hacerla comparable u opuesta a otra. Es por lo general apologístico y carece de crítica. Reivindicando la unidad de la cultura de la que habla, no es capaz de observar las contradicciones, ni las discontinuidades; no concibe las rupturas pasadas, ni por lo tanto las que pueden producirse. Al tiempo que cultiva la nostalgia de antaño, nos encierra en un puñado de en sueños fragmentados.
Sigo pensando que el entendimiento de China puede sernos más útil de lo que pensamos, y no sólo por lo que este país supone en la economía mundial de este momento histórico. En este sentido el lector hispanohablante lo tiene crudo. Al tiempo que se multiplican por librerías del mundo las obras de François Jullien, se extiende un supuesto discurso filosófico sobre china creado por él, aplicado a no sé cuántas esferas de la vida cotidiana, al que se van apuntando desde diversos sus ámbitos, y con la misma falta de rigor unos y otros. Ya lo decía Amelie Nothomb en su Sabotaje Amoroso, China tiene el sorprendente poder de convertir en pretenciosos a todos aquellos que han estado allí, incluso a todo aquellos que hablan de ella. La pretensión induce a escribir, De ahí la ingente cantidad de libros sobre China.
Por supuesto, entre tanto ser humano impelido a escribir sobre ella, muchos son los que no sólo nos inspiran, sino que nos enseñan y nos permiten avanzar y se han hecho necesarios (de mi máximo agrado y de por aquí, ya lo saben Manel Ollé, Alicia Relinque, Anne Hélène Suarez, o Pedro Ceinos, Rafael Poch desde Pekin).
A lo que iba, en estos momentos existe en el panorama internacional una interesante y fructífera discusión entre François Jullien y el sinólogo suizo que yo siempre cito J.François Billeter, que el lector hispanohablante se está perdiendo. Billeter escribió hace un par de años un libro del que hablo a menudo, dando lugar, más allá de lo anecdótico del título, a una discusión que apuntaba al análisis histórico, el pensamiento, lo político y la revisión y lectura de autores tanto antiguos como contemporáneos. Los libros de Billeter (con una excepción), las entrevistas o artículos al respecto siguen sin ser publicados en castellano (uno de ellos se titula precisamente China tres veces muda.) A mi me parece que el poco interés de los editores en nuestra lengua es sintomático de la indiferencia y la superficialidad con la que se tratan temas que nos atañen y que nos ayudan a comprender mejor el mundo en que vivimos.
Esta semana me enteraba que el corresponsal de la vanguardia, mi (muy) admirado Rafael Poch ha dejado Pekín y ha sido enviado a Berlín. La verdad, la noticia me ha entristecido. Esta semana iré a ver la exposición sobre la ciudad china de la que ya hablé y que ya ha llegado al cccb de París, también espero ir a escuchar a Begoña Ruiz de Infante en el encuentro organizado alrededor de La mujer china: cultura y bagaje; y en casaasia parece hay una exposición de la pareja Rong Rong- Inri.

5.11.08

happy-obama for us all * * * !


dragon in flight, originally uploaded by phitar.

1.11.08

trazar una forma

shodo by Catching flies
Trazar una forma supone desde el pensamiento freudiano una proeza para el ser humano. Todo grafismo evoca en nosotros la pérdida primera de la representación del cuerpo, que perdemos en el momento de la represión (esto no es mío, sino de Gerard Pommier, vaquero ilustre del psicoanálisis). Escribir, dibujar, especialmente en chino y a través de su caligrafía supone, según Lanselle, renovar infatigablemente la dramaturgia inconsciente de esta tachadura y su puesta en presencia de nuevo. En China y en Japón existe un goce de la escritura, como experiencia de lo real y más allá de cualquier simbólico, desconocido para nosotros, -algo de esa puesta en presencia, en escena, en juego o en cuerpo.
Esta semana empezamos el espacio de El color del Viento con Mercè, en el que me leyó un capítulo de la biografía de Lacan de E. Roudinesco, donde la autora alude a un goce diferente que éste pudo vislumbrar entre el vacío mediador chino y la cosa japonesa, y que pudo identificar como propio. Mercè es rápida, generosa, brillante, y yo he dejado de sentirme tan sola en esta búsqueda algo ciega. Luego tuve un sueño. Desde hace muchos años, mis sueños además de transmitir material inconsciente, suelen comentar con ironía mis preocupaciones o deseos, burlándose de mi. O al menos yo me he acostumbrado a leerlos así. El miércoles, y no exenta de cierta burla hacia mis obsesiones chino-lakhaniano, me encontré con el propio Jacques Lacan mientras dormía. Yo le preguntaba entonces por ese goce japonés que él había descubierto, relacionado con el trazo, la letra y el saber y sobre el que escribió y habló en 1971. Él no me contestaba, por supuesto, pero yo me había autorizado para hacerlo y su lugar en el sueño era parecido al mío ahora, marginal y algo excéntrico y seguramente eso también me alivió.

* el goce es un concepto psicoanalítico que apunta al más allá del principio de placer descubierto por Freud, la pulsión de muerte. Lacan utiliza el término goce para dar cuenta de las relaciones del sujeto con la satisfacción. Esas modalidades de goce particulares a cada uno son las que quedan desveladas en un análisis y sobre las que se trabaja con el fin de que el sujeto pueda desprenderse de las que lo torturan y le impiden hacer algo con su deseo.

26.10.08

la dificultad de habitar un cuerpo

fotografía del terremoto de Sichuan del International Herald Tribune, Bo Bor/Reuters
Este otoño Alain Platel, uno de mis coreógrafos preferidos estrena un nuevo espectáculo, Pitié, a partir de la Pasión según San mateo de J.S. Bach. En el texto que sirve de presentación dice que la palabra compasión, intoxicada con demasiados matices, se acaba asociando generalmente con cierta idea de condescendencia. Sin embargo, cuando la vida y la muerte se nos vuelven insoportables, anhelamos el cobijo de los otros, que nos compadezcan. A Alain Platel la crítica le reprocha una mirada complaciente sobre la locura, y que sus espectáculos no parezcan poder dar cuenta de otra cosa que el universo de los locos. Sin embargo el otro día escuché una cosa preciosa de la realizadora Sophie Fiennes respecto del trabajo de Platel: lo que éste trata no es tanto la locura como la dificultad que radica en ser un ser humano, así como de la dificultad de la experiencia de habitar un cuerpo.
En seguida me acordé de Platel este viernes en la espléndida conferencia organizada por el Espai Freud de Miguel Morey sobre Foucault, cuyo pensamiento me ha resultado a menudo igual de liberador. "Cuando tratamos con seres humanos, la abstracción no es sólo un error intelectual". Foucault, igual que Platel, se vio profundamente marcado por su trabajo en instituciones psiquiátricas. Para ambos el hombre como abstracción intelectual renacentista o cientifista está obsoleto, o mejor dicho muerto. El hombre que les interesa es el que abandonando cualquier pretensión epistemológica y ontológica se pregunta directamente, y esto ¿cómo funciona? ¿Y ahora qué hago. Esa, ya lo hemos dicho varias veces, es la pregunta más china, y la que nos permite reconstruirnos por encima de cualquier quiebra. Morey también insistió, citando a Foucault: no hay razones para obedecer, somos más libres de lo que solemos creer. Libres para pensar de otra manera al menos, pensaba yo. Pero es que pensar es siempre pensar de otra manera.
Esta semana dos amigos me enviaron un artículo aparecido en el International Herald Tribune que hablaba del interés cada día más grande en China por las psicoterapia y el psicoanálisis occidental. Ese camino podrá ayudarles sin duda a la mejora de libertades que se reclama desde dentro y fuera de la sociedad. Yo siempre he pensado que la dificultad que poseen para pensar la realidad en términos absolutos les facilitaría todo este proceso. Porque, de nuevo Morey, citando a Foucault, la verdad también es un constructo histórico.